Title: Montségur (Provenza) FLASHBACK
Description: 23 de Octubre, A.D. 1225
Elois D'Umbrelle - April 4, 2006 10:44 PM (GMT)
Proveniente desde Aquitania y bajo los dictámenes de Espadalarga, llegaba un singular emisario con un significativo libreo bajo sus abrigadas ropas.
La noche se estaba pronunciando en crudeza, el viento soplaba con rabia herética, atrás en Toulouse quedaban las fuerzas purificadoras de la Iglesia mientras un guía llevaba por camino seguro al intrépido mensajero con un estandarte parisino entre sus pertenencias. Cuanto más subían por el intrincado y retorcido camino que conducía a la cima, más acrecentaba el viento, aunque ello no parecía increpar mucho a tan osado e importante emisario. Las pesadas ropas y la capa cubriéndole el rostro bastaban.
Solapada rectangularmente y aislada, la fortaleza suponía un enclave vital para la defensa de la propia ciudad, situada justo en la cima de Montségur a unos mil doscientos metros de altura, hacían que llegar hasta ella sin ser visto fuera imposible, así como un asalto con éxito resultaba impensable y sólo un asedio prolongado sería viable. Raymond VII de Toulouse y su corte moraba entre los muros, con ellos también Sclaramonde la Negra y gran parte de su corte cainita.
El mensajero paró un momento y elevó sus ojos prodigando su mirada a los recios muros erigidos ante ellos, no dijo nada, sólo lo pensó.
Montségur... Monte seguro...
Un nombre que iba al pelo a aquella fortaleza antojada inexpugnable cuyo asedio duraría, en efecto, cuanto menos un año. Prolongado y por ello resultaba Foix capital de los cátaros y aquella fortaleza suponía el emblema de resistencia.
Tras una larga caminata, los dos "huéspedes" habían logrado llegar hasta las puertas de roble mazizo situadas en la cima, salvando los numerosos controles con la acreditación precisa. Ya quedaba menos.
- ¿Quien va?- inquirió el sargento de guardia.
- Mensajeros del obispo Ranulph - replicó el guía, mientras el parisino yacía impasible dejándolo hacer.
Acto seguido entregó un salvoconducto y cuando las pertinentes verificaciones fueron realizadas y un tiempo prudencial pasó, las puertas de la Fortaleza de Foix se abrieron.
Evento - April 23, 2006 12:07 AM (GMT)
Un soldado les esperaba, mas no era uno cualquiera pues se lo veía bien curtido y sus ropajes denotaban alto rango, incluso nobleza. Poseía el salvoconducto y los guío hacia el salón donde se reunía la corte de Sclaramonde.
Tras anunciarlos, les dio paso. La Negra, los aguardaba junto con sus más leales.
Elois D'Umbrelle - April 23, 2006 09:23 AM (GMT)
Los dos pasaron con distinto propósito, por un lado el guí de Ranulph ya había hecho su parte, había llevado al misterioso mensajero hacia la misma presencia de La Negra, así que una vez en la sala guardó silencio.
En el otro guión del drama quedaba la identidad de aquel emisario venido de París, enmascarado por una capucha queatendió a despojarse cuando entró en la corte.
De aspecto espigado, nariz aguileña y barba frondosa caminó hacia el centro del salón con una determinación más que considerable, en su haber tenía un anillo de plata con un emblema difícil de ver en la lejanía. Cuando llegó a una distancia prudencial paró y realizó una reverencia a la reina, después con su voz suave expuso la oración introductoria que había aprendido de carrendilla.
- Saludos reina Sclaramonde, progenie de Michel d'Armand, caminante en el caminno de los Reyes.
Calló mientras contemplaba con sus ojos astutos toda la corte para finalmente devolver su mirada al centro de interés, la propia reina.
- He realizado un largo viaje con una misiva bajo el brazo que debo entregar a su alteza en privado.
Con su diestra cogió el anillo que portaba en la siniestra para después ofrecerlo gentilmente a la reina con la palma de su mano abierta.
Evento - April 23, 2006 02:48 PM (GMT)
Un caballero situado a la diestra de la reina se acercó y tomó el anillo, nada más tenerlo en su poder su rostro cambió, pareció reconocer algo, pese a todo lo entregó a la reina.
Sclaramonde lo examinó con determinación sentada sobre su trono y finalmente, aceptó la propuesta del emisario, lo recibiría en privado.
Partió junto con sus escoltas por una puerta trasera e indicó al emisario que lo siguiera hasta la habitación en privado.
