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Title: Primer Contacto
Description: Invierno de 1221. Flashback.


Gervese - June 3, 2006 04:15 PM (GMT)
El sol caía sobre las montañas, anunciando el tiempo de los muertos. Pero la blanca nieve había cubierto todo el paisaje durante el día, y su luminoso reflejo parecía resistirse a la llegada de las sombras.

Gervèse LeFèvre apareció solitario en lo alto de una colina. El monje de hábito rojo caminaba a buen ritmo en dirección al campamento de refugiados. No era su primera visita a aquel lugar, y siempre caminaba el primero reconociendo el terreno, pero no le gustó lo que se encontró en aquella ocasión en aquel lugar de mendigos y muertos andantes.

No estaban. El siempre bullicioso campamento parecía repentinamente abandonado. Como si presagiando su llegada, los habitantes del lugar se hubiesen marchado precipitadamente. El rictus de Gervèse estaba tenso, sin comprender muy bien lo que sucedía, ciertamente tenían motivos para huír de ese aparentemente inofensivo monje, pero la inquisición no acostumbraba a anunciar sus visitas ¿cómo se habían anticipado a su sorpresa? Algo más sucedía.

Caminó por las callejuelas formadas entre las tiendas y la basura acumulada, buscando alguna pista o a alguien que se hubiese quedado rezagado.

Guillerm du Trem - June 4, 2006 06:23 PM (GMT)
Hugo Maroo, Ahroun de los Colmillas Plateados de segundo grado, acudía a aquella misión con la certeza que, posiblemente, sería su última acción como miembro del Túmulo del Honor Sangriento. El desprecio, la desconfianza y el rechazo de sus compañeros y, en especial, del líder del clan le dejaban claro que este triste día sería el inicio de lo que le conduciría a una amarga decisión.

Las noticias por parte de miembros de la parentela de la llegada de una ingente cantidad de sanguijuelas al campamento procedentes de las cruzadas y de Tierra Santa, habían hecho que Gevaudan, actual señor del túmulo, tomara la decisión de avanzar posiciones respecto a aquellos seres malditos por Helios y tocados por el Wyrm. Este era su objetivo. Hugo, junto a otros miembros del clan, eran la avanzadilla de un grupo de guerreros mucho más gran que acudirían una vez inspeccionado el terreno.

Hugo acudía al lugar como valiente guerrero y lleno de valor y honor a pesar de los duros momentos que pasaba. Pero un tristeza profunda en sus mirada delataba la realidad de su alma. Ser repudiado por su propia manada era el peor deshonor que podía sufrir un garou. Él no pensaba enmendar la ocurrido, cada uno debía tomar sus decisiones y actuar en consecuencia. Pronto abandonaría su hogar... el destino le abriría nuevos caminos.

Se introdujeron entre aquella red de carromatos, tiendas e improvisadas viviendas que habían acogido a tantos y tantos llegados de tierras lejanas aturdidos y desariados por la derrota. Las calles estaban extrañamente abandonadas. La vida parecía haber abandonado aquel lugar como un viento que arrasa las cosechas. La noche estaba a punto de llegar y justamente por eso era más extraño la falta del fullicio natural antes de los últimos destellos de luz les abandoran... Debían permanecer atentos pues, sin duda, algo extraño sucedía.

Gervese - June 5, 2006 04:04 PM (GMT)
Gervèse se había detenido y se había agachado para estudiar las huellas sobre la nieve, tratando de identificar la dirección en la que se habían marchado los refugiados.

Llevaba unos instantes meditando en silencio cuando se percató de que no estaba solo. Mirando por debajo de un carro distinguió el movimiento de alguien avanzando con precaución por una calle paralela.

La preocupación del abad casi le hizo precipitarse, enviar antes de tiempo la señal que esperaban sus aliados. Pero se contuvo y no se movió para que ningun ruido delatase su posición. Despues comenzó a escudriñar a través de las improvisadas construcciones para averiguar la identidad de la persona o personas que andaban por allí.

Guillerm du Trem - June 5, 2006 09:19 PM (GMT)
Los garou prosiguieron con su búsqueda. En apariencia el campamento estaba desierto. Extraña circunstancia para un lugar tan concurrido.

