El hombre gimoteaba como un cachorro extraviado. Su vejiga se había rebelado y un desagradable flujo cristalino resbalaba hasta su cabeza, invertido como estaba su grueso corpachón, pendido con cuerdas a las quejumbrosas vigas de la techumbre, a la luz de una única vela...
Su vigilante caminaba en círculos en torno a él, suspirando ante el abandono de sus efluvios, y con tiento limpió con pañuelo de terciopelo la piel humedecida.
- Sed paciente, monsieur Abel. Es menester que halleis la paz en vuestro interior para abrazar sin dudas o temores el perdón del Padre.-
Vincent D´Alençon, teólogo herético, tomó entre sus manos una bandeja de plata de ondulante contenido carmesí en cuyo centro flotaba una pequeña ramita de olivo y se acercó a Abel. El hombre hubiese hablado de haber podido, mas una mordaza colocada a conciencia reducía su voz a poco mas que un balbuceo inaudible. Si era inteligente ahorraría el aliento que puede que quizás mas tarde necesitase...
- Vos mismo indicasteis que vivías para complacerme. Pero seré yo quien os complazca a vos- El Lasombra hincó sus ojos de carbón en los aterrados pares de Abel - Habeis cumplido dos de los votos. Resta el tercero. ¡Una vez entregado a Él formareis parte de aquellos que han abierto sus ojos a Dios y no se dejan engañar por la telaraña de Ialdabaoth!-
El Lasombra comenzó a orar en latín mientras con sus dedos salpicaba el rostro de Abel. El hombretón comenzó a sacudirse presa de un pánico visceral, pero a medida que la voz serena del cainita redundaba en la celda, sus espasmos relentizaron sus sacudidas, su rostro comenzó a apaciguarse y finalmente, quedó suspendido en silencio y sumido en un profundo trance. El Lasombra trazó con la sangre una cruz en forma de T ,la señal de Caín, en el abultado abdomen del hispano, para luego repasarla superficialmente con un afilado cuchillo que mezcló ambas vitaes, y finalmente le dio a beber de la bandeja.
- ¡Tú, Abel, que has comprendido la necedad del hombre y reniegas del veneno que porta el barro de Ialdabaoth...Tú que te haces llamar a imagen y semejanza del bienamado, sangre de Caín que fue derramada por la falsedad del Ídolo Corruptor...Tú, que abrazas la Gracia de Dios y de su heraldo Caín, que honras la Sangre Resplandeciente que nos entregó en la Virtud y en la Sabiduría...Tú que has abierto tu alma al amor del Padre, no siervo sino hijo, y que dedicarás el tiempo que se te ha otorgado para honrarlo en cuerpo y espíritu, hasta que se nos reclame en el Valle de Gehena donde el advenimiento del Tercer Caín nos devolverá a su Gracia infinita!....¡Tú, Hermano, eres bienvenido!-
Antes siquiera de que las últimas palabras fueran recogidas por el eco, Vincent arrojó sobre Abel el resto del contenido de la bandeja, formándose un brillante charco escarlata. Las sombras que lindaban la vela se contrajeron y se abalanzaron sobre el mortal, que continuaba inerte. Lo elevaron cual gruas de acero y cortaron las cuerdas con limpieza, arrojando el cuerpo sobre Vincent, quien como si se tratase de un niño pequeño, lo acunó y abrazó, y las sombras los ampararon en manto impenetrable que impidieron observar lo que aconteció en la macabra intimidad...
- Ssssssssh...Ya estás a salvo...-