Un chico de poco más de veinte años recorría las calles del barrio latino. Por su edad pasaba completamente desapercibido, ya que el numeroso tropel de estudiantes inundaba el camino. Al llegar a una casa en particular efectuó un giro rápido y deslizo un sobre debajo de la puerta ágilmente. Se dio la vuelta y continuó caminando como si no hubiese sucedido nada.
Contenido de la carta:
Angelo, requiero de tus servicios. En cuanto puedas preséntate en la Abadía y te daré los detalles oportunos.
Maximo Constanza, Primogénito Lasombra.
La mano enguantada de Ángelo recojió del suelo el sobre el leyo el mensaje.
"Por fín el Primogeno de París reclama mi presencia... ahora que estaba a punto de perder la esperanza de que este momento llegara".
Ángelo se arremolinó en la capa y se internó en los pasillos de la destartalada mansión que consideraba su refugio. La madre noche pidió de su presencia y la carne pálida como el marfil se fue oscureciendo hasta que formo uno con el abismo.