Uno de los fieros garou más experimentados estaba a cargo de la pequeña avanzadilla. Hizo un gesto a los demás para seguir adelante. Estaba claro que no iban a marcharse de ahí sin tener algo claro. Si es verdad la actividad de sanguijuelas en la zona, en breve tendrían alguna desagradable sorpresa. Se mantenían alerta con todos sus sentidos.

Cuando recorrían una de las apestosas calles, un garou de origen lobuno hizo una señal al resto. Su oído agudizado había detectado algo muy cerca. El olor era humano pero debían comprobarlo. Con sigilo fueron en busca del extraño.

Gervese - June 7, 2006 04:00 PM (GMT)
Aquella no era la situación que el abad llevaba tiempo planeando. Pensaba mezclarse como un predicador más entre la multitud de mendigos. Pero en su lugar se encontraba en un lugar casi deshabitado, con patrullas organizadas ¿que tenían incluso perros?.

Las sombras que trataba de distinguir en la distancia se detuvieron un instante, sin duda había sido descubierto. Las normas de intervención de la inquisición eran muy claras en una situación así...

Con inusitada agilidad para tratarse de un monje, Gervese salió corriendo tan deprisa, como alma a la que persigue el diablo, regresando por dónde había venido. Aquella decisión revelaba totalmente su posición, pero eso ya daba igual si había sido descubierto.

Guillerm du Trem - June 7, 2006 04:52 PM (GMT)
Todos los presentes vieron al monje salir corriendo.

- Dejadlo, es solo un capellan.

Dijo el guia del grupo en lengua garou. Hugo dudó por un momento. ¿Qué hacía un monje solo en medio de un campamento desierto? Algo no encajaba y no se percataban de su error.

El Ahroun se mantuvo más alerta que nunca, aunque el grupo decidió seguir buscado entre la maraña de tiendas.

Gervese - June 8, 2006 08:15 PM (GMT)
Gervese salió del campamento y continuó su avance por la colina que había descendido a su llegada. La pendiente y la nieve fueron frenando su huida hasta que finalmente se detuvo en lo más alto de la elevación, casi sin resuello.

Durante unos instantes se mantuvo a duras penas en pié, inclinado hacia adelante, con las manos en las pantorrillas, recuperando el aliento. Pero luego recuperó su entereza y se irguió, alzando un brazo su cabeza.

Como respuesta a su señal, múltiples tambores tañeron una sóla vez, con el estruendo de un trueno. Un escuadrón de jinetes acorazados aparecieron desde detras de la colina, formando una hilera a los lados de Gervèse.

Hacía tiempo que el campamento de refugiados clamaba por ser purgado, y aunque sus habitantes habituales habían desaparecido misteriosamente, el abad había podido comprobar que un grupo con instintos cazadores deambulaba todavía por el campamento. Sería por poco tiempo, sin testigos inocentes podrían actuar con más facilidad. Ya fuesen los herejes cainitas a los que buscaban o vulgares bandidos que habían espantado a los refugiados, las sombras que había visto deambulando por el campamento estaban sentenciadas.

Gervèse bajó su brazo señalando hacia adelante. El senescal Roch de la Baule, de los caballeros de la cruz rota de Acre, que estaba junto a él, transmitió la orden. Al grito de "Deux Vult!" los caballeros cargaron en dirección al campamento.

Guillerm du Trem - June 9, 2006 08:39 PM (GMT)
En el momento que aparecieron los soldados Hugo comprendió el error cometido. Habían infravalorado al espía-monje. Era imposible que fueran ellos sus objetivos, pero ahora se hallaban inmersos en un terrible campo de batalla. Había que luchar.

Todos los garou presentes tomaron su forma de guerra. Su piel se desgarró, sus huesos crecieron, sus fauces y garras se transformaron en terribles armas. Era el momento del combate.

Hugo lanzó un profundo aullido que alertaría al resto. Se prepararon para resistir el primer envite. Sin duda los caballos de poco les ayudarían. Usaron sus dones espírituales para intensificar el temor que podían producirles. Sin querían llegar hasta ellos, tendrían que hacerlo a pie.

