Lo cierto era que Ángelo había pasado ante aquella pequeña casa miles de veces. Se trataba de un negocio de transcripción de documentos legales o de copia de viejos libros. Un negocio poco prospero pues no estaba bien pagado y costab muchas horas de duro esfuerzo.
El Lasombra observaba el edifício desde el exterior. No hacía mucho que había oscurecido, el cielo aun tenía algún urticante tono gris oscuro, y la pequeña tienda seguía abierta. Era una casa de dos plantas, con vivienda arriba y negocio abajo.
Ángelo empujo la puerta haciendo sonar una pequeña campana de metal oxidado sobre el marco de esta. El interior estaba oscuro, y cientos de documentos se apilaban sobre estantes y mesas. No lejos de allí, tras un pequeño mostrador, había un hombre menudo de pelo y barba canosos. Su ojos se alzaron hacia el recien llegado y lo escrutaron con interes.
- Buenas noches monsieur. - Su voz estaba cascada porla edad. El Italiano llego hasta su altura. - En que puedo servirle?.
Ángelo se acerco hasta el pequeño mostrador con semblante serio.
- He oido decir de usted que un un escriba excepcional.
Al hombre se le escapo una sonrisa.
- Seguron que hexageran. No soy más que un humilde artesano que hace su trabajo.
- Y muy bien por lo que he podido ver por las estanterías. - Ángelo sostenía un pergamino en la mano. Portaba un blasón de nobleza dorado y un escrito en latín que rezaba cosas sobre la familia en cuestión.
- Pues acepto con humildad sus palabras. Seguro que está usted aquí para algo más que para admitar mis obras. - El hombre era directo. Era una faceta que le gustaba al Lasombra.
- Pues la verdad es que sí, mi buen "artesano". - Fue entonces cuando apareció la sonrisa en la cara del Italiano. - He sufrido una perdida que debo subsanar.
El hombre cayo a la espera de que el hombre de negro continuara.
- Un terrible incendio acabo con una serie de documentos oficiales. Y necesito reponerlos. - Ángelo dejo una bolsa de monedas sobre el mostrador. - El problema es que ahora no puedo demostrar que sea mias... y es un terrible inconveniente.
El hombre, sin dejar de mirar al cliente, recogió la bolsa y sopeso su contenido. Luego, con un gesto de extrañeza miro su interior y entonces entendió de lo que estaban hablando. Aquella suma cubría por mucho la copia de un documento oficial...
- No debería de haber ningún problema monsieur. - Y con una sonris a la bolsa desapareció. - Seguro que fue un terrible incendio. Digame pues de que se trata exactamente.
- Poseo un almacén comercial cerca del Sena. - Dijo Ángelo sacando unos papeles que describían el lugar. Datos necesarios para la falsificación. - Me interesaría disponer de los documentos con prontitud. Pues no querría tener problemas con las autoridades.
El viejo Jaques estudió los documentos garabateados por Ángelo.
- Necesitaré cinco días. No estarán listos antes. Espero que esto no cree un problema a sus "negocios".
- En ningún caso. El plazo es el correcto. - Ángelo se ajusto los guantes negros. - Usted haga un buen trabajo... y esta será la primera de muchas tareas.
El Viejo Jaques sonrió complacido. El Italiano hizo una ligera inclinación de cabeza y dandose la vuelta salió del local con el repicar de la pequeña campana.
(Finalizado)