Title: Del caserío me fio...
Description: Orleáns, 20 de Octubre, A.D. 1225
Elois D'Umbrelle - March 27, 2006 05:22 PM (GMT)
Un pequeño carro se apresura en su llegada antes de que naciera un nuevo dia, existía poco tiempo para el alba, mas todos los trámites se estaban cumpliendo.
El frío que azotaba la región en aquella época del año quedaba patente en las vestimentas tanto del hombre como de la mujer que viajaban a sotavento con una entereza pasmosa sólo conferida por el firme propósito de cumplir sus objetivos.
Ya estaban en la villa de Orleáns. No se tardó en avistar el castillo del señor feudal, a lo que el hombre que hacía las veces de cochero, señaló y apuntilló con su ronca voz.
- El castillo
La muchacha, envuelta en su cuidada capa gris alzó la mirada para negar luego con la cabeza. Algo meditabunda se detubo contemplando la villa, quizás buscando orientarse, al poco indicó la dirección al cochero y ambos se apresuraron a llegar.
Una vez en el destino, los dos descendieron. Se hallaban ante un enorme caserón algo dejado de la mano del hombre, aunque no por ello tenía porqué estar desabitado, cierto era que tiempos mejores habían pasado por los muros de aquella edificación, anclada en un perido de horas bajas, mas la doncella con tranquilidad se aproximó hacia la puerta, descubrió su delicada mano y golpeó tres veces, luego pausa, dos veces más, una pausa, tres veces rápido, nuevamente pausa y un golpe seco al final.
Casi por arte de magia la puerta se abrió permitiendo el paso a los dos peregrinos, que todavía tendrían que salvar un último escoyo para encontrar reposo.
- ¿Quien va?
Los instó un hombre armado de otros tantos que se encontraba justo ante ellos, en ese preciso instante la doncella descubrió su rostro y las preguntas quedaron en segundo plano. Recibiendo ambos recien llegados una atención propia de Reyes.
Elois D'Umbrelle - March 27, 2006 09:21 PM (GMT)
Y caía la noche del día siguiente, cuando la actividad del caserón, hasta entonces inactivo, cobró vida propia.
Los caballeros giraban en torno a la joven doncella que se disponía a ordenar aquí y allá lo que debían hacer con naturalidad, aquella no era la primera vez que lo hacía.
De repente algo contubo el aliento de los presentes, la puerta nuevamente sonó aquella noche, por suerte del mismo modo que lo hiciera la dama, era uno de los suyos que cruzó la puerta después de ser reconocido.
Sus pasos eran lentos y pesados como la armadura que portaba, las mallas de metal hacían un peculiar sonido en cada movimiento de aquel caballero que se presumía también de noble linaje.
Sin muchos miramientos el aguerrido caballero desplegó la información.
- Mi señora, el señor Conde de Clermont os espera.
La dama asintió con la cabeza y lo acompañó, tras ella sólo iría el cochero, pues el resto ya sabían de sobra lo que tenían que hacer.
Elois D'Umbrelle - March 29, 2006 09:20 PM (GMT)
La doncella asintió y siguió a aquel recién llegado caballero, el momento esperado no se demoraría más.
Caminaron varios metros, saliendo de la casa para entrar en una flamante carroza que los esperaba amparada en la nocturnidad. El blasón había sido tapado convenientemente con telas oscuras, tales como las que portaban los cocheros y miembros de la escolta.
Aquel caballero que la guiase abriría también la puerta y serviría su mano de apoyo a tan delicada doncella.
Cuando la dama entró en el carruaje, éste emprendió una marcha tranquila bordeando la ciudad, la furtiva escolta guardaba cierta distancia y junto con esta iría aquel cochero que acompañase a la dama en sus desventuras.
Elois D'Umbrelle - March 30, 2006 05:51 PM (GMT)
La travesía se hacia harto lenta, pero era mejor para que aquellos inquilinos que habitasen el interior de tan atípica sala de reuniones pudieran conversar con el mejor de los placeres. Cierto era y se podría afirmar que cuanto menos resultaba sospechoso e incluso conspirador la citada entrevista entre el Conde y... La doncella. Por algo sería...
Una cortina se corrió y alguien desde la penumbra interior se cercioró de que no hubiese oídos u ojos impropios, los cascos de los caballos amortiguarían las voces, asegurando pues la confidencialidad hasta el detalle que ni el conductor, algo duro de oído y elegido así por dicha facultad, sería incapaz de reconocer mención alguna en el caso de que su férrea lealtad fuera coaccionada de modo infame alguno.
Juntos, hombre y mujer, conde y doncella aguardaban el uno al otro, anhelando en un sólido silencio el primer paso, más sería la dama, presta, quien rompiese el hielo.
- Buena noche su alteza, don Felipe. Conde de Clermont
Y la penumbra de la noche sería el nuevo manto, pues el velo que una caperuza de terciopelo proporcionaba clandestinidad a la doncella quedose corrido, dejando paso pues al bello rostro de la doncella.
Elois D'Umbrelle - April 4, 2006 11:29 PM (GMT)
- Lady Aenor, vuestra belleza es sublime, cada vez que os contemplo pareceis más joven.
Respondió galante Felipe, pues la dama bien merecía los elogios.
Aenor se sonrojó coqueta como era, incluso pestañeó un par de veces, tratando de ocultar su rostro al príncipe, pero la verguenza debería esperar, primero estaba la educación.
- Mi lord es muy generoso con su humilde subdita.
Rió cortés.
Tras los prolegómenos, Felipe decidió ir directamente al grano, ya arriesgaba mucho con aquella reunión.
- ¿Cuando veremos a vuestra prima, lady Elois?
Era obvio que deseaba tratar con la duquesa y no con un subalterno, por muy noble que fuera su sangre o por mucha confianza que los lazos familiares pudieran tener, ¿acaso no era él el hermano del rey?. y por ese motivo, ¿acaso no merecía un trato preferente? en lugar de aquella actriz secundaria...