Cuando los soldados estaban llegando a donde se hallaban, la celosía se rompió con cestellos en el aire. Todos los guerreros del clan aparecieron de la nada para combatir el enemigo. El paisaje era terrible. El campamento pronto se cubriría de sangre.

Gervese - June 12, 2006 03:28 PM (GMT)
Gervèse tambien sintió que que estaba infravalorando al Adversario. Pensaba cazar unos cuantos vampyr aquella noche, pero ahora veía que no era a eso a lo que se estaban enfrentando. Desde su privilegiada posición en lo alto de la colina podía comprobar que ante él, en el interior del campamento, se abrían las mismísimas puertas del infierno, escupiendo demonios aullantes.

Los caballos que iban en la vanguardia se encabritaron derribando a sus jinetes. El senescal Roch no tenía una prespectiva tan privilegiada como el abad, pero su mente bendecida por Dios, estaba protegida contra el miedo y podía "ver" como el Adversario aumentaba, en tamaño y en número. El caballero de Acre utilizó su capacidad de liderazgo para desviar aquella carga, haciendo que la caballería de los inquisidores rodease el campamento evitando la trampa mortal de las estrechas callejuelas del campamento. Roche hechó una mirada hacia la retaguardia, hacia el solitario Gervèse en lo alto de la colina ¿a qué esperaba el abad para decidirse?

Finalmente Gervèse se decidió, volvió a levantar su brazo y gritó "Fuego". Al instante un montón de saetas ardientes surgió desde detrás del abad. Los proyectiles pasaron sobre él y sobrevolaron la ladera hasta terminar cayendo como una lluvia de fuego sobre el interior del campamento. Desgarrando piel y carromatos, prendiendo pelo y madera.

El campamento se cubrió de incendios, si las criaturas del interior querían sobrevivir, tendrían que salir. Donde les esperaraban los caballeros.

Guillerm du Trem - June 12, 2006 09:22 PM (GMT)
La batalla había empezado. El freno de la caballería había salido como lo habían pensado. Hugo estaba sumergido en la tensión de la lucha. Como una luz del cielo vió acercarse las flechas en llamas. Enseguida alertó al resto. Pretendían acorralarlos. Estaba claro que no sabían a quien se enfrentaban.

Como una exhalación, empezaron a volver a la umbra. La gran mayoría consiguieron su objetivo, sin embargo no todos fueron tan afortunados. Unos pudieron cruzar con terribles heridas lacerantes, otros no llegaron a cruzar...

La rabia comenzaba a inundar los corazones garou. Su líder clamaba venganza. Los evoscadores serían evoscados. Se distribuyeron a través de las tinieblas de la penumbra alrededor de los asaltadores. Entonces Gevaudan dió la orden.

Hugo, al igual que los otros, atravesaron la celosía con una rabia desenfranada. La sangre comenzó a correr. Miembros descuartizados de humanos corrían por doquier. El caos, el frenesí, el horror... Todo mezclado en una incoherente batalla salvaje.

Gervese - June 15, 2006 04:04 PM (GMT)
Afortunadamente para los inquisidores, los garou confiaban demasiado en su poder físico y las órdenes de su líder descuidaban totalmente la táctica militar.

Si la primera llegada de los garou desde la umbra había estado bien organizada, la segunda orden de Geuvadan llevaba contra ellos mismos tanto caos como caos pretendía crear. La rabia producida por la lluvia de fuego y el ardor guerrero era completamente incompatible con la concentración necesaria para caminar de lado. Tampoco favorecía el comportamiento en equipo, los que llegaron, llegaron desorganizados, en tiempos y lugares diferentes, perdiendo la fuerza que hubiese tenido una ofensiva compacta.

Se organizaba una escabechina allí donde aparecía uno de esos misteriosos lobos-demonio, sin embargo, los inquisidores tampoco eran el enemigo mortal contra el que los garou pensaban que estaban luchando, imbuidos con los dones de la Fe, cada inquisidor eran completamente impredecible, los había tan fuertes y rápidos como sus enemigos, con armas que en las manos de los fieles producían el mismo tipo de daño que un klaive, capaces de seguir luchando por muchos golpes que recibiesen, o simplemente invulnerables a los garrazos de aquellos monstruos.

