Title: Amor Eterno (Flashback Enero 1188)
Description: Ciudad de Le Mans
Geraud Gallois - March 3, 2006 06:32 PM (GMT)
La noche quedó iluminada por un fugaz borrón de intensos colores. El caballero Gallois recorría las calles de Le Mans a toda velocidad, dando rienda a suelta a su caballo, galopando impaciente hacia su destino. Un dragón rojo sobre fondo blanco y verde cubría los paños que vestían Gallois y su montura, lo que les identificaban como pertenecientes al reino de Gales. Los habitantes de la ciudad no parecían extrañados por ver a un extranjero comportándose así por sus calles, las cortes de Inglaterra y Francia se encontraban reunidas allí para discutir sobre sus interminables luchas y había muchos caballeros excéntricos y coloridos por la ciudad.
Caballo y jinete frenaron con brusquedad a las puertas de un palacio iluminado, el caballero saltó de su montura despreocupándose de ella, ascendiendo de dos en dos los peldaños de la escalinata que daba acceso al palacio, mientras un grupo de criados trataba de hacerse con las riendas de su embravecido caballo.
En el interior se celebraba una fiesta, aquella noche se reunían en los diversos salones de aquel palacio ghouls y cainitas que representaban a dos de las más importantes cortes de Europa. En un ambiente de apariencia distendida se retejían las conspiraciones que durante el día habían estado tramado los mortales. Gallois llevaba un siglo asistiendo a celebraciones nocturnas como aquella, ese era su ambiente, normalmente hubiese tardado horas en acceder al centro de la fiesta, saludando y manteniendo largas charlas intranscendentales con muchos de los invitados. Pero aquella noche no era una noche más, era una noche muy especial para él, así se lo había hecho saber su sire Marthena al rogarle que asistiese. Y desde que él había recibido esa petición de su Sire, todo lo demás había dejado de tener importancia, con fijación y toda la presteza de la que era capaz, el caballero había recorrido una larga distancia hasta por fin encontrarse con ella frente a frente.
Marthena estaba impresionante. La distinguió de espaldas entre la multitud del festejo, por su larga melena, lisa y oscura que aquella noche llevaba adornada por un tocado y múltiples trenzas. Su cabello destellaba por su larga espalda compitiendo con los reflejos de un vestido de seda de un tono cobrizo, casi rojo. De pronto ella se giró hacia él, como si presintiese su llegada, y su níveo y terso rostro le regaló una luminosa sonrisa, mientras sus intensos ojos se fijaban en él rogándole que se acercara.
En ese momento, el corazón del toreador ardió con el calor que su cuerpo había perdido largo tiempo atrás. Había estado completamente enamorado de Marthena desde que la conoció, durante mucho tiempo se había negado a sí mismo ese sentimiento humano. Pero, incapaz de resistirse, en una cálida noche de conversaciones íntimas y secretos compartidos, él le había confesado su amor. Ella no le rechazó, pero considerando que el cainita podía ser víctima de una confusión juvenil o de algún efecto involuntario del poder de la toreador, ambos acordaron un periodo de separación para poner a prueba y examinar sus sentimientos. Un periodo que había parecido interminable y que acababa esa noche, con ese reencuentro. Él estaba completamente seguro de sus sentimientos y al verla sonreír, sabía que también ella estaba enamorada.
Geraud Gallois - March 9, 2006 11:34 AM (GMT)
Ambos avanzaron el uno hacia el otro hasta unirse en un abrazo, sin importarles quién pudiese estar mirándoles. Una conducta que resultaría indecorosa si se encontrasen en mitad de un acto social de mortales, y casi inexplicable en una reunión de fríos cainitas.
- Mi buen Geraud, has llegado al fin.
A Gallois poco le importaba lo que pudiesen estar pensando los otros invitados, aquel instante era muy importante para él y había esperado mucho a que llegase, la estrecharía entre sus brazos tanto como pudiese, reviviendo las sensaciones que durante largo tiempo sólo habían permanecido como nostálgicos recuerdos. Pero fue Marthena quien recuperó la compostura y con delicadeza puso un poco de distancia entre ambos y continuó hablando.