Elois D'Umbrelle - April 21, 2006 04:21 PM (GMT)
Aenor sonrió al hermano del rey con parsimonia y dulzura, mas él era una misión que le había sido encomendada por su sire y maestra, no podía errar.
- Disculpeme mi señor pero me temo que por motivos de seguridad para todos, es más conveniente que realice yo los contactos intermedios, debemos ser prudentes.
Felipe escuchó atentamente y asintió con la cabeza, lo que decía la prima de la duquesa tenía mucha coherencia. Tras un periodo reflexivo de incómodo silencio el miembro de la realeza acabó por romperlo con gran impaciencia.
- ¿Teneis el elixir?
Aenor sonrió, mientras sacaba un vial.
- Este elixir os proporcionará un vigor y una longevidad sobrehumana, sereis más fuerte que vuestros oponentes en batalla, podreis sanar las heridas que os propicien e incluso resistireis mejor las enfermedades y venenos.
Ante la impaciencia de Felipe acercó su mano a éste.
- Cogedlo mi señor, es un presente.
Felipe lo cogió con delicadeza, la duda se apoderó de su mirada mientras obervaba el rojizo contenido de aspecto turbio. Viendo la desconfianza, Aenor lo alentó.
- Si quereis puedo tomarlo yo primero, mas no debeis temer de un presente de quien os llevará al trono de Francia.
Y añadió un... - Majestad- dándole el trato de rey que se le auguraba tras la fragua de la asociación con su prima y por ende, con ella misma.
Sin tomarse más miramientos, pues sería demasiado descortés, Felipe ingirió el contenido de un trago, al poco rato sintió el poder que encerraba la sangre de los patricios y comprobó la verdad que había en Aenor y las promesas de la duquesa de Orleans.
- Lo siento.
Aenor sonrió complacida. Mas cambió de tema.
- Majestad, nos esperan en el castillo, varios nobles que os seguirán hacia el trono y a los que debeis hacer promesas para asegurar su lealtad.
Felipe sonrió, la forma en que Aenor jugaba con las palabras, el cinismo alojado en su lengua mordaz, no había duda que era pariente de Elois. Entonces replicó con el mismo juego.
- ¿Que promesas deberé hacer para asegurar la lealtad de Elois y Aenor?
La pregunta encerraba un trasfonfo básico, pues no sabía cuanto tendría que vender su alma a las dos damas a cambio del Trono.
- Permitidme que me ciña a lo que pactáseis con mi prima, pues si gozais de su lealtad, tendreis la mia, ya que una está ligada a la otra y la otra hacia vos.
Sin embargo Aenor escurrió el bulto, algo que no esperaba Felipe, fue diplomática y esquiva, lo cual sería propio ya que quien movía los hilos era su prima realmente y poco podría decir ella. Hurepel lo deujo de esa forma y calló, debía pensar en que decir a los conspiradores que lo apoyasen de cara al trono.
Elois D'Umbrelle - April 22, 2006 10:50 AM (GMT)
Al acabar la noche la carroza secreta de Felipe, hermano del rey y probablemente el más fidedigno aspirante al trono de Francia si algo inoportuno ocurriera a su hermano partió bajo el mismo manto de oscurantismo y anonimato con el que comenzó la noche.
Varios nobles se habían reunido en secreto aquelal noche en el castillo de Orleáns, pero estos pasarían varias noches como invitados del ducado, con Aenor como anfitriona, quien se encargaría de asegurar por uno u otro medio su lealtad para con la conjura que tendría lugar.
Pese a todo, Aenor tenía una grata sensación, la misma que se posee cuando se ha cumplido un trabajo bien hecho. Su sire estaría sumamente encantada con su labor y se apresuró a escribirla una misiva antes de que el alba se hiciera eco del sueño reconfortable que tan merecidamente la esperaba.
Elois D'Umbrelle - April 23, 2006 12:02 AM (GMT)
La media noche del día siguiente en que Felipe llegó a los dominios del castillo de Orleáns Aenor ya tenía todo dispuesto en lo que al pequeño grupo de nobles se cernía, la misiva para su señora estaba escrita, sin embargo algo turbó el confortable ambiente local que reinaba, una carroza pequeña y sin blasón, guiada por un cochero a las riendas de un corcel negro como la misma noche.
Aenor quedó anonadada cuando los soldados no dudaron en abrir las puertas, algo malo debía ocurrir y ella se apresuró a bajar desde su alcoba hacia el patio. cual sería la sorpresa que se llevaría la doncella al encontrarse con su preciada maestra.
La ventrue no dudó un momento en realizar la reverencia precisa a la dama recién descendida.
- Mi señora - replicó con tono solemne.
Elois sonrió placenteramente, realizó un gesto liberándola de su pose cortesana y la invitó con la mirada a acompañarla mientras se dirigía al inerior del castillo.
Juntas las dos damas llegaron al pequeño despacho que Elois usaba en el castillo, sellado bajo llave y que sólo ella poseía. Las puertas se cerraron cuando Aenor cruzó el umbral de madera y por fin quedaron a solas, tenían mucho de que hablar...
Elois D'Umbrelle - April 23, 2006 02:26 PM (GMT)
La primea voz que se escuchase sería la de la progenie. Cargada de entusiasmo y orgullo.
- Mi señora todo sigue según lo dispuesto, El conde Huerepel se marchó bastante complacido la noche anterior.
Su maestra no esgrimió mueca alguna, permaneció imperturbable, como era habitual.
- Excelente - Una sóla palabra para apuntillar el buen grado con el que acogía la noticia, aunque para Aenor era sobrada noticia, si su señora no decía mucho es que todo había ido bien y no necesitaba criticar nada.
Con tranquilidad Elois se dirigió al sillón central, enfrentado a otros tantos emplazados en línea recta. Aenor tomaría asiento en aquel que estaba justo frente a ella.
- Esta noche tendremos visitas en el castillo por lo que espero todo esté a la altura de las circunstancias.
