Title: En las profundidades de Praga (Flashback)
Description: Primavera de 1205
Vikarna - May 17, 2006 08:03 AM (GMT)
- Aquí tienes el mapa Vikarna, debes buscar el pergamino que acordamos. Tenemos información de que hay varios cainitas y despertados que ansían también encontrarlo. Muestrame tu valía.
Las palabras de Ardan de la calle de Oro a Vikarna, su progenie, fueron claras. La joven Tremere no estaba hecha para las aventuras, ella había nacido para las intrigas palaciegas, sin embargo esta prueba de fuego iba a ser vital en su futuro en el clan.
La Judería de Praga era un lugar oscuro y sórdido en el cual la mugre ocupaba una gran parte del empedrado. Tras examinar varias casas semiderruidas, Vikarna , que estaba envuelta en una túnica grisacea que dejaba al descubierto una pequeña porción de su cara, acabó encontrando la entrada a las profundidades en el sótano de una casa de la que sólo quedaban en pie 3 paredes.
La Tremere portaba un pequeño candil y con la ayuda de su legado vampírico (Auspex 1) se adentraba a través de los túneles totalmente alerta de la existencia de cualquier extraño, ¿quién sabía que le podía acechar en aquel lugar?¿tan importante era aquel dichoso pergamino?
Isolda Lamartine - May 19, 2006 07:19 PM (GMT)
Y en efecto era importante; tanto lo era, que el Regente de la Capilla de Praga, Anouncios Bonifacio, bani Bonisagus, había pedido al Círculo Interior la asignación de un Despertado con más conocimientos de lo oculto y más poder en su sangre, alguien, en fin, que pudiera trunfar donde tal vez él sólo hubiera podido inventar una excusa por su fracaso.
Y al saber el nombre de la Asignación, suspiró tranquilo, pues no sólo era realmente talentosa y poderosa, sino que era miembro de su Casa, y seguramente el Primus se había encargado de ocultar que el regente había pedido ayuda sin siquiera haber intentado su cometido. No le importaba que le relevaran de la Regencia. No era hombre ambicioso, y sí más bien cobarde.
La llegada de la Magister Scholae le tuvo ocupado, con los preparativos y formalidades que alguien de ese cargo y esa posición neesitaban, y así también la asignaciíon de tres de los guerreros más poderoso de la Orden en Praga, que a la vez eran conocedores de los territorios donde tendrían que realizar las búsquedas.
Bien sabían que un grupo de Massasa tenía en su poder información sobre el pergamino, lo que les previno y acusó de actuar con premura.
Un día después de la llegada de Isolda, esta descendía por los túneles, casi al tiempo que Vikarna lo hacía, habiendo dejado a dos de los guereros apostados afuera, invisibles por su magia, y el tercero caminando a su lado, indicándole con magia a su mente los caminos a seguir, e invisible también a los ojos mortales.
Isolda no tenía problemas para ver en la noche*, y no llevaba vela o luz alguna, pero tenía un presentimiento. Debía darse prisa si no quería tener encuentros indeseados.
*Vires 1
Vikarna - May 22, 2006 08:47 AM (GMT)
Tras sortear ratas y charcos de lodo Vikarna llegó al nivel más profundo de las catacumbas. Una sensación gélida invadía su cuerpo, no sabía muy bien si sería por la tensión, pero tenía el horrible presentimiento de que alguen le había estado observando desde el mismo momento en el que puso un pie en la Judería.
- Espero que Zvi no esté en casa esta noche - dijo para sus adentros, más que una esperanza era un deseo, todos sabían como eran los Nosferatu con sus dominios.
Cuando la joven Tremere se situó frente al muro indicado, sacó un pequeño pergamino en piel de cordero. Aquel muro estaba protegido de alguna manera contra sortilegios, y si los escritos eran ciertos, algún ladrillo de aquella inmensa barrera de pétrea actuaría como llave para abrir la puerta hacia la Reliquia.
Examinó rápidamente todos los ladrillos y uno despertó sus sospechas, uno de esos bloques estaba menos usado, no concordaba con aquella pared. Todo parecía fácil... demasiado fácil... ¿no sería una trampa?.
Isolda Lamartine - May 23, 2006 08:00 PM (GMT)
Se movía silenciosamente, y comenzaba sobre su mente a posarse una insoportable presión. La oscuridad la asustaba, y la razón para ese temor era obvia, pues grandes y poderosos secretos aún se protegían de los mortales y cadáveres, de los seres de la superficie, desde que descubrieron que sus garras eran pérfidas y codiciosas. Y esos secretos sabían guardarse bien de los extranjeros, y más bien aún si sabían que podían dejar de ser lo que eran.
Ella era consciente de eso, pero tenía que añadirle la sensación de otra cosa, más pequeña pero más inmediata, de otra índola y que aún no terminaba de entender.
De repente, al final del túnel, vio una luz, y atrás de ella, a unos doscientos metros, sintió un ruido.
-Adeptus, dijo a la mente del hermético que la acompañaba, invisible-, quedáos aquí. Yo avanzaré sola.
Era obvio para ella que él había escuchado aquel ruido, y así se lo confirmó la respuesta de su guardián. Afortunadamente los Despertados de la Orden no necesitaban ojos para ver lo invisible.
Avanzó rápidamente, siendo inevitable hacer ruido, y de repente salió a un estrecho salón iluminado por una débil lámpara, terminando abruptamente en un pesado muro y justo frente a él, frente a ella, una mujer.
Se detuvo, y comprobó su naturaleza con rapidez, bastándole con sentir aquella fría oleada para reconocerla como una Massasa.
Isolda, como siempre, iba camuflada, con la identidad que le conocían todos en Praga: su cabello era café de un oscuro y marchito, su rostro curtido por el sol y con pronunciadas ojeras, seguramente de leer a la luz de la vela; sin embargo era joven, pero su rictus mortalmente serio y severo la hacía parecer con al menos diez años más de los que tenía. Su mano derecha permanecía cerrada, y la izquierda, sobre su estómago, abierta.
Guardó silencio. Así que los cadáveres habían llegado antes que ellos.