La noche era clara y las estrellas brillaban con plenitud. El capadocio paseaba sin rumbo, habitual en el, cuando se encontró en las afueras. El conjunto de chabolas formaban una especie de cuadro surrealista. La gente vagaba por las calles sin rumbo. Había un bullicio inusual de entradas y salidas.
Aqui estaban los que no tenian cabida en París, los que no encajaban o simplemente la gente que no se consideraba digna de vivir el la ciudad.
El cainita observó los rostros...-quien sabe Octavio al igual incluso conocemos a alguien... - una risilla estridente salió de la garganta del capadocio...
El capadocio se aproximó a una mujer que acurrucaba dulcemente a su bebe de unos meses.
-Disculpe señora quiere mucho a su bebe...-no lo hagas Octavio esta vez no...-
Las pupilas del cainita se dilataban, y su boca salibaba mientras asomaban los afilados colmillos.
-otra vez no Octavio, no caigas redimete!-
En la oscuridad de un callejon Octavio lloraba, lloraba desconsoladamente.
-Que voy a hacer contigo, Octavio. Si sigues actuando asi nos descubriran, descubriran de lo que fuimos capaces, descubriran lo de Marcelo...si es que tu amigo Lasombra no lo ha contado ya por las calles de Venecia...te vendran a buscar...Octavio, daran contigo y en esta ocasion no podras enterrarte...ni huir-
En mital de la calle el capadocio gritó, gritó con rabia y con lastima.Lastima de si mismo y de en lo que se había convertido.
-Por que me abandonaste señor ? Por que me dejaste? Por que este castigo ?-
A lo lejos del callejon la sombra de un borracho se proyectó sobre una de las paredes de un edifio cercano y Octavio presa del panico echó a correr gritando por las calles de las afueras de París.