- Hoy es una noche muy especial para ti.
- Para nosotros. – matizó él.
- Especialmente para ti, hoy concluye tu preparación y da comienzo tu destino, hoy recibirás la misión para la que fuiste seleccionado.
- ¿Una misión? No era eso lo que yo tenía en mente... – fue lo único que alcanzó a decir el toreador.
Marthena cayó a su chiquillo tocando sutilmente los labios de él con las yemas de sus dedos.
- Ya hablaremos más en otro momento ahora acompáñame, quiero que conozcas a alguien.
Ella tomó del brazo a Gallois y con elegancia caminaron por la sala, saludando a los presentes, hasta llegar a un grupo de caballeros, todos vestían completamente de negro, incluso sus armaduras eran oscuras y bien labradas. En sus pechos lucían una cruz blanca, y en el interior de la cruz había dibujada una rosa negra. Si a Gallois no le fallaba la memoria se trataba de caballeros hospitalarios, o de una suborden dentro de esa orden de la que desconocía el nombre. Pero eran una orden de caballeros cruzados, una de aquellas que no servían a un noble concreto, sino que combatían por dios en tierra santa. Marthena puso a Gallois frente al oficial de aquel grupo, un caballero alto y pálido con el pelo color maiz, los ojos claros, y una barba corta y bien cuidada. Marthena hizo las necesarias presentaciones:
- Geraud Gallois, te presento a Edmond de Normandía, él es el líder de nuestro grupo de toreadores Normandos, nuestro señor, preocupado defensor de la paz en Normandía, aunque sus intereses se dirigen más hacia tierra santa, desde la primera cruzada se ha preocupado también por la guerra en ultramar, también por preservar el arte y la cultura de aquellas tierras lejanas. – pero Marthena se guardaba para el final la parte que más iba a sorprender a Gallois, y la dejó caer con toda normalidad – Edmond es también, mi pareja en la eternidad, mi amado consorte.
Geraud Gallois - March 11, 2006 09:25 AM (GMT)
Si en aquel mismo momento un rayo aislado hubiese partido en dos a Gallois, eso no le hubiese dolido tanto como la información que con ligereza le acababa de dar Marthena. Su amada estaba enamorada, sí, pero enamorada de otro. Fue incapaz de hablar o de escuchar los diversos saludos y persenaciones que uno a uno fueron haciendo los caballeros hospitalarios del grupo que le rodeaba, su cerebro trataba de asimilar una información que le parecía inverosímil ¿Acaso todo habían sido falsas ilusiones? ¿había malinterpretado todos los gestos de cariño?
El caballero Edmond, que poseía el amor de Marthena, permanecía ignorante de su grandísima suerte y ajeno al bullir de sentimientos en el que había caído Gallois. Aquel líder cainita trató de entablar conversación con el arquero como hubiese hecho con cualquier otro que le hubiese sido presentado en aquella fiesta.
- Me alegro de conocer al fin a la más prometedora adquisición de mi dama, Marthena habla muy bien de vos y de vuestro talento con el arco. Habéis hecho una buena tarea durante este tiempo como protector de Marthena, pero la vida relajada de la corte ha tocado a su fin para vos, ahora tendréis ocasión de mostrar vuestro valor en el campo de batalla, de alcanzar la gloria, nos acompañareis en esta nueva cruzada.
- ¿Cruzada? – fue lo único que alcanzó a decir Gallois.