Elois D'Umbrelle - July 19, 2006 09:38 PM (GMT)
La gran Sclaramonde había accedido a su petición, el anillo de plata valía su peso... en plata y algo más...
El mensajero no mostró emoción alguna, pese a su relativa juventud sabía como desenvolverse y por supuesto el haber sido elegido para aquella tarea era un honor, o un suicidio, según se mirase...
Pero para aquel ventrue repudiado de París, el noble Betancourt, la oportunidad que su nuevo señor le había propiciado bien valía la pena. Su objetivo era doble, servir bien a la generosa Elois D'Umbrelle y vengarse de la humillación de Du Temple.
Tranquilo esperó a que la toreador concluyera la lectura de la carta, mientras observaba y jugueteaba con aquella baratija de plata que portaba el emblema de la refutada Maestra de la Vía de París...
Evento - January 24, 2007 08:22 AM (GMT)
Cuando la reina levantó la mirada, la desconfianza se iluminaba sobre sus pupilas, pese a todo no negaría la posibilidad y simplemente se mostró un tanto ecéptica, pero actuando como alguien de su posición y en su posición lo haría.
- Las palabras de lady Elois son un regalo para mis oídos, bellas y dulces como es habitualen ella, mas podeis decidla que es lo único que puedo decir de ellas, pues son sólo palabras. Aunque también podeis añadir que quiero creerlas, en verdad necesito aliados y eso no es un secreto.
Sclaramonde reflexionó un breve momento, puede que hubiera hablado muy a la ligera y por muy remota que fuera la posibilidad y que aquello más que a otra cosa sonara a trampa, no cerraría la puerta.
- Un gesto por su parte sería bien acogio en mi corte. Sus palabras cogerían peso y traslucirían a hechos y entonces, podríamos retomar esta misiva.
Elois D'Umbrelle - January 24, 2007 02:50 PM (GMT)
El astuto ventrue entendía la desconfianza que la reina demostraba, apenas unos meses sus fuerzas combatían a las de Sclaramonde para intentar sacar tajada, sin embargo los intereses habían cambiado y por circunstancias del destino o por capricho de la Fortuna, ahora los intereses de ambos apuntaban hacia la misma dirección. Aunque como bien era sabido Lady Elois apenas había enviado hombres a combatir, sólo los precisos para salvar las apariencias ante el rey mortal y tan sólo eran labriegos mal armados, pero ese detalle parecía haber sido pasado por alto a Sclaramonde... En cualquier caso, tenía indicaciones sobre lo que debía hacer si hallaba hostilidad, es más, incluso podría jurar que la dama D'Umbrelle esperaba que así fueran.
- Lady Sclaramonde de Toreador, vuestras sabias palabras serán transmitidas a mi señora, así como sus deseos, mas he de añadir que Lady Elois en previsión de lo acontecido me indicó una clausura suscrita a la misisva que os fue entregada, la cual no debía revelarse si su gracia estaba conforme, cosa que no ha ocurrido y por tanto atiendo a confesaros.
El ventrue sostubo unos instantes el silencio, dando tiempo a la reina para asimilar sus osadas palabras, que de ser obra suya nunca hubieran visto luz, mas eran indicación de Elois D'Umbrelle y de querer progresar en la vía Regalis debería cumplir sin temor. Si ello le acarreaba problemas y no era capaz de resolverlos, nunca sería digno.
- Lady D'Umbrelle posee un amplio sentido de la generosidad, así como otras muchas virtudes, aunque mi reina Sclaramonde, esa oferta de la cual desconozco el contenido, tiene una caducidad. Siendo esta el verano próximo.
Sabía que sus palabras resultaban insolentes y así comenzó a temer por su no vida, la menos hasta comprobar como había sentado aquel ultimatum enmascarado a un príncipe en sus propios dominios. Por otro lado, se trataba de una corte asediada por el resto... Comprendió que su vida ya no valía nada, sólo dependía de si mismo y su ingenio para salir bien parado de aquel calllejón sin salida al que se había aventurado voluntariamente. Servir a Elois D'Umbrelle, tiene sus pros y sus contras, Betancourt empezaba a comprender la magnitud de los juegos de intrigas por los que se manejaba su compañera de clan y recapacitando, se asombró de lo bien que lo hacía ésta mostrándose siempre fuerte. Por ello tomaría su ejemplo...
Betancourt, se estaba convirtiendo en un digno discípulo de Lady Elois.