- Lo estará - Suscribió de inmediato Aenor rompiendo tajantemente cualquier duda que pudiera suscitar, tla determinación agradaba en gran medida a su señora, ella lo sabía bien.
Elois aseveró con la mirada, apagándola un leve momento. Ella llevaba el peso de la conversación, allí se la trataba como una reina y como tal se comportaba.
- Mañana partiré hacia Normandía.
Aenor, no movió un músculo, ni tna siquiera se atrevió a preguntar el motivo, sólo realizó su función de senescalía.
- ¿Puedo entonces hacer algo más para agradar a mi señora?.
Elois sonrió, para después negar con la cabeza desairada.
- No, ve y organiza la recepción, pero que sea todo discreto.
La sonrisa de Elois bien valía por medalla para los buenos servicios que Aenor prestaba, asintió y realizó una reverencia antes de abandonar la presencia de su ama. Tenía mucho por hacer y que se hiciera bien.
Octavio Giovanni - April 23, 2006 03:29 PM (GMT)
Odiaba viajar a caballo, nunca le había gustado, mas, otra alternativa no había (al menos de momento) para acudir a su cita con la maestra de la via; la gran Elois.
Octavio recibió la nota de la ventrue, una semana atras, extrañado. -Como habrá dado conmigo y que servicios quedrá pedirme?-
- Acaso habrá hablado con Vincent?-
De todos modos ya estaba allí... y su plan empezaba a rodar. Estaba consiguiendo tener relaciones (de una manera u otra ) con los cainitas importantes de París.
-Lo estamos haciendo bien Octavio- murmuró el capadocio aferrandose a su anillo- lo estas haciendo bien- Una vez mas el caballo dió muestras de fatiga, pero ya estaban ante las puertas del castillo.
El giovanni descendió del animal, intentó acicalarse cuanto pudo para el encuentro, y busco en su raida tunica negra, la nota de su citadora. Con una mano agarró al caballo y con este a su lado se dirigió a la entrada.
Elois D'Umbrelle - April 23, 2006 03:44 PM (GMT)
Los guardias rápidamente identificaron el lacre del ducado al cual defendían en el reverso de la misiva. Las puertas se abrieron y permitieron el paso al fatigado viajero.
Un fornido soldado que poseía un escudo al torso donde aparecía un cisne dibujado y sobre éste una corona le indicó que lo siguiese. Así llegaron al interior de una gran edificio de roca maciza dispuesto como un enorme torreón.
El soldado se despidió con una gentil reverencia, pues ante ellos se postraba una dama de encanto incuestionable, cabello oscuro y ojos verdosos como los campos de la Champagna.
- Sed bienvenido gentil caballero. Mi nombre es Aenor, progenie de lady Elois D'Umbrelle.
Aenor era un remanso de dulzura, un suculento manjar como la miel para los osos y que los soldados en las almenas custodiaban como abejas en su panal, mas aún quedaba llegar hasta la gran reina del enjambre, aquella que lo había citado en misteriosas circunstancias.
- ¿Tendreis la gentileza de seguidme monsieur?
La doncella sonrió coqueta, sus mejillas incluso se sonrojaron mientras la inocencia predominaba en su mirada.
Juntos llegaron a través de un largo y amplio pasillo a una puerta de roble con varias inscripciones latinas en su marco. A ambos lados de la galería estaban dispuestos una serie de cuadros con una representación que correspondía a cada uno de los miembros de la familia D'Umbrelle con las fechas de nacimiento y defunción, así como nombre y título al pie de los mismos.
Aenor, se detuvo junto a la imponente puerta, aquella que cambiaría sin dudarlo la existencia del Giovanni. Entonces sonrió gentilmente a Octavio.
- ¿Como os debo anunciar monsieur?
Aquello era un síntoma inequívoco de que se esperaban más visitas a lo largo de la noche, todo resultaba tan extraño como tentador...
Octavio Giovanni - April 23, 2006 07:09 PM (GMT)
-Octavio Giovanni de Capadocio- respondió el cainita, lo acompañó de una sonrisa educada y una exagerada reverencia destinada a su guia, esa preciosa doncella que lo había conducido hasta aquella puerta.
La situación se estaba volviendo cuanto menos curiosa, un triste capadocio rodeado de la pompa y la clase alta de "le france". -No lo arruines por tu falta de etiqueta Octavio, que nos conocemos-
Cierto era que pese a ser prudente, el giovanni no se caracterizaba por ser un fiel seguidor del protocolo parisino. Entusiasmado el Giovanni aguardó que se abriese la puerta, la puerta a una nueva posibilidad de subir ese peldaño de la escalera de poder, que él, tanto anelaba.
-Estamos progresando Octavio, aguarda y se cauteloso, aún no sabemos a quien nos enfrentamos y cuanto poder obstenta.-
El giovanni aguardó pacientemente, su nueva, oportunidad.
Elois D'Umbrelle - April 23, 2006 09:10 PM (GMT)
Aenor abrió la puerta para atravesarla, una vez en el interior repitió aquello escuchado en los preámbulos a su entrada con voz cálida, suave como un manto de seda. La puerta no había quedado cerrada del todo tras su intrusión, mas su menudo cuerpo se bastaba para ocultar a la visión todo cuanto albergaba en el interior aquella flamante habitación.
De repente, la dama se giró, centrando toda su dulce atención en el recién llegado dedicándole una cándida sonrisa, sus pasos fueron raudos, pequeños cual ratoncito deslizándose sobre una alfombra hasta poder alcanzar su objetivo. Pícara miró directamente a los ojos del capadocio portando aún color rosado en sus mejillas. Entonces dedicó nuevamente palabras al caballero con la cortesía que la caracterizaba, la cual se podía respirar en toda la morada, era un ambiente extraño, místico, pero lo que predominaba y empapaba cada segmento de la gélida roca era la fragancia de la hospitalidad.
- Podeis pasar noble señor, mi lady os espera.
Una efímera reverencia y se alejó de este presurosa, aunque encantadora, anunciando que le había llegado el turno a él de cruzar la mística madera.