Ante aquel cruel espectáculo Gervèse pudo anticipar el resultado de la batalla. Mas pronto o más tarde iban a perder, pero causando tanto daño al adversario, que este difícilmente lo podría considerar una victoria.

Gervése, sólo tenía una opción, aunque era difícil. Dió una última orden a las tropas que permanecían en retaguardia tras la colina, para que se retirasen y disolviesen. Aquella era la única manera de salvar a una parte para que la causa común subsistiese.

Aquella decisión condenaba a los que ya estaban en combate y Gervése decidió descender la colina para unirse a la batalla, uniendo su destino al de los otros iquisidores que permanecían hasta la muerte en el campo de batalla. Los inquisidores combatían con el fervor de quien no tiene dudas, porque ellos sabían que Dios estaba de su lado, y que su especie, la especie humana, era la más numerosa y prevalecería sobre cualquier tipo de criatura de las tinieblas.

Guillerm du Trem - June 15, 2006 07:22 PM (GMT)
Hugo comprendió en seguida el error de Gevaudan. La teoría era válida, pero la precipitación, la sangre y la rabia había actuado en su contra.

Aquella batalla era cruenta. Algunos fieros guerreros empezaban a entrar en frenesí como bestias salvajes. La situación y la sorpresa del adversario les hacía mella. Los humanos habían demostrado que no eran meros mortales. No comprendía que les movía. No eran sanguijuelas y, en apariencia, tampoco magos. Parecía que su superioridad física y el gran número de garou corría en su favor. Pero había olvidado la manada. Era el caos hecho horror. Aunque los humanos sufrían innumerables bajas, ellos no estaban indemnes. De manera sorprenderte y aunque no usaban la plata, les causaban terribles heridas. Sin duda, sufrirían muchas bajas.

Entre garra, mordisco y sangre, percibió la figura del monje descendiendo por la colina. Por un momento, en su mente una idea tomo forma. Era el mismo que se habían cruzado entre las tiendas. Sabía que lo había infravalorado. Él era el emisario o el guía de esas huestes...

La rabia subió como la espuma. De un golpe certero, cerceno a su rival actual y se dispuso a combatir al monje.

Gervese - June 18, 2006 02:45 PM (GMT)
Gervèse descendía la ladera y en un primer momento se encontró con un grupo de cinco o seis caballeros que habían perdido sus monturas a causa del miedo al inicio del combate y que ahora se batían ellos mismos en retirada. Eran los más jóvenes e inexpertos.

El abad extrajo una espada corta de entre sus ropas y la alzó en alto al mismo tiempo que gritaba a los suyos "¡Deteneos!", la suya era la voz de un experimentado orador, que sabía ser a la vez cálida para los suyos e intimidante para los que se le oponían. Los caballeros se pararon tal como él había ordenado, pero estaban deseperados, uno gritó.

- Pensabamos cazar a un grupo de bandidos chupasangres y nos estamos enfrentando a las hordas del infierno... ni siquiera sabemos qué son esas cosas.

Gervèse no dudó en su respuesta:

- Hoy se nos ofrece un rival a la altura de nuestro heroico ejército. Dios nos ha puesto a prueba para separar a los fieles de los cobardes. Huid y vivireis una corta vida de cobardes lamentos, combatid junto a mí y alcanzareis la eternidad y la gloria. Estos demonios saltan a voluntad desde el infierno, el premio capturamos a uno sólo de ellos y sus secretos puede hacer de esta noche la noche decisiva.

Ante la prespectiva de derrotar a un ejercito, el capturar a uno de los monstruos sonaba asequible. Los caballeros repitieron su grito de guerra y establecieron una formación alrededor del Abad.

Justo cuando se aproximaba uno de los lobos-demonio.

Guillerm du Trem - June 18, 2006 07:00 PM (GMT)
El ahroun subía al trote la colina en busca del monje. Algún otro garou se le había añadido, pero la distancia que él ya había recorrido hacía que cualquier ayuda tardase en llegar. Hugo debería enfrentarse él solo a los primeros asaltos.

Los soldados que le precedían no eran obstaculo, aunque crecidos por las palabras de Gervese, la cobardía ya había dado sus frutos. Poco seguros de sus actos fueron un leve suspiro.

