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Title: La fiesta
Description: Normandía, 31 de Octubre, A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - March 29, 2006 10:04 PM (GMT)
Finalizaba el triste mes de octubre con los árboles ya desnudos en sus copas, reinaba el frío viento del canal anticipando el crudo invierno que se cebaría sobre toda Francia y Normandía en ese caso.

La vieja fortaleza construida en tiempos del gran Carlomagno con la función de repeler los movimientos separatistas de la región servía ahora de escenario para una celebración especial. Tan especial como la noche que dictaba el preludio al día de todos los santos, una noche mágica para los seres sobrenaturales, los Hijos de Caín no eran menos, incluso en las tierras del este, leyendas atribuían a ritos místicos de los miembros del clan Tzimisce, ahora los rumores suscitaban más y más perversión donde el surgiente clan Tremere cobraba mayor importancia noche tras noche.

Pero en suelo normando, las cosas eran bastante distintas, la velada trascendería como una fiesta coloquial entre varios cainitas, locales y foráneos unidos bajo un mismo son, un único anfitrión, el Ventrue Philiph D'anglard progenie de Harald...

Harald, Harlad, Harald...

Ese nombre suscitaba un estremecimiento en la doncella de mirada intensa y negra melena venida desde el mismo centro del gobierno franco, París.

En efecto, Harald había sido a todos los efectos un mecenas, mentor y hasta puede que amor de la siempre sagaz Elois D'Umbrelle desde que abandonase el regazo de su bien hallado Guilles en Saboya.

Chauvelín servía de anfitrión ocasional a la dama, el malkavian transmitió el mensaje a la dama durante el verano y ella acudía al reclamo de su consanguíneo, pues era dama de palabra, aunque motivaciones ocultas se ceñian sobre ese insólito y secreto viaje, tan secreto que ni el mismísimo D'Artois tenía constancia del mismo. Y fue el querido Hans Einsberg, miembro de la Liga quien alentó a la dama para que acudiera al reclamo del desconocido D'Anglard

Junto a los músicos estaba desplegado el encanto de la noble Elois, gracil y elegante como un cisne, observando cual halcón predador desde su elevada cumbre, pues un largo trecho la distanciaba del resto de invitados, contempló al anfitrión en la distancia, pero aún no había llegado el momento de abordarlo, debía ser él quien diera el primer paso y no la dama, entre tanto un atento juglar de armoniosa voz serviría de distracción.

Elois D'Umbrelle - April 2, 2006 09:38 PM (GMT)

El tiempo transcurría con la mayor infamia posible, perderlo, y no era del gusto en aquella Ventrue con ojos azules apuntar maneras tan poco fructíferas en alas de un abordaje que no veía llegar, mas la presencia de aquel juglar se hacía notablemente aburrida pese a los burdos intentos de éste en conquistar a la doncella con sus encantos. Una mirada gélida como el invierno bastó a la noble duquesa y aquel incordiante lacayo mortal se esfumó con la música a otra parte.

Sólo quedaron músicos de fondo y la dama a solas, en el regazo de la noche, lejos del calor que abogaba en el interior, mas de la nada una figura apareció a su alrededor. Apoyado en la balaustrada de marmol se hallaba aquel extraño de pies descalzos y con una muda de no muy bien ver, una lira en su mano, y ropajes gastados componían al músico venido de la nada.

Sonreía ante el desdén de la doncella.

- Buena noche mi señora tenga consigo.

Elois lanzó pues una mirada fulminante, dispuesta a deshacerse con los mismos encantos de aquel impertinente como antes le tocara al cantarín juglar.

Algo distinto encontró la ventrue, el hombre no se asustó, y sin mediar palabra o gesto sonrió tiernamente cual enamorado. A buen hacer tuvo pues logró ganarse la atención de la chica, pese a su dejadez y melenas descuidadas de un negro azulado, tal como la barba que encajaba frondosa sobre la risueña boca asentada bajo la tutela de dos pozos abismales, intensos, escrutadores. Igual que ella y quizás esa fuera la causa de lograr reclamar unos instantes de atención.

La dulce vos de la noble entraría en escena con una melodía acorde a los sentiminetos que procesaba.

- Sólo el tiempo dirá si la noche es buena, tanto como pudiera ser la compañía.

Con sorna y cierta dosis de ironía replicó la doncella en un último intento por deshacerse de la pesadez de una compañía no deseada. Encontrose una nueva sonrisa danzando en el rostro descarado de aquel aparecido de la nada quien respondió insolente a la dama, una resolución inesperada desde luego.

- Noto un desaire inaceptable, similar al de la mirada.

Calló bajo más sonrisas, sus dedos acariciaban lentamente las cuerdas de la lira, pero sin llegar a emitir cualquier nota.

- Francamente es inaceptable.

Y el descalzo músico bajó de su asiento para estar a la altura de la doncella, frente a frente, donde ambas miradas pudieran cruzarse sin el temor a una intervención ajena.

El cruce de miradas se mantubo en un incómodo silencio, dos titanes en apogeo pugnando por mantener su territorio indemne, tratando de acobardarse el uno al otro en una lucha que podría durar, miles y miles de años, o bien hasta el alba...

Al fin desistió aquel insolente riendo cual rufián en una mofa sin sentido, la incertidumbre crecía sobre su persona y el interés crecía en la dama al tiempo que la ira. Estrepitosamente.

- ¿Inaceptable?

Apeló la ventrue sobre el extraño, de quien sospechaba no se trataba de un humano corriente y moliente. El desinterés predominaba en el tono de voz, así como la incredulidad aportaba el sentido de su pregunta.

- En efecto.

Y el hombre asintió con una nueva sonrisa que se hacía insorpotable a cada momento que la existencia de aquel individuo permanecía indemne, de ser por Elois ya había quebrantado su torso para arrancar el corazón a semejante figura.

- ¿Porqué?

Volvió a insistir la doncella, aunque dejaba ver que aquel juego precisamente no la divertía. Todo lo contrario.

El hombre la miró y dispuso su alegato muy serio.

