View Full Version: El fuego redentor.

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Title: El fuego redentor.
Description: 4 de Octubre, A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - March 3, 2006 06:15 PM (GMT)

Tal como hacía a primeros de cada mes, D'Artois acudía a la Sorbona para examinar los libros que llegaban en la nueva remesa, sin embargo en aquella ocasión y en vista de lo ocurrido en septiembre con el encargado y aquel turbador sueño, se vio con la necesidad de acudir la propia duquesa para arreglar cualquier problema.

Por tanto llegaron ghoul y señora en una misma carroza poco después de que la noche cayera.

El mes de septiembre no trajo aquello que Elois esperaba a pesar de las noticias alentadoras que en principio pudieran albergar esperanzas afirmativas. Por todo ello la ventrue se vio obligada a pasear por la universidad en aquel ambiente extraño tras la quema en la hoguera mediante la inquisición, tan sólo la compañía de su fiel D'Artois y su estatus de noble pía la servirían de defensa procurando eludir a los fanáticos de dios.

Los inquisidores paseaban no cesaban en su celo por ajusticiar con el fuego redentor a los herejes y el maestre no se sentía tan cómodo como otras veces, ni que decir tiene que Elois estaba bastante incómoda y procuraba no separarse de éste en ningún momento pues era un miembro refutado de la orden hospitalaria y no tendría porqué temer.

Se acercó a contemplar los ejemplares y cual fue su sorpresa cuando había inquisidores en torno a los preciados libros censurando unos cuantos, quizás alguno de ellos fuera el que anhelaba y pronto sería pasto de las llamas...

El hospitalario actuó rápido sopesando los pros y contras de intervenir mientras los devotos del Señor hacían su labor hasta que finalmente se encaminó a ellos.

Por otro lado, la duquesa de atuendo negro como la misma noche y exenta de joyas salvo un relicario de oro sobre el que rezar el Rosario entabló visión con el encargado, no se acercó a él pues sabía de sobra que en cuanto éste se percatase de su presencia acudiría hacia ella.


Vincent D´Alençon - March 3, 2006 07:05 PM (GMT)

"¡Malditas sierpes podridas!"


Vincent observó disimuladamente a los clérigos que con ceño sombrío buscaban entre las hileras de viejos libros aquellos que con voz aflautada iba nombrando un jóven sacerdote de escaso tallaje. Una vez hallaban el susodicho ejemplar, lo extraían con gesto de repugnancia, como si sus manos fuesen a tiznarse con su contenido, y lo depositaban en la saca abierta que sostenía con firmeza uno de los guardias.

No era la primera vez que acudía a la Sorbona para zambullirse en las profusas colecciones que guardaba su bien surtida biblioteca, de hecho contaba con el favor del encargado de vigilar las entradas, pero trataba de pasar desapercibido lo máximo posible (utilizaba su viejo hábito benedictino y dedicaba tiempo y vitae en adecuar su aspecto para tal fin) así como no abusar de sus visitas. Sin embargo en aquella ocasión el Lasombra acudía precisamente para sustraer varios libros que la Iglesia bien podría considerar heréticos, y guardarlos a buen recaudo en la Abadía de St. Germain De-Prés. Los ánimos entre la curia estaban tensos como resortes tras la pira de La Vilé, y cualquier atisbo de ilegalidad espiritual estaba condenada ireemisiblemente a perecer entre las lenguas de fuego, ya fuesen personas de carne y hueso o libros y manuscritos con siglos de antiguedad a sus espaldas...Y al llegar tuvo la desagradable certeza de que los sicarios del Corruptor se le habían adelantado...

El Lasombra lanzó una fugaz mirada al resto de la estancia...Varios estudiantes eran interrogados por dos clérigos de mirada funesta, varios otros se escabullían por las puertas laterales y un hospitalario parecía tan sorprendido como él mismo de la presencia de los inquisidores, así como una dama cuyo porte atrapó por unos segundos la mirada del Lasombra, quedándosela para si caprichosa...Finalmente el de Alençon devolvió toda su atención a los libros. Sin duda la situacion merecía calma y paciencia antes de precipitarse; Lo que estaba claro era que aquella saca de contenido impagable debía ser salvado a toda costa...

Evento - March 3, 2006 07:26 PM (GMT)
El encargado se acerca a Elois, conocedor de que ella siempre busca los Codices que llegan con frecuencia a la Sorbona, aunque tampoco hace esfuerzo alguno en ocultar sus palabras de otros que puedan oir.