De un gran salto se abalanzó sobre el primero de ellos. De un mordisco dejó su cuello al descubierto, brotando sangre por doquier. El resto se dispusieron a combatirle. Pero las leves heridas que le producieron no eran nada. Ante sus ojos vieron como sus golpes sanaban antes que ellos volvieran a atacar. Después los golpes se sucedieron uno tras otro. Visceras cubrieron la ladera...

Ahora estaba solo ante el monje. El combate entre ellos estaba a punto de empezar.

Gervese - June 30, 2006 10:07 AM (GMT)
No eran sólo palabras de ánimo lo que el Abad les ofrecía a sus soldados, y no se había quedado paralizado con la boca abierta mientras la criatura invertía su tiempo en destruir uno por uno a todos sus protectores. No pudo completar su oración dirigida al espíritu santo antes de que la criatura acabase con los dos primeros soldados, pero una vez Gervèse pronunció las palabras “Líbranos de todo mal, Amen” un aura de santidad, con la forma de un pilar de llamas se desplegó sobre él y lo fieles que estaban próximos a él.

La criatura lanzaba alocadamente sus golpes uno tras otro, pero sus garras y dientes no llegaban a tocar a los inquisidores. Ciertamente las armas de los inquisidores tampoco parecían muy efectivas contra la criatura, pero estaban acostumbrados a que cosas así sucediesen al enfrentarse a seres del infierno, y por si acaso continuaban golpeando.

Gervèse no lo veía tan claro, aunque la criatura tuviese dones oscuros que le protegiesen de las armas convencionales cualquier ser maligno que se aproximase a su aura de santidad solía consumirse entre aullidos de dolor. Fuera lo que fuese aquel monstruoso ser con aspecto de lobo, no procedía del infierno.

Aquel intercambio de golpes entre desconocidos carecía por completo de sentido. De los ojos de Gervèse brotaron lágrimas mientras retiraba a sus caballeros con una orden de una sola palabra:

-¡Atrás!

Las lágrimas cayeron al suelo como clavos que fijaban temporalmente a Hugo en su posición, no estaba paralizado, podía defenderse y hablar, pero no podía avanzar hacia sus enemigos que se habían colocado fuera de su alcance.

-¿Qué demonios eres? – le preguntó el monje a la criatura todavía con los ojos llenos de lágrimas - ¿sirves a los cadáveres andantes bebedores de sangre? - Gervèse dudaba que fuera así, porque la criatura no estaba contagiada de la maldad de los cainitas.

Los refuerzos que llegaban por la retaguardia del Garou fueron embestidos por una carga de caballería dirigida por el senescal Roch, cuyo superior conocimiento táctico le había permitido conservar un grupo de caballeros en movimiento que aplastaban literalmente por el lugar por el que pasaban. Gervèse tendría unos momentos para averiguar qué estaba sucediendo.

Guillerm du Trem - June 30, 2006 10:06 PM (GMT)
Como buen guerrero, los actos de Hugo habían sido casi automáticos. Cuando por fin se percató de lo sucedido, era demasiado tarde. Efectivamente, la sangre y las visceras se esparcían por la ladera, pero no todos los soldados habían caido bajo sus garras.

Cuando se vió atrapado y los soldados se apartaban de él, la rabia empezaba a caldearse. La batalla ya estaba haciendo mella, pero esto superaba los límites de su resistencia. Tras un terrible esfuerzo pudo contenerse.

Una vez apaciguada su rabia, lanzó un aullido que helaría la sangre a cualquier mortal. Si alguno de sus más cercanos recibían la llamada, no tardarían en acudir. Después miró con odio e ira al monje y habló en lengua garou.

- ¡MALDITO SIERVO DEL WYRM!

Escuchó las palabras del inquisidor y con voz gutural y grave, casi sobrenatural, le respondió de manera que pudiera entenderlo.

- ¿¡Por qué crees que debo hablar contigo, maldito ser corrupto!? ¡Liberame de tus ataduras cobardes y lucha con honor! ¡Nos atacas sin sentido y aun pretendes interrogarme! Los tuyos ya empiezan a saber de nuestra furia y tú no tardarás en sufrirla, ¡tu espíritu volvera al lugar oscuro de donde procede, MALDITO!

