Title: El Tribunal mágico
Description: 10/10/1225
Isolda Lamartine - March 13, 2006 01:54 PM (GMT)
FDI: Viene de
aquíEl día había por fin llegado a su fin. El Mundo que había construido esperando la llegada de aquellos a los que había citado no había dejado de crearse ni un sólo momento. Un detalle en una puerta, un reflejo en una ventana, el sonido delñ viento meciendo un árbol se había tornado más íntimo y delicado; los talles de los pilares se movían ahora por sí solos, contando la historia de su estática existencia que no por ello dejaba de ser más emocionante y atrevida.
Los guardianes y ayudantes que había diseñado, se repartían ahora por el salón, organizando, llevando y trayendo cual autómatas ante la más mínima insinuasión de la mente de la creadora, y los cinco voluminosos textos donde Isolda recogía su trabajo sobre Spirituum descansaba junto a su mesa.
Vidrieras de impresionates envergaduras, tan efímeras como el resto del conjunto, giraban en el aire, dispuestas ya para los complicados diagramas que daban el sustento geométrico a la teoría sobre los mundos que la Magister Mundi había diseñado. Y su mejor sonrisa, la más profunda, la más ultraterrena, la que la hacía ser lo que era. Sin más.
Su cuerpo sin consistencia en ese mundo era más que una idea celeste. Inhaprensible, blanco y luminoso, ululante pero firme y conciso en algún sentido que sólo los despertados podrían entender. La rubia cabellera eran hilos dorados que llegaban hasta el suelo y bajaban por él hasta las profundidades más inimaginables del Mundo de los Muertos, y sus ojos azules eran como el cielosoñado que Hermes habría alguna vez dicho no podría ser jamás alcanzado. Allí, en los pozos de su alma, vagaban tantas estrellas y
daemons que nadie que la viera podría escapar a la tentación de decir que ella sí había alcanzado la esfera lunar y la había hecho suya, con tanta delicadeza como firmeza. Su vestido, si es que podría llamársele así en alguno de los Reinos habitados por espíritus, era la casa misma, y tomaba y cedía según pasara el tiempo o el estado de ánimo, y según quisiera ella o no revelar u ocultar alguno de los sentidos en sus palabras. Inasible.
Y así había querido ella que fuera por dos motivos. El primero era la apestosa presencia de cadáveres en París. No podía arriesgar la vida de los Consejeros de los Primus de las Casas, y ellos, lo sabía, no se arriesgarían; menos sabiendo de la presencia de la creación de Tremere el mil veces maldito. Segundo, no todos podrían viajar hasta su creación onírica, y se demorarían eligiendo a los que pudieran hacerlo; ellos entenderían lo que tenía que decirles, no los otros, los que nunca habían pisado la Tierra de lo Efímero.
Isolda Lamartine - March 13, 2006 03:44 PM (GMT)
El Mundo que había creado se conmovió hasta sus cimientos cuando la primera oleada de energía esencial hizo su aparición. La reconocía, y a él justamente le correspondía llegar el primero.
En medio del salón gigantesco, junto a la esencia de Isolda, una forma más corpórea se hizo. Era un hombre entrado en los cuarenta, con el ceño fruncido y ela piel acartonada y gris, con los ojos blancos de la ceguera y una terrible cicatriz en su frente con la fórmula de la casa Tremere. No era, por supuesto ese el caso.
La forma se giró hacia Isolda, antes de observar el salón, pues así era de mágica e impresionante la visión; dobló con dificultad su espalda y descorrió su capucha para que la joven pudiera verlo completamente, aunque allí, en ese mundo, en ese universo, esos gestos eran simples residuos de costumbres insanas, sin importancia verdadera.
-Magister Schoale Lord Michael James Britton Butler, bani Bonisagus, El Bibliotecario, os Saluda Magister Mundi Lady Isolda Christine Terrein Lamartine, bani Bonisagus, Ama de Mundos.
Isolda le dedicó una sonrisa de aceptación a la llegada de su Compañero de Casa, y no dejó de notar que sólo hacía alusión a uno de sus nombres. –Sed bienvenido ilustre visitante a la morada que he preparado para que escuche sin destruirse todo cuanto aquí ha de ser dicho. Pasad y sentaros, que seráis atendido como yo lo fui alguna vez en vuestra casa.
Aquel viejo tenía su historia, y a Isolda no le era desconocida. A diferencia de casi todos los miembros de la Casa Bonisagus, aquel hombre de tez grisácea y gustos experimentales reprobables, había ocupado un lugar en primera fila de batalla en la guerra contra la Casa Tremere y en general contra todos los Massasa que habían atrevido a cruzarse en su camino. Poseedor de poderosa magia de Vires, controlando los elementos como si fueran un suspiro, había sido temido y repudiado durante la Regencia del anterior Primus, Lord Fluctraeur, y se habían tomado medidas para evitarle contacto con los Aprendices de la Orden. Sus discípulos habían heredado su fama, y todos ellos habían decidido cazarlo, con obvios resultados. Sin embargo sus influencias en la Orden eran grandes, tanto que en el Juicio emprendido por los Primus de las casas había salido indemne. Muchos se habían preguntado si había sido causado por el temor que inspiraba, o por algo más terrible. Así, el actual Primus, le había tomado como su Consejero y su vida en la Orden había dado un vuelco. Sandro, el maestro de Isolda, siempre le había profesado gran respeto, y si no fuera porque amos eran demasiado serios y formales, la pequeña hubiera podido jurar que hasta eran amigos.
El anciano inclinó la cabeza, orgulloso, de la manera en que había sido recibido, y tomó asiento. Aún faltaban todas las sillas por estar llenas, y sabía que a pesar de los rígidos cánones de conducta dentro de la Orden, y más para situaciones como aquella, muchos eran los que doblaban las reglas según se creyeran más o menos importantes. Todos lo esperaban, y así nadie se sentía ofendido. Al menos esperaba que la joven no se sintiera ofendida, pues en SU mundo era ella realmente quien dominaba. “Buena jugada pequeña”.
Isolda Lamartine - March 13, 2006 05:23 PM (GMT)
Y luego fue Magíster Schoale Lady Nathaniellla Vassilli, bani Björnaer, llamada por todos los miembros de su casa como Knox, La Esencia, la que hizo su aparición. Atada por lo general a las formas definidas del cuerpo humano, pero rebelde a ellas, eran sus ojos dos tizones ardientes y su piel no menos clara que quemaba y brillaba, y sus cabellos eran rojas flamas pues sabía que en aquel mundo nada podía ya atarla. Sus manos garras poderosas y gigantes, y sus pies como de tigresa, y los pelajes que las recubrían también eran llamas pero tranquilas, como de velas.