-Buenas noches, madame, es un honor servirla. Han llegado varios codices en este envio, milady, tenemos dos nuevas Biblias ilustradas, un codice con reflexiones sobre el pensamiento de San Pablo, un libro de historia sobre la caida del Imperio Persa, dos tratados sobre la conducta romana, y un breve conjunto de epistolas escritas por un ilustre monje y gran poeta.-

Tras ello, sonrie a la dama, esperando algun tipo de recompensa, aunque sin el valor de pedirsela como hacia con su servidor.

Mientras tanto, los Inquisidores continuan revisando la biblioteca, mirando de reojo a los dos Cainitas. Llevan bastantes dias haciendo eso, pero es un trabajo lento y laborioso, habida cuenta de la enorme cantidad de codices reunidos.

Elois D'Umbrelle - March 4, 2006 11:44 AM (GMT)
Jodo, mi idea era que D'Artois fuera de día como siempre, pero se me olvidó ponerlo.
Sin embargo, en vistas de los dos post siguientes, un cainita y luego otro de Evento que me situa en al escena, creo que editaré y apareceré en persona.

NOTA: editado el primer post, los interesados, revisarlo.



Con discrección Elois lanzó una mirada furtiva en la sala, obervando con parsimonia la actitud de aquellos inquisidores, afanados en acabar con el saber. Por suerte a lo largo de los años había gozado del tiempo suficiente para que sus escribas hicieran una copia de cada uno de elllos. Ese era el único alivio que la quedaba ante el horrendo crimen que contemplaban sus bellos ojos.

D'Artois por su parte se quedó a medio camino entre su señora y los inquisidores, no sabía que hacer hasta que un leve gesto de ella le indicó que aguardara justo donde estaba y así lo haría, pero sumamente alerta, siendo entonces cuando se percató de la presencia de aquel monje Benedictino.


Elois sonrió afable, con aquella sonrisa capaz de derretir el coraje de un hombre y doblegar su voluntad en anhelo de poseer sus carnosos labios, embrujándolo con la mirada añadió su dulce voz al conjuro.

- Sois muy amable monsieur.

Se pausó pensativa y dubitativa, pero pronto respondería.

- Dos biblias ilustradas, ¡que maravilla!

Dejó entre ver su afán por el santo libro exclamándolo con énfasis, para que tanto los inquisidores como el resto pudieran escucharlo tranquilamente.

- Aunque me parece demasiado codicioso, quisiera poder examinarlas tranquilamente en mi castillo, al igual que la epístola a San Pablo, bueno en general quisiera examinarlo todo en paz y tranquilidad, si fuérais tan gentil de permitirlo.

La melosa voz de la ventrue era miel para aquella abeja trabajadora y no podía resistirse, mas cuando disimuladamente y lejos de miradas "inquisidoras" tomó la mano del encargado en su afán, aunque a su vez dejó en esa una bolsa con una cuantiosa suma de monedas.

El encargado la sonrió encantado y asintió con la cabeza, guardando también discretamente la bolsa entre su ropa.

Ya estaba todo hecho pues, la cantidad era la misma que de costumbre, algo que descubriría y comprendería más tarde el avaro funcionario, un leve gesto de la duquesa y D'Artois como perro amaestrado acudió de nuevo a su lado.


Vincent D´Alençon - March 5, 2006 01:47 AM (GMT)

Los ojos del Lasombra se entornaron sobre el último libro que el Inquisidor extraía del estante, un luminoso códice de bordes dorados que a pesar del polvo acumulado y el desgaste de sus cubiertas, aun conservaba su esplendor de antaño. Uno de los ayudantes del clérigo tomó nota del título y realízó una marca en sus anotaciones, para finalmente desaparecer en la saca que el guardia sujetaba con firmeza...

El margen de maniobra era estrecho, pero si Vincent no actuaba inmediatamente, sería imposible arrebatar aquellas joyas de las garras del Monstruo. Especialmente aquel códice originario del Languedoc y traido a París en los tiempos más virulentos de la cruzada contra los Puros... "Res Mundae", cuyos contenidos ofrecían datos únicos, soterrados entre sus beatas páginas, sobre las doctrinas maniqueístas y el dualismo del mundo. Una auténtica Biblia herética que de ninguna manera debía acabar calcinada por la ignominia del hombre...

