Anna era consciente de que llegaba con un mes de retraso a su encuentro planeado con el Principe, y que a este no le iba a gustar mucho, pero su actual situacion era mas importante. Pasar por una crisis de fe era algo nuevo para ella, pero era basicamente lo que le ocurria tras haber hablado con Heinz von Bavemberg. Geoffrey lo entenderia, tendria que entenderlo.
Icaro la recibio en la entrada, y hubiera demostrado sorpresa si no hubiera sido por sus siglos de practica haciendo estas cosas. Tranquilamente, la guio ante el Principe, que estaba en su despacho en la torre, revisando documentos.
-Mi senor- comenzo Anna, con una profunda genuflexion-, lamento el retraso, pero ha sido un mes de lo mas extrano. Es la primera vez que he dudado de la existencia y benevolencia de Dios, y lo cierto es que no he llegado a conclusion alguna en este mes. Lo lamento, mi Senor, pero os fallo como la confesora que precisais.-
Geoffrey escucho sorprendido sus palabras. Conocia a Anna desde que ella habia sido Abrazada, y ya entonces ella era una monja. Que de pronto dudase de Dios era como que dudase de su propia existencia. Estaba demasiado sorprendido como para decir nada, casi incluso conmocionado.
Durante horas, Anna explico su nueva posicion, y su incapacidad de asesorar ya al Principe y escuchar sus pecados. Creia que el era ya suficientemente sabio como para poder conocerse a si mismo y redimirse sus propios pecados, pues ella debia ahora enfrentarse a solas con los suyos. Desde la noche en que se habia encontrado con Heinz, todo habia cambiado. Todo. Ahora se cuestionaba cualquier cosa que antes daba por sentada, y pocas permanecian estables ante su nueva mirada.