El desinformado arquero les hizo gracia a los presentes, todo el grupo de caballeros hospitalarios se carcajeó al unísono. Gallois buscó en una mirada hacia Marthena una explicación, pero ella se retiró con una diplomática sonrisa haciendo como si acabase de ver alguien en el otro extremo de la sala, dejando a Gallois con aquel grupo de caballeros oscuros. Fue Edmond quien, en un tono paternalisa, informó a Gallois de las noticias:
- El ejército de templarios y caballeros del reino de Jerusalen, comandado por Reinaldo de Châtillon y Guy de Lugsignac ha sido derrotado en Hattin por Salah ad-Din y sus sarracenos. Eso sucedió hace unos meses, sin un ejército que se le oponga lo más probable es que en este momento Salah ad-Din, ya se haya apoderado de todo el reino de Jerusalen. La noticia ha ido viajando hacia occidente, dicen que el Papa Urbano III al conocer lo sucedido sufrió un colapso y murió poco después, y curiosamente su recién nombrado sucesor es un firme partidario de la cruzada que esperamos que en breve se pondrá en marcha.
El resto de caballeros reunidos alrededor, acompañó con risillas la narración de Edmond. Gallois no prestó mucha atención, sólo podía pensar en Marthena y en por qué había elegido como consorte a aquel hombre que hablaba con tal ligereza de tan trágicos acontecimientos. Edmond pareció darse cuenta de que algo pasaba.
- ¿Qué te entristece muchacho? Habla con franqueza.
Pero Gallois no podía hacer eso, no podía decir que Mathena le acababa de partir el corazón, en lugar de ello trató de seguir la conversación.
- Señor, la derrota de los ejércitos aliados, la pérdida de tierra santa, la muerte del santo padre y la amenaza de una nueva guerra no son cosas que me produzcan alegría. Pese a ser un guerrero me importa la paz, por lo que ha dicho Marthena esperaba que a vos tambien.
Aquella explicación fue aceptable para Edmond, que preocupado en sus batallas no se había percatado de más. Le dió una palmada en el hombro a Gallois y le dijo:
- Trataré de instruiros sobre la historia durante el largo viaje que tenemos que emprender. La guerra, amigo arquero, es el estado natural de las cosas, dos vecinos no hacen otra cosa que pelearse hasta que aparece un enemigo común al que temen más y entonces se alían contra él. – los brazos de Edmond se extendieron mostrando a Gallois el resto de la fiesta – observad a estos invitados, Ingleses y Franceses estaban peleándose como siempre y ahora planean juntos el modo para financiar una gran cruzada, liderada por los reyes inglés y francés, que viajaran a tierra santa a enfrentarse a Salah ad-Din. Esta guerra en tierra santa, esta tercera cruzada, obtiene para nosotros el equilibrio, la añorada paz en Normandía que durante tanto tiempo venimos buscando.
Geraud Gallois - March 24, 2006 04:10 PM (GMT)
¿Cómo no odiar al condenado Edmond?. Apenas habían pasado unos minutos desde que se habían conocido y en ese tiempo el caballero cruzado había derribado todos los sueños que alimentaban la no vida de Gallois. Había derribado la ilusión de poder tener el amor de Marthena, la ilusión de poder tener una no-vida en paz. Es más, había convertido toda su no-vida en una ilusión: la belleza, las elegantes cortes, la constante noche de fiesta, las sonrisas cómplices deMathena; todo aquello quedaría atrás para Gallois, a partir de aquel momento sería tan solo un recuerdo distante que exigiría para ser mantenido un pago en sangre, condenando a Gallois a vivir en una no-guerra infinita.
La ira del joven cainita estuvo a punto de hacer que se lanzase contra el oficial Edmond, pero la hábil Marthena reapareció en el momento justo para evitar que eso sucediese. Con elegancia y de modo aparentemente casual Marthena tomó del brazo a Gallois y le dijo a Edmond:
- Ya habrá otro momento para hacer planes de batalla, esto es una fiesta y se supone que hay que divertirse. Ahora, querido esposo, dejad de avasallar a mi pequeño Gallois y permitid que me lo lleve. Hace tiempo que no nos vemos y tenemos muchas cosas de las que hablar en privado, de Sire a Chiquillo.
