View Full Version: Las aguas del olvido

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Title: Las aguas del olvido
Description: Diciembre de 1225


Haas - April 25, 2006 12:22 AM (GMT)


" Nunca pensé que todo acabaría tan lejos de vos, mi Señora...Si al menos tuviese la voluntad del odiaros para aliviar este penar..."


Haas observaba el apacible discurrir de las aguas que alimentaban el Sena sobre el puente de roca que vertebraba ambas orillas, con el único testimonio de su difuso reflejo sobre la turbia superficie...Cada inspiración suponía un doloroso esfuerzo que le recordaba su cobardía, su aciago devenir desde que abandonara Magdeburgo...

Adelantó un paso. Una lágrima errante halló el camino que habría de seguir el resto de su ser al perderse en la inmensidad de aquel espejo de oscuro reflejo. La Luna consolaría su alma una vez todo quedase atrás, parapetado tras el manto de los sueños olvidados...Un paso más y el peso de su armadura lo arrastraría hacia el fondo, de idéntica manera que el gran emperador Barbarroja. El sentido de su existencia se había diluido con la tinta de una carta que había privado de sangre su extenuado corazón...

La partida, su exilio en París, el abandono de su Emperador, la dolorosa ausencia de Eloise y finalmente la confirmación de sus peores temores cuando Lucrecia le reveló la verdad sobre su condición de mero peón en una trama que superaba con creces el alcance de su raciocinio y lo que había quebrado para siempre la voluntad del alemán ; La falsedad de cada uno de los sentimientos profesados, la mentira escarchada que había alimentado durante aquellos años su esperanza, el aliento que impulsaba su espada y la sangre de sus venas...

...Mentira...

...Traición...

...Deshonor...

...Olvido...

Un paso más y el dolor no sería más agudo que la gangrena de su penar...

Un paso más y el Sena acogería su profundo reposo...

Isolda Lamartine - April 25, 2006 06:44 PM (GMT)
Una roca rompió la superficie del agua, tranquila en espera del invierno que seguramente la haría más muerta, más lenta, más arropada en su interminable discurrirse hacia lugares que los hombres no conocerían.

Gustaba Isolda de ver las ondas propagarse taimadas al rededor del epicentro, renegando de su improvisado movimiento, y buscando con todo su corazón detenerse por fin para regresar a su inapelable quietud eterna, a pesar de las apariencias.

Otra más y los anillos de la segunda se entrelazaron con los de la primera, y como si no se hubieran visto ni conocido, como si fueran enemigos o habitaran planos dispares de la existencia, seguían su curso circular,para eventualmente desaparecer sin que nada hubiera cambiado su esencia después del primer -y no único- contacto.

Así, pensaba Isolda, eran los hombres: habitaban el mundo simplemente como excusa de su espera, ansiada desaparición de los anales ya escritos en viejos calabozosos llenos de dioses moribundos, apelmasados a las esperanzas de Olvido de quienes, por diversión en realidad, les adoraban.

Pero una Onda la tocó, a pesar suyo: Mentira, Traición, Deshonor, Olvido. Se estremeció, y dirigió su propia Onda, más no ya como tal sino como roca, y lo que vio le estremeció el corazón.

A unos cien metros, escondido por sus pesares y la bruma del río, Haas miraba el agua como miran el ataúd los somnolientos. No corrió, no gritó; cantó.

Y su voz fue tan tierna, tan dulce, tan divina, que por un momento el agua deseó no aquietarse y en efecto se removió en su lecho, y esperaba el canto de Isolda agitar el corazón del alemán, por un momento, antes de que se detuviera en el frío Sena para siempre.

Haas - April 25, 2006 11:42 PM (GMT)

Cuan generoso sería el abrazo de las aguas del olvido, cuanta tristeza quedaría anegada en la superficie una vez el abismo se apropiase de su alma..."

Los pulmones del alemán tomaron aire por vez última, sin pesar ni melancolía. Sus músculos se relajaron, sus párpados se cerraron al mundo y sus piernas comenzaron a resbalar arrastradas por la ávida gravedad...

...Y entonces lo escuchó...

...Aquel canto, arrastrado por el viento hasta hundirse en su pecho agitó su corazón y tensó de nuevo su cuerpo, le instó a abrir de nuevo los ojos a un mundo al que había dado la espalda y a girar la cabeza buscando el manantial del que brotaba melodia tan dulce...

