View Full Version: Un nuevo amanecer

Edad Oscura Paris > Castillo Templario > Un nuevo amanecer



Title: Un nuevo amanecer
Description: 2-XI-1225


Gerard De Tarbes - April 11, 2006 12:28 PM (GMT)
Sus ojos se alzaron para vislumbrar la magnífica fortaleza en el horizonte, sí. Volvió a Francia, tierra de los más hermosos parajes, tierra de las más hermosas campiñas, y los mas bellos y monumentales Castillos que, su Orden, los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo del Rey Salomón, habían edificado para atestiguar a través del paso del tiempo que las milicias de Dios eran tan poderosas, como su fé en su brazo protector, fuerte y extenso.

-Si...Vive Dios... largo tiempo hemos tardado en alcanzar éstas murallas... y larga, también, eran mis ansias por volver a verlas... ¡Roderic!, ¡vislumbrad aquí, conmigo, tamaña ciudadela, hermosa figura de roca virgen y sacra! Raudos ahora, cuan antes alcancemos su sombra, antes habremos de descansar plácidamente-

El caballero sonrió mirando a su ayudante, para, perder de nuevo la mirada de su único ojo sano en la silueta de la fortaleza, sobre la línea del horizonte, cavilando sobre los estudios que podría llevar a cabo, en la Gran Casa Capitular.

Tras un corto periodo de tiempo, cabalgando, alcanzaron la sombra de la muralla, deteniendose frente al portón


¡Salve al Temple! Presentose Gerard de Tarbes, caballero de la Orden del Templo del Rey Salomón, venido de Egipto, por orden del Maestre de Itálica, Guglielmo de Melchio, pidiendo audiencia con el Gran Maestre, Pedro de Montaigú


Diciendo todo ésto, alzando la diestra a modo del saludo Romano, rostro al descubierto y ataviado con el hábito blanco, con la cruzada sobre el hombro, esperó la respuesta de la Guarnición

Estefan Du Mordred - April 14, 2006 07:43 PM (GMT)
Hacia una mañana esplendida y desde la lejania los vigias de las torretas de la murralla, habian avistado desde hacia un buen rato ya, a ambos caballeros. Dandole la señal de que avisasen al viejo Cedric, el capitan a cargo de la seguridad del recinto.

Una vez finalizada la presentacion de los visitantes, sin repsuesta alguna del otro lado de las imponentes murallas. Pudo oirse como era accionado el mecanismo de la puerta la cual comenzaba a abrirse de par en par, para dejar pasar a ambos.

Al otro lado y ajeno a la actividad interior, en al cuale staba sumido el patio exterior, un caballero de porte gallardesco y de edad bastante avanzada, esperaba firme y con los brazos cruzados a que ambos visitantes entrasen. Una vez dentro y con un chasquido de dedos, la puerta comenzo a cerrarse de nuevo, a la par de dos caballeros salian al encuentro de los nuevos agarrando sus monturas.

Cedric: Bienvenidos seais hermanos, a vuestra casa, por favor desmontad, vuestros caballos estaran cansados de vuestro largo viaje.Si sois tan amables de seguidme os mostrare el camino, hacia el interior de nuestra noble fortaleza.

Con n gesto de su brazo les imvito a ambos que le siguiesen.

Gerard De Tarbes - April 16, 2006 04:31 PM (GMT)
Cuan agradable se tornaba la hospitalidad templaria, cuan agradables las palabras de amigos de Occidente. Llevaba varios meses avanzando por campiñas y montañas, bosques y caminos y ésto, era, sin lugar a dudas, un descanso divino para el cuerpo y la mente

-Salve, noble caballero, hermano de la orden, un honor el ser acogido en tan importante feudo, y un honor, estar en el mismo hogar que el Gran Maestre de la Orden-

Su voz, profunda, cargada de sinceridad fué acompañada por el desmontar del corcel. Echando una mirada en derredor hizo una señal a su escudero, para encargarse de los corceles. Ambos ojos aparentemente sanos escondían la verdad de que solo su izquierdo, contenía la capacidad de la vista, herido en Egipto


Estaba deseando hacerse a la nueva ciudad donde le habían destinado, y avanzar, en todos y cada uno de sus propositos

Estefan Du Mordred - April 17, 2006 03:16 PM (GMT)
Cedric avanzo por los sendos patios que había hasta llegar a el edificio principal, sin mirar atrás esperando en todo momento que el recién llegado le siguiese.
Una vez frente a la entrada de este se giro y sonriendo añadió:

-Bien, este es el edificio principal, donde reside la mayor parte de la sabiduría de nuestra orden aquí en Francia. Antes de guiaros ante el maestre Julius de Monfort, seria de gran ayuda saber vuestro nombre. Respecto a vuestros aposentos e higiene personal, se os concederá mas tarde, tenemos ordenes expresar de antes de dar alojamiento a nuestros invitados deben de pasar primero por los salones principales de Julius.