De la imagen somnolienta de la sombra que uno de los elementales que flotaban iluminando creaba, esta fantástica aparición tuvo lugar, y su voz como de trueno hizo retumbar la construcción, y el anciano pensó que las jóvenes tenían una extraña necesidad por dejar ver su poder y sonrió.
Ambas damas se presentaron como se debe, pues aunque ambas habían escuchado historias de la otra, ninguna de las dos había jamás trabado palabra con su congénere, y a pesar de su poder y su entendimiento, se sintieron amenazadas en su orgullo pues serían las dos únicas féminas en aquella reunión.
Isolda modificó con una sonrisa el asiento de la bruja para que no fuera exterminado, y esta tomó asiento, esperando.
Isolda Lamartine - March 19, 2006 12:13 AM (GMT)
Y no eran los únicos en llegar en misteriosas formas. De los Magi de la casa Criamon se decía que eran misteriosos ilusionistas, que viajaban toda su vida por mundos efímeros, tocando con sus manos materiales objetos soñados e inexostentes, imposibles. Se decía que muchos de sus Archimagos terminaban su existencia convertidos en ideas o en creencias populares, lo que no era nada raro.
Isolda no conocía a ninguno. De hecho, casi nadie conocía a ninguno de ellos.
Este era como los demás, y sabía que usaban esa frase sin sentido para referirse a él; ¿qué más podría decirse de alguien que lejos de parecer un respetable mago, parecía un ridículo bufón de corte?
Aclarando entonces que un bufón de corte es para un hermético muy diferente que para un cortesano, pasemos entonces a hablar del Adeptus Major Lord Benjamin Fuller Beeaumetrais, bani Criamon, el Ladrón de las Doce Puertas, de las Doce Manos, de las Doce Horas.
Miraba con su amarillenta pupila a los que ya se habían reunido, y en su rostro no había expresión alguna. Era con mucho el más joven de todos -excepto, tal vez, Isolda-, y tenía una sonrisa de valentía y orgullo tan propia de la juventud que ni Lady Nathaniellla Vassilli Lord Michael James Britton Butler, se molestaron en mirarlo más de lo necesario, y en dirigirle las palabras del formal rigor hermético.
Más había algo más allá en él, y todos, a pesar de su conducta, sabían que perfectamente su nombre, su rostro e incluso su alma podían ser otras, pues en aquel mundo que Lady Isolda había preparado, si alguien podía desenvolverse mejor que ella misma, era el enviado de la casa Criamon.
Isolda sabía quién era; ella misma le había rogado asistiera a la reunión, pues en otro tiempo eran los miembros de esa casa, incluyéndolo a él, quienes se habían ocupado del mundo de los espíritus, auqnue con un acercamiento diferente.
Ahora, esperaba la Magister Mundi, tal vez fuera él y la casa que representaba su mayor aliado. Era riesgoso, y podría ser perfectamente un simple juego, una hermética bufonada, pero era necesario arriesgarsea tener un aliado de esa magnitud e inestabilidad.
Isolda Lamartine - March 19, 2006 12:25 AM (GMT)
Frederick von Cavack; Magister Scholae Frederick von Cavack, bani Flambeau, el Desollador. Infeliz nombre el que se había ganado ese hermético, quien con la punta de su espada siempre al frente y con el único objetivo de tomar venganza, era quien había despojado más cuerpos de sus vidas en los campos de batalla transilvanos.
Su nombre corría sobre los campamentos de los Tremere y sus aliados como un augurio de muerte, y los cuerpos de los infelices temblaban menos que sus corazones; levantar una espada en su contra era sinónimo de suicidio, y hablarle tan inútil que sería más sencillo lograr que una roca cantase odas órficas.
Sus ojos hundidos bajo espesa cejas, su rostro cruzado por multitud de cicatrices de batalla, su rictus más de muerto que de vivo, su cabello revuelto siempre, y el aura de fuego, de lava, de muerte, más aterradora por mucho que la de Lady Nathaniellla. Su espada así mismo era famosa, y era la que en parte le había dado su nombre. Era conocida como la Desolladora. Las leyendas que circulaban entre los jóvenes herméticos decían que su acero había sido tallado por los dioses, durante cien años y un día, y narraban terribles sacrificios de vidas humanas y animales de gran coraje destinados a dotar a la espada del instinto del cazador y de librarla de los pesares de los hombres y de los metales.
Más vil entonces que ella, se decía, era él. Y sin duda el que más difícil sería convencer. Sus intereses distaban mucho de los de casi todos los otros herméticos, y pocos hechiceros en la orden estaban dispuestos a contradecirlo. Isolda sabía a quién enviaría el Primus de la casa Flambeau; y sabía que estaba en peligro en cualquier otro lugar; no allí, donde la hoja y su portador eran menos poderosos que sus ilusiones o sus sueños.
Le recibió con gran condescendencia, sonriéndole de manera tímida, dejándose ver más débil e intimidada, y con presteza le ubicó en la silla preparada para el Consejero de la casa Flambeau.
Isolda Lamartine - March 19, 2006 02:40 PM (GMT)
Naide creía que estos dos Magi pudieran encontrar el lugar en el que celebraba la reunión; la fama inmerecida que tenían los miembros de estas dos casas de no dominar los caminos de la magia, siempre les había deparado las mofas y burlas de muchos herméticos; era cierto que no era de su interés el control de la teoría mágica, de la palabra, de la trasmigración de las almas, el estudio de los astros. Sus intereses eran más... mundanos.
Pero no sólo habían encontrado el "lugar", y a Isolda eso la preocupó y le agradó en igual medida.
Los caminos de ambos Magi les había llevado a extraños lugares, donde hombres de diversas estaturas y costumbres predicaban cultos a dioses olvidados; a cortes orientales donde misteriosos reyes-dioses hacían las veces de dadores de vida, dominando con movimientos de su voluntad las tempestades o las pestes. En aquellos lugares, entre aquellas personas, el sentido de la Estética había tomado en ambos, compañeros inseparables, una forma de tan pura esencia que muchos herméticos que buscaban el ideal de Belleza habían caído de hinojos suplicando por los secretos de la apreciación de la divinidad en formas terrenas.
Más ellos nunca compartieron nada demasiado alejado de lo que todos conocían, aunque aseguraban que nada más tenían que decir al respecto. Cierto era, a pesar de las acusaciones de... hermetismo ( :rolleyes: ) que muchos hacían de ellos. ¿Cómo intentar explicar de manera más complicada algo que en realidad es tan simple que pasa escondido a los ojos de todos aquellos que anhelan encontrarlo?