...Pero la gravedad no cesó en su empeño y arrastró tras de si la pesada armadura que ceñía su torso. Erró en su apoyo la pierna y Haas fue consciente de que la bruma hundía en él sus garras mientras la visión de la orilla iba quedando lejos, cada vez más lejos...Pero no deseaba abandonarse a la oscuridad de la Parca sin conocer a quien era capaz de entonar la letanía de las sílfides y su brazo actuó como cadena de inquebrantables eslabones, asiéndose al borde de la esperanza y renegando de su cobardía para mostrarse a sí mismo tal y como era en realidad, el guerrero que acabaría sus días besando la tierra en gloriosa épica y no compartiendo destino con aquellos que hunden su vida en el fango de la desesperanza...

...Con la voluntad de quien desea vivir, extendió el otro brazo y con la mandíbula rechinando a causa del esfuerzo, consiguió darse a si mismo una segunda oportunidad abrazandose a los acordes que vibraban bajo las estrellas...

Isolda Lamartine - April 26, 2006 03:37 PM (GMT)
Saltó de la piedra donde se encontraba, alarmada al ver caer al guerrero al agua; ¿podía la vida serle tan esquiva a los hombres, tan oscura y misteriosa, tal vez arrogante incluso, que prefería no darles sus tesoros y verlos morir en sus ríos? Ella muchas veces había pensado en su muerte corporal, más sabía bien que aquello simplemente sería acoger un nivel más puro de existencia, en el mundo Umbral, donde su cuerpo ya no sería limitante para ejercer su Voluntad de Demiurgo.

Pero el guerrero, en improvisada lucha con las aguas tranquilas del Sena, no esperaba algo parecido, sino el olvido, el terrible olvido que es peor que cualquier castigo. ¿Cómo? ¿Por qué? No era un campesino, no tenía que trabajar para que los nobles vistieran hermosas sedas traidas de los paises donde los jóvenes nobles ganaban gloria y los simples soldados ganaban heridas, muerte y pobreza; no, era un comandante, con pesares seguramente más abstractos y por tanto, según muchos conocidos, inútiles.

Pero ella no juzgaba; no todavía, no en ese momento.

Sintió su desespero, su esfuerzo por al menos vivir un instante más antes de dejarse llevar, y ella le daría la oportunidad de que ese instante fueran más todavía si así lo deseaba (secretamente se preguntó, por un momento, si el guerrero eslavo con el que Haas había combatido tan fieramente en Sueño sentiría pesares similares).

Corrió junto a la orilla, procurando no lastimar sus pies con las piedras bañadas por siglos en aquellas aguas, y a la vez no perder de vista al germano, mientras delineaba el esquema de su hechizo, y recitó:

"Caerse por el linde
En los Cruces de Caminos se hace el Recuerdo
Caen, como pétalos, entonces las palabras"

Velocidad y Olvido, Lentitud y Recuerdo. El cuerpo de Haas comenzó a ser más liviano, no demasiado, y a subir un poco a la superficie, y el germano vio la oportundidad de detener su Irse Yendo cuando una rama apareció justo a tiempo de ser agarrada.

Isolda, justo en el punto donde había terminado el esquema de letras hebráicas, había permancido, agachada, con los ojos cerrados y haciendo un gran esfuerzo. No era sencillo, y aquel guerrero pesaba demasiado. En los ecos de la cabeza de Haas no dejaban de resonar los clamores de aquella melodía.

Haas - May 24, 2006 09:43 PM (GMT)
Cuando quiso darse cuenta sus manos aferraban una superficie rugosa que tiraba de él alejándolo del sibilino siseo de las aguas que aguardaban a sus pies, sintió su cuerpo ascender, doblegar la desesperanza que lo condenaba al olvido...pero pronto se detuvo su ascensión...su cuerpo asemejaba una roca hundiéndose de nuevo en el lodo y el aliento gélido del Sena mordió su nuca para arrastrarlo definitivamente bajo su escarchado anhelo...

- No...- Se repitió a sí mismo el soldado, no el hombre que lo ocultaba, sino la rabia desmedida de quien no reniega de la victoria de vivir, y fue el instinto febril de una bestia ,ajena a los pesares humanos, la que hundió los dedos en tierra firme y obligó a la carne, al hueso y al acero a precipitarse lejos de las faldas de la Parca...

"Aun sigo aquí, noto el hedor de las aguas emponzoñadas, no su sabor, mi corazón late brioso, desbocado, vivo...Sigo vivo..."

