Era mediamañana cuando un nuevo vagabundo se movía por el campamento, su aspecto no lo diferenciaba de los demás, a no ser que a algún curioso se le ocurriera mirar bajo la túnica del sujeto.
Vestido de indigente y cubierto por una raida túnica, Jean Claude avanzaba cauto por el desolado lugar observando a los desdichados que se ospedaban aquí, más por necesidad que por gusto.
Su estancia por estos lares no era casualidad por supuesto. El incendio en la capilla de un poderoso cainita era algo que llamaba bastante la atención, y que este hubiera desaparecido era aún más oscuro. Por ello, su maestro le había enviado aquí para buscar pesquisas acerca de tan infrecuente evento, y sobretodo, por la la posibilidad de hallar algún alma que por curiosidad presenciara los hechos y arrojará un poco de luz al caso.
Así, el ghoul se aproximo a un grupo de refugiados que trataban de calentarse alrededor de una improvisada hoguera, ya que con la cercanía del otoño el tiempo comenzaba a refrescar.
-Buenas días compadres, menuda mañanita ¿no?, esto maldito frío humedo se te mete en los huesos y no sabes como sacarlo.
-Ja ja, desde luego amigo, desde luego -respondió uno de ellos-, cuando se vive sin techo hay que saber cuidarse, ya que si enfermas, ya tendrás un pie en el otro barrio.
-¿Eres nuevo por aquí, no? -interviene otro- ¿también has sido exiliado de tu hogar?
-Me temo que así es compañero -acompaña sus palabras con un largo suspiro de resignación- por culpa de los tejemanejes de los noblecillos perdí mi hogar y fui separado de mi familia. Escuché rumores de que como Yo habían huido a París, mas de momento no he tenido suerte para encontrarlos..., igual es que no rezo suficiente a Dios.-añade con una sonrisa- ..., oh, y hablando de ello, ¿qué pasó ahí atrás?, me fijé en un edificio carbonizado por las llamas, y al paracer recientemente, se asemeja a una iglesia, ¿es posible que exista alguien capaz de quemar la casa del señor?
Ante la pregunta inapropiada, y el hecho claro de que no se trata de uno de ellos (no solo en las ropas, sino en el idioma y demas), los demas exiliados se miran entre ellos. Ese, al fin y al cabo, solo era un tirado, un pobre tipo que pensaba que alli podria encontrar algo. Ellos no, ellos una vez fueron grandes y nobles, y recuperarian esa posicion.
Asi que lo dejan ahi, con sus preguntas indiscretas y un fuego pequeño.
Jean Claude frunció el cejo ante su descuido. Había tenido mala suerte al hallar noblecillos exiliados con orgullo todavía suficiente, como para sentirse ofendidos por el personaje al que interpretaba.
El ghoul vió como se disponían a marchar y rapidamente pensó en las posibilidades. Podían dejar pasar tiempo y probar con otro grupo la misma estrategia, pero las posibilidades bien podrían ofrecer un resultado semejante. Pero con este grupo y tras comprobar su distinción, quiza podría tirar de la debilidad de muchos nobles, la avaricia.
Así pues, antes de que se pudieran alejar unos metros, Jean Claude apeló por su atención de nuevo, pero esta vez en un tono más adecuado, más señorial, y que desde luego daría a entender a estas gentes que no era un "tirado".
-Ruego disculpen mi rudeza caballeros, pero quiza podrían reconsiderar su marcha, y permanecer conmigo junto a una conversación más amena, -echando mano dentro de su túnica, agitó una bolsa que produjo un sonido que sin duda los antiguos sangre azul reconocerían, el inconfundible sonido del dorado metal, el que para muchos era el sonido del poder nobiliario- y más productiva.
La mirada de Jean Claude se torno astuta y analítica, esperando la reacción de sus interlocutores, y ansiando de que pecaran de su antigua codicia.
Pero quien era aquel hombrecillo que se creia que podia comprarlos asi! Cuando aun vivian en Constantinopla, tenian mas riquezas y grandezas de las que aquel sucio franco podria imaginar jamas! Ofendidos, aceleran su paso y lo dejan atras. Ni que fuesen sucios comerciantes!