- No es propio para una musa regalar palabras o miradas con desaire al autor, mucho menos es loable esa actitud justo cuando se ha desprovisto a un hombre de su corazón, pues señora mía, os confieso que sois una ladrona de guante blanco. Habeis robado mi corazón en silencio, tal como aquel que os acompaña, mas he sido testigo del crimen y os he apresado con mi encanto, ahora debeis pagar, mas la sentencia no será otra que escuchar el nombre de tan gélida dama recitado en sus propios labios.

Cuando concluyó sus dedos volvieron a juguetear alegremente con el instrumento que portaba afanosamente entre sus manos.


Elois D'Umbrelle - April 2, 2006 10:18 PM (GMT)

Irónicas palabras cuando por su mente rondaba desproveer de aquel órgano al inquieto caballero, pese a todo algo de gracia tenía, la justa para no sufrir de inmediato el mal humor que Elois portaba bajo su manto.

Sonrió coqueta, guardando para si los sentimientos que circunvalaban su ánimo tal como siempre hacía con ellos.

Fría y seca balbuceo una palabra connotando su desdén.

- Jamás.

Al momento negó gracil con la cabeza, por si las cosas no estaban claras.

- Esa negativa no hará más que agraviar la sentencia, pues ahora debereis también pagar con un cnadente beso a este pobre juglar desprovisto de su corazón y con éste su bien más preciado, los sentimientos. Sin ellos el autor carece de inspiración, aunque la presencia de alguien como vos ponga tenue remedio.

A pulso obtenía el juglar descarado la atención de la Ventrue, tanto como se estaba ganando una bien merecida lección de cortejo, pues estaba errando en todo momento con la doncella.

- Errais en el cortejo.

Aseveró Elois con altanería, mostrandose inalcanzable al pícaro.


- No es cortejo sino justicia lo que reclamo.

Pausados gestos lo llevaban de uno a otro lado en torno a su presa, sonriente, divertido y por supuesto cnasino.

- Si os negais a pagar el precio de la justica, me veré obligado a establecer el orden lógico del universo, por tanto tal como vos robásteis mi corazón yo robaré la miel cobijada al son de los carnosos labios carmesí y costudiada con celo por tan mordaz lengua.

Elois no pudo más que reir, una vez escuchada la sarta de estupideces que decía aquel idiota. ¿a caso no sabía ante quien estaba?

El pícaro así intentó besarla sin más, pero encontrose con la gracil mano de la doncella interfiriendo el camino de sus labios aguantando con la firmaza de los muros de Troya una y otra embestida, así hasta tres intentos fallidos hasta hacerlo desistir.

Lo miró con suficiencia, si intentaba algo más inapropiado se llevaría una desagradable sorpresa.

- Esos trucos servirán para vuestras conquistas por estas tierras, mas saber que son insuficientes en esta ocasión.

El individuo resopló resignado.

- A fe mía que bien me sirven, como también doy Fe que sois la dama más dificil de conquistar. Puedo entonces conocer el nombre de tan digna contrincante

Realizó una reverencia ante la dama. Cortes y educado, después de todo gozaba de buena educación.

- Por favor madame, preciso el nombre de tan digna contrincante.


Elois D'Umbrelle - April 21, 2006 04:01 PM (GMT)

La charla empezaba a dibertir a la doncella, sin embargo no estaba en Normandía para disfrutar, sino por temas más escabrosos y de gran índole política que abarcaba tanto el grado mortal como el cainita.

Miró coqueta al osado, lanzó una sonrisa pícara y pronunció tan sólo una palabra.

- Jamás

Riose nuevamente y partiose lejos del insistente galán, escabullendo a su conquista bajo un halo misterioso que la hacía incluso más apetecible.

Caminando por la fiesta, se abrió paso entre varios círculos de nobleza local, mas no prestó demasiado tiempo en cada uno, aunque si atención, allá donde iba incomodaba con su mera presencia y cambiaban de tema con premura, ella no podía más que sonreir, todos sabían quien era y el importante papel que podía jugar en la corte.

Un brazo la cogió por detrás y tiró para si, cuando la dama se volvió algo molesta alteró su semblante por completo al comprobar el rostro de un viejo conocido.

Herr Hans, sois una caja de sorpresas.

Sonrió, al menos tenía con quien conversar. Hans también sonrió, tomó su mano y la besó tras la reverencia pertinente.

- Permitidme lady Elois que os presente a vuestro anfitrión, monsieur D'Anglard .

Replicó cordial el germano, Elois asintió con la cabeza y Hans se giró hacia el caballero que su robusto cuerpo tapaba y quien también anhelaba tanto o más el encuentro.

Una reverencia de la dama, un acercamiento del caballero quien también tomó su mano para besarla, culminación de los protocolos y tan rápido como Hans apareció de la nada a ella regresó dejándolos solos bajo un sutil pretexto.

- Creo que tienen mucho de que hablar, si me disculpan.

Ambos lo despidieron con una sonrisa de complicidad pues tenía mucha razón, aunque pareciese un casamentero en aquella situación.


Elois D'Umbrelle - April 22, 2006 10:44 AM (GMT)

D'Anglard estaba impaciente, se lo veía en la mirada y la dama como buena observadora que era no pasó por alto el detalle.

- Lady Elois, es todo un privilegio poder hablar con vos al fin.

Elois sonrió dulcemente ante el cumlpido y respondió con una velocidad endiabalda.

- Creo que es un sentimiento mutuo monsieur.

Su voz se fundía con la miel para empalagar los tímpanos del aguerrido caballero del noble linaje de los patricios, a la vez irradiaba una profunda confianza plasmada por la firmeza de cada uno de sus gestos. D'Anglard no se sentía cómodo y eso gustaba a la dama.

- Lady Elois, quisiera ir directamente al grano si así me lo permitiera.

Los dos caminaban, uno al lado del otro, con gestos distinguidos pues ambos descendían de noble cuna, mortal e inmortal. Pero no había duda de quien lo hacía con más naturalidad, la dama versada en más de mil batallas cortesanas distaba mucho de los vanos intentos de su anfitrión.