Perdonad mi descortesía, mi nombre es Cedric d´Acutania, capitán de las tropas de reserva del castillo. Para serviros en lo que deseéis.

Gerard De Tarbes - April 17, 2006 04:40 PM (GMT)
El hecho de que no pudiera ser el Gran Maestre de la Orden quien le acogiese pareció ensombrecer su rostro ligeramente, desconocía quien era aquel hombre, más aun así, pediría formar parte de la guarnición permanente Parisina, en acorde a lo ordenado por el Maestre que le envió.

-Oh, como ya dije a los centinelas, soy Gerard de Tarbes, al sur de Langue d´Oc, también Doucet, mas, no es conveniente desenterrar nombres olvidados hace lustros. Provengo de Itálica, a dónde volví tras la Cruzada de Egipto. Más no es menester aburrir ahora con historias, quizás mas tarde, Encantado, caballero Cedric d´Acutania. Ahora no hagamos esperar al Maestre de la Ciudadela.-

Ciertamente, asi como el hombre era capaz de edificar las mas hermosas Catedrales e Iglesias como la Hagia Sophia que vislumbró en sus viajes a Bizancio, y las Mezquitas de "La Madre de las Ciudades" en Egipto, también era capaz de levantar fortalezas más pragmáticas, aunque no menos magnificas y hermosas. Con ese pensamiento, esperó al noble Cedric mientras entretenía su mirar en los muros y torres de los "senderos" que caminaban. Era un hombre bastante mayor, curtido a sus 44 años en multitud de batallas, parecía mentira que, con la multitud de cicatrices que, como un estandarte portaba, pudiera seguir en pie, y mas aún, que su único ojo sano, portase tal cantidad de vida, y más aún, de misterios por desvelar.

Estefan Du Mordred - April 19, 2006 05:17 PM (GMT)
Cedric asintió y se puso de nuevo en marcha.

Ambos atravesaron la gran sala de entrada al edificio y se introdujeron en una pequeña estancia , la cual aguardaba una escalera de caracol que ascendía hacia los pisos superiores.
Tras unos minutos interminables ascendiendo lograron llegar hasta la ultima planta de la edificación. La escalera de caracol daba acceso tras atravesar una estrecha puerta a un nuevo pasillo, bastante amplio también, custodiado por cuatro guardias con lanzas.

Ascendieron unas escaleras que contenían 4 peldaños y daban acceso a una parte mas elevada de la estancia. En ella, dos templarios protegían el acceso a una nueva habitación.

Cedric: Queridos hermanos, seríais tan amables de acompañar a nuestro invitado, mientras aviso de su llegada a nuestro querido Maestre?

Chirstian Rosse: No veo inconveniente alguno

Cedric atravesó al puerta que ambos caballeros custodiaban sin problema alguno. En un par de minutos volvió a salir.

Cedric: Bien, Julius os recibirá enseguida.

Los hermanos Rosse dejaron a ambos introducirse en la estancia. Habitación que en realidad era una sala de reuniones, coronada en su centro por una increíble mesa de roble, con asientos para unos 20 invitados. En el otro extremo junto al hogar una figura alta y robusta se encontraba estudiando unos pergaminos que había puesto sobre una pequeña mesa.

Cedric: Gran Maestre Julius, os presento al hermano templario Gerard de Tarbes, venido desde la mismísima Alejandría, solicitando una audiencia con vos.

Julius era un hombre con una cabellera rubia y una poblada barba blanquecina, a pesar de su madurez aparente sus ojos azules como el cielo, rebosaban una vitalidad sorprendente.

Julius: Por favor, acercaos y tomad asiento junto a mi.

Se puso de pie señalándole una silla de madera que había al otro extremo de la pequeña mesa.

Julius:Esun gusto para mi, recibir a un hermano templario que viene desde tan lejos, estoy seguro que portareis bastantes noticias de tan lejanas tierras, espero que no sea un mal presagio lo que os halla guiado hasta aquí…




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