View Full Version: La boca de la verdad

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Title: La boca de la verdad
Description: Flashback 1221.


Gervese - February 20, 2006 08:49 PM (GMT)
El abad de Sanit-Denís llevaba meses meditabundo, especialmente preocupado por la importante tarea en la que estaba inmerso, sólo había una cuestión con la que se permitía distracciones. Un protegido, un estudiante prometedor llamado Armand que acababa de ingresar en la Orden de Teodosio.

Todavía era una primavera temprana, pero la tarde era cálida y resultaba agradable para dar un paseo por la Sorbona. Algunos edificios se encontraban todavía en construcción y siempre se descubrían detalles nuevos.

Maestro y alumno debatían las cuestiones de la Fe mientras recorrían un callejón entre dos edificios, cuando el abad Gèrvese se paró de pronto y se quedó observando una figura de piedra en relieve que surgía en un rincón de uno de los muros de la universidad. Se trataba de una gótica cabeza de gárgola con una boca ancha y abierta que parecía muy profunda, tanto que se perdía en una insondable negrura. Podía tratarse de un desagüe, pero lo habitual era que esas figuras estuviesen más altas, en los tejados, y esta estaba a metro y medio del suelo.

El joven Armand, notando el interés de su maestro por la figura que acababa de descubrir, trató de quedar bien hablándole sobre ella.

ARMAND- Hace ya unos meses que colocaron allí esa figura. Los estudiantes no paran de darle vueltas a cual puede ser su función. Ya han aparecido varias leyendas, hay quien dice que se trata de un buzón, en el que poder depositar denuncias anónimas contra la gente que se ha apartado hacia el mal camino, para poner sobre aviso a la inquisición. Otra leyenda se aventura más lejos, dice que la gárgola está encantada, y si un mentiroso introduce la mano dentro de esa boca abierta, la figura cobra vida y el mentiroso se queda manco.

Gervese - February 22, 2006 06:04 PM (GMT)
El aprendiz esperaba que su maestro hiciese alguna aguda crítica contra las tendencias supersticionas de los estudiantes de la Sorbona. Pero en lugar de ello, el Abad Gervese sonrió, se aproximó a la figura de piedra y acarició los colmillos de aquella gran boca abierta.

GERVESE - Bien, los rumores han comenzado a extenderse correctamente.

El aprendiz miró contrariado a su maestro, esperando alguna explicación.

GERVESE - Ha tenido que hacerse así, no podíamos decir oficialmente que la iglesia ha instalado aquí un buzón para que se denuncie a los engendros del abismo. Dios nos indica que hay que ser misericordiosos, tenemos que ofrecerles a los pecadores esta oportunidad de redención. Si hay un ápice de bondad en ellos, depositáran en este buzón una confesión de sus pecados.

ARMAND - Pero maestro, si son demonios del abismo, dificilmente querrán la redención. No creo que vengan para confesar que son Vampyrs.

El Abad meditó un instante antes de responder a su alumno.

GERVESE - Si no hay confesiones, es porque no hay remordimientos, porque carecen de alma, y así sabremos que todo en esos seres pertenece al infierno. Una garantía más de que hacemos lo correcto al devolverlos a su hogar.

El maestro dió la conversación por conluida e invitó a Armand a continuar el paseo, cuando se alejaban añadió:

GERVESE - Tambien hay otra posibilidad, algunos de esos engendros se llaman a sí mismos "cainitas", puede que como herederos de Caín sientan tambien la necesidad de destruir a sus hermanos. Y si un "cainita" quiere utilizarnos para destruir a uno de los suyos, bienvenida sea su denuncia.

Los dos clérigos se alejaron del lugar, dejando en la soledad de un rincón de la universidad a aquella figura de piedra con las fauces abiertas, esperando, inalterable, durante todo el tiempo que fuese necesario la llegada de un mensaje.




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