El silencio se prolongaba mientras D'Anglard la guiaba hacia un lugar alejado de la muchedumbre, Elois no respondió con palabra alguna, tan sólo un leve gesto, pero elegante, con su cabeza expresó su conformidad. Le gustaba dejar el peso de la conversación al normando, así podría evaluarlo mejor y no tendría que desvelar ella primero sus bazas.

El fornido descendiente de Harald, gozaba de su fallecido sire y el aprecio que Elois lo tenía como la mejor de sus bazas, así que al final se armó de determinación y lanzó una pregunta demasiado certera quizás.

- ¿Que planes teneis para Normandía mi lady?


Elois D'Umbrelle - April 22, 2006 12:57 PM (GMT)

Y la doncella no pudo más que esgrimir una tenue sonrisa, la pregunta ciertamente resultaba indiscreta, más ella no lo sería, mostrando pues su discrección para con D'Anglard.

- No es a Elois a quien debeis preguntar monsieur, sino a Salianna, señora de Francia.

No pudo evitar el cinismo en su voz y el especial acento que ponía cada vez que recitaba el nombre de la matriarca.

D'Anglard también sonrió contemplando la interpretación de su consanguinea, hábil en despistes y eludir respuestas directas. No le sorprendió lo más mínimo pues su buen amigo Herr Hans ya le había prevenido de la sagacidad y lengua mordaz que portaba su invitada. El normando trató emularla en ingenio.

- Pero no es a Salianna a quien invité esta noche madame.

No encontró sonrisa esta vez en Elois, sino mute, aquel que le producía la mención de la matriarca, mas no demoraría su respuesta, cargada de todo salvo indiferencia.

- Errasteis pues monsieur, pues es quien gobierna Francia y... en París, mientras que vuestra humilde servidora nada tiene que decir para con la corte cainita.

Elois mostró su rostro más frívolo acompañado de su mirada más seca.


Elois D'Umbrelle - April 22, 2006 01:26 PM (GMT)

D'Anglard respondió rápido para no dar ventaja a la dama.

- Permitidme madame el derecho a tratar con mi propia sangre, confío más en mi linaje.

Algo extrño sucedió, pues casi sin proponérselo D'Anglard acabó metido en el juego cortesano de la parisina de manera formidable, mientras él llevaba el peso de la conversación, la dama dirigía el rumbo como si anticipara sus palabras, se podría decir que podría leer su mente.

- En tal caso deberíais acudir a Geoffrey du Temple, príncipe de París.

La frialdad de Elois podría incluso palparse con la llema de los dedos sobre el aire que la circunscribía. Mas el juego seguía su curso.

- Dicen los rumores que Geoffrey no es más que la extensión del brazo de Salianna.

El rostro de la docnella no daba tregua, su lengua tampoco lo haría.

- Los rumores dicen mucho de todo y todos pero no dejan de ser lo que son, rumores.

Aquello se ponía interesante, al menos así lo veía el normando que pensaba profundizar en el tema.

- También dicen los rumores que vos os enfrentásteis a Geoffrey.

Y entonces si logró arrancar cuanto menos una mirada cómplice del frío rostro de porcelana que lucía tan flamante invitada.

- Demasiados rumores conoceis, pero ninguna información refutada poseeis. Así no llegareis muy lejos en la política monsieur.

Elois sonrió fría y discreta.

- ¿Me dais un coansejo madame?

D'Anglard enarcó una ceja tras su respuesta.

- Os expondo una realidad monsieur.

Veloz fue la respuesta, tanto como distante.

- Pero no negais los rumores...

Ahora si, río más cálida, dejando ver algo de resignación en su rostro.

- No, no los niego monsieur...

- En tal caso no erré como instó mi lady, sino más bien he acertado de pleno.

El normando no quería reñir y su voz sonó muy conciliadora.

- ¿Por qué estoy aquí monsieur?

Replicó también conciliadora la dama, ante el nuevo acercamiento del normando.

- Yo os invité y vos acudísteis, sino recuerdo mal madame.

Elois calló, ya bastaba de tanto juego, no era él quien buscaba franqueza...

- Me refería a porqué motivo me invitásteis monsieur D'Anglard.

Mostraba apatía por seguir jugando, mas nunca podría conocerse cual era el ánimo real de la dama quiens eguía jugando con su presa, no en vano se trataba de un terrible predador social.


Elois D'Umbrelle - April 22, 2006 01:45 PM (GMT)

Para cuando diera comienzo el segundo acto, los dos ventrue ya estaban lo suficientemente lejos de la multitud, paseando tranquilamente por las galerias de la fortaleza que tenía D'Anglard por refugio y morada.

- Madame D'Umbrelle, soy consciente de la paulatina pérdida de poder de nuestro clan en Francia en detrimento de la fuerte crecida del toreador.

La dama estaba encaramada al brazo del apuesto caballero mientras éste recitaba un solemne discurso aludiendo así a las inquietudes de la Maestra de Paris.

- La pérdida de mi sire y amigo vuestro, no fue más que un preludio del declive de nuestro clan, mientras que el culmen fue el destierro del gran Alexander. Entre tanto Mitras junto con Salianna y Haderstadt aunaron fuerzas para disgregar el poder de Francia y llevarnos a la nefasta situación en que nos encontramos.

Calló por unos momentos, a lo que la dama añadiría sin reparo en ello.

- Pareceis muy bien informado monsieur D'Anglard, mas aún no alcanzo a comprender el porqué comparezco ante vos y me haceis partícipe de tal revelación.

D'Anglard rió ampliamente por la inocencia que mostraba tan voraz ave de presa, dándose cuenta pues de cuan peligrosa podría llegar a ser y que cuanto antes entrara en sintonía con ella mejor que mejor.

- Normandía.

Replicó secamente, a lo que la dama expuso un interrogante sobre su faz, para que el ventrue prosiguiera con su desarrollo.

- Al igual que vos, poseo una amplia red de informadores, de buen grado sé que os moveis por las cortes de Avalon con la misma naturalidad que lo haceis por la Gran corte o el mar de sombras, madame. Realmente sois alguien muy versatil, mas me gustaría saber cuales son vuestras intenciones con respecto a esta región y si en ellas estaría la opción de incluir aliados locales.

Elois rio sin tapujos, tal y como daría su respuesta.

