Title: Poniendo el escenario: Haas y Mikael en Sueño
Description: 20/10/1225
Isolda Lamartine - March 27, 2006 06:36 PM (GMT)
El trabajo la agobiaba: la fabricación de numerosos talismanes de poderosa talla, las preparaciones y notas que estaba realizando para el cambio, sus divagaciones con las mentes sobre el tiempo, la existencia e inexistencia de las esencias terrenales. Temas tan alejados de la vida diaria, tan poco rutinarios, que la Magister Mundi terminaba por aburrirse, a pesar siempre de estar tratando con la esencia misma de la vida.
La búsqueda por momentos se centraba en cosas de mayor factura, no por alcance o dimensiones, sino por la búsqueda de respuestas que hacían de los días más llevaderos: la simpleza de la naturaleza humana, sus más profundos instintos y anhelos, sus batallas por defenderse de lo que no entendían porque no podían, eran entonces las banderas de salvación que ella buscaba.
Y la había encontrado en las personas más alejadas de lo normal para aquel tipo de profundas búsquedas: ya antes lo había intentado con un cadáver, Elois D'Umbrelle, pero insatisfecha había puesto sus ojos en criaturas más simples por su naturaleza más no por ellas mismas.
Mikael Bratovich y Vlatko Haas.
Así pues se dio en dos pasos.
Un terreno plano, pantanoso pero no demasiado, con árboles lejanos y fantasmales; luna creciente opacada por nubes invisibles que destilaban la luz azulosa en mortecino reflejo; un viento sonoro y premonitorio que cargaba además con la cuota necesaria de frío y de anhelos. El resto lo dejaría a ambos.
El segundo, hilar el tejido para que irremediablemente ambos soñadoras acabaran en aquel inhópito paraje, armados, con sus ansias a flor de piel y la inconscienca e incertitumbre de si era o no real. Para eso tejió una historia con ambos, desde su despertar: recorrió un día rutinario en la vida de ambos, lleno de matices, de detalles, de olores y colores, de sensaciones, hasta desembocar ambos por diversoso caminos que a ellos solamente convenía construir, en aquel final campo de batalla.
Ella, invisible en su mundo, observaría y se deleitaría con el ejercicio de tortura y liberación a la par.
Mikael Bratovich - March 27, 2006 07:05 PM (GMT)
El gigante eslavo, montado en su negro corcel, observaba al frente. El lugar era sin duda extraño, más no así sus ansias de verter la sangre de aquel maldito teutón. Sus ojos verdes resoplaban fuego del mismo color, con una furia mal contenida, aunque hiciera esfuerzos por hacerlo de ese modo.
Su larga espada en la mano diestra brillaba con la mortuoria luz lunar, y Chernobog resoplaba un frío vapor, que recordaba el que se desprendería del cuerpo abierto en dos de Haas en cuanto Mikael hubiera terminado con él.
No lo soportaba, no más. No por su honor, no por defender lo que para él era sagrado y que ese hombre despreciaba a anchas abiertas; ambos extranjeros en aquella tierra habían traido consigo sus odios para formas unos nuevos.
Sin palabras, como antes de cada batalla, el eslavo daba vueltas a su corcel, que impaciente clamaba por ir a la batalla. No, aún no. Antes quería ver el terror en los ojos de su enemigo. Antes de enviarlo para siempre a las tierras del Nev, donde recibiría su justo castigo.
Haas - March 27, 2006 10:43 PM (GMT)
La Luna tejía su mortecino velo a través de la maraña de nubes que pujaba por consumirla, arrojando un manto violáceo que dotaba aquel bosque de espectral apariencia. De los árboles no quedaban más que ramas decrépitas alzándose hacia el cielo y la yerba estaba anegada por el barro y la escarcha...Un lugar idóneo para vertir la sangre de aquel que habría de morir esa misma noche...