Poderoso juego lógico.
El mundo de Isolda, creado con poderosas emanaciones sentimentales, con puras ideas llenas de significados, con formas de la más perfecta factura y con una disciplina y orden tan férreos pero tan gráciles y dóciles como sólo un Magister Mundi puede lograr, se conmovió en sus cimientos cuando las melodías que guardaban bajo sus párpados, igual de puras y sencillas, entraron en profunda resonancia. A Isolda las melodías le acariciaron el alma.
Se inclinó para saludar a Alphonse Arnadu Masset Lebrain bani Jerhiton y a Djallel Farouk Tarek bani Mercere, Magister Schoale ambos; ellos le sonreían plácidamente, con un brillo fugaz en la mirada; Isolda, tranquila y sabia, les miraba con una sonrisa un tanto diferente, que los intranquilizó. Era justo lo que se necesitaba.
Isolda Lamartine - March 20, 2006 03:12 PM (GMT)
Aquel era el personaje que más anhelo tenía de ver; sí, anhelaba, auqne su corazón y su mente, sus poderosos sentimientos estuvieran encadenados y organizados en esquemas tan disciplinados que nada se le escapara y todo cuando en Ella discurría no le era desconocido. Pero anhelar era parte de lo que hacía de Isolda una hermética diferente; muchos dirían más débil.
No era el caso.
El anciano, Magister Mundi Francisco de Saucza y Zaragoza bani Merinita, el Sauce LLorón, Comendador de los Invisibles, Auriga del Viento, era el más sabio de todos los despertados que había conocido. Él, antaño, había regalado a Isolda un brote de Sauce Llorón, árbol que ahora crecía inteligente y frondoso en el jardín de la Capilla. Su cuerpo, con más de trescientos años según los más especuladores, con más para los reservados y buenos observadores, permanecía muy bien conservado. Los gustos del anciano eran extraños, producto quizá de su sangre feérica, y su piel en respuesta parecía la de una corteza de árbol, y sus cabellos helechos, y sus ojos tan antiguos como las rocas de las que sacaban estos seres su alimento cuando aún no había hombres en la tierra.
Sus movimientos lentos y acompasados y su respirar casi nulo, su eterna sonrisa juguetona, hacían de él un factor ciertamente intimidante. Era un asceta, y prefería viajar en los territorios del Ensueño más que en la tierra de los hombres, y pocos le veían, y cuando lo hacían era una experiencia reveladora o... terrorífica.
Ahora estaba aplacado. Isolda se inclinó conr everencia ante el anciano, saludándolo con su intermiable cadena de nombres, que eran su Nombre; pocos los conocían todos, pero los Magister Mundi que se dignaban de serlo tenían que conocerlos, porque él era el más viejo.
Él, a su vez, la saludó con formalismo y cariño, como si fuera su padre. Y luego, saludando a cada uno de los invitados a la reuníón, fue guiado por la misma Isolda hasta su asiento.
Isolda Lamartine - March 27, 2006 05:53 PM (GMT)
Los jueces y sus aliados eran políticamente los más influyentes en la Orden, a pesar de no tener las habilidades de los Magi de las casas Mercere o Jerhiton; eran los que repartían leyes, los que impartían justicia, los que más premios obtenían cuando el juzgado ofrecía una buena recompensa; los que un trabajo, en fin, más duro tenían en la Orden. Recordaba aún el primer jucio oficial hecho contra un Magus de la Casa Tremere; todo el Consejo se había reunido, y el peso que recaía sobre el tribunal Quaesitor era insoporable incluso para los que nada tenían que opinar, que sólo habían acudido para aprender.
Los últimos tiempos les habían sido desfavorables pues habían cometido muchos errores de tanto calibre, que cientos de Despertados habían perdido su vida gracias a ellos; y se lo reprochaban así mismos día tras día de su existencia: primero la exterminación total de la Casa Diedne, debido a la debilidad del Primus Quaesitor para resistir las silabantes proposiciones del Mil Veces Maldito Tremere; luego su retraso a la hora de cazar a los traidores y corruptores, con el consecuente estallido de la Guerra Massasa que todos los herméticos con más de veinte años como despertados recordaban crudamente, con dolor.
Él era entonces un invitado a tener en cuenta; resentido como casi todos los miembros de la casa por las continuas humillaciones a que se veían sujetos; irónics como defensa y con un sentido tan torcido de la rectitud que casi se sentía uno inclinado a pensar en que hubieran podido ser los más atrevidos geómetras batini los que pensaran de ese modo. Y encima era un archimago.
-Magister Mundi Lord Clasius von Hagen, bani Quaesitor, Comendador de los Olvidos, Lágrima de Tyfun en el Exilio, os doy la bienvenida a mi humilde morada y os agradezco el que hayáis acudido a pesar de vuestras obligaciones.
Isolda hizo una graciosa reverencia ante la figura que la mriada fríamente desde su gran altura, que casi llegaba a los dos metros y medio; el cabello sumamente cuidado, el traje elaborado con cuidadosa magia mental era perfecto en el conjunto, muerto, sin embargo. Sin palabras de más o de menos, simplemente frío, inaccesible, respondió con la misma formalidad la bienvenida de la joven insulsa, y esperando cortésmente su invitación a tomar asiento la siguió.
Así, años después, serían los líderes de la Orden de la Razón, y sería Clasius su más voraz enemigo, consciente de los errores que su Casa había de pagar para no terminar en el Olvido.
Isolda Lamartine - March 31, 2006 03:32 PM (GMT)
A él lo conocía, y no poco. No mucho tiempo atrás él había regentado aquella Capilla, en su ausencia, y había dejado claro el dominio de la Orden entre los magos que iban y venían de París, manteniendo a raya al peligroso Aloisius que con su semblante amable a todos conquistaba. Más en aquella Capilla eran otras las reglas y otros los requerimientos, y Jean Baptiste Favertier, bani Verditius lo había sabido aprovechar como se debía.
Había dejado a su Aprendiz siendo un pequeño Practicus, ahora se sorprendería de ver lo profundo que había llegado Geraud en el conocimiento de la realidad bajo la tutela y las preguntas socráticas que Isolda nunca dejaba de hacerle; le sorprendería también saber que ambos herméticos se habían internado en el oscuro camino de Representar el universo, de hacer un poderoso talismán con una imagen suya, y que el Adeptus Iniciatus había aceptado el reto que sólo a los Maestros estaba reservado.
Las obligaciones en Roma del Verditius no le impedían acudir al llamado de una amiga; se conocían y se respetaban, y no disimularon la felicidad que a ambos les dio el ver al otro, con sabia mirada en el rostro y sabias palabras esperando el momento oportuno para liberarse de sus ataduras.