- ... ¿como vos?

D'Anglard asintió con la cabeza, parecía que ya estaban llegando al centro de la cuestión. El ventrue pensaba para si.

Tener a Elois de aliada es una ganancia doble, además de tenerla en tu lado no la tienes en contra.

Sonrió mientras abría la puerta de su despacho e invitada a pasar a la dama. Allí estarían más cómodos y tranquilos.

Elois D'Umbrelle - April 22, 2006 02:22 PM (GMT)

Un acogedor despacho se abría ante la doncella, varias pieles de animales colgaban de la pared, trofeos y más trofeos, entanto que algún tapiz se abría hueco para hacer vistosa la fría roca, dos sillones enfrentados a otros dos homónimos dispuestos sobre una mesa camilla central, un enorme ventanal y una chimenea de fondo, mientras que varios estantes con libros y un scriptum completaban el lugar desde donde D'Anglard tomaba las decisiones.

- Tomad asiento mi lady, podeis sentiros como en vuestra casa.

- Gracias monsieur.

Elois tomó asiento y D'Anglard hizo lo propio sobre aquel que se hallaba frente al de su invitada.

- ¿Os interesaría mi propuesta lady Elois?

La insistencia implicaba el sumo interés que tenía el ventrue por llegar a un acuerdo fructífero, aunque Elois no se lo pondría fácil.

- Vereis monsieur, no es tan fácil, supongo que sois consciente de ello, a estas alturas ya tengo bien definidos mis planes y aliados...

El ventrue conservó la calma pese a la evasiva, suponía que se haría de rogar.

- Pero pese a todo, acudísteis madame, luego he logrado recalar vuestro interés.

Ella sonrió.

- Si acudí fue por mediación de Herr Hans, cherry.

Acababa de destruir las ilusiones de D'Anglard, podía verlo en su rostro, sin embargo era cierto que le interesaba la oferta.

- Pero...

El brillo de la esperanza poblo la mirada esmeralda del normando.

- ¿Pero...?- inquirió con alegría.

La dama volvió a reir.

- Pero es una opción que sopeso por momentos.

D'Anglard se sentía un tanto más aliviado, aquellas palabras en boca de Elois eran más que suficientes para alentarlo.

- Decidme D'Anglard, además de vos claro está, quienes son los cainitas más influyentes de la región.

Sin embargo la nueva pregunta desestabilizó por completo su moral, la dama lo había dejado enteramente frío y tuvo que pensar ampliamente la respuesta bajo un manto de incómodo silencio.

- Veamos... - musitó levemente tratando de ganar tiempo, sabía que el silencio sería síntoma de debilidad ante ella.

- Probablemente el más influyente sea sir Willian Marshall, un ventrue inglés que responde ante Mitras. - Aseveró tanto con firmeza como con pesar.

- Luego tendríamos a Marthena de toreador, muy a tener en cuenta.

Elois esbozó una débil sonrisa, casi imperceptible al escuchar ese nombre, sólo ella conocía el motivo y además D'Anglard estaba demasiado ocupado estrujándose el cerebro como para percatarse de tan insignificante gesto.

- Quizás Sanders, un brujah inglés con una capacidad innata para mover a las masas.

Tras éste último el normando negó con la cabeza.

- No hay más dignos de mención, madame.


Elois D'Umbrelle - April 22, 2006 03:32 PM (GMT)

Elois esbozó una mueca perceptible pero dificilmente de encuadrar, ahora le tocaba a ella exponer, era lo justo.

- Os seré franca D'Anglard.

Miró profundamente a los ojos del normando, escrutando con su mirada turquesa lo más profundo del ventrue, era algo que ella acostumbraba a hacer pero que resultaba novedoso para el caballero.

- He inciado contactos con Melusinde de Wessex y otros barones de Mitras.

D'Anglard asintió con la cabeza estupefacto mientras recitaba un - Entiendo... - aunque realmente no entendía nada de los movimientos de la dama, tan sólo que tenía tratos con los ingleses, pero desconocía en que medida podía perjudicarle o beneficiarle, pues ésta aún no había desvelado el fruto de tales relaciones, sólo había dejado en el aire aquella posibilidad.

- También tengo constancia del poder e influencia de Marthena de Rouen, aunque no por ello mi relación con la toreador ha de ser estrecha.

Calló sagazmente mientras dejaba que fuera el propio ventrue quien se hiciera un esquema de como trascendían los movimientos de su invitada.

- Sin embargo, si mis relaciones con Marthena fructificasen por buen camino, sería más que excelente para asentar mi poder político en París.

- Comprendo- Un nuevo mosílabo fue la respuesta del francés que comenzaba a tener nociones de la globalidad con que la dama realizaba sus planes...

- También os seré sincera, mi posición se halla un tanto comprometida en Paris. Geoffrey no me tiene entre sus más estimados colaboradores, tampoco gozo del beneplácito de Salianna y muchos son los enemigos que me acechan.

Sonrió sutilmente.

- A todo lo anterior podeis suscribir la delicada situación por la que atraviesa nuestro clan en la ciudad. Para empezar un destacado cachorro desapareció, Geoffrey desprovee de dominios a refutados miembros del clan que posteriormente desaparecen, que además destierra de París a medio clan... como veis la situación es catastrófica y porbablemente el próximo objetivo del títere de Salianna sea aquella que teneis ante vos en este preciso instante.

Su rostro se tornó frío, calculador.

- ¿Sigue en pie vuestra oferta?



Elois D'Umbrelle - April 22, 2006 03:55 PM (GMT)

D'Anglard sonrió ampliamente.

- Entonces madame, más que nunca precisais de leales aliados.

Elois no pudo ocultar su satisfacción y acompañó al ventrue con su dulce sonrisa, parecía que habían llegado a un principio de acuerdo.

- Muy bien - dijo con tono seco, pero no brusco.

- Gran parte de mis fuerzas se halla en Aquitania bajo la tutela de Ranulph Espadalarga, toreador simpatizante de Sclaramonde a quien Salianna volvió la espalda tiempo ha.

La dama se incorporó aproximándose hacia D'Anglard quien la emuló, entonces susurró.

