La noche era fria y humeda, como de costumbre por aquellas tierras en invierno. Un invierno que no se acavaba nunca. Estirado en el suelo de aquella garita reflexionaba sobre lo presenciado dias atras...
-Quienes eran?- Y como trajeron de vuelta al señor alfredo?
Un escalofrío recorrió el cuerpo del enterrador. -Mi señor librame de todo mal que pueda que puedan hacerme.-rezó.
El crujir de una rama seca resonó en todo el cementerio. Octavio alarmado se puso en pie de un salto. Despacio, entreabrió la puerta y vislumbró la oscuridad del camposanto. -Quien anda ahi- gritó.
A lo lejos se oyó el ladrido de un perro. Una figura apareció y desapareció fugazmente entre las lapidas. Octavio se giró y agarro su pala.
-He dicho que quien anda ahi- alzó la pala con su mano diestra- dejate ver-
Escuchó un ruido a sus espaldas pero cuando quiso girarse se vio agarrado del cuello con una fuerza que no podía ser humana. Trago saliva.
-Eres la viva imagen de tu padre...-le susurró aquel ser. La fuerza sobre su cuello aumento. -Te gustaría verle, Octavio?-
Octavio se orinó encima.
Aquel ser se reia a carcajadas mientras lo sostenía, -veo que no...valiente amigo-
La presión en el cuello aumentó, Octavio notó que empezaba a perder la consciencia...y aquella voz...le resultaba familiar.
-Eres tu!!, vi lo que hiciste con el señor Alfredo...- se atrevió a decir antes de caer y notar el impacto de su cabeza contra el suelo.
-Si soy yo...y tu seras como yo, ese es mi castigo...implora a tu dios que venga a defenderte de mi, si tanto te protege.-