Haas pudo sentir la fresca caricia de la noche en su rostro, arrastrando consigo el firo sudor que empapaba su frente. Podía sentir a su presa desde mucho antes de avistarla, su olor ácido y la bilis que rezumaba su odio...Sintió su propio corazón apabullar su pecho con violencia contenida, deseoso de liberar toda aquella tensión en un aullido de rabia, ira, dolor y sangre que envolviese su cerebro hasta consumir su propio espíritu en una espiral de muerte y locura...
Había aguardado demasiado tiempo. Demasiadas noches el chacal había escapado a su acero y ahora el destino los había reunido aquella noche en macabra citación. No recordó los pasos tomados hasta llegar hasta aquel claro pantanoso. Tampoco importaba.
Desenfundó su espada de opaco destello y sintió su peso afianzando su brazo. Arrojó su casco al fango pues quería ver con todo detalle los labios del eslavo tragando el flujo de sus propias vísceras, ¡Cuanta violencia encadenada a dos almas errantes!¡Cuanto placer embebido del más amargo de los sufrimientos! Eran animales, y solo uno llegaría a ser la presa...
Horka bufó con vehemencia cuando alcanzó el alto de la colina y por fin pudo avistar a su presa. ¡Tan opuestos en esencia y sin embargo lobos tan parejos!. La respiración de ambas bestias, humana y equina, se acompasó hasta alcanzar una rítmica letanía, los viejos cuernos de guerra resonaban desde la lejanía y a ambos lados, el teutón avistó a dos siluetas; La una pertenecía a una mujer de cabellos oscuros, talle menudo y manos blancas como la nieve vírgen. Su rostro se mostraba difuso, sumido en una niebla que enturbiaba sus facciones, pero aún así la aparición arrastró los miedos del alemán y otorgó calma a su pecho...Supo que Lucrecia cabalgaría a su lado...
En el flanco contrario aparecía una mujer de mirada abisal, semblante severo y sonrisa de lobo. No ofrecía consuelo ni sosiego, unicamente señalaba con su dedo hacia el eslavo. Era la dueña que azuzaba a su perro para que arrancara la tráquea a su enemigo o pereciese en el intento. Pudo sentir en sus sienes la firme e inclemente voluntad de la terrible y fascinante duquesa de Orleans...
Fértiles tierras de hungría, la muerte aullando bajo sus cascos, todo volvía a repetirse...Las Crines Negras se alzarían de nuevo o acudirían en pletórica batalla al encuentro con la muerte...
Mikael Bratovich - March 28, 2006 11:23 PM (GMT)
La silueta del teutón se perfiló en el horizonte, y el corcel relinchó con fuerza al oler, adivinar, la presencia del que tantos odios le traía a su amo. Y el eslavo sintió una marejada de fuego subir desde la húmeda tierra, apartando en su camino las nieblas que oscurecían el ambiente; su gigantesca mano apretó la empuñadura hecha con el cráneo de Trauer Arpad, y sus nudillos se emblanquecieron aún más; el remolino agitó sus convulsos cabellos negros, y un giró en cu corcel y un nuevo relincho, avisó al eslavo que todo estaba presto ya.
Él, a diferencia de casi todos los mortales, nunca sentía miedo; los enemigos poderosos le hacían cobrar más valor, le hacían espesar la sangre y sonreir feliz por tener un verdadero reto. Esa sonrisa que ahora se enmarcaba en su hermoso y simétrico rostro, en su rostro bestial y angelical, fue una mezcla de profundo odio y profunda felicidad. El cráneo de Haas sería su yelmo, y lo llevaría con honor pues aquel no era un enemigo cualquiera, y cuidaría sus restos de ser comidos por los animales, pues sólo los más nobles podrían tener acceso a aquella carne que con valentía se enfrentaba a su muerte.