- Cerca de Bourdeaux se halla el grueso de mis fuerzas, sólo esperan mi orden para internarse en tierras inglesas.

D'Anglard estupefacto no sabía que responder, la dama había preparado un ataque en toda regla contra los ingleses, ¿sería capaz de conducir a la guerra a las dos naciones?.

- Si Geoffrey osase atentar contra mi, tendría ante sus ojos una guerra abierta contra los ingleses y por supuesto contra Mitras, debilitando los lazos entre éste y Salianna.

Elois volvió a su pose inicial tras aquella revelación, mientras que D'Anglard acariciaba su barbilla con distinción reflexionando sobre la información obtenida.

- Comprendo madame, tanto como valoro la confianza depositada en mi tras esta sorprendente revelación.

Dos golpes en la puerta interrumpieron la tertulia, justo en el momento que alcanzaba su mejor punto, la dama sonrió en tanto que D'Anglard se disculpaba acercándose a la puerta.


Elois D'Umbrelle - April 22, 2006 04:34 PM (GMT)

D'Anglard abrió la puerta y aires germanos irrumpieron en el despacho, no era otro que Herr Hans. Para entonces Elois estaba en pie junto su acomodo, mientras el recién llegado solicitaba cordial permiso para sumarseles.

- Adelante Herr Hans, no hay inconveniente en que tomeis parte, no tengo secretos dentro de la liga.

Hans sonrió ante el desparpajo que atesoraba la dama, en tanto que el anfitrión estaba un poco fuera del juego que ambos cainitas desplegaban ante él.

- Danke- Replicó el germano.

El normando se rearmó e indicó con su diestra un asiento para el recién llegado.

Los dos cainitas se dispusieron sobre los sillones bajo la atenta mirada de la dama francesa quien consideró oportuno exponer un comentario.

- Sólo falta Lord Jhon, ¿no os parece?.

Tanto Hans como Elois rieron, ella se sentó y acto seguido hicieron lo propio los dos caballeros que esperaban en pie a que este tomase asiento.

Con su acento gutural el germano rompió el hielo disponiendo su modesto dominio del francés.

- Supongo que habrán tenido el tiempo suficiente para confraternizar.

D'Anglard rio y respondió.

- Desde luego. Ahora ibámos a entrar en materia sobre la región de Normandía.

Elois mostró sorpresa con su rostro pero obvio corregirlo, ciertamente ya tocaba tratar ese tema.

- Por supuesto - afirmó rotundamente.

Entrelazó sus manos y expuso sus ideas.

- Aún no he tomado una decisión concreta, pero tal como lo veo, antes de decantarnos por una opción debiéramos contar con Marthena de toreador, expandir una alianza con ella nos haría partir con cierta ventaja.

Hans la interrumpió sobresaltado.

- Pero es toreador.

Elois asintió y movió su diestra solicitando calma, pues la habían interrumpido en su alegato.

- Como decía, Marthena es una baza importante, como bien señaló Herr Hans es toreador, pero creo que no se halla en la mejor de sus relaciones con Salianna quien la ha dejado de lado a su suerte, no creo que alcance el nivel de rebeldía de Sclaramonde pero su disconformidad podría valernos para expulsar los ingleses.

D'Anglard había estado cauto y reservado hasta ese preciso momento en que abrió la boca con gran certeza.

- Pero, un enfrentamiento abierto contra los ingleses daría pie a una guerra en la región, algo que no beneficiaría mucho nuestros planes.

Elois sonrió, como tantas otras veces hacía cuando guardaba un as en la manga.

- En efecto, y no haremos una guerra abierta. Es más, una guerra sería un fracaso y mucho menos rentable que recurrir a los inescrutables caminos de la política.

- No entiendo - Replicó el normando, mientras que Hans callaba pensativo.

- Assasyns - Fue lo único que pronunció la dama de hielo con su fría lógica gobernando cada palabra o gesto.


Elois D'Umbrelle - April 22, 2006 06:51 PM (GMT)

Entonces, D'Anglard decidió ponerse en su sitio y no dejar que Elois mangonease a su antojo la reunión.

- Ciertamente es una opción, pero con el debido respeto, no la considero acertada.

Hans sonrió, la dama miraba con espectación y éste proseguiría con su alegato.

- Incluir otro clan u otros cainitas en nuestros planes es arriesgado, cuanto menos seamos y sepamos mejor, menos riesgo de filtraciones y disminuiremos el riesgo de ser descubiertos.

Hans callaba y otrogaba, ejerciendo de moderador, con su mirada ahora dispuesta en la dama de hielo y la posible reacción de ésta.

- Parece muy locuaz monsieur D'Anglard, que opción podeis aportar pues.

D'Anglard se puso en pie, quería resaltar su opinión, lejos de molestar, aquella aparente determinación fue del agrado de la dama.

- Pues verán...

Una hora más tarde los tres ventrue retornaron a la fiesta como si nada hubiera ocurrido, siendo conocedores de lo pactado tan sólo ellos. D'Anglard rapidamente se vio ocupado atendiendo a uno y otro invitado, Herr Hans se integró en un grupo de cainitas de los altos clanes que discutían sobre política, mientras que Elois quiso permanecer en segundo plano dando de lado cualquier conversación de la forma que sólo ella era capaz de hacer, quedándose pues divagando mientras iba de uno a otro lado de la fiesta.

Parecía impensable que tan selecta dama pasara desapercibida en un acto social, pero esa era una más de las múltiples facetas de las que gozaba.


Geraud Gallois - April 26, 2006 10:36 AM (GMT)
Una ráfaga de viento gélido recorrió la fiesta como prólogo a la llegada de nuevos (y a la vez tardíos) invitados. Se trataba de un grupo que mas bien parecía llegar a un funeral que a una celebración, las ropas de todos eran negras y sobrias.

Al frente se encontraba una dama completamente cubierta, su vestido surgía del suelo y la recorría hasta cubrir todo su cuello. Guantes de encaje negro cubrían sus manos y un velo oscuro su cabeza y una larga melena recogida en un complicado moño sin adornos. Detrás de ella le seguían varios caballeros con petos y capas negras que lucían algun tipo de variante de las insignias hospitalarias. La tétrica comitiva avanzó sin desviarse hacia el anfitrión.