Así pues Isolda guió al Maestro de Geraud a su lugar en la mesa que en aquella ocasión reunía a muchos de los Magi más importantes en la Orden de Hermes.
Isolda Lamartine - April 4, 2006 01:13 PM (GMT)
El último hilo en el perfecto entramado que se había estado realizando desde hacía ya muchas noches, empezando con la primera piedra en aquel lugar de ensueño, estaba a punto de ser terminado en la mente del artista; y no terminado de otros modos, pues era evidente que lo que desde ahora se daría era ni más ni menos que una reunión entre seres que, renunciando para siempre a su condición de Durmientes, se habían internado en el conocimiento de las Palabras y del lenguaje más allá de las limitaciones verbales o significativas, tomando desde la base a las Palabras mismas en todos sus significados y entresijos; unos más que otros, desde luego, pues Isolda sabía que su dominio de los Conceptos era grande, y su entendimiento de la Magia le daba más fuerza a esa Consciencia del mundo de las Palabras.
Magíster Scholae Lord Eduardo de Castilla, bani Tytalus se inclinó con deferencia ante Isolda, sonriendo complacido de haber acudido a esa reunión que, vaticinaba, tan importante sería para la Orden de décadas venideras, o incluso antes si la Bonisagi era suficientemente contundente, como él adivinaba, lo sería.
El Tytali había tenido ya relaciones importantes con la Archimaga, lo que ambos les daba confianza en el otro. Esas relaciones estaban basadas en el mutuo esfuerzo por no perder de vista a los Traidores Tremere después de terminar la Guerra de los Cien Años. Cuando el Tribunal de Primus se reunió contando las pérdidas humanas, temporales, conceptuales, el desánimo y el odio, haciendo, en fin, una contabilidad general de los costos en todos ámbitos de la guerra contra la Casa Tremere, Sandro e Isolda, junto a otros estudiosos Bonisagi, habían apoyado indefinidamente a la Casa Tytalus en pleno a ejercer vigilancia sorbe los Tremere, a aprender de ellos, y a ofrecer su conocimiento ocultista para la profundización de los Tytali en el conocimiento sobre los Massasa que tanta falta había hecho en los Cien años de Tragedia que acababan de terminar.
Así pues, cinco meses de reuniones, movimientos de Sa* e influencias, lograron que los únicos depositarios de la confianza de seguir, espirar y estudiar a los Tremere, fuera la Casa Tytalus, en detrimento de los Quaesitori que pedían ese favor, al igual que la casa Flambeau.
Eso le costó enemigos a los Bonisagi, Bjöenaer, Mercere y Verditius que apoyaron la propuesta, sin precedentes pues exigía una excepción en el Código de Hermes que regía a la Orden, pero les valió así también la complicidad de la Casa Tytalus y la obvia posibilidad de estudiar ellos mismos a la interesante raza de cadáveres, los Massasa. Lord Eduardo era entonces deudor de Isolda y la apoyaría en lo que ella considerara necesario.
Tomó asiento luego de saludar a todos los presentes, uno a uno y como se merecían.
Isolda, viendo el Consejo completo, así mismo tomó asiento. Ahora empezaba el verdadero juego.
*La intrincada línea de favores que se mueven en la Orden y que constituyen prácticamente toda su política.
Isolda Lamartine - April 24, 2006 05:12 PM (GMT)
Los magos, con Isolda a la cabeza, sabían que aquello era importante; era un hecho que potencialmente podía cambiar los hilos de la Orden en el tapiz por lo que quedaba de su historia sobre su tierra, historia que todos, orgullosamente, sabían eterna. La carta que muy formalmente habían recibido los Primi de las Casas hacía ya varios meses había estado en conocimiento de estos Senescales, que habían decidido, en conjunción con sus superiores, asistir a lo que la Magíster Mundi proponía.
En largas líneas, con mensajes entre líneas y sobre ellas, con mensajes incluso en la cuidada caligrafía, la Magíster Mundi les avisaba de un avance importante en el conocimiento de una faceta, según ella, de la Realidad que no era cubierta por los Forma que la Orden aprendía y enseñaba. Tal clase de comentarios siempre habían suscitado risas despectivas y comentarios burlones entre los Primi ; claro, no era la primera vez que un hermético ambicioso hacía un anuncio de tal calibre, y siempre el Primus de la Casa a la que pertenecía el ponente del nuevo Forma era visitado por uno, cuando mucho dos, emisarios de algún rango, saliendo con más risas de la entrevista.
Este caso era especial por muchos motivos.
El primero de ellos era, por supuesto, el Renombre de Magíster Scholae Sandro Iván Artois D´Vicrer Salazar, reconocido en toda la Orden por sus estudios concienzudos y útiles sobre los Massasa, que habían aportado herramientas poderosas en sus luchas contra ellos. El que Isolda hubiera sido su Aprendiz era algo de mucho peso, debido a que casi todos los Primi de la Orden en ese momento debían grandes Sa a Sandro, y algunos incluso a Isolda.
El segundo era, por supuesto, que fuera Isolda quien hacía la propuesta. Era una de las más jóvenes Archimagas que tenía la Orden en el momento; era, de hecho, una de las pocas Archimagas que había en la Orden en ese momento. Su juventud y su poder no podían pasar desapercibidos, y muchos de los herméticos que la conocía, por fortuna para ella dos en el Consejo y varios influyentes Bonisagi consejeros y sabios, ponían por ella la mano en el fuego, confiados en que la sabiduría de la Archimaga no pondría sus nombres en juego. Esa era su esperanza. Estaban realmente arriesgando mucho, pero sabían que si Isolda no les defraudaba sus ganancias serían superiores a cualquier pérdida.
Y en tercer lugar, más allá del poder intrínseco que daba a Isolda el ser Maestra del Noveno Círculo de Conocimiento, se encontraba el hecho de que fuera la Regente de Le Ictus, una de las Capillas más importantes de Europa por el poder del túmulo que yacía bajo ella, y que a pesar de la fuerza de las Voces Mesiánicas en el Reino Franco, aún mantuviera la mitad –incluso el total, dicen algunos- del control sobre el Nodo de esa Capilla. Para el Consejo tener la enemistad de alguien en esa posición de ningún modo era beneficiosos.
Así que, con el consentimiento de quienes irían a observar y escuchar, los Primi aceptaron la propuesta, luego de largos meses de deliberaciones y consideraciones. A pesar de todo la decisión se tomó relativamente rápido –y más considerando los promedios de demora de la burocracia hermética.
