View Full Version: Paseando un rato 20-10-1225

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Title: Paseando un rato 20-10-1225
Description: Por la mañana


Gervese - March 10, 2006 10:50 AM (GMT)
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Alba de Piquet

La joven Señora de Piquet paseaba por la plaza de Grève. No era frecuente ver a una joven doncella caminar en solitario por aquel lugar público y concurrido, pero la redecilla con la que recogía su pelo y el grueso manto con el que se protegía del frío del otoño daban a entender que pese a su aparente inocencia, ya no era una doncella, sino una mujer casada. A juzgar por la calidad de sus ropas, casada con un comerciante. Probablemente su marido estuviese haciendo alguna gestión en el hotel de la ville y mientras ella le esperaba buscando algo con lo que entretenerse.

Gervese - March 25, 2006 10:14 AM (GMT)
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Gèrvese LeFèvre

El abad Gervese, llegó tambien a la plaza. Paseaba por allí, acompañado por un bastón, con la capucha de su hábito rojo retirada hacia atras, tomando el sol de la mañana.

Cuando Alba vió a Gervese se apresuró a saludarle.

- Señor Abad, que casualidad y que alegría encontrarle por aquí tan lejos de su abadía ¿teníais algun asunto pendiente con el obispo?

Gervese conocía bien a aquella joven. Sabía que desde que se había casado se aburría mucho, y se había vuelto una chismosa. Sí, ella tenía razón, había hablado con el obispo, en una burocrática, intrascendental, anodina y aaburrida conversación, pero ella no se daría por satisfecha y le preguntaría durante toda la mañana por los detalles sobre los que habían hablado, asi que trató de cambiar de tema.

- Hola joven señora de Piquet, tambien vos estais muy lejos de nuestra aldea de Saint-Denis ¿qué os ha traido por aquí?

- Mi señor esposo. Él desea abrir un puesto en el mercado de París y ha venido al ayuntamiento a solicitar los permisos necesarios para poder comerciar en San Jaques. Yo creo que quiere abrir ese puesto para pasarse todo el día viajando y verme menos, me he quejado y le he dicho que apenas me saca de casa, entonces él ha dicho que le acompañase, el viaje ha sido aburrido, pero más aburrido todavía era esperar turno dentro de ese frío edificio del ayuntamiento, asi que he salido a pasear un rato, pero ....

El inteligente Abad apenas podía seguir el ritmo desenfrenado de las palabras de la joven.

- ¿Un puesto en el mercado de París? Me parece una inteligente idea.

- ¿Verdad que sí?. Se lo sugerí yo, porque mi señor esposo es un poco dejado con su trabajo y hay que estar todo el día pinchándole para que prospere. Asi que le dije ¿y por qué no pones un puesto en París? Es allí donde están las personas con dinero que pueden pagar, no es que me queje de Saint Denis, que tambien está lleno de buena gente como los monjes de vuestras hermandades, pero es que los votos de pobreza no dan para hacer negocio y ....

El Abad ya había llegado a su punto de saturación.

- ¿Decis que vuestro marido está dentro del ayuntamiento negociando ese puesto? Quizas deba entrar a ayudarle, son muchas las personas que quieren poner un puesto en San Jaques, y ya es un lugar muy saturado, quizas el apoyo de un miembro de la iglesia que asegure que vuestro marido es un buen y respetable cristiano le ayude a conseguir ese negocio.

La joven se emocionó.

- ¿Realmente hariais eso por nosotros? Que bueno sois, yo siempre le digo a mi marido que Dios nos ha bendecido con vuestra amistad...

- Será mejor que vaya ahora- se despidió el Abad.

Gervese - April 22, 2006 09:49 AM (GMT)
La joven señora vio frustrada su voluntad de charlar tras la rápida despedida del abad. Se encontró nuevamente sola y suspiró con resignación. Giró sobre sí misma estudiando la plaza en busca de un nuevo entretenimiento y finalmente optó por incorporarse a un grupo que estaba escuchando a un trovador que cantaba historias de lejanas tierras.

Durante un rato, la joven señora se perdió en esoñaciones, recreando en su mente los lugares que describían las canciones. Ella había deseado siempre conocer el mundo pero su temprano matrimonio la tenía recluida en el pequeño pueblo de Saint-Denis, por eso aprovechaba cualquier oportunidad para acompañar a su esposo en sus viajes comerciales.


Gervese - May 13, 2006 06:49 PM (GMT)
Un tiempo más tarde, el Abad y el marido de la Señora Piquet salieron del Hótel de la Vilè y se reunieron con ella.

- No ha abido suerte - Dijo el Abad - al parecer el mercado está saturado y no hay plazas vacantes para crear nuevos comercios. Al contrario, hay una larga lista de espera que avanza lentamente.

El señor Piquet, hombre de pocas palabras, se encogió de hombros con resignación.

- Pero no desespereis queridos amigos, vuestra devoción es encomiable y seguro que si perseverais conseguireis lo que os proponeis.

- ¿Y qué podríamos hacer?- dijo Alba entristecida.

El abad meditó unos instantes.

- Deberiais acercaros al mercado, hablar con los comerciantes, buscar un asociado.

Ella sonrió recuperando el ánimo.

- ¡Eso es lo que haremos! ¡Sí!

La joven señora cogió a su esposo del brazo y tiró de él para ponerse a la labor. Él, que la duplicaba en tamaño, se dejó arrastrar. Apenas tuvieron tiempo de despedirse.

El abad sonrió y continuó con su paseo.




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