Él no necesitaba a nadie para tomar valor o para sentir miedo; nadie estaba sobre él en los campos de batalla, eran él y sus enemigos, y su espada y su corcel. Era su odio y su profunda dedicación a lo único que le interesaba: el honor. Era solitario en el batallar y todo giraba en torno a su corpulenta figura real, llena de nobleza de otras épocas y desconocida allí, en tierras parisinas.
Chernobog dio unos pasos lentos, y el cabello salvaje del Príncipe de los Bratovich se movió al compás del viento, y mientras avanzaba su corazón bulloso comenzó a aplacarse, y su ira tomó forma definida en la única imagen que le libraría de la fuerza de su incipiente bestia: el cuerpo de su enemigo vencido bajo el peso de su espada. No hacían faltab palabras entre ambos guerreros solitarios; los dos sabían que se odiaban, y sabían que sólo uno saldría aquella noche bajo la protección de la mortecina luz lunar.
Avanzó más rápido, y los ojos verdes del noble gigante brillaron como dos llamas del infierno, y su espada se levantó tan alto como su brazo podía permitirlo, y entendiendo la orden de su amo, Chernobog, el Dios Negro, partió tan rápido como pudo buscando apaciguar el fuego que en su instintivo pecho también ardía.
FDI: Iniciativa:Des+Ast+2=10
Haas - March 29, 2006 03:01 AM (GMT)
Los cascos de Horka comenzaron a sacudir el suelo con violento estrépito mientras el viento comenzó a aullar al unísono con su agitada respiración. Pronto los árboles que lo flanqueaban comenzaron a difuminar sus formas hasta fundirse en un torbellino de sombras mientras el animal cargaba con inverosímil presteza, acortando las distancias que lo separaban del eslavo en apenas segundos...
...Haas no desviaba sus ojos de su enemigo, con la pesada espada teutónica hambrienta de la sangre de su presa y todo su cuerpo imbuido por la adrenalina y un sádico alborozo...Disfrutaría entregándose a la muerte y rogaría a Dios para que le permitiese llevarse con él el alma pútrida de aquel pagano...¡No sería el primero y mucho menos el último! ¡Hasta la última brizna de sangre pagana sería extirpada del Este bajo el peso de la Cruz Negra!...No gritó, ni aulló cual lobo al asalto. Guardó el oxígeno que necesitaría más adelante, sin perder la concentración, el choque era inminente, el olor a sangre pronto impregnaría el aire, todo tenía sentido, sangre, ira, pálpito, acero...
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Indicas tu acción primero ^^
Isolda Lamartine - March 29, 2006 03:11 PM (GMT)
Emocionada, observaba la batalla; ella era la espada de ambos guerreros, era la valentía y el miedo, la rabia y el sudor, ambos corceles llevando a sus dueños a la segura muerte; era las imágenes que Haas usaba para defenderse, el suelo bajo los zapatos, la potencial sangre que ya se olía en el aire, aún cuando ninguno de los dos fornidos cuerpos hubiera sido cortado; era la emoción y la quitud, la espera inalienable bajo el peso del tiempo pues allí no lo había ahora que ella lo conocía.
Era la mancha de odio en ambos corazones, y estaba emocionada. Jamás había visto a dos que se odiasen de esa manera; ella odiaba, odiaba mucho y a muchos, pero era un odio basado en la razón; este era un odio animal, instintivo, practicado con la mayor de las pulcritudes por dos hombres que sin haberse visto ya tenían escrito en sus destinos su odio mutuo, auqnue el futuro estuviera borroso como la luna que había contruido.
Estaba emocionada por el valor, por los apegos de uno, en su Dios, en sus lealtades, en su amor y en su miedo; estaba emocionada por la solitaria carga del otro, con sólo en mente su honor y la muerte de su adversario; ambos iguales, uno enamorado de la luna, que como lobo a ella cantaba; el otro, lobo también, enamorado de su voz bajo la luna.