Fue cuestión de segundos. Vincent concentró su dominio del Abismo bajo los pies del guardia, maleándo las sombras, forjando la propia oscuridad hasta adquirir la consistencia del acero. Un aguijón se alzó sin que ninguno de los clérigos se percatara, hundiéndose en la pesada saca, rasgando la tela y dejando que el volumen de su contenido concluyera la tarea...Instantes después se escuchó el rasgado que precipitó la marea de libros sobre el mármol de la biblioteca...

- ¡Oh! ¡desgracia!- Con un movimiento eléctrico, Vincent se precipitó a los pies de los inquisidores, incrédulos ante el accidente, mientras sus finos dedos recogían y amontonaban los libros. - ¡La blasfemia habita en estas hojas impías que el demonio utiliza para humillar a los hombres de buena Fe!- Una vez terminó de formar una columna estable, se abalanzó sobre la mano del inquisidor que parecía dirigir al grupo y la beso profusamente - ¡Bendito! ¡Bendito seais por librar al mundo de la semilla de Satán! ¡Permitid que este humilde benedictino cargue por vos con estos libros indignos hasta vuestro carruaje!-

La mirada apasionada del Lasombra se clavó en la del clérigo, rígida y sombría, mientras trataba de hundir en sus pupilas la afirmación de sus ruegos, tan sencillo como dejar que aquel fraile raquítico cargase con el peso de los libros hasta el palanquín que los había transportado hasta la Sorbona...

(Vincent utiliza Presencia Nv 3, Fascinación. Desea que el Inquisidor cumpla sus deseos permitiéndole llevar los libros por compasión hacia su raquítica y devota figura...¿Que Fuerza de Voluntad posée el sujeto?)

Evento - March 6, 2006 01:57 PM (GMT)
Al aproximarse, Vincent comienza a sentirse incomodo, y la fuente pronto resulta visible cuando, del fondo de la sala, aparece a la vista el jefe de los Inquisidores. No hace falta tener los sentidos extendidos por el Auspex para comprender que aquel hombre era uno de los Elegidos de Dios, y que su celo era lo que incomodaba al Lasombra.

Por su parte, el otro Inquisidor, encantado por la mirada del italiano, parece mas que encantado de entregarle aquel fardo pesado y librarse de su carga. Al fin y al cabo, el otro era un Hermano, y ningun mal terrible podria provenir de un Hermano. Y menos de uno con tan buena y santa apariencia.

Sin embargo, la voz del otro rugio desde el fondo, mientras miraba a ambos con algo de molestia.

-Que ruido del Demonio es este? Esto es una biblioteca, no sabeis que se debe guardar silencio en un lugar como este! No hay quien pueda leer asi!-

Gervese - March 6, 2006 03:58 PM (GMT)
(FDI: Me quedo con el papel de monje raquítico).

El joven y flacucho monje Armand tensó el saco para comprobar el estado de su fondo. Poco sentido tenía pelearse por quíen cargaría con él, puesto que al romperse había quedado inservible.

Tenía que buscar una sólución deprisa, porque ese patos accidente estaba causando el malestar de sus superiores.

Cargó con todos los libros que pudó, pero sin el saco sería imposible llevarlos todos en un sólo viaje. Miró al enfurecido lider inquisidor y miró despues al simpático monje benedictino que se había prestado a ayudar. En voz muy baja le dijo al benedictino:

- Por favor, ¿podeis vos ayudarme a llevar el resto de los libros hasta un transporte que nos espera aquí cerca?

Esperaba que si hacía desaparecer con diligencia de aquella habitación todas las causas del malestar del lider inquisidor eso le ayudaría a librarse de el futuro castigo.

Elois D'Umbrelle - March 6, 2006 06:23 PM (GMT)

Y la situación no pasó desapercibida, la escena del benedictino y el inquisidor con los libros resultó llamativa en toda la biblioteca, pero lo que realmente produjo un escalofrío en la Ventrue fue la irrupción de aquel otro. Su mera presencia perturbó a la dama D'Umbrelle quien disimuladamente posó una mirada sutil sobre aquel fraile.

De sobra sabía Elois que pisar la Soborna implicaba un peligro inecesario, que por circunstancias del guió corrió en compañía de su fiel D'Artois.

Cual estatua permaneció imperturbable a que la entrega de los tomos se efectuase y prosiguió con su velada ajena en apariencia a todo lo que ocurría. Una vez logró el premio por el cual había pagado, partió en el más absoluto anonimato que una dama como lo era la duquesa podía permitirse, escoltada por el leal hospitalario que portaba los ejemplares adquiridos temporalmente.