La percepción de aquella nueva cámara era un concepto bien distinto en contraposición a todo lo respirado. Una ráfaga de frío mortuorio con foco apostado sobre un majestuoso sillón labrado en oro además de otras incrustaciones era la causa.
Muchos dirían que aquel angelical rostro pálido era la máscara que Lucifer portaba en la tierra para sentenciar las almas con su lengua viperina, incluso no errarían pues la lengua de la dama fama reconocida tenía por su mordacidaz, pero no era calor precisamente lo que predominaba allí, sino todo lo contrario, un frío estremecedor que incomodaría incluso a los muertos, aunque por otro lado un capadocio no tendría problemas para encontrar aquel inhóspito alojamiento confortable, incluso hogareño.
En efecto, la frágil figura de la reina Ventrue situada en el trono de su robusto castillo era cuanto menos escalofriante. Desde su escasa estatura observaba con una pétrea mirada capaz de segmentar mortales, convertirlos en piedra para derruirlos tras un leve parpadeo. No había dudas, era Elois D'Umbrelle, señora de aquel lugar, Maestra de la Vía, endiabladamente sagaz en sus interlocuciones que hasta los más osados en la corte pensaban dos veces sus palabras no fueran a ser usadas en su contra, pues la palabra asociada a Elois siempre era un arma de doble filo, por supuesto, un arma letal.
La alfombra, un ventanal cerrado por flamantes cortinas oscuras, apenas una lampara condenada al ostracismo que alimentara una tenue luz, varios sillones enfrentados al trono, estantes, libros, Elois...
La dama miró desde el primer momento al capadocio escrutando lo más profundo de su ser, incluso podría decirse que su voluntad quebraría el alma del Giovanni Capadocio con un nimio suspiro. Los cabellos azabache caían en cascada ondulada a ambos lados de su rostro de blanca porcelana, alli donde las facciones se acentuaban escasas de recordar eclipsadas por dos pozos de aguas turbulentas como eran sus ojos, centelleantes, fríos.
Rompiendo el climax antinatural resaltó un trueno que en verdad no lo era, pero si lo parecía, aunque quedaba más consonante con la melodía de las ninfas. Aquello no era un bosque, la dama no era una ninfa, no había melodía, sólo una voz apaciguadora que era ley sobre aquellos cimientos.
- Estais en mi hogar, si la paz traeis con vos os acompañará en toda la travesía, sino partid de inmediato pues de no hacerlo jamás acabará vuestro camino.
Curioso saludo, extraña bienvenida, mas así era Elois. Tras un tiempo prudencial su diestra señaló uno de los sillones avellana antojados de tal forma que se enfrentaban al trono de la anfitriona, la cual estaba seria, erguida, tranquila de su superioridad que parecía más un ave de presa jugando con la futura carnada que una hospitalaria doncella.
Octavio Giovanni - April 23, 2006 10:06 PM (GMT)
Una reverencia silenciosa a modo de respuesta, fue lo mas sensato que la mente de Octavio fue capaz de dar a aquella expecie de encrucijada verbal.
Desde el punto de vista del giovanni una guerra no comenzaba sin la primera ofensa y de momento no se había producido.
Octavio tomo asiento despacio, sin prisa, y mirando a los ojos al inmenso poder que le escrutinaba de pies a cabeza. - Mis mas sinceros respetos hacia su persona, mi señora.No soy el mejor orador de esta tierra, mas intentare estar al nivel que vos espereis de mi.
- Me habeis hecho llamar y supongo que esa llamada tiene un fin. Me considero afortunado simplemente por el hecho de que conozcais de mi existencia. Pero por favor explicadme en que mi humilde persona puede serviros y como puedo yo, honrar vuestra hospitalidad- El capadocio hablaba despacio, seguro, paladeando las palabras y disfrutando del juego que acababa de empezar.
La partida comenzaba y ahora era ella la que debía mover pieza y exponer su jugada.
Elois D'Umbrelle - April 23, 2006 10:20 PM (GMT)
La dama aseveró con un gesto tan elegante como intermitente, pues su cabeza se movió para recobrar la pose de equilibrio de inmediato en su erguida compostura.
El helado clima generado comenzó a crecer cuando los carnosos labios de la doncella se arquearon para esgrimir una débil sonrisa. Al momento el habitáculo se hizo eco primero de una puerta cerrada tras Octavio como de la aterciopelada voz de la altiva ventrue.
- Monsieur Octavio Giovanni, no es la oratoria por lo que os requiero, en esa virtud ando bien cubierta, mas tranquilizaos, cada cosa a su debido tiempo.
Ciertamente el juego había comenzado, pero Elois marearía la perdiz hasta ponerla en su punto, la quería hecha y jugosa, difícil conjugación, pero no imposible.
- Espero que el viaje os resultase agradable. Al amanecer recobrareis fuerzas en el castillo.
Elois no ofrecía alojamiento como otras veces, sino que lo imponía. El comportamiento era extraño, quizás la fama que precedía a los Giovanni tuviera la culpa. Quizás no fuera más que una de sus múltiples facetas, la dominante y así no dio tiempo a respuesta cuando reengancho la conversación.
- Una pregunta.
Elois parecía bastante seria, incluso enfadada. Mantuvo un incómodo silencio durante prolongados instantes para romperlo con la alegación anunciada.
- Vos no sois franco de nacimiento, llevais tiempo lejos de la política si no estoy mal informada. Vuestra opinión me interesa. ¿Que os parece el conflicto Tremere- Salubri?.
Octavio Giovanni - April 23, 2006 10:39 PM (GMT)
Fuego en una balsa de aceite, así cayó la pregunta en la pertubada mente del Giovanni.
- Es una trampa Octavio, nos han convertido en la presa, somos su raton y sus palabras el laberinto del que no podremos escapar...- Una gota de sangre cayó por el rostro del capadocio, que este se apresuró a limpiar con su pañuelo de seda.
