En la base de la torre del Chatelet ocupada por Geraud Gallois esperaba un nuevo mensajero vestido de negro, igual que el que llegó el mes anterior. Este en lugar de dos caballos viajaba en un pequeño carro.
Gallois no reconoció a aquel mortal porque viajaba embozado bajo la capucha de su capa de cruzado hospitalario.
GALLOIS - ¿Quien va? ¿con qué intenciónes?
El mensajero se rió, antes de que se descubriese, Gallois pudo reconocer en aquella risa al caballero hospitalario Jean de Hauteclere.
JEAN - Recibí vuestra carta viejo amigo, y podeis creer que me sorprendió.
El caballero retiró una tela que cubría el equipaje del carro y dejó ver la carga que transportaba: una desgastada armadura pesada, un casco completo y un escudo de caballeria. Todo de metal oscuro y mate, sin demasiados adornos a escepción del dibujo de una rosa perfilado en el peto.
JEAN - Aquí está la armadura que pedistes, lleva varias decadas sin usarse, pero con unos cuantos arreglos te valdrá.
GALLOIS - No es problema, tengo buena relación con la mejor herrería de París, espero poder contar con ellos, tal como he contado con el resto de mis amigos.
El caballero hechó un vistazo al caballo normando que había traido el mensajero anterior.
JEAN - Una armadura, un caballo de guerra, cualquiera diría que te preparas para reemprender la cruzada. ¿Te reincorporarás a la orden?
GALLOIS - Me temo que no ha llegado ese momento, los objetivos que me alejaron de la cruzada todavía no estan cumplidos. Todo esto tiene una explicación más sencilla: me estoy preparando para participar en una justa.
JEAN - ¿Una justa? eso tambien me sorprende, pensaba que lo tuyo era el arco... - de pronto Jean sonrió como si pudiese leer el pensamiento de su viejo amigo - No me lo digas, se trata de una mujer. Siempre se trata de una mujer. Te dijo que te otorgaría su favor si luchabas por ella en una justa y tu estas removiendo cielo y tierra para conseguir todo lo necesario.
Gallois guardó silencio y Jean de Hauteclere pudo comprobar que había acertado. Lanzó una sonora risotada.
JEAN - Sin duda estas lejos de volver a la estricta vida de un cruzado, pero tus historias siguen siendo muy divertidas. ¿Acaso no sabe ella el elevado coste de todo este material?... - volvió a tener una revelación - Ah, claro, se trata de una dama rica ¿y de quién se trata esta vez? ¿de la reina de francia?- dijo burlándose.
No andaba del todo desencaminado, penso Gallois, pero no le iba a contar de quién se trataba.
GALLOIS - Sabes que siempre he sido reservado sobre esas cuestiones. Pero podemos charlar de otras cosas mientras os sirven una jarra de cerveza en una de las cercanas posadas. Allí podreis descansar y charlaremos de los viejos tiempos.
JEAN - Hablando de los viejos tiempos ¿qué pasó con aquella bailarina...?
Gallois emitió un exagerado suspiró, mostrando con buen humor su cansancio ante la insistencia de su amigo. Ambos salieron juntos de la torre compartiendo unas risas.