El río serpenteaba oscuro, pues la luz de la ciudad en la noche no podía atravesar el agua para iluminar su fondo. Aunque eso lo consiguiera pocas veces la luz solar. Las barcazas de suministros habían estado ascendiendo el Sena durante todo el día desde las frías aguas del norte.
Docenas de pequeños embarcaderos bordeaban todo el trayecto, al igual que cientos de almacenes. El bullicio del día se reducía casi a cero al anochecer, pues los almacenes del puerto eran un lugar peligroso durante el reinado de Selene. Salvo en aquellos que alguien había pagado escoltas armados, mercenarios en el mejor de los casos.
Ángelo avanzaba por la orilla norte del Sena paseando. Vestía con su ya típica capa con capucha, botas negras de montar y con el pelo atado con una cinta. Colgaba a su derecha una espada bastarda de oscura empuñadura, que su puño izquierdo sujetaba con fuerza inconscientemente. Ángelo buscaba algo, pero su objetivo era un misterio.
Los pasos del Italiano se detuvieron ante un amplio almacén. El aspecto del edificio era deplorable, las paredes de vieja madera y oscura piedra podían poseer décadas de antigüedad, pero se mantenían firmes en su lugar.
Mientras Ángelo observaba el enorme local haciendo cálculos mentales, cuatro figuras salieron de un callejón lateral. Todas ellas con cara de depredador y con la mirada de quien ha encontrado una presa digna esa noche para la cacería.
Los cuatro maleantes comenzaron a rodear al Lasombra y a sacar toda una serie de armas cortantes; todo un arsenal de cirugía callejera. El más alto de los tres se acerco hasta dos metros de Ángelo, arma en mano.
- Danos todo lo que lleves y luego pensaremos que hacer contigo. – Dijo con una maliciosa sonrisa. El resto de rufianes también rieron nerviosamente.
- Ese edificio es tuyo?... “Responde”. (Dominación 2). – Los ojos de Ángelo se clavaron en los del bandido con la fuerza de su voluntad. Su voz no era agresiva, pero su tono era nítido como el cristal.
- No… - Luego se sorprendió de haber respondido. – Pero eso no es lo que yo te he dicho.
- Y sabes a quien pertenece?... “Responde”. (D2).
- Su difunto dueño murió tras arruinarse, ahora es nuestro. – La sorpresa del ladrón era quizá mayor que la de sus tres compañeros, que miraban a su líder con cara de sorpresa. Luego volvió a hablar, esta vez intentando, sin éxito, que su voz sonase firme. – Pero dame lo que lleves… o… o… prepárate a mo… rir.
- No digas sandeces. – La voz de Ángelo era suave, lo que ponía más nerviosos aun a los asaltadores. – Y guarda eso (D2), no querrás que nos hagamos daño… Verdad?.
El humano guardo lentamente su largo estilete. Su cara era de sumo desconcierto.
- Me lo voy a quedar. Vosotros seguiréis habitando en el y esperareis a que yo os diga lo que tenéis que hacer. – Ángelo saco una pequeña bolsa de cuero negro que tintineaba llena de monedas, y se la lanzo al hombre. Era sorprendente lo fácil que era “dominar” al ganado solo con dinero. - Por cierto, como te llamas muchacho?. – Ángelo hablaba mientras andaba hacia el local. Paso un brazo sobre el hombro del rufián como si se tratase de un viejo amigo. Mientras este miraba el contenido de la bolsa y abría los ojos de par en par. – Enséñame mi nueva adquisición…. mmm… no me has dicho tu nombre?.
- Jean Pierre mi Señor. – La voz del hombre había cambiado tras hacer un cálculo metal. – Venid muchachos. Enseñémosle la casa a…
- Ángelo. Sin trato de privilegio amigo mío.
Jean Piere sonrió, y sus hombres comenzaron a guardar sus armas y a seguir a su jefe al interior del edificio, por el que entraron por una puerta lateral.
El interior del almacén era muy amplio. Más de los que se podía suponer desde el exterior. El desorden de cajas rotas reinaba en la nave central. El polvo y la suciedad lo cubría todo, ya que nadie se había preocupado de limpiarlo en años.
- Es todo lo que se vé?... o hay más . - Ángelo lo observaba todo cual comprador crítico.
- No mi señor Ángelo, tenemos un par de sotanos bajo esos maderos, y hay un par de habitaciones al fondo. - Jean Pierre había pasado a ser un sirviente eficaz. - Una es un antiguo despacho archivo y la otra es una habitación para que duerman los guardias nocturnos. Es el lugar que hemos ocupado pues hay camas.
Demasiados detalles para el gusto del Italiano. Pero debía de tener contentos a sus nuevos hombres.
- Tendremos que acondicinar esto mi querido amigo. - Ángelo gesticulaba abarcando todo el edifício. -Esto tiene que parecer un almacén en uso y no una guarida de criminales. - Termino con una sonrisa.
Los cuatro hombres rieron la gracia sin entenderla demasiado. Habian "ascendido"... o eso pensaban.
Tras registrar el lugar, Ángelo dejo a los hombres y les dijo que contrataran por la mañana un grupo de obreros para limpiar la zona... no iba a dejar que sus nuevos hombres pensaran que eran solo carne de cañon. Tenía que hacerlos sentir importantes y útiles.
(Finalizado)