-En primer lugar, mi señora el viaje ha sido francamente horrible, odio viajar y sobretodo si he de montar. Mas, lo mas agradable del viaje me lo habeis ofrecido vos, bella señora, con la presencia de la que he supuesto es vuestra chiquilla, es realmente hermosa y agradable. Me siento honrado de vuestra hospitalidad y reposare mi cicatrizado cuerpo en vuestro dominio, cuanto gusteis.-
El capadocio cambió su postura y su mirada se dirigió al vacio, sus ojos parecieron entelarse, - en cuanto a los conflictos entre clanes, por supuesto me mantengo al margen...y si, es cierto. Hemos, quiero decir e, estado sumido en un letargo temporal del que he amanecido recientemente. Soy un mero espectador, a la espera de una opinion fundamentada en datos que , por ahora desconozco, si puedo decir, si me pedis sinceridad, que el clan tremere nunca fué bien visto por el resto de cainitas así como los mios cuando fuimos convertidos y aún hoy, hemos de demostrar que somos especiales en el uso de nuestras artes- Octavio frotó su anillo- y someternos desgraciadamente al prejucio de nuestra propia estirpe. Eso me hace no prejuzgarlos, como quiza si hacen otros, pero ya os digo que miro y observo.
Elois D'Umbrelle - April 24, 2006 06:53 AM (GMT)
La ventrue rio sobrada en su trono, siendo la respuesta del capadocio la causa de tal humor. La tensión reinante oscilaba por momentos en cada gesto de la dama, cuando sonreía, tal cual ahora, descendía.
- No os preocupeis monsieur Giovanni, no pienso juzgaros ni a vos ni a nadie esta noche.
De repente volvió a adoptar la seridad inicial con el consiguiente incremento de tensión.
- Decidme, que tan estrecha es la relación que poseeis con vuestro señor Trang Oul.
Octavio Giovanni - April 24, 2006 01:17 PM (GMT)
Al parecer el interrogatorio no había echo mas que comenzar y ya había errado en las respuestas -Por eso me gustan los muertos, porque no preguntan - pensó el capadocio.
-Mi relación con Trang Oul, duquesa creo recordar que era buena, basada en el respeto y la admiración. Lamentablemente desde mi reciente despertar y pese a buscarlo insistentemente no e dado con su paradero y ni siquiera el Príncipe de París, del que es consejero sabe de su situación actual-.
Pero, mi respetada dama, me habeis echo llamar para charlar animadamente - el capadocio forzó una leve sonrisa- o realmente, como me pienso, necesitais de mi saber y mis artes de nigromante?
-Habeis de saber que os ofrezco mis servicios desinteresadamente por supuesto, y que, para mi será un honor ayudaros en cuanto necesiteis...
El nigromante volvió a fijar la mirada en Elois. Se mostraba seguro y confiado, aunque respetuoso y prudente. -Salgamos del laberinto, Octavio, busquemos una salida-
Elois D'Umbrelle - April 25, 2006 10:36 AM (GMT)
La dama no movió un músculo contemplando para ella las impresiones que suscitaba la charla con el capadocio, aunque no pudo evitar esgrimir una tenue sonrisa para que Octavio no creyese haberla ofendido u algo similar.
Al final de la noche sólo el destino sabría lo que deparaba a ambos cainitas, sin embargo ese justo momento de eclosión de voluntades venidas de mundos bien distintos, El entorno de los saqueadores de tumbas en primera linea de defensa ante el acoso Patricio, daría una resultados inusuales, mas interesantes. No había duda. Además el Giovanni estaba allí como bien había dicho, por sus artes. La perdíz estaba caliente pero no en su punto, dar el bocado en aquel momento no satisfacía mucho el apetito de tan delicada dama, por otro lado...
- Monsieur Giovanni. El fruto de mis preguntas tiene un objetivo claro, que atenderé a materializar.
Octavio osaba sostener la mirada que muchos rechazaban por miedo, ¿acaso no sabía del poder sugestivo del que gozaba la dama?, a ella no parecía importarle mucho mantener aquel cruce de voluntades aferradas a la integridad, pues de sobra sabía que jugando al juego de las miradas no tendría rival en el capadocio.
- Desearía que me prestaseis vuestros conocimientos y habilidades, mas no de forma esporádica.
Calló, esperando que Octavio comprendiese el verdadero significado de sus palabras.
Octavio Giovanni - April 25, 2006 01:08 PM (GMT)
El giovanni sopeso el significado de las palabras que acababa de oir en esta ultima frase. No solo conocía de su existencia la Maestra de la via sino que ademas le estaba pidiendo algo asi como vasallaje? Octavio esgrimió su mayor sonrisa, complacido. -Esto empieza a marchar, Octavio, lo estamos haciendo muy bien.-
-Mi querida duquesa, excelentisima señora lo que me pedis, que me honra, he de confesar, solo me plantea un problema. Os conformariais con mi juramento de vasallaje sabiendo que debo servir tambien a mi antiguo señor ?, o como adivinó me exigireis absoluta dedicación?
-Porque si me pedis que traicione a mi señor, primogenito además de mi clan, como ivais vos a confiar en mi?, y perdonad mi franqueza. - El capadocio jugaba una vez mas su mejor vaza, ser la victima de algo que el deseaba que sucediese-Sabiendo que a la siguiente oferta para la prestancia de mis servicios os lo podría hacer a vos?
-Veis eso realizable?. Lo único que necesitaria sería un carruaje o algun medio de transporte para mis desplazamientos así como un estudio pequeño donde hacer mis practicas y experimentos, aunque ya os anuncio que me gusta vagar por las calles...sin dirección, y una cosa mas mi señora, querria compañia un chiquillo de mi propia estirpe.... Los ojos del capadocio brillaban.
La oferta ya estaba en la mesa, ahora había que discutir el precio. Estaría la duquesa dispuesta a compartir? el giovanni apostaba a que no.