Sintió su cuerpo helado, sin sangre corriendo por sus venas. Su cabello empapado se pegaba a su rostro y un entrecortado jadeo fluía de sus pulmones...Sintió su cuerpo exhausto y tembloroso mientras la conciencia del hombre retomaba el dominio que le pertenecía...Volvieron los recuerdos, la angustia y el dolor, pero no ejercieron su venenoso juicio sobre la mente del alemán sino que aguardaron agazapados, ocultos en la penumbra de la conciencia... Sus ojos, nublados y desconcertados, acertaron a ver ante él el espejo de un ángel, un rostro surgido de más allá de los cielos que anegaría de luz al astro rey...Un rostro nunca olvidado por el de Estiria y que de nuevo acudía a él cuando las sombras habían extendido su última mortaja...

- ¿T...Te envía Dios para que cumpla mi penitencia en esta tierra...?- Acertó a decir el comandante entre jadeos a su improvisada salvadora...

Isolda Lamartine - May 26, 2006 04:35 PM (GMT)
Estaba exhausta. El esfuerzo de darle la oportunidad al guerrero de elegir la vida o la muerte con más uso de conciencia, vencer el mortal abrazo de las aguas de aquella corriente milenaria, habían hecho que la damicela quedara verdaderamente extenuada.

Gruesas gotas de sudor recorrían su rostro curtido por el sol, pero en sus ojos había una alegría son fronteras que hacía que aquellos ojos azules brillaran conmás profundidad e incluso misterio.

No logró incorporarse, así que en lugar de eso se sentó sobre una roca cercana y baja, mirando al empapado comandante emerger de aquellas aguas como emergen de las sueños la sideas de esperanza o de las pesadillas los fantasmas del pasado.

Con la voz también entrecortada contestó a la mística imprecación del germano.

-No... lo sé, mi señor. A lo mejor me envía para que voz penséis dos veces si abandonar la tarea que os habéis encomendado.








Haas - May 26, 2006 06:11 PM (GMT)

Cuando su cerebro dejó de danzar encabritado dentro de su cráneo y recuperó la noción de la realidad que durante unos instantes había abandonado, enfocó con ojos turbios a su salvadora...

- Yo...Yo conozco esos ojos...- Musitó dejando que el asombro recorriese su piel...- Sois aquella mujer...Si, os recuerdo perfectamente, como olvidarme de vos- La voz del alemán sonaba agrietada, entrecortada, pero por encima de todo latía una emoción ambigua que se acrecentaba a cada palabra...Era tan agradable volver a encontrarla...

- Os ruego...disculpeis mi necedad, mi despropósito...¡Por Dios! ¡estais exhausta!- Se acercó a ella y levantó su barbilla con delicadeza para observar aquel rostro límpido y brillante y asegurar que ningún mal le afligía...

- Mi tarea podrá esperar hasta que os recupereis...- Haas observó el cielo mortecino cubierto por el manto nocturno que envolvía las estrellas y cegaba la Luna, y decidió que no era lugar seguro para mantener una conversación, y menos en el estado en el que se encontraban ambos...

- ¿Podeis levantaros? Os acompañaré a un lugar resguardado donde recuperareis el aliento y llenareis vuestro estómago...- Tras unos instantes de duda en los cuales el rostro del alemán se frunció en cómico debate ante la indecisión de cómo ayudar a levantarse a la mujer sin mostrar descortesía, se irguió y extendió su brazo para que sirviera de apoyo...No estaba acostumbrado a tratar con el sexo opuesto, y sin duda ella se habría percatado.


Isolda Lamartine - May 31, 2006 02:57 AM (GMT)
Isolda se sintió conmovida. Había sido muchas veces importante para muchos seres, Durmientes, Despertados, Cadáveres, Espíritus y seres mitológicos, Dioses poderosos e antiguas civilizaciones que reclamaban su poder y su consejo, y era consciente de que s actuar, sus palabras, su dejarse ir por las lindes de la Iluminación, habían cambiado muchas vidas en muchos sentidos, buenos o no tanto.

Y sus sentimientos ante tales hechos habían sido variados: desde el muchas veces inevitable orgullo, hasta la más sincera felicidad, hasta una profunda tristeza por haber truncado un camino de su original y propia senda.

Pero de todas esas veces que su vida como Despertada había influido en la de otro ser, poderoso o no, importante o no, esta que en ese momento vivía era la que más apretado dejaba su pecho.

Pero no por nostalgia o arrepentimiento, sino por una prefunda alegría que no podía explicar, no en ese momento. Sonrió con sincera felicidad al alemán, y para sus adentros sonrió de nuevo ante su mal disimulada inexperiencia en el trato de las amas cortesanas, aunque claro, ella era una simple campesina.