Disímiles pero iguales esos dos hombres, mortales, eran los más fieles representantes de lo que ella amaba: la simpleza en el acto, la honestidad más allá de toda frontera, los sentimientos limpios y pulcros, sacroosantos.
Su coprazón se detuvo cuando ambos animales se encontraron. Esperaba el sonido de la espada, el grito de ambos, de uno de energía, del otro de dolor. No podía cerrar los ojos porque aquel mundo era ella, y ella nunca cerraba los ojos.
Mikael Bratovich - March 29, 2006 03:31 PM (GMT)
La imagen de su enemigo acercándose llenó al eslavo de valor; ambos caballos, veloces como flechas, acercaban a sus jinetes cada vez más a la hora definitiva; el premonitorio sonido del choque de las espadas avivó las llamas verdes en el rostro del noble, y el momento estab ya dado.
Luego todo fue lento, como solía suceder en aquellas batallas, y más cuando los contrincantes eran hombres de tanto poderío: el último sonido de los caballos antes de detener aquella escena, el brillo de ambas espadas, que como si estuvieran hechas del mismo material de aquella antinatural luna brillaban con muerto reflejo, el rostro bravío del eslavo y sus enormes ojos verdes destilando furia contenida y sabiduría en la batalla, las espadas llendo al encuentro de la carne del enemigo.
Tal vez hubiera sido el caballo del teutón, o un mal cálculo en el blandir del arma, pero en menos de un segundo, desarmado se vio el Príncipe, que siguiendo la trayectoria del acero del teutón, eligió con un rápido movimiento de la mano detener el golpe que se podría, en esa altura, golpearle en cualquier parte del cuerpo.
Haas - March 29, 2006 03:44 PM (GMT)
Su corazón palpitaba en lacerante aullido, su brazo se tensó como un resorte cuando la figura del eslavo se precipitó hacia él, un grito silencioso de odio visceral que sacudió cada fibra de su ser y el sonido de su propia respiración taladrando sus tímpanos...Era el requiem que la muerte dedicaba a los guerreros en su última hora. Y entonces estalló el trueno...
El tiempo parecía detenerse en una vorágine de sudor, miedo y rabia. El alemán podía ver con perfecto detalle la abismal mirada de jade del eslavo, sus facciones contraídas a causa del impulso animal que sometía ambos espíritus y la trayectoria de su filo directamente proyectada hacia su cuerpo...Apenas sin tiempo para reaccionar, cambió de mano su espada y la volteó para dirigir un golpe certero al flanco desprotegido de su adversario...Solo esperaba que la inercia de su propio acero fuera suficiente para detener el inminente ataque del eslavo, un mordisco que de no ser detenido a tiempo podría partirle por la mitad...
Mikael Bratovich - March 31, 2006 03:26 PM (GMT)
El vapor del caballo del teutón llegó a la cara del eslavo, que lo esperaba frío como los montes donde sus raíces le habían unido con dos mundos diferentes y enemigos, y la espada del teutón, cortando el aire, le avisó que se había equivocado.
Ese movimiento, sumamente rápido, lo había dejado sin defensas suficientemente buenas; sintió, sin que aún sucediera, el corte de esa espada posándose en su costado desprotegido, y se maldijo por no haber adivinado el movimiento de su enemigo.
Pero lo corrigió, o al menos lo intentó.
Giró con velocidad su pesada espada, el mango fabricado con hueso se comportaba fielmente en la mano de aquel que había destripado al que antes lo poseía, y gentilmente se dejó manejar dando un giro completo en el aire, a una velocidad impresionante, tan rápido que el blanco acero pareció por un segundo un abanico blanco, una luna en la tierra.
Había sido una embestida monumental; el sonido de ambos aceros al chocar parecía más el sonido del terminar del mundo que el de dos simples espadas; más no eran simples espadas, sino las de dos hombres, que sin conocerse, se odiaban. Por poco pudo resistir el Bratovich aquel ataque, y si se hubiera movido un poco más lento seguramente en este momento estaría besando la húmeda tierra que sostenía a los corceles.