Edmond sonrió y se inclinó ante Marthena, como señal de rendición y aceptación de todos los deseos de su amada. Marthena le devolvió la sonrisa y se llevó a Gallois, a través de la fiesta, hasta la parte trasera de la mansión. Salieron a un bello jardín iluminado por la luna, un lugar por el que pasear con cierta intimidad. Aquel lugar era extrañamente similar a otro jardín en el que Gallois le confesó su amor a Marthena, la última vez que se vieron. Ella tenía razón, tenían mucho de que hablar.
Geraud Gallois - March 30, 2006 12:23 PM (GMT)
Marthena estudiaba a su chiquillo, bajo la luz de la luna ella no parecía la centenaria predadora inmortal que se movía con seguridad por las cortes y las fiestas de los nobles, era tan sólo una joven y bella mujer que miraba con preocupación a un pretendiente con el corazón roto. Aunque Gallois había guardado un poco las apariencias en público, al encontrarse a solas con Marthena no pudo contenerse más.
-¿Qué ha sido todo esto mi señora? Esperaba reunirme con vos por razones muy diferentes a las que esta noche se han hablado ¿por qué tantos secretos, tanta falsedad, tantos sueños y mentiras? ¿Para qué me dejasteis vivir una ilusión y me precipitáis ahora de este modo contra la dura realidad?
- Era necesario, cuando te recogí en las bárbaras tierras galesas no habías conocido otra cosa que la guerra, no tenías prespectiva y yo te la he dado. Eres demasiado joven , no pudiste conocer Normandía tal como era antes, antes de las constantes guerras, no te podía pedir que luchases por algo que no comprendías. Durante todo el tiempo en el que hemos estado juntos, te he mostrado la belleza de Europa, la gloria de las cortes nocturnas, la felicidad de la paz, ya conoces por fin la grandeza que queremos recuperar para Normandía. No tenía la intención de causarte dolor, este tiempo ha sido un regalo para ti, y la confusión que puedas sentir en este momento es una experiencia gemela a la que sentimos Edmond y yo cuando se nos arrebató la felicidad de la que disfrutábamos en Normandía, ahora ya sabes por qué luchamos, ahora ya conoces la prosperidad de nuestro futuro si haces bien la tarea que te tenemos asignada.
Gallois no contestó ¿qué le importaba a él el futuro si no lo podía compartir con Marthena?.
- Todo lo que ahora te desborda el tiempo lo pondrá en orden, cuando alcances mayor antiguedad y experiencia, cuando el tiempo consiga poner la necesaria frialdad y consigas que la razón se sobreponga a tus sentimientos, podrás comprender la necesidad de todo esto. Ahora tendrás que aceptar que Edmond es la persona que puede conseguir el resurgir de Normandía, y también la importancia de esa tercera cruzada en tierra santa. Por eso, aunque todavía te sientas desbordado por todo lo que acabas de descubrir, respeta la antigüedad de tu Sire.
Ella se aproximó a él y le acarició la mejilla. El todavía molesto, relajó su rostro y le sonrió.
- Por es futuro, prometeme que acompañarás a Edmond a la cruzada, le servirás fielmente y le protegerás para que regrese a mi lado.
Pero Gallois no respondió, su corazón aparentemente muerto no lo debía estar tanto, puesto que se negaba con toda su alma a servir de ese modo a Edmond, su rival por el amor de la misma dama. Pero Marthena no aceptó el silencio de su chiquillo como respuesta, e insistió.
-Si no lo haces por ese futuro que deseamos, hazlo por mí, por hacerme feliz.
Entonces Gallois se dio cuenta de que era inútil resistirse, el mismo amor se suponía que no debería sentir le impulsaba a hace cualquier cosa por que Marthena fuese feliz, aunque fuese lejos de él. Todavía se mostraba despechado y orgulloso, sin embargo se rindió a la promesa que ella le pedía:
- Os lo prometo – dijo con contundencia.
Después Gallois besó desapasionadamente la mano de Marthena, se giró, y se fue por donde había venido. Esa fue la última vez que hablaron a solas antes de que el se embarcase hacia tierra santa. Muchos años después, cuando se reencontraron, Gallois tuvo que rendir cuentas ante Marthena por el haber incumplido la promesa que esta noche había hecho.