Se apoyó en el brazo del guerrero y se puso de pie.

-Me encantaría ir con vos. También supongo que vos debés recuperar el aliento.

Sonrió de nuevo. Aquel mortal le agradaba.

Haas - June 1, 2006 04:40 PM (GMT)
- Mi aliento regresó con vos...- Musitó sin desprenderse del frágil hechizo que lo mantenía sujeto a sus pupilas. El alemán sonrió tímido. Aceptó el brazo de la mujer y juntos comenzaron a caminar en dirección de una cercana posada de ambiente apacible y escasos alborotos. Eran de sobra conocidos sus asados y vinos de Borgoña, y servía de refugio para viajeros y delegaciones extranjeras pues su ubicación y su consorte de mercenarios contratados para evitar conflictos en su interior le habían granjeado una seductora reputación de local tranquilo...Descendieron las escaleras de acceso y dos hombres de notable porte se abrieron paso para dejarles paso, sin duda ante la visión de la cruz negra del alemán...

Haas cedió el paso a la dama mientras echaba un rápido vistazo a su interior. Al ser noche cerrada apenas había nadie, salvo una mesa de comerciantes hispanos discutiendo y algún que otro cliente anclado a la barra. Al otro extremo, el encargado, un hombre robusto de comportamiento amanerado bailoteaba entre barriles parloteando con uno de sus hombres, cuyo hastío era evidente...

- No...quisiera molestaros, milady- Dijo de repente el germano al percatarse de que quizás la mujer tuviera labores pendientes o que supondría una deshonra para una mujer de bien hollar un lugar como aquel en compañía de un desconocido. Haas era consciente de que la plebe ejercía de improvisadas arpías que extendían bulos y suspicacias como cizaña ennegrecida, que en caso de que un eventual marido se enterara, el castigo que sufriría aquella dama por su culpa no serí fácil de olvidar...- ¿No os causaré problemas trayéndoos aquí? Me habeis hecho tanto bien que mal me sabría no agradeceroslo, pero tampoco deseo disgustos para con vos...- Musitó casi avergonzado el teutón. A pesar de la comodidad que sentía junto a ella, bien era cierto que el temblor que sacudía sus rodillas no facilitaría las cosas...

Isolda Lamartine - June 6, 2006 01:53 AM (GMT)
El que hubiera ayudado a alguien que días antes había introducido en un mundo onírico para acrecentar su conocimiento sobre los hombres, sin importarle lo más mínimo la integridad de los combatientes en aquel episodio, no significaba gran cosa para aquellos que han superado ciertas barreras. Más, como ya antes ha sido dicho, para Isolda en esa ocasión las cosas eran diferentes.

Sin embargo no había olvidado quién era y cuántos enemigos tenía, y bien se aseguró de cubrir las huellas que pudieran ser descubiertas por algunos de sus enemigos. Mientras caminaban, comenzó a mover los recuerdos inmediatos y pasados de Haas de manera tan sutil como sólo puede tratar una madre a su recién nacido, cuidándo los detalles, protegiéndolo del frío, evitando que su consciente se diera cuenta de cualquier cosa que estuviera sucediendo. En lugar de su rostro, que ya había visto, implantó levemente, con moderación, otro. No extremadamente diferente pero sí lo suficiente para que Isolda no fuera reconocida en aquel rostro, y al tiempo iba modificando, al mismo ritmo, su propio rostro, el que Haas veía justo en ese momento.

Como final a aquella labor que le era extremadamente desagradable pero era de todos modos necesaria, puso en la mente del teutón una condición para sus futuros encuentros: justo en el momento en que ella se mostrara al y como era, él recordaría. Cuando ella no estuviera, sólo le quedarían al teutón los ojos azules de la hechicera. Lo lamentaba profundamente, pero así era la vida de los solitarios Despertados. Le hubiera gustado explicarle... pero no podía permitirse lujos semejantes.

Así pues, ambos llegaron a la taberna.

Entró tras el germano, mirando a ambos lados con cierta timidez, y pasando afortunadamente desapercibida -por extraño que pareciera- entre aquellas gentes. Una vez se hubo sentado, y después de dar una mirada general al lugar, como tasando las palabras de Haas, sonrió.

-No debéis preocuparos. Cualquier lugar es cómodo para mí en realidad, y siento este el más cercano y no ciertamente el más desagradable, está perfecto para que ambos descansemos y comamos algo.

Agachó la cabeza, agradeciendo al caballero que la hubiera invitado a aquel lugar. Era aquella, sin duda, una situación sumamente extraña-.




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