Los caballos estaban ya pasando de largo, y el Príncipe, avieso guerrero, que no desperdiciaba energías cuando batallaba, aprovechando el giro que su arma había recién dado, terminando de girarla, sabiendo que tomaría a su enemigo en difícil posición, hizo que su acero describiera un largo arco, dirigido a su parte descubierta en el costado derecho.
Haas - March 31, 2006 09:06 PM (GMT)
"Demasiado lento, demasiado predecible...¡Te estás haciendo viejo!" Pensó para sí el teutón...
La hoja del alemán mordió el acero eslavo de modo que ambos salieron despedidos en un estallido atronador, más su adversario volteó su espada de modo que la inercia de tan brutal embestida salió catapultada en dirección al costado derecho, acción que no pudo ser contrarestada por el alemán que vio como su flanco se mostraba vulnerable al contraataque...
Antes de que la oscura silueta de su enemigo se perdiese a sus espaldas, sintió el frio aguijón que precedía al tibio mordisco de la muerte...
Mikael Bratovich - April 4, 2006 02:04 PM (GMT)
El filo de la espada del eslavo se sintió complacido, completo, en la mordedura que hacía en la piel del teutón: sentir la sangre enemiga en el campo de batalla, sentir el grito de dolor del caido y el rostro de preocupación de los aliados, sentir cómo la propia fuerza, la propia mano puede quitar la vida a quienes ya no la merecen o la merecían demasiado; por esos momentos, por esos intantes de corta duración para el mundo exterior pero infinitos en matices y más ricos que vidas enteras de hombres aburridos o cobardes, por esos instantes Mikael Bratovich, el Príncipe de los Bratovich, combatía.
Más que sus odios, más que su honor inquebrantable, luchar era un arte, era su vida.
En completo silencio, sin sonidos o gritos que le distrajeran, pero con toda la fuerza de sus miembros, terminó de pasar su espada, y el Bratovich y su corcel ya estaban del otro lado. *
Con un rápido giro de la rienda, a varios metros, se dio la vuelta,y se acercó `con rápido movimiento. No más violentos espadazos: la primera batalla dentro de aquella que era épica, ya él la había ganado, a pesar de no haberlo partido en dos como lo hubiera deseado. Un rasguño era suficiente para demostrar al teutón que él era más hábil, y le avisaba que la próxima vez no tendría suerte.
FDI: Edité unas líneas para que tuviera coherencia. :rolleyes:
Haas - April 8, 2006 06:42 PM (GMT)
El lance había ocurrido a inusitada velocidad entrechocando aceros y odio en un instante que detuvo el tiempo para poco después devolver a ambos a una realidad que los había alejado el uno del otro. Haas detuvo la frenética carga de su caballo y se giró desconcertado al no haber sentido la fiera morderura del eslavo en su carne, y allí donde su flanco había quedado desprotegido, un agudo dolor le advirtió lo afortunado que había sido y que en un segundo intento el bárbaro no erraría su golpe...
Dirigió su mirada hacia su costado esperando ver la sangre resbalar por su cadera, pero en vez de ello observó que la malla había detenido una espada eslava que apenas lo había rozado. Respiró como si fuese la primera vez que sus pulmones abrazaban aquel aire limpido y fresco y con los ojos enmarcados en un sombrío reflejo, fijó la vista en su enemigo...Lo halló con una sonrisa primitiva enfilando su correoso semblante, confiado en su superior destreza, sin duda sentenciando al alemán de antemano...Mejor así. Su sangre sería correspondida con sangre.
Desmontó y caminó varios metros hacia el claro, poniendo en grave riesgo su vida en cuanto el eslavo permanecía aún a caballo. Hincó con fuerza la espada a su lado y extendió sus brazos a modo de cruz...