Vincent D´Alençon - March 6, 2006 11:55 PM (GMT)
Vincent lo tenía en su mano. Aquel insensato estaba punto de poner sobre sus impías manos tan fascinantes volúmenes, alguno de los cuales haría desaparecer sutilmente, cuando de pronto sintió un repentino vértigo apoderándose de su cuerpo. Su mente se nubló, sus dedos se arquearon de dolor y sintió una nausea sanguínea que ascendía por su garganta...Trastabilló y tuvo que lanzar su mano al mármol para mantener el equilibrio. Sus ojos gravitaron hasta la voz que atronaba desde el otro lado de la estancia. Era uno de ellos.

El Lasombra tenía que pensar rápido una estratagema para evitar la cercanía con aquel enviado de Ialdabaoth, uno de sus elegidos cuyo cuerpo estaba poseido por el Corruptor de tal forma que su venenosa esencia repudiaba los espíritus purificados con la Virtud de Caín. Escapar sería fácil pero atraería demasiadas sospechas, quedarse significaría enfrentarse a la agonía que solo un avatar como aquel era capaz de infligir a su cuerpo material, no podía permitir que se acercara...Sin embargo la quejumbrosa voz del muchacho le turbó de tal modo que dejó de lado sus precipitadas elucubraciones y solo pudo responder mecánicamente...

- Si...por supuesto que te ayudaré muchacho...- El cainita clavó su mirada en el chico, un jóven novicio en cuyo rostro se reflejaba el temor a una severa reprimenda. Aquel gesto podía salvar la situación una vez aquel inquisidor comprobara que aquel caos era originado por la torpeza de un chiquillo y una vez restablecido el orden volvería a enfrascarse en la lectura...

Vincent rogó a Caín para que cualesfuera el libro que se traía entre manos, fuese interesante...

Elois D'Umbrelle - March 7, 2006 05:02 PM (GMT)

Elois tenía un pálpito extraño en el pecho, pese a carecer del don del Auspex, gozaba de una intuición innata, llamese intuición femenina o astucia, pero la sensación de esa noche no era normal.

Podría atribuirse a estar en presencia de alguien con una voluntad y Fe en Dios que podría escapar a su control, era obvio que no le gustaba, pero eso no era todo.

Sin más dilaciones subió a su carromato con los libros, si, quizás fueran los libros, en Septiembre estuvo cerca de conretarse un sueño, pero no hubo éxito, mas la ventrue no desfallecía en su afán lector.

Miró al hospitalario con su mirada sensual, el buen D'Artois no podía resistirse a nada que su señora solicitase, tampoco quería pues su vida la perteneceía.

- D'Artois, aquel fraile delgaducho y que disponía la quema.

El ghoul asintió.

- Averigua más sobre él.

Y por dos veces la cabeza del criado aseveró para gozo de la duquesa, despidiéndola en la noche para internarse nuevamente en la Sorbona en post de indagar sobre la tediosa y creciente inquisición, concretamente aquel fraile.


Evento - March 7, 2006 07:37 PM (GMT)
Mientras tanto, dentro, el inquisidor mira intensamente al monje benedictino durante un rato y, durante un eterno momento, este estuvo seguro de que habia sido descubierto. Sin embargo, con un gesto malhumorado, el inquisidor regreso a su zona de lectura, dejando a los otros dos tranquilos.

Vincent D´Alençon - March 7, 2006 07:48 PM (GMT)
Cuando el inquisidor desapareció en el umbral de su habitáculo, el decrépito corazón del Lasombra pudo por fin volver a su lugar y recuperar el control sobre su tembloroso cuerpo...El escozor provocado por aquel humano malsano remitía y tan solo un ligero malestar recordaba lo cerca que había estado el cainita de provocar un espectáculo sin predecentes en la Sorbona...Sin duda debía saber más sobre la identidad de aquella criatura infame...

Instantes después, Vincent continuaba con su faena y acumuló gran cantidad de libros, que fueron rodeados por sus fibrosos brazos y elevados mientras su rostro se contraía y enrojecía por el esfuerzo (o al menos eso fue lo que vieron los clérigos). Por supuesto, su apreciado "Reus Mundi" se hallaba en la base y muy pronto pasaría a su propiedad particular...

- Gracias por la ayuda, chico...- Musitó con sonrisa displaciente el de Alençon, mientras Armand mostraba signos de no entender, pues era aquel benedictino quien le ayudaba a él.

