Cuando Haas los divisó por vez primera pensó que se trataba de una ilusión precedida de las elevadas fiebres sufridas la noche anterior. Más cuando se acercó a lomos de Horka para confirmar sus sospechas, el corazón le dio un vuelco que por poco no lo derriba del caballo.
Silenciosos, con los rostros hundidos en la tierra y las lanzas en ristre, una hilera de soldados con la sagrada cruz tatuada en sus blasones, caminaba a ritmo vivo en dirección al Sur. Su número era considerable y a la cabeza marchaba un individuo de aspecto distinguido cuya armadura y yelmo refulgían a la luz de la Luna. Cuando la comitiva alcanzó al teutón, su lider ni siquiera cruzó una mirada con el alemán, sino que continuó impasible y con la mirada perdida en el horizonte, seguida de una consorte de nobles que lo seguían de cerca.
Aquella expedición tan pertrechada no podía formar parte de la enajenación de un conde embargado por su Fe, sino de algo más grande, algo que sin duda sacudiría los cimientos del mundo; ¡Cruzada!.
Sin pensárselo dos veces cabalgó paralelo al grupo y se dirigió a uno de los soldados que montaban a caballo a distancia prudencial de la vanguardia. Sus ojos hundidos gravitaron hasta el teutón, y arqueó sus cejas al observar la cruz dorada de Jerusalen en el pecho de Haas.
- Portais con vos el escudo del Señor. A bien debereis protegerla.-
- ¿Cual es vuestro destino, monsieur- Suplicó el germano.- ¿Qué batalla atañe a los soldados de Cristo?.- El hombre entrecortó su voz con una otensible tos que serraba su garganta...
- Dios nos llama a liberar Tierra Santa de la inquina del infiel. Se ha promulgado la Cruzada desde Roma, esta vez dirigida por vuestro emperador.-
El rostro del alemán se tornó pétreo. Si tal era así, finalmente Federico había decidido lanzar su ofensiva sobre Jerusalen...El Papa estaría aliviado por tanto. Y sin embargo ninguna notificación había recibido su Orden, ningun mandato de incorporarse a la expedición. Aun planeaba sobre su cabeza el abandono de su anterior intento de conquista de Egipto, en la cual las tropas alemanas se plantaron ante la desmesurada ambición de Paleólogo.
Despidiendose agradecido del soldado, hincó espuelas en dirección al castillo templario...Quizás hubiesen llegado noticias de Magdeburgo durante su ausencia...