Gervese - July 1, 2006 03:26 PM (GMT)
Era evidente que aquella criatura tenía más de animal que de humano y una percepción muy equivocada de lo que es un ser maldito y corrupto. Resultaría muy difícil razonar con él y no disponían de tiempo. Eso limitaba las opciones de Gervèse, obligándole a utilizar métodos más drásticos.

- ¡Fuego! – Gritó de nuevo el abad.

No conocían las debilidades de aquellas criaturas y su equipo estaba preparado específicamente para combatir a los chupasangres, pero el fuego purificador era siempre un buen recurso para los inquisidores y ya había demostrado alguna efectividad previamente contra estos seres-lobo.

Los cruzados que le acompañaban se habían preparado para esa orden durante la breve conversación. Varias antorchas y odres de un aceite traído de los territorios conquistados en la cuarta cruzada volaron hacia el garou. Pudo desviar alguno, pero Hugo quedó inevitablemente rociado por una sustancia pringosa que ardía sobre su cuerpo. La criatura no podría hacer otra cosa que intentar apagarse y eso le mantendría ocupado mientras preparaban su siguiente movimiento.

Guillerm du Trem - July 1, 2006 11:38 PM (GMT)
El monje lo infravaloró y, peor aún, lo humillaba. El frenesí parecía imparable. Nuevamente lo retuvo.

Aquel humano casi había acertado en su uso del fuego, pero Hugo poseían dones que le hacían inmune. Dejando correr la fuerza espírtual por su cuerpo, el don de los elemnetales del fuego hizo su efecto. El fuego no le causaba más dolor que una simple daga.

Sin inmutarse dejó que se consumiera por si solo. Su capacidad de regeneración haría el resto. Ante los ojos de su enemigo, el fuego había pasado como si una lluvia de verano se tratara.

Ahora debía concentrarse en romper el extraño poder que le mantenía inmovil. Su rabia y su fuerza descomunal le ayudarían en tal azaña.

Gervese - July 2, 2006 10:08 AM (GMT)
El embrujo que retenía a Hugo ya se había disipado, la “magia” de aquel monje de túnica carmesí parecía tener una duración breve. Pero el fuego griego que habían utilizado los caballeros de Acre no se apagaba, se decía que continuaba ardiendo incluso en el agua. Hugo tendría que revolcarse y rascar todo aquel aceite que tenía adherido para extinguirlo. Ciertamente cuando se apagasen las llamas podría regenerarse, pero mientras el fuego permaneciese contrarrestaba su capacidad curativa.

Y los caballeros no le iban a conceder una tregua mientras solucionaba aquel problema, nuevamente apoyados por la protección de Gervèse, atacaron todos a una, con toda su alma, cebándose en las extremidades de la criatura para incapacitarla, aprovechando las heridas abiertas por el fuego. Hugo había recibido daño como para derribar a más de media docena de hombres, ni su rabia fue suficiente como para mantenerle en pie cuando ya no tenía sobre qué sostenerse y cayó al suelo. En ese momento el abad se acercó con presteza al garou mientras hacía que se retirasen nuevamente sus soldados.

- ¡Cuidado!,- le previno uno de ellos - aún está vivo.

Eso esperaba Gervèse, porque si no, su plan no serviría. Se arrodilló junto a la criatura y sin pudor puso la palma de su mano sobre la sangre y la piel chamuscada que por fin se había apagado. Aquel sencillo toque le sirvió al abad para conocer los más oscuros e íntimos secretos de su enemigo, una información mejor de la que se conseguiría tras horas de interrogatorio, un sistema tan efectivo como desagradable para el inquisidor, que tendría que purgar de sí mismo el recuerdo de todos los pecados del monstruo.

- ¡Estúpida criatura!. Hay casi tanto odio hacia los chupasangres en ti como en nosotros. Que curiosa coincidencia que los tuyos y los míos hayamos decidido atacar la misma noche este nido de vampyr que lleva años molestando. Hoy todos hemos sido igual de estúpidos, actuando sin pensar, en contra de nuestros intereses y a favor de los intereses de los cainitas: van a celebrar mucho esta noche en la que sus enemigos nos hemos destruído mutuamente.