Aquella llegada provocó sutiles movimientos por la sala, algunas de las arpías de la corte formaron una reunión de urgencia para identificar a la misteriosa nueva invitada. Una de las más experimentadas arpías se adelantó a todas las demás, se interpuso en el camino de la dama oscura y la saludó con fingida cordialidad:

- ¡La dama Marthena de Rouen! Hacía literalmete décadas que no os veía por una fiesta ¡que agradable sorpresa!. ¿Cómo es que habeis venido a esta...?

Marthena esquivó a la arpía sin detener su paso, hasta que llegó frente a D'Alangard, a quien saludó con una delicado gesto.

- Monsieur D'anglard, me agrada volver a veros. Os felicito por esta fiesta.

-¿Marthena?- acertó a decir D'Anglard todavía confuso por la llegada de aquella visitante - ¿qué haceis aq...? ¿os he invitado yo?

-Por supuesto, siempre me invitais, sois un político competente.

Con aquella frase Marthena dio por concluido el saludo al anfitrión, con otro leve gesto se despidió y antes de que D'anglard pudiese reaccionar los caballeros hospitalarios que seguían a la dama rodearon al anfitrión para presentarse uno a uno.

La dama de Rouen avanzó entonces hacia el grupo de arpías con el que antes había rechazado conversar. Pero la mirada y la atención de Marthena se encontraba en el otro extemo de la fiesta, donde estaba Elois D'Umbrelle.

Elois D'Umbrelle - April 27, 2006 10:40 AM (GMT)

Y para nadie pasó desapercibida la llegada de alguien del talante que atesoraba la dama Marthena. Elois no sería menos, por ello no la quitó ojo desde su llegada evaluando cada movimiento, acto seguido reclamó con un gesto de su mano a Chauvelin quien velaba porque todo fuera del agrado en la estancia de la ventrue. Le dijo algo al oído y desapareció.

Elois siguió vagando sin rumbo fijo por la fiesta, guradando las distancias pero nunca perdiendo de vista su objetivo más inminente.

Entonces, el malkavian se aproximó a la dama Marthena de toreador, portaba algo en su mano tras de si.

- Dama Marthena de toredor, este presente es para vos, quien os lo envía dijo que hacía tiempo que lo aguardábais.

La mano avanzó y una rosa de color blanco fue ofrecida a la dama de Rouen. Para entonces Elois se encontraba nuevamente a solas, bajo el embrujo de la música, apoyada en la balaustrada del balcón, contemplando los jardines de D'Anglard dando la espalda a la fiesta.


Geraud Gallois - April 27, 2006 05:22 PM (GMT)
Marthena recogió el presente, y se deleitó con el dulce aroma de la rosa. Las arpías reunidas en torno a la dama se dispersaron asombradas por los acontecimientos, dispuestas a presionar a sus fuentes habituales hasta averiguar las respuestas a tantos místerios: "¿quién era el admirador secreto?", "¿Desde cuándo la fría Marthena aceptaba ese tipo de regalos?", "¿Por qué una rosa blanca, símbolo de pureza, para una sufrida viuda?". Aquello las mantendría distraidas el resto de la noche.

Mientras, la dama de Rouen aprovechó para desaparecer y un rato más tarde apareció paseando distraidamente por el balcón en el que se encontraba Elois, así quedaron reunidas, como si se tratase de un encuentro casual entre dos invitadas a la fiesta. Marthena le tendió aquella rosa blanca a Elois.

- Creo que esto os pertenece.

Elois D'Umbrelle - April 27, 2006 10:00 PM (GMT)

Casualidad fue lo que pareció el encuentro, mas sólo era cuestión de tiempo que las dos damas cruzaran sus caminos de forma directa, al fin.

Elois ni siquiera sonrió, portaba mirada perdida y titubeante, por contra girose con determinación a la dama toreador, la misma que tendría al hablar.

- Elois D'Umbrelle de Ventrue, a vuestro servicio.

Una gentil reverencia con una tenue sonrisa por acto cumbre.

- Es para vos lady Marthena, aquello que solicitásteis.

Las pupilas de la delicada dama brillaron con intensidad.

- La rosa blanca...

Geraud Gallois - April 28, 2006 11:02 AM (GMT)
Marthena se fijó con detenimiento en la rosa que todavía tenía en su mano.

- Es incuestionable que se trata de UNA rosa que es de color blanco, pero esta no es LA rosa blanca de la que yo hablaba. En todo caso yo no os he solicitado que me dieseis nada, eso hubiese ido contra las condiciones de vuestra oferta. La idea era que LA rosa blanca estuviese a vuestro alcance, yo nunca ambicioné su posesión.

Marthena pensó que Gallois habría trasmitido mal el mensaje, pero prefirió no criticar al arquero en voz alta, quería a su chiquillo pese a sus constantes fallos. La normanda volvió a tender la rosa para que la recogiese la dama de Orleans, aquello era más correcto.

- Compruebo que habeis hecho progresos en la buena dirección, pero todavía no he podido confirmar que la tengais.

Elois D'Umbrelle - April 28, 2006 12:21 PM (GMT)

Elois rió tímida.

- No, no es mi estilo el de confirmar.

Entonces sus delicadas manos tomaron la rosa y ella la contempló con especial dedicación.

- Sabe dama Marthena, parece ser que ahora tengo la rosa blanca en mi poder...

Dejó que sus argumentaciones cayeran al vacío y, por supuesto, a oídos de la toreador. Volvió a mirarla, directamente a los ojos atesorando su mirada penetrante.

- En realidad no la poseo después de todo.

Volvió a sonreir.

- Pero del mismo modo que su gracia puso esta exquita flor a mi disposición, de sobra sé que cainita posee aquella anhelada por su gracia y que no dudo estará presto a escuchar lo que su humilde servidora, gentilmente disponga.

Dejó caer la rosa por la balaustrada.

