Un grupo de personas, nórdicas en su mayoría pero con miembros de otras latitudes del mundo conocido, habían estado trabajando en la recuperación del territorio dejado por Henz, contruyendo sobre las ruinas casas rústicas pero habitables, y cercando el lugar al rededor.
Varios viajeros llegados de otras tierras por los caminos secundarios, fueron recibidos con alegría por los nuevos habitantes del lugar, y así también varios refugiados se unieron al culto, protegido con secretismo, del Dios del Viento Ubb'a Thrak, llamado de diferentes maneras por cada miembro de la comunidad según su lugar de procedencia.