Isolda Lamartine - April 24, 2006 05:14 PM (GMT)
Frente a cada uno de los herméticos cinco gruesos tomos aparecieron. Los cinco, fabricados con la misma materia efímera del sueño, ululaban entre lo imposible y lo posible, siendo siempre improbablemente físicos en un lugar donde algo como eso era imposible. No era necesario ser leído, porque en aquel lugar donde todos eran fragmentos de mente, todo lo que estaba constituido por la misma esencia caía libremente desde los “ojos” hasta el fondo del mismo ensueño consciente de los presentes.
Y no eran palabras las que Isolda pronunciaría, ni ninguno de los presentes. Por eso en ese lugar, porque Isolda deseaba poder comunicarse en un nivel de lenguaje mucho más elevado, más puro y honesto, más fidedigno y poderoso que el mortal: lenguaje que sólo los Maestros en la Forma Corona podían entender y usar con libertad, ampliándose así las posibilidades que se presentarían y saltando sin ninguna dificultad las primeras barreras que suponía cualquier acto comunicativo.
[Por obvias razones yo escribiré lo que “dicen”, pero debe entenderse que no están “hablando”]
-Tiempo ha que entre nosotros, en la Orden de Hermes, en cabeza de varios de los Viajeros Astrales más avezados, ha crecido la duda sobre la existencia de planos diferentes de la Realidad, y la posterior confirmación de esta existencia ha sido acogida con frialdad por el Consejo de Primi pues un acercamiento ha sido siempre posible enlazando Mentes, Ideas y Sueños, pero siempre limitado por la confirmación del mismo Bonisaguis de no poder llegar excesivamente lejos en nuestros viajes Astrales en ese mundo que no es el mismo mundo de las Ideas.
Recorrió rápidamente los rostros de quienes la escuchaban atentamente: variaban importantemente de uno a otro, pero aún no había dicho nada así que sería mejor esperar antes de poder siquiera arriesgarse a predecir una reacción, cualquiera esta fuera.
-Muchos de vosotros habéis, estoy segura, cruzado las barreras que nos impiden mirar el mundo donde los Daemons habitan, y han entablado alguna comunicación con los seres que se mueven en ese mundo Inaprensible, con sus mentes, y han visto con sus ojos lo que no pueden con los vuestros propios. Muchos más han intentado cruzar definitivamente la barrera, en carne propia, y han lanzado poderosos hechizos procurando empezar ese viaje. Y no nos es a ninguno desconocido el poder de la Invocación, que atrae a nuestros círculos de protección a seres de esos mismos mundos y de otros aún más lejanos.
-Ahora es necesario hacer una mirada nueva a la división de la Realidad, y se hace necesario porque es evidente que nuestra capacidad no la cobija completamente. No quisiera hablaros de lo que ya de sobra conocéis, pero se me hace necesario para que la línea de mi discurso sea completamente entendida en todas sus facetas y todas sean convenientemente evaluadas antes de que podáis juzgar cualquiera de mis afirmaciones.
-Todo lo existente proviene, como bien sabéis, de la Mens Divina, del Intellectus Mundi, sagrado huevo caótico creador y destructor al que nosotros nunca le quitamos la “vista” de encima. Perseguir la Iluminación es perseguir la sabiduría que espera a quien alcance la Mens Divina y pueda ser Demiurgo en el mundo que ya ha sido creado; modificar su curso, transformar las mentes y los cuerpos, las fuerzas naturaleza y las ideas es sólo parte, es sólo una vera, en el verdadero camino de la Iluminación; y no es ser totalitaria en mi opinión al decirlo de ese modo, pues estoy segura a muchos de vosotros ese pensamiento no os es desconocido. Bajo él, en un nivel que es donde la mayoría de nosotros se mueve, el Spiritus Mundi, es un lugar de magia imperecedera donde las Ideas Vagan en sus formas originales, aun caóticas, esperando el momento de tomar una forma o definir una manera de acción, siendo ellas entonces las ideas fundamentales, las creaciones primigenias antes de la existencia, las verdaderas semillas de las que germina desde el más ínfimo de nuestro cabello hasta la más grande de las construcciones herméticas, pasando por la montaña, la piedra, las rabias y las desesperaciones de los que las ponen de pie.
-Y es a esta esfera a la que me quiero definir, dejando el Materia Mundi sin mención en este momento.
Ahora era un buen momento: silenciosos todos los Magi permanecían atentos a lo que la Magíster Mundi decía, intentando los más inteligentes y sabios adivinar el próximo apunte, y los más desesperados, impacientes porque “dijera” de una vez lo que ellos querían escuchar para poder dejar finalmente aquel lugar y volver a sus ocupaciones.
Isolda sonreía para sus adentros. Se sentía nerviosa, obviamente, pero nada de esto permitía fuera observado por los Senescales, y según creía, avanzaba según sus deseos.
Isolda Lamartine - April 24, 2006 05:16 PM (GMT)
-Nuestro más grande orgullo frente a las Tradiciones Místicas que además nuestro deambulan por el Mundo de la Carne, es que en no pocas oportunidades nosotros podemos dejarlo, dejar este mundo, y llegar con nuestras Mentes a lugares donde están las ideas increadas, puras, en perfecto estado de germinación. Estudiar este mundo ha sido interés de pocos de nosotros, pues la mayoría lo aprovecha para mejorar sus ideas, para obtener unas nuevas o para observar el ondular de las mentes de los que le rodean o no, según sus deseos. Pero [i] Magíster Scholae Sandro Iván Artois D´Vicrer Salazar, bani Bonisagus, Dragón de los Cinco Vientos, Cumbre de la Montaña de Fuego, ha dedicado gran parte de su vida a estudiar este misterioso mundo que nos acoge muchas veces como sus invitados.
-Varios de vosotros habéis conocido los resultados de sus estudios, y otros muchos de vosotros personalmente han aportado datos e ideas en su elaboración, así que no tiene sentido que me refiera más que a las finales conclusiones: este mundo depende de todos los pensantes, y no es independiente a ellos más que en un sentido muy abstracto. Quiero decir que es construido día a día por todos aquellos que piensan, y cada ser sobre la Tierra aporta en mayor o menor grado a su crecimiento, con sus pesadillas o sueños, con sus esperanzas, ambiciones, odios, fantasías, creaciones e intelecto. Sin seres Pensantes el Mundo de las Ideas, al que viajamos, no sería más que un estado de traspaso donde podemos dirigirnos de un lugar a otro y observar el Mundo de la Piel, más nada que sobrepase este hecho.[/I]
Silencio. Sin embargo ya comenzaba a esclarecerse el rumbo que tomaría la Magíster Mundi, y algunos ya comenzaban a preparar sus argumentos para rebatir su posición o para apoyarla. Así se movía dentro de la Orden, y por lo visto esta reunión tomaría meses en ser completada. Isolda, que nunca tenía prisa, a pesar de todo, estaba consciente, segura, de que aquella reunión tendría un rápido final y se definiría a su favor por una votación mayoritaria, a pesar de lo que dijeran sus detractores.