- Ahora bien, no alcanzo a comprender el motivo por el cual se me solicitó ese requisito, mas si cabe cuando se podría considerar y tener muy en cuenta que poseerla sería atentar contra un bien de otro, sin mencionar por supuesto la visión confusa del hecho que se podría albergar en el seno de las Cortes del Amor, ni que decir las habladurías que correrían por Parí sobre mi persona si alguien supiera que semejante objeto de codicia estuviera a mi alcance.

Sonrió, tras perderse y sumergir aMarthena por un laberinto de palabras, aunque con un fin. Elois no hablaría directamente de nada, sólo jugaría con dobles sentidos e indirectas, ese era su proceder cortesano. El más seguro, pues así no existe prueba o acusación incriminatoria.


Geraud Gallois - April 28, 2006 01:54 PM (GMT)
"ah, el eterno materialismo Ventrue" pensó Marthena "Pero ¿de qué extrañarse? no estaríamos en esta situación si pusiesen tanto esfuerzo en elevar sus espíritus como ponen en elevar sus egos"

- Mejor olvidarse de sustraer nada, estaríais poniendo demasiado en riesgo para luego descubrir que la rosa alcanzada no tiene el color adecuado.

La dama suspiró mientras se apoyaba tambien en la balaustrada. Tenía la atención de Elois, sería el momento de destapar las metáforas y dejar ver sus intenciones.

- Hace siglos que nuestros dos clanes gobiernan Francia, los ventrue las zonas más fuertes, los toreador la mayor parte de su extensión. La gran corte era en aquellos tiempos un punto de encuentro en el que los divesos intereses encontraban un objetivo comun, que beneficiaba a todos. Pero desde que esa maldita rosa cambió de color, la pureza dió paso a la pasión entre nuestros dirigentes. Desde entonces nuestra política padece de celos, demencia, titanomaquia, imprudencia y codicia. Vos teneis las habilidades adecuadas, teneis planes, pero vuestras intenciones me son inciertas ¿Sereis vos la solución? ¿Encontrareis un nuevo equilibrio? Porque si no está allí vuestro paso final, no creo que me convenga acompañar vuestro paseo.

Elois D'Umbrelle - May 4, 2006 10:26 PM (GMT)

La dama de Rouen gozaba de toda la atención de aquella parisina, pese a que ésta portase mirada perdida.

- Equilibrio.

Alcanzó a suspirar una dama, evocando al viento quizás, puede que añorando dioses paganos condenados al ostracismo, en cualquier caso no tuvo respuesta, pues sólo ella la conocía.

- Es una buena palabra Lady Marthena.

Su rostro estaba apoderado de un semblante frío, incierto.

- Mis deseos son reestablecer el orden lógico de Francia, el cual la encumbró antes del descenso por causa de aquella maliciosa, pero bella flor.

La mirada se perdió hacia el suelo, bajo la balaustrada, la ventrue se mostraba cabizbaja, en apaciencias, pues nunca se puede afirmar con certeza el ánimo de la singular Elois.

- Os prevengo que mis actos probablemente se contrapongan a la voluntad de Salianna, a la de Geoffrey y a la de otros muchos. No me gusta llevar a engaño a nadie, no es mi estilo.

Suspiró.

- ¿Os sigue interesando?


Geraud Gallois - May 5, 2006 09:33 AM (GMT)
Más de lo mismo, pensó Marthena.

- ¿En que sentido son vuestras intenciones diferentes a las de Geoffrey y Salianna?. Ellos tambien esgrimieron como solución para los problemas de Francia lo mismo que vos proponeis ahora: oponerse al lider de París, así consiguieron sus posiciones actuales.

Elois D'Umbrelle - May 5, 2006 10:06 AM (GMT)

Elois sonrió.

- No me opongo al lider de París per se, simplemente no coincido con su proceder y me temo que el tiempo me está dando la razón, París es un caos, inestable, lo cual influye al resto del País.

Un pinzamiento en el costado la recordó el dolor al hablar así, a fin de cuentas Geoffrey era Ventrue.

- No hay una intención latente de atentar contra el gobierno, pero si los que ostentan el poder sólo intentan conservarlo a toda costa y se desentienden de sus obligaciones, entonces es preciso un cambio, a veces drástico, a veces basta con hacerlos ver la luz. No sé hasta que punto será precisa una revolución, pero si que pondré todos mis medios por salvaguardar los intereses de Francia.

Una intensa mirada se apoderó de sus ojos, endiablados, contemplaban como zafiros a la toreador encerrando en si una determinación que los dotaba de fuerzas legendarias. Los titanes encerrados bajo el océano luchaban por abandonar su celda, mas seguían cautivos... finalmente la Ventrue aseveró rotunda.

- Francia es de los franceses.

No tendría que aclarar mucho más sus intenciones.


Geraud Gallois - May 5, 2006 10:41 AM (GMT)
Marthena podría estar de acuerdo sobre el caos reinante en París y en desacuerdo sobre la propiedad de Francia, pero aquellas cuestiones eran superfluas, lo que le importaba era:

- Las revoluciones están completamente reñidas con el equilibrio. Normandía es la prueba más evidente de lo que digo, hace dos siglos los ventrue que gobernaban estas tierras creyeron que podrían caer como el relámpago sobre Avalon y conseguir mucho poder sin apenas consecuencias. Ciertamente sus ejércitos dominaron Inglaterra, pero Mithras destruyó o dominó a aquellos ventrues y desde entonces existe un completo caos político en Normandía.

El velo negro de Marthena osciló mientras ella negaba con la cabeza.

- No necesito ni caos ni revoluciones en París. Ya hemos tenido suficiente de eso por aquí. Es necesario que en París haya orden y estabilidad, que de la capital emane una determinación que no deje a sus vecinos en el estado inestable en el que nos encontramos. Una determinación que ahora falta, pero que quizás vos estéis dispuesta a ofrecer. Puedo aceptar que la situación evolucione, pero no más revoluciones sin sentido- hizo una pausa en la que miró a Elois tratando de comprobar si compartía sus ideas -si se hace de ese modo, podeis contar con mi apoyo.

En los términos que Elois ya había planteado anteriormente, o quizas en unos nuevos.

