Anna descendio de su carruaje, preocupada por el tono de la carta que Geoffrey le habia enviado para convocarla. Ella aun no estaba lista para tratar con sus problemas, cuanto menos estaria capacitada para ayudar con los del Principe. Y, sin embargo, no parecia por el tono de la carta que el Ventrue fuese a necesitar confesion esta noche oscura.
El viento agitó sus ropajes con extremada fuerza, pero ningun inmortal se caeria ante ese empuje ya. La lluvia amenzaba con desatarse en cualquier momento, pero los techos altos de la Concergerie la resguardarian de ella. Pero no de las dudas del Principe.