Elois D'Umbrelle - April 25, 2006 02:57 PM (GMT)
El capadocio rezumaba ambición, Elois podía percibirlo en el modo de hablar con la boca llena de codicia y entonces comprendió la maestra que cierto era y sería que Octavio Giovanni podría vender su lealtad al mejor postor... ese conocimiento jugaba con ventaja para ella, aunque debía andarse con cuidado pues no la gustaba que se la relacionase con semejante ser, si podría asestar un duro golpe a la estabilidad de Trang Oul. Llegaba el momento de subir las apuestas.
- Cherry, no habría mayor deseo para mi que contar entre mis vasallos con alguien como vos, sin embargo comprendo y comparto el razonaminento que me proponeis.
La dama se incorporó por vez primera, dejando una muestra ver un leve acercamiento al ladrón de tumbas.
- Me temo que mientras Trang Oul siga con vida, siendo como es vuestro señor, no podría trataros con la generosidad y dedicación que corresponde a todo y cada uno de mis siervos.
Un extraño brillo podía vislumbrarse en las ceñidas pupilas turquesa que atesoraba la reina ventrue sobre su trono, la mirada de ésta incluso sufrió un severo cambio, ¿acaso sugería algo?...
- Por otro lado, un juramento de sangre es algo demasiado importante y solemne como para tomarlo a la ligera, supongo que también lo observareis al igual que yo.
Calló brevemente, dejando que el Giovanni sopesara cada una de sus palabras e insinuaciones hasta llegar al punto de interpretar sus intenciones, o sino porqué pensaba Octavio que había sido citado lejos de París... allí ningún primogénito, espada o príncipe tenía poder, nadie podría espiarlos, podían hablar más libremente de todo cuanto deseasen...
- Tengo el ferviente deseo de contar con vos entre mis leales, pero me temo que nos hallamos en una encrucijada con dificil solución. Decidme octavio que via dictamina vuestra existencia en la no vida.
Un nuevo guiño, estaba claro que la dama deseaba tener en plantilla al ladrón de tumbas, ¿pero querría éste estar a su lado?... ¿quien de los dos pagaría el precio más alto?...
Octavio Giovanni - April 25, 2006 07:44 PM (GMT)
-Si he de ser sincero mi señora, mi vida a dia de hoy se basa en la supervivencia. Mi fidelidad no esta sometida a una jerarquia de valores, vago sin rumbo cual barco a la deriva en alta mar...-
-Mis deseos son disfrutar de mi no-vida y desarrollar cuanto pueda mis habilidades y dotes especiales proporcionados por la sangre ...a fin de cuentas que somos? Que es la no-vida sino una oportunidad de aprender de nuestra propia no-muerte?-
Al capadocio se le entelaron los ojos- Harto estoy, de ser despreciado por los mios y mirado con desconfianza por el resto de los cainitas, acaso soy culpable de que a miembros de mi familia se nos concediese este don?
-Acaso no se hizo con un motivo? No se buscaba lograr un fin?
-Mi señora-prosiguio Octavio-, habeis de saber que solo busco una oportunidad, medios para prosperar y demostrar al resto de los cainitas que soy Octavio Giovanni de Capadocio. No un cainita nacido de la desesperación de un clan por progresar.
Necesito que se me respete y eso al parecer dentro de mi clan, no esta siendo posible.
Espero no haberos aburrido demasiado con mi pesar.
Vincent D´Alençon - April 25, 2006 11:06 PM (GMT)
Exterior de la fortaleza...
Uno de los soldados que guardaban las puertas del castillo avanzó hasta situarse junto al carromato y apuntó con su lanza al conductor, un encorvado benedictino cuyos huesudos dedos aferraban como garfios las riendas de los caballos...Con exhasperante parsimonia, echó para atrás su capucha dejando al descubierto sus angulosas facciones de ave de presa y lo sonrió con inquietante expresividad...
- Comunicad a Lady Eloise que Vincent D´Alençon, legado de Máximo Constanza, aguarda a las puertas de su regio y costoso castillo...-
Recostándose sobre el asiento, el Lasombra observó el cacareo de los hombres y el modo en que uno de ellos salía despedido hacia el patio de armas para comunicar la nueva...
...¿Qué suntuoso vestido llevaría la viuda aquella noche?...La curiosidad le corroría...
Elois D'Umbrelle - April 25, 2006 11:10 PM (GMT)
La dama enarcó una ceja sutilmente, aburrimiento no era precisamente el estado de ánimo que más la definiría aquella noche.
- Monsieur Giovanni siempre gusto de mantener conversaciones, mas descuidad el aburrimiento pues temas importantes se tratan esta noche.
Un movimiento raudo y gracil como el aleteo de una mariposa la ventrue ya estaba en pie rumbo al capadocio. A escasos palmos de éste paró en seco que no bruscamente y varió su dirección comenzando así a vagar por el habitáculo con sus pensamientos por equipaje.
Un buen rato de silencio mas cuando su posición se hallaba una de las veces próxima y enfrentada a su invitado optó por hablar nuevamente, esta vez con bastante sentimiento.
- La via Regalis es el sendero que corresponde a nuestra especie, es el modo para progresar entre los nuestros, es la llave del gobierno, es el todo de la existencia cainita.
Emprendió un nuevo camino, aunque con un gesto invitó a Octavio a acompañarla si así era su deseo. La apetecía pasear.
- No os considero una desesperación de un clan por prosperar, no alcanzo a ver el rasero del porqué un desprecio, pero si adoptaseis la Vía Regalis, mis doctrinas, mi tutela, pocos serían los atrevidos a mofarse de vos. Y no sólo hablo de París, sino de la Europa civilizada.
Un repentino paro y un giro raudo para encontrar la mirada de Octavio.
- ¿Os interesa?
Octavio Giovanni - April 26, 2006 08:47 AM (GMT)
Octavio se incorporó y acompañó a la duquesa mientras respondía. El semblante del capadocio era un tanto serio.
-Una guia para mi camino, en mi no-vida?- Y no me volverían a despreciar? seriamos respetados y temidos?-
Mientras paseaban el giovanni miraba al vacío de aquella inmensa habitación.
