La imponente fortaleza era sin duda alguna un prodigio de la arquitectura militar del medievo parisino. Sus muros se alzaban como olas de roca y argamasa, inquebrantables, abrazando los sólidos torreones que parecían retar al mismo Dios con su osada alzada...Un núcleo de poder en cuyo interior residía un poder desconocido e incomprensible para los mortales...Numerosas leyendas alimentaban la fascinante leyenda de los templarios y muchos eran los odios y envidias que despertaban allá por donde su poder florecía...Se decía que incluso el Grial yacía en las cámaras subterráneas de la Orden...
Un bocado apetitoso como pocos...
Vincent se acercó unos metros más para discernir con mayor detalle cada recoveco en la estructura exterior de la fortaleza, siempre a resguardo de la arboleda que daba acceso al sendero principal rematado en el foso de entrada. Su memoria de prodigiosas aptitudes grababa con fiel exactitud todo cuanto osbervaba, archivándolo, desmenuzándolo hasta trazar un boceto imaginario sobre el cual trabajar posteriormente...
Llevaba varias horas agazapado entre las sombras, como un humilde ermitaño que descansa arropado por los troncos estériles del invierno. Sus ojos de obsidiana vigilaban cada cambio de guardia, el turno de soldados y los recorridos que éstos realizaban cada noche. Estudió con detalle el procedimiento de izado del portón, el número de jinetes que lo atravesaban cada noche y los puntos ciegos que ofrecían las murallas...El Lasombra era una esponja insaciable que en pocas noches captaría las principales rutinas de la fortaleza y pasaría a una segunda fase donde entrarían en juego sus fieles...
Si conseguía doblegar el inmenso poder de la Orden para sus retorcidos propósitos, la Iglesia perdería a una de sus garras principales y los Lasombra daría un golpe de efecto preciso y letal ante la Corte...El verdadero peligro provenía del éxito de la empresa...
Una araña imbuida en sombras, silenciosa, desplazándose en silencio, lejos de las miradas escrutadoras de los mortales...Una araña que pronto comenzaría a tejer su telaraña en torno a aquel magnífico castillo...