- Por favor, hermano...- Suplicó Vincent al inquisidor con voz quejumbrosa...- Indicadnos el camino a seguir-

Elois D'Umbrelle - March 8, 2006 11:17 AM (GMT)

D'Artois se internó nuevamente en la Sorbona y observó como el jefe inquisidor, aquel de quien tenía que recalar información estaba "demasiado" ocupado, vamos que no le pareció buen idea consultarlo mismamente a él.

Y así reparó en el joven fraile y el benedictino que transportaban libros para la pira de la censura.

Se acercó despacio, no quería sobresaltarlos, sonrisa afable en boca y les abordó.

- Disculpen hermanos, ¿podría ayudarles?, parecen realizar una tarea pesada y siguiendo la doctrina de ayudar al prógimo no encontraría mayor recompensa en mi haber que prestar servicio al clero.

El hospitalario sonrió gentilmente, era algo maduro, pero en su juventud había sido un cruzado, de hecho aún se sentía cruzado en cierto modo.


Gervese - March 8, 2006 01:10 PM (GMT)
Durante un instante Armand se preocupó, aquel benedictino le había producido una buena primera impresión, pero despues de pedirle ayuda había dado fuertes muestras de estar enfermo, quizas le había puesto en un compromiso.

Cargaron entre los dos con todos los libros e iniciaron el camino hacia la salida cuando fueron interpelados por aquel Hospitalario que quería ayudar, el joven se sabía delgaducho, pero se estaba empezando a cuestionar demasiado su capacidad para levantar unos cuantos libros. Armand desconfiaba de los desconocidos por mucho que portasen cruces en su atuendo, sobre todo desconfiaba de los desconocidos que no utilizaban dones oscuros para caer bien.

- No es necesario, gentil caballero, el carro en donde tenemos que depositar los libros está cerca.

Sin entretenerse demasiado le hizo un gesto al benedictino para que se apresurase y llegaron hasta el carro. Era un vehículo de dos ejes tirado por dos bueyes, con un sucio conductor custodiándolo. Era un transporte amplio, con capacidad para cargar con un montón de inquisidores y a la vez con una pila de libros para hacer una buena hoguera.

El flacucho monje fue lanzando uno por uno los libros al interior del carro mientras los contaba en voz alta. Cuando acabó con los suyos, y con su permiso, comenzó a hacer lo mismo con los libros que cargaba el benedictino.

Vincent D´Alençon - March 8, 2006 07:28 PM (GMT)

Cuando llegó hasta ellos aquel hospitalario, Vincent retrocedió un paso con el recuerdo vivo de las llagas del Corruptor, más aquel hombre no poseía aquella esencia mil veces maldita, sino que con gesto amable ofrecía su ayuda en la carga con los libros. Los inquisidores estaban encantados. ¡Al final no tendrían que cargar ellos con ninguno!

Cuando el chico negó el ofrecimiento al sanjuanista, sus ademanes parecieron indicar que la presencia del soldado no pareció agradarlo. Mas bien al contrario, cargando sus estrechos brazos con todos los libros que físicamente era posible transportar y dando ligeros tumbos- Siguió a los inquisidores hacia el exterior mientras Vincent quedaba rezagado junto al del Hospital...

- Su ayuda es inestimable, monsieur...Pero aunque débiles son nuestros huesos, cargamos con el pecado del hombre con estoicismo y Fe en nuestro Dios...Que lo guarde en su Gracia- Susurró aludiendo a los viejos volúmenes que contenían sus brazos. Con una fugaz sonrisa, desapareció siguiendo la estela de los inquisidores.

Una vez fuera, llegó hasta donde el jóven descargaba sus libros y sin previo aviso, los volcó sobre el carro cuando éste fue a echar mano de ellos, mientras sufría un violento acceso de tos...Los inquisidores giraron los rostros contrariados. Armand por su parte, veía como las cuentas que había realizado hasta el momento se echaban a perder bajo la marea de volúmenes e iba a empezar a contar desde el principio cuando la entrecortada voz de Vincent le interrumpió...