- Podeis contar que si, mi querida Elois, mi querida señora-
-Pero decidme, de lo anteriormente comentado que me decís?-
Octavio volvía a hacer referencia a la posibilidad que llevaba estudiando desde su despertar, su progenie. Sangre de su sangre, alguien que le acompañará en su vagar.
El capadocio renegociaba las condiciones, ahora solo tenia esa...y no estaba dispuesto a renunciar.
Elois D'Umbrelle - April 26, 2006 09:18 AM (GMT)
En el exterior...
Rapidamente las puertas se abrieron y dejaron paso franco al corromato con su conductor a la cabeza. Al otro lado del patio que se encontró le esperaba un mayordomo que lo guió por los amplios pasillos de roca hasta una dama que rivalizaba en belleza con la propia duquesa, incluso sus facciones eran similares a ésta salvo por sus mejillas rosadas y la mirada esmeralda que poseía.
Tomó su vestido cual doncella de la corte y reclinó el cuerpo sobre sus delicados tobillos, reverenciando al caballero con una dulzura inherente en ella.
- Sed bienvenido monsieur, soy Aenor de Ventrue, progenie de Elois D'Umbrelle, señora del lugar.
Sonrió como una niña, colmando su rostro con inocencia infantil y sus rosadas mejillas.
- Seguidme por favor. Mi señora se encuentra reunida pero pronto os recibirá.
Esperó a que el lasombra la siguiera y lo guió hacia el salón donde se hallaban ventrue y capadocio, deteniéndose junto a la puerta del lugar para soltar dos tímidos pero secos golpes sobre la recia madera. Luego se giró repentinamente y preguntó coqueta a Vincent.
- ¿Como os debo anunciar?
En el interior...
Elois caminando por la sala, mas lo hacía para estar próxima a las entradas, ya que más cainitas deberían llegar aquella noche, sin embargo el Giovanni distaba de ser consciente del fenómeno, tan sólo la seguía y la ventue comprendió el arma de doble filo que iba a empuñar en su lucha con Geoffrey.
- Monsieur Giovanni, ser mi siervo implica seguir los preceptos de la vía regalis, por tanto una gran responsabilidad, vuestras convicciones y modo de vida sufrirán un duro cambio desde el preciso momento en que aceptáseis mi señorío y sometiéseis a un juramento, tenedlo bien presente y no tomeis tan a la ligera la respuesta, quizás querais deliberarlo con más tiempo, pues de seguro obtendreis la ira de Trang Oul, aunque es cierto que conforme avanceis en la Via Regalis crecereis en respeto, también es cierto que mientras camineis al amparo de la Maestra de la Via obtendreis un respeto el cual debereis corresponder con actos honorables y sólo así, guiado por el honor todos y cada uno de los capadocio y cainitas os aceptarán por un igual, incluso un superior.
Calló brevemente, Octavio no parecía consciente de aquello en lo que se estaba metiendo, la codicia guiaba su alma, pero el pactar con Elois era venderla a alguien incluso peor que Satanás.
- No quiero que os lleveis a engaños, reflexionar bien la respuesta y todo lo que ello implic...
Dos golpes secos la interrumpieron, tornando su mirada y con ella el cuerpo hacia la puerta golpeada, no por ello cesaría en la tertulia...
- Sobre lo comentado, no os comprendo, debereis concretar más
Se habían comentado tantas cosas, que no sabía con certeza a que aspecto en concreto de lo tratado quería referirse Octavio, si éste quería derecho a engendrar claro no había quedado, al menos para ella, pues el capadocio no aludió concretamente a ese fin.
La dama esperaba, dos cosas, que la puerta se abriese para presentar a su siguiente invitado y al mismo tiempo la respuesta del capadocio.
Vincent D´Alençon - April 26, 2006 03:07 PM (GMT)
Al otro lado de las puertas...
"Parece que Eloise tiene obsesión con las muñequitas de porcelana" Pensó para sí el Lasombra mientras seguía las contoneanes caderas de la Ventrue. Para un creyente dualista que opina que el cuerpo no es más que la efímera condena del alma, Aenor no era más que una piedra de bordes más redondeados, lustrosos y simétricos que otras...Una piedra al fin de al cabo. Cuando la mujer se detuvo ante las puertas y preguntó cómo habría de anunciarle, Vincent se tomó un tiempo prudencial para meditar la respuesta y finalmente declinó presentarse como Mitras o como Hardestat el Viejo...Ignoraba cuan hierático sería el humor de los seguidores de la Via Regalis...
- Vincent D´Alençon de Lasombra, vasallo de Máximo Constanza...- Respondió con turbadora antonación- ...El amigo de los niños- Apostilló finalmente.
Adoraba a las jóvenes chiquillas de sangre azul, tan adorables y pundorosas en su fachada externa en contraposición con el veneno que rezumaban sus vísceras...Y estaba punto de encontrarse de nuevo con la mayor de todas ellas, la arpía reina por excelencia cuyas garras alcanzaban incluso las fértiles tierras del Sur...Oh, si, tenían muchas cosas de qué hablar...
Octavio Giovanni - April 26, 2006 06:40 PM (GMT)
Octavio paseó tranquilamente por la habitación meditando las posibilidades del hecho.
-Mi señora, mi respuesta es si.- Afirmó rotundo el cainita.
Quiero pedir, y esto no es negociable, el derecho a crear un miembro de mi progenie. Es mi única condición para someterme ante vos y todos los cambios que ello me pueda comportar.
El Capadocio calló. -Ya está, ya no diremos nada mas Octavio.Lo hemos hecho bien...poder...respeto...
Elois D'Umbrelle - April 27, 2006 10:30 AM (GMT)
Aenor cruzó la puerta con su gracia habitual, una vez dentro buscó a su señora con la inertidumbre rondándola pues no estaba donde ella esperaba. Por fin la localizó en pie con el capadocio tras ella.
Una sutil reverencia y se dirigió hacia Elois quien la miraba atentamente cual halcón, pues la esperaba desde que diera los gopecitos en la recia madera.