-
¡¿Quieres llenar tus odres con mi sangre!? ¡¡Pues ven a por ella!! ¡¡Sin espadas, sin monturas, solo tu y yo hasta que la Luna decida su vencedor!!-
Dejó caer sus guanteletes. Clavó en un tronco cercano la daga que ocultaba su bota. Una muerte rápida a manos de una espada siempre resulta apetecible para un guerrero, pero un combate así termina casi antes de comenzar. Hueso contra hueso, técnica contra fuerza bruta...Se sorprendió a si mismo disfrutando como nunca ante un reto que posiblemente le costase la vida...
http://krisinchico.brinkster.net/searchrol...ame=Haas#170662 (Resistencia)
Mikael Bratovich - April 12, 2006 04:23 AM (GMT)
El eslavo permaneció sobre su caballo varios segundos, largos, observando el cuerpo de su enemigo sobre la tierra, desarmado, retándolo. Jamás pasó por su cabeza el matarlo a traición, pues el gigante era honorable como el que más y aquello hubiera sido un acto digno de un francés cobarde y no de un Kuninga sin miedo.
Bajó de su negro corcel de un salto, y clavó la espada a su lado.
Una brisa helada recorrió el campo, llevando consigo rumores de muere y gritos de batalla, de guerras libradas siglos atrás en tierras que como aquellas, siempre habían tenido lunas grisáceas. El eslavo sabía que aquello podía significar su muerte, pero jamás había rechazado un reto, y menos cuando el que lo proponía era un animal germano.
-Sea.
Imitando los gestos de su enemigo, retiró de sus pesadas manos los guantes que las protegían, y comenzó a avanzar hacia Haas. Fuerza bruta contra habilidad.
Isolda Lamartine - April 12, 2006 02:55 PM (GMT)
No era previsible. Los espíritus de los hombres eran fuertes, eran imponentes y brutales; indestructibles si se los llevaba hasta el límite de sus emociones y querencias; era por eso que el destello cegador de las espadas había voldado por todo aquel campo de batalla con una sonrisa en su alma, mostrando a los seres inferiores que su divino origen, su origen en la materialización de un odio abstracto entre dos bravos hombres, le acía superior al olvido, intocable por el tiempo.
Isolda estaba emocionada: conocía ahora las habilidades de ambos, y había adivinado en ambos gestos, la propuesta y la aceptación del reto, tanto astucia como temeridad, y observar lo que sucedería después era simplemente una excusa para no tomar ambas mentes y preservarlas para siempre en su laboratorio mental, luchando durante toda la eternidad.
Suspiró. Ahora la batalla se daría en otro plano.
Haas - June 3, 2006 12:10 PM (GMT)
El alemán respiró con fuerza, tratando de ganar todo el oxígeno posible mientras veía acercarse a su rival. Estiró sus brazos haciendo crujir sus articulaciones y recordando todos los consejos sobre combate que aprendió en la academia militar de Magdeburgo y en las propias estepas del Este...Conocía las técnicas de guerra de cumanos y eslavos, pero aquel hombre de rostro pétreo era del todo imprevisible, sin duda una piedra de toque para alguien que ha perdido facultades a causa de la inactividad y el desánimo...
Con la vista fija en su adversario, comenzó a caminar hacia él, un insecto a punto de estrellarse contra una gran montaña que amenazaba con eclipsarlo por completo...
Mikael Bratovich - June 9, 2006 05:03 PM (GMT)
Y en efecto fue una avalancha. El Príncipe sabía que era falto de habilidad en los puños, pero cuando tenía su tamaño y su fuerza, esto poco importaba. Así no intentó golpearlo, sino con un rápido movimiento, atenazarlo entre sus poderosos brazos.
Era más pequeño, tenía una leve herida en un costado producto de la espada de Mikael, seguramente estaba impresionado por las dimensiones en tierra de su contrincante, situaciones todas ventajosas en esa táctica que había tomado: trituraría los huesos de ese petulante germano.