- Yo...lo siento...Ya están todos...- Tosió mientras su puño golpeaba su pecho- Dios ha castigado mis pecados en otra vida con la penitencia de un corazón débil...- Los ojos del Lasombra obviaron al jóven y se clavaron una vez más en el inquisidor que llevaba las riendas de los caballos, tejiendo la sutil telaraña que guiaría su débil voluntad hacia la inconsciente sumisión al cainita...- Deberíais partir...Hay mucho trabajo y demasiadas blasfemias encierran estas páginas como para que perdais el tiempo en estas calles...- Sus pupilas de obsidiana volvieron al chico, a quien sonrió con gesto doliente. - Tu diligencia es digna de admiración...¿Cómo te llamas?-




Elois D'Umbrelle - March 8, 2006 10:00 PM (GMT)

D'Artois se encogió de hombros, jugar con la inquisición sería arriesgado, por ello caminó hacia el interior para interrogar a los funcionarios por aquel inquisidor, quizás estos le otorgasen más información, no podía volver con las manos vacías al Chateaux.

Gervese - March 9, 2006 03:10 PM (GMT)
- Desastre.

La palabra se produjo justo despues de lo dicho por el benedictino, parecía una respuesta a su pregunta, pero "Desastre" era un nombre poco comun.

- Dios debe estar castigándome por alguna razón, esta noche está resultando completamente desastrosa, primero se rompe la bolsa, despues se enfada el jefe y ahora se me mezclan los libros. - suspiró - No puedo partir hasta comprobar que estan todos los libros, en la biblioteca habrán apuntado su numero exacto y cuando lleguen a su destino volveran a comprobarlo y si la cifra no coincide me la cargaré yo.

Trepó hasta el interior del carro y comenzó de nuevo su cuenta.


- Uno, dos, tres, cuatro, cinco,... disculpadme hermano benedictino .... seis, siete, ocho, ... no nos hemos encontrado en el mejor momento para que yo pueda charlar... nueve, diez, once, doce, ... estoy algo ocupado... trece, ... me preguntabais mi nombre, soy Armand Jean du Tours, aprendiz de la orden de Teodosio ... catorce, quince .... creo que falta uno.


Vincent D´Alençon - March 9, 2006 07:18 PM (GMT)

Aquel zagal parecía ser el único que se tomaba en serio su trabajo. Los otros dos inquisidores bufaban en la cabecera del carro con rostros impacientes, por lo que la presencia de aquel cachorro comenzaba a resultarle mas bien...insidiosa. Al escuchar su nombre y su pertenencia a tal Orden, los ojos del Lasombra chispearon con brio ante la perspectiva de adoptar entre sus fieles a tan valiosa adquisición, proporcionándole una via de entrada al corazón del monasterio de Saint Dennis...Tan solo era un aprendiz, pero el cainita era criatura paciente y dedicada para con los suyos...De pronto el pecaminoso libro que faltaba en la cuenta no le pareció tan importante...

... pero aún debía tensar la soga...

- ¿Uno, Monsieur Du Tours?...Mas es imposible...No he apreciado que ningún ejemplar cayera al suelo...- La protesta de Lasombra iba precedida del cansancio y el abatimiento. Sin duda a ojos de los humanos su aspecto era deplorable y no tardaría mucho en hallar eterno reposo - Arriba...cuando ocurrió el desafortunado accidente de la saca...vuestros hermanos no se dignaron a contar los volúmenes, simplemente cargamos con ellos hasta aquí...quizás hayan pasado por alto aquel que os falta en la lista...¿Conoceis el nombre?-

El Lasombra comenzó a sentirse cómodo desviando la culpabilidad del muchacho hacia los inquisidores. Sin duda era cuestión de tiempo que éstos restallaran sus látigos y pusieran fin a la discusión, al fin de al cabo, podrían volver a la mañana una vez certificasen la ausencia de uno de los documentos heréticos, pero dudaba que el chico se diese por vencido tan facilmente, aunque pusiera a prueba la paciencia de sus superiores corroborando uno a uno los volúmenes...y Vincent ganaría tiempo...Al fin de al cabo, qué menos podía esperar de un prometedor acólito como aquel...

Gervese - March 10, 2006 11:12 AM (GMT)
Armand recontó en silencio todos los libros para confirmar que faltaba uno.

- ¿Ninguno hermano benedictino?... disculpadme ¿cual es vuestro nombre?. Todos los libros cayeron sobre el suelo de marmol de la biblioteca, supongo que es allí donde se habrá perdido el ejemplar que falta.

Bajó del carro, al que había subido para realizar sus cuentas, dispuesto a regresar a la biblioteca.

- ¿Me acompañais para buscarlo? - le preguntó al benedictino. - vigila estos libros que dejo en el carro - añadió dirigiendose al conductor.

