Pocos conocían la manera de solicitar tratos directos con el setita de la ciudad pero uno de esos era Maximo. Sabía lo celosos que se mostraban los de este clan con sus asuntos, y lo extremadamente cautos que eran.
Por medio del abad Dinard, el primogénito Lasombra envió un novicio al puesto en el que empezaba la enrevesada red de contactos de Joseph el Egipcio. El joven monje portaba una misiva y sus instrucciones eran claras: dejar la carta en el lugar adecuado e informar de su éxito.
Una vez atravesdas unas cuantas callejuelas del mercado se percató del puesto en cuestión. Se acercó presurosamente y dejó en una esquina del tenderete el mensaje. Una vez completada su misión se alejó echando miradas furtivas hacia los lados y con un andar intranquilo.
Contenido de la carta:
Saludos, Joseph el Egipcio. De todos es sabido sus dotes de mercader y su afán por el viaje. Gracias a estas aptitudes me he decidido a comunicarme con usted. Un amigo de mi "familia" tiene que emprender un viaje a Castilla, más concretamente a Astorga y me satisfaría enormemente que contara con la protección y guía que sólo usted puede garantizar. Su experiencia haría que mis preocupaciones amainasen considerablemente. Desde luego usted tendrá sus compensaciones. Si está interesado en este trato será un verdadero placer concretarle los detalles significativos.
Maximo Constanza