-Y eso es importante en demasía por las implicaciones que tiene para nuestra concepción del Spiritus Mundi: de él salen las ideas, las formas que han de ser llenadas de materia, o los sueños que han de ser llenados de materia efímera, salen el curso de la historia y el crepitar de las llamas, en él se originan los colores de nuestros ojos y el menor olor de la más pequeña flor, la maldad de los hombres o su ambición, las lenguas que los hombres usan para transmitir sus secretos o sus odios, y por supuesto, el tiempo, la vida, los caminos, las muertes. El Spiritus Mundi, ese nivel de la Realidad, es cáliz alquímico para todo lo que vivimos día tras día en el materia Mundi, y todos lo tenemos claro pues así fue escrito y comprobado por Hermes Tres Veces Grande.
-Pero entonces el Mundo de las Ideas no es el Spiritus Mundi y no se le parece en nada, excepto en su constitución efímera, onírica e inaprensible por nuestras manos carnales, más sí por nuestros espíritus elevados. Muchos consideran que hablar de las divisiones de la realidad en jerarquías tales es simplemente una metáfora, una manera de enseñar nuestros Forma según esas mismas divisiones, siendo Vires y Anima el primer escalón para poder arribar a Corona, y este finalmente la llave para poder comprender Primus, que nos permite controlar y entender la energía básica del mundo en el que vivimos, completamente. Pero, ¿y si no fuera una metáfora?
Un cuchicheo por fin irrumpió la silenciosa sala. Muchos de ellos, especialmente los que en su día a día batallaban y perseguían Massasa, Tremere que aún conservaban su vida u otros peligros, consideraban aquello una ridiculez completa; otros, los más extremos y cercanos a las maneras de Isolda, guardaban silencio con una sonrisa entre los labios; aquella manera de decir las cosas era completamente adecuada, y a ellos, los que pensaban como Isolda, no les cabía duda de que los demás pronto estarían de acuerdo con ellos.
Isolda Lamartine - April 24, 2006 05:24 PM (GMT)
-Así es. Yo he visto una representación de la Mens Divina y sé que no es metáfora, he visto un lugar donde nada tiene forma y todo se crea, donde se da el origen verdadero del mundo. Os hablaré de eso, y veréis lo que yo vi.
Sonrió abiertamente. Había sido muy duro para ella, y había vislumbrado, además de aquella perfección, la locura acercársele de un modo peligroso. Y sintió miedo, pero sobrevivió, de algún modo, aunque sabía que algo esencial en ella había cambiado.
-Sucedió el seis de Agosto; yo dormía, y mi mente viajaba por diversos Reinos Oníricos interesada por sucesos que estaban aconteciendo rápidamente en el mundo, un revolcarse en sus cimientos que seguramente algunos de ustedes habrán sentido también.
Y en efecto, varios rostros se removieron, asustados de saber que no haber sido los únicos; ese tema debería ser tratado en posterior reunión, pues el poder que ellos habían sentido desde lejos, sin atrever a acercarse, no había sido una ilusión como creían. Ellos eranFrancisco de Saucza y Zaragoza, Lord Benjamin Fuller Beeaumetrais y Lord Michael James Britton Butler, y asintieron ante las palabras de Isolda.
-Yo me acerqué temerariamente a ese gran poder. Me acerqué es difícil de decir, porque estaba en todas partes, y seguramente los batín se hubieran sentido identificados con aquello que yo experimenté cuando estuve más adentro: sin formas, como dije, muchas eran las mentes que se fundían en una sola y una sola eran, una sola. Antes yo las había visto “acercarse”, pero luego vi que ellas, aunque aparecían independientes en nuestro esquema de las cosas, no lo eran, sino que eran parte integrante de esa otra, que no era sólo una mente, sino un alma, un mundo, una forja, un origen. No lo soporté mucho tiempo, y cuando aquel mundo se dio cuenta de mi presencia, tuvo que dejarlo.
Para estar diciendo lo que estaba diciendo, algo que suponía un gran peligro y una gran tentación, a todos les sorprendió que el tono de su “voz” no variara en lo más mínimo.
-Pero antes de eso, años atrás, cuando aún era el Dragón de los Cinco Vientos mi maestro, ya este asunto a ambos nos interesaba, y mientras él se ocupaba de estudiar el Mundo de las Ideas, yo iniciaba un contacto por la vía de nuestra Forma, Corona, con diversos seres de Naturaleza efímera. Y es allí donde esa investigación se torna en sumo grado importante, imprescindible, porque estos seres con los que yo hablé, Daemons habitantes de mundos elementales, con naturalezas ígneas, eólicas, geológicas o hídricas, son independientes de cualquier cosa que nosotros podamos pensar, sus existencias son independientes al Pensar del Mundo de la Piel, no son modificados por nosotros y no tienen su origen en ningún punto coincidente con Nuestro Pensamiento. Ellos han existido desde siempre.
Un nuevo murmullo, esta vez más fuerte, terminó con Magister Scholae Frederick von Cavack, bani Flambeau, el Desollador, de pie. Un gesto gentil pero poderoso y autoritario de Isolda le hizo dudar, y para sorpresa de todos se sentó de nuevo. Primera batalla ganada.
Isolda Lamartine - July 2, 2006 06:44 PM (GMT)
-¿Desde siempre, dice?
Isolda asintió.
-¿Y eso cuándo fue?
Lo esperaba; era una cuestión obvia, y para eso ella se había estado preparando, estudiando el devenir del Tiempo y preparándolo como bastión más poderoso de su defensa de Spirituus. No podía dejar hilos sueltos, y menos ahora que más de uno de los Senescales, que a diferencia del Flambeau, había adoptado un rostro sonriente y escéptico pues ya estaban acostumbrados a ganar todos juntos en discusiones que tuvieran justo es tema; pero Isolda era hueso duro de roer y su trabajo no había sido hecho a la ligera.
-Cuando fue.- Una risotada en el fondo del salón, pero claro, aunque parecía una respuesta fácil e incluso tonta, no lo era en absoluto, y la sonrisa algo irónica pero siempre gentil de la poderosa Bonisagus fue el preámbulo de una discusión que parecería luego interminable.