El conductor se giró, debajo de su capucha de trapo deslustrado se entreveía una máscara de cuero, respondió con un gruñido y movió ligeramente el látigo que llevaba en la mano para confirmar que había comprendido la orden.

Vincent D´Alençon - March 10, 2006 11:58 PM (GMT)

- Mi nombre es Alec- Respondió el benedictino mientras se colocaba la capucha sobre el rostro para protegerse de la brisa helada que comenzaba a levantarse...No tenía sentido revelar la verdad a quien no ha sido abrazado por la Virtud...

Vincent siguió los pasos del jóven, cuya inquietud daba alas a sus pies y que a grandes zancadas, ascendió hasta llegar a la biblioteca donde había comenzado todo...El Lasombra caminaba con prudencia, dejando que el chico se adelantase, pues era consciente del riesgo que asumía al regresar al cubil de aquel siervo de Ialdabaoth. Sus sentidos se agudizaron al máximo y sus ojos barrían la estancia como surícatas inquietos...En cuanto notase aquel enfermizo malestar desaparecería en la nada...más tarde se preocuparía de dar explicaciones. Sin embargo el inquisidor jefe parecía enfrascado en la lectura, pues su puerta estaba cerrada a cal y canto y los estudiantes allí congregados apuraban sus pasos en el más absoluto silencio.

Vincent respondió con un sentido suspiro a la cara de desesperación del chico...Daba vueltas en torno a la estantería y recorría una y otra vez el trayecto hasta el carro, pero no encontraría ningún libro...

- Quizás algún estudiante lo haya recogido y devuelto a la estantería...o cambiado de lugar- Musitó. En un momento en el que el jóven no miraba, Vincent tomó un libro del escritorio de un monje ausente y lo ojeó...contenía textos originales de Bernardo de Claraval, un legado papal que reconoció la cristiandad cátara pero nunca fue puesta en duda su Fe...pero aquella conexión con el Languedoc bien podría servir de cebo para la jóven carpa que removía cielo y tierra en busca de su añorado volúmen perdido...

- Monsieur Du Tours...Este libro podría ser el que buscais...- Le tendió el volumen...no sin antes dotar a su voz de la sutil convicción de Caín...

Gervese - March 11, 2006 02:22 PM (GMT)
Los movimientos por la sala del joven delgaducho y del benedictino enfermo no pasaron deseapercibidos a las inquisitivas miradas de los inquisidores. Que aparentaban estar ocupados con los libros mientras vigilaban para averiguar qué estaban tramando aquellos dos.

Armand se aproximó a "Alec", tomo el libro que este le tendía, y examinó su lomo y sopesó su volumen y peso para ver si su memoria recordaba algo de ese libro.

- Este libro podría ser el que busco - repitió el monje rojo convencido de lo que decía - ¿dónde lo habeis encontrado?..

Vincent D´Alençon - March 11, 2006 03:43 PM (GMT)

Alec señaló la mesa cercana, en la cual aún se desprendía un acre olor a cera quemada. Sin duda su ocupante se había retirado a descansar hacía escaso tiempo y había dejado varios libros sobre el mueble a la espera de que el bibliotecario los devolviera a su lugar.

- Está cerca de las escaleras, alguien podría haberlo recogido del suelo y colocado junto al resto para su vuelta a las estanterías...- El Lasombra lo tomó de nuevo de manos del chiquillo y ojeó su interior... - Es posible que sea este, pues estaba apartado de los libros que utilizó el monje aquí instalado...y Bernardo de Claraval es un autor cuyos escritos no siempre son del agrado de la Santa Ecclesia, creo haber visto alguno de ellos en el carro...- Percatándose de las miradas que atraían sobre ellos, el cainita devolvió el libro al chico y con una sonrisa paternal apoyó su mano en su hombro...

- Lo más seguro de que ese sea...si no es el que buscan, ni mucho menos arrojaran sus iras sobre un jóven y aplicado estudiante, sino sobre los ufanos y perezosos clérigos encargados de recolectar las obras impías...No olvideis que vos solo teneis por responsabilidad cargar con ellos, no administrar la bibliografía de la Sorbona...Os están esperando, entregad el libro y descansad...Y si Dios ve justo castigaros por el error de aquellos que lo merecen, yo intercederé por vos para velar vuestro derecho...-

El Lasombra no perdía de vista al resto de clérigos de la estancia...Sería prudente no dejarse ver durante más tiempo...

Gervese - March 14, 2006 12:39 PM (GMT)
Armand miró el libro, luego a Alec y sonrió.