- Mi señora, Vincent D'Alençon de Lasombra, vasallo de Máximo Constanza, el amigo de los niños espera ser recibido.
La inocencia de Aenor, no era tal sino malicia al repetir palabra por palabra aquello que dictase el lasombra dejando que su señora juzgase su gracia, así las gastaba la cálida chiquilla de la Ventrue.
Elois detuvo la marcha de su prole con la diestra para luego girarse al capadocio, su mirada era fría, su voz neutra y sus sentimientos para Octavio confusos... ¿condiciones?, ¿en serio pensaba imponer condiciones?, la dama ni tan siquiera sonrió, no lo haría con la extraña apelación asociada a Vincent y no lo hizo con las palabras de Octavio.
- Cherry, todo en esta vida es negociable, incluso las lealtades como bien podeis comprobar. El derecho de progenie es algo que sólo un príncipe os puede conceder, mas no es Elois D'Umbrelle quien desempeña tal función. Sin embargo si os place, servidme y así cuando vuestra señora lo sea, estareis a la diestra con tales privilegios.
Sonrió y mientras miraba al invitado hablaba a su vástago.
- Aenor, monsieur Giovanni debe estar muy fatigado, encargate de que reponga fuerzas y goce de la hospitalidad Ventrue hasta su marcha.
Aenor asintió.
- Monsieur Giovanni, descansad. En otro momento trataremos sobre vuestros servicios, mas no abandondeis la fortaleza aún, pasareis la noche aquí.
Despedía al Giovanni, pero solo pro tempore.
Aenor se giró hacia la puerta e indicó al lasombra con su mano que avanzase al tiempo que lo hablaba.
- Madame os aguarda.
Pese a todo aún no se marchó la chiquilla pues debía conducir a sus aposentos al capadocio y atenderlo como era debido.
Octavio Giovanni - April 27, 2006 08:13 PM (GMT)
El capadocio siguió a la bella sirviente hacia, al parecer, su nuevo y comodo hospedaje.
Antes por supuesto hizo una reverencia exagerada a su "posible nueva señora".
El cainita se giró y vio con sorpresa la aparición del amigo de los niños y no pudo al cruzarse con el lasombra esbozarle una sonrisa y guiñarle un ojo.
-Suerte- susurró Octavio mientras abandonaba la estancia.- la necesitaras-Una risa burlona pero esteril se le escapó al giovanni. El futuro de ambos cainitas parecía estar unido por el destino. -No es una mala compañía - pensó Octavio...
Vincent D´Alençon - April 27, 2006 08:50 PM (GMT)
" Interesante..." Pensó para sí el benedictino " De saberlo me hubiera presentado como Haquim..." La jovenzuela de sangre azul demostraba tener la misma ponzoña malintencionada en las venas que la que según había oido, contenía las de la propia duquesa...Quizás más adelante podría hablar más detenidamente con ella...Instantes después, observó como de la sala principal emergía una figura vagamente familiar...demasiado, de hecho. Cuando el capadoccio pasó a su lado, Vincent lo atrajo hacia si, lo estudió de arriba a abajo y sonrió con vehemencia...
- Sois la perdición de las mujeres, mi buen Octavio...- Y lo dejó ir no sin antes lamerse un dedo y alisar la maraña capilar que poseía el Giovanni por cabello...¿Qué asuntos tendría que tratar un díscolo nigromante con una de las criaturas más influyentes y peligrosas de la ciudad...?
Cuando la amplia estancia que acogía la omnipresente silueta de la dama de Orleans se abrió ante él y la chiquilla de la Ventrue los dejó a solas, Vincent no pudo menos que saludar a su impertérrita anfitriona con una calculada reverencia y una acogedora sonrisa que no ocultaba sus incisivos atributos...
- Disculpad mi torva presencia, madamme...Si vuestras obligaciones os atan las manos puedo regresar en otro momento más...óptimo- Musitó dejando traslucir cierto pesar en su voz...
El Lasombra entrecruzó los dedos a la espera de la respuesta de la Ventrue, que a tenor de la máscara marmórea que mostraban sus facciones, confirmaba sus sospechas sobre el sentido del humor de su calaña...
Elois D'Umbrelle - April 27, 2006 09:55 PM (GMT)
Pétrea en su pose final contempló la marcha del capadocio al igual que la aparición estelar del "amigo de los niños", mas como su cuerpo yacía su semblante, solidificado. Eso no era un buen augurio, pero tratándose de Elois tampoco era malo.
- Si la paz os acompaña con ella partireis de mis dominios, monsieur D'Alençon.
Lanzó una mirada furtiva al lasombra, luego se dirigió presta hacia su sillón una vez ofrecidas las primeras muestras de cortesía.
- Tomad asiento.
No reparó en si el lasombra había captado el mensaje, subliminal o no, tan sólo se sentó y esperó. Vincent estaba allí por un motivo, así como Octavio, ahora le había llegado el turno al cátaro.
- Mucho tenemos que tratar esta noche y poco es el tiempo del que gozamos como bien podeis contemplar.
Entre tanto Aenor condujo a Octavio por los pasillos hasta una alcoba predispuesta para los invitados cainitas y esperó callada por si este tenía algo que solicitar.
Octavio Giovanni - April 28, 2006 06:55 PM (GMT)
El capadocio vislumbró su estancia para pasar la noche y miró complacido.
-Mi señora Aenor, muchisimas gracias por su simpatia y por su ayuda. Me retiro a descansar como me recomendo la duquesa.-
-Gracias y hasta mañana.- Octavio hizo una sincera reverencia y se retiró a curiosear su nuevo alojamiento .
Elois D'Umbrelle - June 13, 2006 03:35 PM (GMT)
Aenor se retiró con una gentil reverencia, entre tanto su señora tenía una reunión con el magister que la intrigaba por lo que se apresuró para personarse con el deseo de no quedar excluida. Aunque el asunto ciertamente la podría superar, en ocasiones la dama Elois la permitía estasr presente con el fin de que aprendiera, no en vano era su mano derecha.