Elois D'Umbrelle - May 5, 2006 10:54 AM (GMT)

Marthena tenía una fuerte personalidad además de tener las ideas claras, su caracter gustaba a la ventrue, pero nunca lo reconocería.

Esta vez, no sonrió, quedó pensativa buscando una respuesta apropiada.

- La revolución a veces se confunde con una lucha, mas no es esa mi intención, me conformaría con una en el pensamiento, pues las reyertas no son de mi agrado, pues siempre se pierde con ellas. Sufre la tierra, el ganado, daños innecesarios a mi parecer. En ese sentido, sabed que agotaré hasta el último recurso antes de procurar una guerra.

Calló un instante, en realidad no había dicho mucho con toda aquella parafernalia.

- Quiero llevar el orden a París.

Instó con solemnidad, hasya el punto de que parecía estar recitando una promesa. Luego lanzó una mirada al vacío, perdida.

- Sin embargo, me temo que en Normandía no existe una poder claramente definido y por tanto la lucha es obligada hasta alcanzarlo.

Calló un momento, la pausa no se prolongaría demasiado, pues subordinaría rauda sus palabras.

- Cuento con D'Anglard para ello.

Se giraría, pero antes de ello proseguiría.

- Si contara con vos, el punto de conflicto serían los cainitas de ingleses. Ser Willian pasaría a ser mi objetivo.

Ahora si girada, observó tranquila a la toreador, quería mirarla a los ojos cuando ésta respondiese.


Geraud Gallois - May 5, 2006 11:38 AM (GMT)
Allí habían encontrado un punto de completo desacuerdo.

- ¿La lucha en París es indeseable e innecesaria, pero haceis planes para combatir en Normandía?.- Marthena negó nuevamente - Ya hemos pasado esa fase, y los toreadores normandos a los que represento no combaten contra normandos por la posesión de Normandía. Si algo así sucediese nos mantendríamos neutrales y alejados del conflicto.

Elois D'Umbrelle - May 5, 2006 02:37 PM (GMT)

Elois se encogió de hombros levemente.

- Hablo de lucha en el amplio sentido de la palabra, no sólo en el término que vos pensais.

A continuación, suscribió diligente.

- Creo, que bastaría con erradicar del panorama político a Ser Willian con cierta dosis de sutileza.

Luego miró sobrada a la toreador.

- Si vos teneis algo que proponer... aún no he decidido nada que hacer, de momento sólo sopeso las opciones.


Geraud Gallois - May 8, 2006 07:55 AM (GMT)
A Marthena le empezaba a molestar que Elois rectificase constantemente el sentido de todo lo que decía. Si rebelión y lucha eran palabras enérgicas, propias de un líder, quien pensase que esas palabras tenían sentidos inocuos era un líder con pies de barro.

-Ya que pedís una opción, os recomiendo que no hagáis nada contra Sir William, le estaríais haciendo el mayor favor de vuestra no vida a Salianna.

La cuestión era evidente para Marthena, si Elois no lo veía igual era porque no había estudiado con detenimiento la situación política de Normandía.

Elois D'Umbrelle - July 17, 2006 08:55 PM (GMT)

La dama D'Umbrelle rió malévola, incluso macabra. Mosrando la más maravillosa de las lujurias perversas, pues esas eran sus ideas, retorcidasd y perversas.

- Lady Marthena, conversar con vos es todo un placer y me complace encontrar en vuestra razón un nexo de unión con mis propósitos.

El anular de la diestra acarició su labio inferior con la misma dulzura que un recién nacido, pod´ria aprecer que la ventrue quería jugar con la normanda, pero no era esa su idea, simlpemente se regocijaba con las posibilidades que planteaban una alianza con Marthena.

Por fin, cesó el júbilo, la doncella expiró largo y tendido.

- Tendreis noticias de París, oireis de Elois, si para ese momento os siguen interesando mis planes para Normandía, poneos en contacto conmigo.

Elois se plantó frente a la toreador, con un halo solemne irradiando destellos de su menuda figura.

- ¿Conforme?

Musitó dulcemente una niña encerrada en el cuerpo inmortal de porcelana que la otorgaba un talante suplicante, antojado aquella noche de los difuntos, empalagosamente angelical.


Geraud Gallois - July 19, 2006 03:52 PM (GMT)
- Por supuesto, permaneceremos atentos a las noticias de París, como hacemos siempre. Y ciertamente escucharemos con más atención las melodías que nos hablen de Elois D'Umbrelle, y si tienen el ritmo adecuado puede que bailemos a ese son.

Marthena no había obtenido mucho de la conversación, salvo el contacto directo con la cainita de la que había oído hablar tanto. Pero la ventrue se mantenía siempre como una promesa, difícil de agarrar o rechazar y Marthena esperaba que esa promesa cristalizase en una opción aceptable. Manteniendo siempre su aire serio de profunda tristeza la toreador se despidió con completa corrección y el adecuado afecto.

- Ha sido agradable hablar con vos sobre flores y lugares, espero que lo repitamos pronto.

Hizo una leve inclinación de despedida, y recorrió el salón de la fiesta sin detenerse a hablar con nadie más, varios caballeros negros diseminados entre los invitados se fueron uniendo a la toreador conforme esta pasaba y el grupo se marchó de la fiesta del ventrue Philiph D'anglard tal como había llegado.

Elois D'Umbrelle - July 20, 2006 07:48 AM (GMT)

Marthena había desaparecido tal como había llegado imprimiendo su caracter a la tertulia con la recién llegada y dándole muestras de como era. Elois no pudo más que sonreir, pues al partir la refutada toreador tras una nimia conversación con ella todos los ojos de la fiesta se habían posado nuevamente y con mayor inquietud sobre su figura, incluidos los de D'Anglard y Hans.

Sonrisa satisfecha en el rostro de la parisina cerraría a cal y canto cualquier especulación, aunque no dudaba que los rumores correrían como alma que se la lleva el diablo, llegando incluso hasta París. Excelente.

El viaje había llegado a su final con las entrevistas de aquella noche, así Elois ya tenía una idea bien cercana de como estaban las cosas en Normandía y que fichas mover llegado el momento, a quien acudir... Marthena no podía quedar aislada en su juego cortesano, eso estaba bien claro.




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