Isolda Lamartine - July 2, 2006 06:45 PM (GMT)
-Sabed que el Tiempo no tiene origen, entendido este como el nacimiento o la creación de algo. Insistir sobre ese asunto es duro, sino imposible para nosotros, simples mortales perecederos. Asumir que el tiempo fue creado implica que su creador estaba atado a una línea temporal, más esto no es completamente cierto; de hecho es una ligereza, sabiendo ya que los griegos, precursores de nuestro pensamiento, hicieron un esfuerzo monumental por acercarnos al devenir del destino.
Larga fue entonces la disertación de Isolda sobre el tiempo griego, y entre idea e idea, varios de los presentes hicieron apuntes, correcciones o preguntas, pues no era Isolda gran conocedora de las palabras de los antiguos herméticos. Y entre punzada y punzada, entre apunte y apunte que hacían uno u otro, algunos rostros dejaron de ser tan agresivos o malhumorados, y finalmente la vena que todos llevaban dentro a pesar de sus filiaciones a una casa despertaron, y cuando ya varias horas habían pasado, horas entendidas en el sentido mortal mas en aquel mundo el tiempo no era igual, ellos lo entendieron pues era esa la mayor de las evidencias.
No lo compartieron todos, desde luego, pero esa parte del asunto estaba ya clara: el origen de la Mens Divina era un asunto inabordable por ellos en aquella discusión, y mientras uno u otro sacaba a colación discusiones de años llevadas a cabo por anteriores Concilios, fue quedando claro que no era un punto tan fundamental pero que merecía la completa atención, a pesar de que bien pudiera parecer una ironía:
La Mens Divina, creadora final de todo cuanto existía, el Uno de los Ahl-I-Batín, era las Fuerzas de la naturaleza, la Mente en su estado puro sin relacionársela con seres mortales o inmortales, la Vida sobre la tierra y finalmente la esencia pura de las cosas, la magia y fuerza que todo lo movía con omnipotencia, la fuerza dominada por Primus, el más grande y más misterioso de todos los Forma de la Orden. Más allá de eso estaba sin embargo el Tiempo, y todo confluía en la Mens Divina; el ser increado le daba el carácter ambiguo de la Eternidad no era tal si se comprendía la Grandeza de la Totalidad. Más ese era el camino hacia el Intellectus Mundi, y no todos allí dominaban tal poder. De hecho ninguno de ellos lo hacía.
Si algo estaba “desde siempre”, si no podía marcarse el inicio de su existencia, era simplemente porque había sido creado cuando el Tiempo mismo había sido creado, y por tanto los Demiurgos creadores, la misma Mens Divina, había sido su progenitora.
Isolda Lamartine - July 2, 2006 06:46 PM (GMT)
Isolda sonrió.
-¿Ahora lo entendéis? Ese mundo que se mueve tras el nuestro es un mundo diferente. Allí, tal y como ya lo sabemos, el Spiritus Mundi toma su fuerza y su máxima expresión. ¿Cuándo nació la primera mente? Fue una mente la que forjó el mundo. Por tanto no puede marcarse su origen. Y este mundo mágico y misterioso ha sido desde siempre el hogar de seres que no tienen tiempo: Dragones, Gigantes, Quimeras, Centauros, Unicornios, Elementales de las Montañas del Mundo, de los Ríos del Mundo, de los grandes árboles del mundo, espíritus hechos de su propia esencia independiente a la nuestra y a la materia de que están hechas las mentes, seres sin tiempo equiparable al nuestro, que pueden vivir centenares de siglos humanos en un abrir y cerrar de ojos, seres antiguos como el Búho, el Halcón, la Tormenta, la Avalancha.
Suspiró para sus adentros.
-Los que hay aquí que hayan compartido experiencias con seres Elementales o con Demonios o Ángeles y se hayan preocupado por hacer de ellos más que simples partes en un Trato, sabrán bien que nos miran con respeto pero entendiendo que ellos son más viejos. Preguntad a alguno sobre su edad. Preguntad a alguno sobre el lugar del que viene. Preguntad a un Lobo sobre su mundo.
La mirada de Isolda se giró inmediatamente hacia Magíster Schoale Lady Nathaniella Vassilli, bani Björnaer, Knox, La Esencia, quien de buena fuente mantenía trato ventajoso con los Lobos, e incluso pasaba largas temporadas entre ellos. Esta sonrió. Sus ojos como llamas inundaron toda la habitación, y una voz flamígera también hizo que todo fuera silencio mientras se expresaba.
-No es para ninguno de vosotros un misterio que mi Casa tiene fama de tener poderosos cambiantes y relaciones con los seres que comparten este mismo instinto metamorfosista. Yo he vivido entre los Lobos, aprendido su cultura y luchado junto a ellos en su guerra por defender a Gaia, y he aprendido muchas cosas, entre ellas una que iluminará esta discusión.
Miró a Isolda, pidiendo su aprobación para continuar, y esta con un gesto de la cabeza la autorizó a proseguir.
-Los Lobos tienen una tradición oral poderosa y aunque no guardan textos escritos, al menos no que yo sepa, sus bardos tienen la misión de jamás dejar olvidar sus historias. No en todas las narraciones me ha sido permitido estar presente, más sí en varias y esto es lo que escuché sobre lo que dicen de la creación del mundo: Inicialmente dos esencias habitaban en la tierra, una llamada Kaos y una llamada Wyrm. Kaos es el cambio, el Wyrm era la Destrucción. Ambas estaban en equilibrio, y mientras Kaos creaba el Wyrm devoraba, ambos felices por lo que estaban haciendo. Pero se cansaron, y ambos decidieron crear una tercera esencia primigenia, a la que llamaban Tejedora. Esta ordenaba lo que Kaos creaba, y Wyrm devoraba lo que quedaba ya ordenado.
-Procuraron ordenarse, y así lo hicieron. Entonces crearon el mundo de los Espíritus y el más grande de ellos fue Gaia, la Tierra, y crearon a sus defensores, los Lobos. El Wyrm creó a sus propios espíritus, que atacaban a los seres espirituales que comenzaron a habitar en Gaia, y Kaos y Tejedora crearon poderosos seres llamados Celestiales con autonomía suficiente para crear a sus propios vasallos para defender la Creación de Wyrm.
-Esto es lo que ellos dicen, y su esencia mitad espiritual y mitad mortal da testimonio de eso, y uno o dos viajes que yo he realizado más allá de las fronteras lo atestigua aún más. Cuanto dice Magíster Mundi Isolda Lamartine es cierto y correcto a mis experiencias y a las de toda una raza.
Un nuevo silencio se hizo en la sala. Una nueva batalla estaba ganada, y las palabras de Nathaniella le habían dado una baza más que jugar. Justo como lo esperaba.