Gervèse tuvo que tomar una decisión difícil y tuvo que ser rápido, fue indulgente con el enemigo derrotado como le correspondía a un cristiano.

- ¿Me puedes oír? Espero que sí, procuraré que sobrevivas para que esta dura lección tenga algún sentido, para que le cuentes a los tuyos la trampa de la que todos, vosotros y nosotros, hemos sido víctimas esta amarga noche. Si alguna vez volvemos a encontrarnos, es posible que volvamos a luchar, pero que sea por nuestra propia decisión y no al servicio de los intereses de los que se hacen llamar hijos de Caín.

Guillerm du Trem - July 2, 2006 02:42 PM (GMT)
Hugo permanecía postrado tras el embite de los soldados del monje. Su cuerpo se regeneraría, pero su orgulla estaba herido. La rabias ya estaba fuera de control. Ni siquiera asumió las palabras de Gervese cuando ciegamente lanzó su último ataque con el resto de sus fuerzas. Una dentellada salvaje atrapó la rodilla del monje. Podía sentir la sangre fluyendo.

Después cayó casi desvanecido y soltando a su presa. En esos instantes, las palabras del monje tomaron forma en su mente. Una trampa... Las sanguijuelas enfrentando a sus enemigos... Muy propio de sus intrigas...

En sus últimos esfuerzos y aún viendo el dolor infringido a su rival, le miró a los ojos sin mediar palabra. Sin embargo, ya no había odio en su mirada. Solo tristeza.

Las heridas eran graves y su cuerpo retorno a su forma de raza. Si dejar de mirarlo dijo sus últimas palabras antes de perder el conocimiento totalmente.

- Marchaos... No más sangre...

Entonces desapareció. No estaba muerto, pero tardaría muchas lunas en recuperarse.

Gervese - July 3, 2006 10:55 AM (GMT)
No más sangre. Hugo había podido paladear la sangre de Gervèse, tenía un sabor diferente, algo que hacía pensar en la existencia de un ser superior. Aquel mordisco había resultado un modo de reafirmar lo que se había dicho, algo más violento que un apretón de manos.

Los soldados se apresuraron a sacar de allí al doliente abad que hacía lo posible por no gritar, pese a sus manifestaciones de poder era sólo un humano tan fragil como cualquier otro. Se estaba desangrando y necesitaría atención urgente, tenía posibilidades de sobrevivir, con suerte salvaría la pierna, pero sería un milagro que volviese a caminar.

Mientras le retiraban del combate Gervèse pudo ver por última vez la batalla. Una batalla perdida, que frustraría los futuros planes de la inquisición. Pero esos planes, al igual que los de lobos monstruosos e incluso los planes de los cainitas, respondían todos ante el insondable plan divino. Nada sucedía fuera del plan de Dios, y aquella noche Dios le había dado una importante lección de humildad a Gervèse para castigar la soberbia del Abad. Gervèse le juró a Dios que si sobrevivía a su herida, él cambiaría su modo de actuar, no más ejércitos ni batallas, a partir de entonces actuarían con mayor precaución, astucia y sigilo.

Guillerm du Trem - July 5, 2006 05:24 AM (GMT)
El caos se apoderó de la batalla. Las fuerzas de los garou iban consumiendo poco a poco a los soldados restantes. Sin embargo, muchos habían caido ya. Ambas fuerzas se encontraban menguadas, en un loco frenesí sangriento. El resultado estaba claro, mas sería difícil decidir si realmente hubo vencedores y vencidos.

Nadie pudo entender como Hugo lo sucedido, el infame engaño. Tras la marcha del monje, llegaron varios miembros del clan y consiguieron llevarse al maltrecho garou...

Todo había acabado, ambos bandos se batían en retirada, recogiendo si era posible a sus heridos. La visión era desoladora... Cuerpos de soldados, lobos y humanos, muertos que recuperaban su forma de raza, yacían esparcidos por los alrededores del campamento.

Este día quedaría en la memoria de todos los que participaron... Errores y trampas, una batalla inútil, sin sentido y muchos que pagaron con su vida. Un final trágico y desolador.




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