- Creo que vuestros conocimientos sobre libros hereticos superan a los mios, asi que os haré caso y me llevaré ese libro.

El joven miró a los inquisidores, aquel no era un lugar para charlar. Caminó de nuevo hacia la salida junto al benedictino, mientras en voz baja le contaba.

- No temo ser castigado por dios, otra cosa es el hermano Cato, el maestro bibliotecario de mi orden, vos no estareis para interceder por mí cuando le entregue estos libros, y el no se lo tomará demasiado bien si no está toda la lista que ha pedido revisar.

Una vez llegaron al exterior el joven monje lanzó el último libro al interior del carro y se despidió de Alec.

- Me tengo que marchar ahora. Es tarde, el camino hasta la abadía es largo, el maestro querrá revisar los libros despues del rezo de maitines. Que Dios os pague toda vuestra ayuda hermano.

Armand ya se iba a subir al carro, pero despues se lo pensó mejor, el benedictino había hecho mucho por ayudarle y un simple agradecimiento le parecía poco. Asi que añadió.

- Ya que voy para allí, pasaré por el convento de Saint-Denis, las monjas de la orden hacen un rico pan especiado, es un alimento humilde pero merece la pena probarse, me gustaría ofreceros uno de esos panes como conpensación a todo vuestro esfuerzo. Os lo haré llegar si me decis en qué monasterio teneis vuestra residencia.

Vincent D´Alençon - March 14, 2006 01:41 PM (GMT)

El Lasombra esbozó una sonrisa en respuesta al gesto del muchacho.

- En estas noches me resguardo de la escarcha en la Abadía de Saint Germain du Prés, en Montparnasse...Con vuestra venia, no desearía molestaro, monsieur Du Tours, enviaré a un hermano a recoger tan grato presente, pues mis deberes para con mi Orden imposibilitan que acuda en persona...más si deseais acudir vos, no solo compensaría vuestra amabilidad, sino que os mostraría las virtudes de una de las mayores bibliotecas teológicas de Francia, el caldo de cultivo de los sabios y erúditos del mañana...Espero al menos haberos tentado, mi querido Armand.-

El Lasombra inclinó levemente la cabeza cuando el chico montó en el carro y su conductor lo puso en marcha con un brioso chasquido...

- Que Dios os bendiga, hermano de Teodosio...¡Y gracias a vos por obsequiarme con vuestra insigne compañía!-

El Magistri entrecruzó sus manos cual garras de halcón, prestas para arrojarse implacablemente sobre la incauta paloma...

Gervese - March 14, 2006 03:59 PM (GMT)
- Saint Germain du Prés, en Montparnasse, sí me suena el lugar. Buscaré algun quhacer por esos lugares para poder ir a visitaros y así podreis probar ese alimento que eleva el espíritu.

El joven monje se despidió con la mano mientras el carromato se alejaba.

-Adiós hermano Alec.

Vincent D´Alençon - March 15, 2006 12:46 PM (GMT)

- ¿Quien era el insigne legado al que incomodamos en la Biblioteca, mi buen Armand? ¿Acaso un enviado del Santo Padre?- Fue la última cuestión que arrojó sobre el chico antes que el carro se alejase en demasía.

Finalmente, el Lasombra alzó una mano en señal de despedida y observó el traqueteante carro hasta que éste desapareció en las entrañas de París, engullido por la incipiente niebla que se acercaba desde el río. Sin duda aquel muchacho podría abrirle muchas puertas en un futuro no muy lejano, aunque su madurez aún se hallaba aletargada tras la vitalidad y la dedicación de la adolescencia...Quizás fuese conveniente aguardar al momento propicio...Al fin de al cabo, su existencia se basaba en un reloj sin arena...

Lanzando un último vistazo a las prominentes puertas de la Sorbona y con la mente puesta en aquel enviado de Ialdabaoth que tan cerca había estado de complicarle seriamente sus propósitos...

Con las manos entrelazadas en una solemne oración y el rostro cabizbajo, el monje comenzó a caminar en dirección a Montparnasse, sintiendo el tacto grumoso del "Reus Mundi" que ocultaba su raído hábito...

Gervese - March 23, 2006 10:40 AM (GMT)
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¿Quien? La respuesta a esa pregunta yo no la se. Debería contestar el Evento.


Si el lasombra está contento por haber conseguido 1 libro heretico, imaginate lo contenta que estará la orden roja que se ha llevado un saco entero.




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