Isolda Lamartine - July 2, 2006 06:48 PM (GMT)
-¿Y entonces? Preguntó desafiante Magíster Scholae Lord Eduardo de Castilla, bani Tytalus, -¿Qué se supone que significa eso? ¿Qué tenemos todos que viajar para llegar a ese mundo maravilloso? Tiene que tener en cuenta, Magíster Mundi, que nuestras vidas se mueven en este reino de carne y hueso, que nuestros enemigos están en este mundo de carne y hueso, y que nacimos en este mundo y en este mundo moriremos. Los Lobos, bravos guerreros, tienen capacidades que me son desconocidas y no puedo dar completa veracidad a las palabras de Lady Nathaniella.
Los ojos llameantes de la bruja se crisparon y sus cabellos como llamas crepitaron con fuerza. Isolda levantó una mano, deteniendo lo que podría terminar bastante mal, antes de que sucediera, y su voz fue contundente dirigiéndose al Tytali.
-Magíster Scholae, vuestra dedicación en la persecución y seguimiento de los Traidores Tremere os honran como a vuestra casa; pero los Tytali no nacisteis para seguir a los Tremere, ¿o sí?
El guerrero se puso de pie y con una mano levantada hacia Isolda gritó muy fuerte: Ingnitio. Isolda, sin mover una sola mano, sin mover los labios, miró la esfera flamígera que había salido de la mano del Tytali y esta cayó pesadamente sobre la mesa, convertida en una rosa.
Miró al guerrero a los ojos, y antes de que este pudiera decir nada se sentó de nuevo. Sus ojos se pusieron en blanco y dos segundos después caía pesadamente su cara sobre la mesa. Miró al resto de Senescales.
-Si algún otro pretende atacarme en mi casa, en un Concilio de la Orden de Hermes, ya sabrá lo que le espera. Miró a todos lados, y como todos permanecían en silencio continuó.
-Como decía, no nacimos dentro de nuestras respectivas Casas. El interés de todo hermético que haya Despertado, es en últimas aprehender completamente a la realidad. Lord Bonisagus y Lady Trianoma pensaron en esto, y a los fundadores de cada una de las casas así se los dijeron. Los métodos de estudio de la realidad, las diferentes maneras de acercarse a ella, fueron todas fundadas por tradiciones antiguas y todas son parecidas; pero el objetivo final era el mismo: Llegar a comprender el Intellectus Mundi.
-Inicialmente ellos consideraron que los aspectos que cubren nuestros Forma son los constituyentes últimos de la Realidad que deseamos conocer. Pero yo os he demostrado, o al menos lo he intentado con esta brevísima introducción, que hay uno más que antes se nos había escapado y que es necesario que dominemos para lograr completamente nuestro objetivo: Spirituus.
Un murmullo se levantó. Muchas voces dijeron lo que opinaban, y una interminable discusión de levantó, mientras el Tytali permanecía en su posición, inerte su cuerpo pero escuchando todo cuanto se decía.
Horas y horas debatieron sobre la realidad de aquella afirmación de Isolda, pasando por los antiguos límites impuestos por el mismo Bonisagus, hasta llegar a las evidencias que presentaban Magister Schoale Lord Michael James Britton Butler, bani Bonisagus, El Bibliotecario, Magíster Schoale Lady Nathaniellla Vassilli, bani Björnaer y Adeptus Major Lord Benjamin Fuller Beeaumetrais, bani Criamon, a quien Isolda no conocía de nada y para su sorpresa la apoyó; luego, por supuesto, quienes se esperaba que no estuvieran de acuerdo o que buscaran una ganancia política si presentaban el apoyo, hablaron, y fueron estos Magister Scholae Frederick von Cavack, bani Flambeau Alphonse Arnadu Masset Lebrain bani Jerhiton y a Djallel Farouk Tarek bani Mercere, mientras los demás permanecían en completo silencio, pensando las implicaciones que tenía todo aquello que la Archimaga había propuesto.
Isolda Lamartine - July 11, 2006 08:28 PM (GMT)
Y era de esperarse que la discusión se perpetuara, más Isolda no tenía por ello ninguna preocupación pues en aquel mundo Astral que ella había contruido, ni el cansancio mental ni el tiempo se daban tal y como ya eran conocidos, y quedaban siendo tan sólo un reducto de otros mundos, permitiendo que la discusión se dilatara en cuanto ella deseara. El objetivo, claramente, era que no hubiera una segunda reunión con los Senescales después de aquella, sino que, si era necesario, esta reunión se diera con los Primi.
Y se habló de las consecuencias políticas de enseñar un nuevo pilar a los aprendices y por tanto reconocer que otras facciones que antes eran consideradas en forma general bárbara tenían de algún modo razón, y además que los fundadores estaban equivocados o su visión era corta; se habló de las consecuencias mágicas que tendría que aquel pilar fuera incluido en las partes que conformaban el mundo como un todo; del tiempo que tomaría preparar adecuadamente nuevos aprendices.
Pero ya en ese punto Isolda entendía que la conversación estaba girando en torno a temas que de un modo u otro aceptaban la existencia de esta nueva realidad. Ella misma estaba emocionada, pero sabiendo controlar bien su rostro no exteriozaba nada y participaba la que más en los diversos temas que iban siendo tocados por sus compañeros de Tradición.
¿Qué seguía? Tenía que enseñar a ellos, en primer lugar, el nuevo pilar, para que sintieran lo que ella ya había sentido en carne propia.
Y así, tras tres largos días de acalorada discusión en el que el Magister Tytali tuvo la oportunidad de regresar, se escribieron siete gigantescos volúmenes con todos los reglamentos y promesas, complicaciones y sistemas de enseñanza necesarios para este nuevo pilar, y finalmente, la firma de todos los reunidos en nombres de cada una de las casas; a estos siete tomos se añadieron los quince restantes escritos por Isolda en la que se daban descripciones pormenorizadas y explicaciones, sistemas herméticos, correspondencias espirituales y alquímicas y una larga perorata sobre el mundo espiritual.
-Así pues, dijo Isolda, ¿quién de vosotros desea ser mi primer Alumno, ser instruido en eso que acabáis de firmar?
Lady Natahniela aceptó, e Isolda estuvo contenta de que hubiera sido ella.
-Entonces viajad a París, Magister Scholae, que os os recibiré con los brazos abiertos.
Ambas sonrieron, y lentamente, uno a uno, luego de las despedidas formales y llenas de entrecijos, cada consciencia elevada al Plano Astral regresó a sus respectivos cuerpos, donde no había pasado más que unas cuantas horas.
FDI: POr Fin el final!!!!!!!!