View Full Version: Bajo la sombra de la dama. (23-05-1225. Noche)

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Title: Bajo la sombra de la dama. (23-05-1225. Noche)


Nicolas_Fresnoy - May 26, 2005 08:50 PM (GMT)
Hace horas que las calles yacen bajo el manto de la noche, en ese periodo incierto de sombras y silencio y terrores agazapados en la oscuridad. Los rezagados se apresuran a volver al calor de sus hogares, dejando a la solitaria figura como el único elemento móvil en las lúgubres callejuelas, apenas un eco vacío. Tarde o temprano sus pasos volvían al punto de inicio, el tiempo se arrastraba hasta volver a sumirle en la espiral de recuerdos, hasta devolverle la consciencia de la que cada día huye ayudándose del arte, la que espera que la noche le arrebate con el abandono a los dones más carnales. Pero, invariablemente, el cansancio cae como un sudario mojado, y cada rostro esculpido en piedra parece ser el espejo de su recuerdo.

Esta noche es una de esas noches, vuelve ante la fachada de Notre Dame y observa, deja que las yemas de sus dedos reconozcan la textura fría de la piedra, que creen rostros diferentes en su pensamiento y transformen en calor esa indiferencia. En este lapso de consciencia no es capaz de discernir el tiempo que ha pasado, meses... años... no lo sabe, y sigue punzando su alma como la primera vez que pisase la amplia plaza, la primera vez que lo hiciese en soledad, sin sentir más que desprecio por lo que la magnificente mole de la catedral significa. Ahora es un punto para que nada caiga en el olvido... un punto al que volver con el tiempo para renovar el dolor sordo y no dejar que muera, porque entonces dejaría de sentir.

Bajo la sombra de la silenciosa dama sigue esa figura, como un retazo más del silencio, dejando que las lágrimas se alojen, amargas, en su garganta, esperando que las horas de insomnio se arrastren como cada noche, pero esta vez siendo plenamente consciente de cada una de ellas.

La Rosa - May 27, 2005 12:07 AM (GMT)
(Auspex IV de Miguel de La Rosa)

Una mente en los alrededores sobresale por encima de las demás. Una conciencia retraida sobre si misma y corrugada alrededor de sus pensamientos trata de descifrar un enigma. La belleza en sus labios es la expresión de un corazón que transmite arte. Un alma humana, efectivamente. La Rosa detiene su nocturna caminata y vacila; menos mal que su corazón está muerto, de otro modo no habría podido soportarlo. El hombre tenia razón. Hacia tiempo que llebaba meditando sobre aquello; y sin embargo fue a encontrar la verdad en la voz del rebaño. La dama era insolente y arrogante. La dama sabía que era bella. De perversa condición, de seductora naturaleza. Eso era, una prostituta. Pobres de nosotros que caimos en su embrujo, ni los buitres querrán comer nuestras entrañas, podridas ya. Eso era Notre-Damme.

Miguel sigue indagando en la mente del suijeto un poco más, almenos lo suficiente como para asimilar alguna capa más profunda en la mente de Nicolas Fresnoy. Mientras tanto lo observa detenidamente, estudiando sus expresiones meticulosamente, divisando sus manos. Y se digna a hablar de imprevisto:

- Gracias caballero. Enormemente le doy las gracias por el presente que acaba de ofrecerme esta noche. Hacía tiempo que venía pensando en ello. Y sin embargo sólo pude comprenderlo observándole a usted. Usted me ispiró sin quererlo. Ahora que lo se...,prefería no haber conozido la verdad. Me resulta dolorosa, y muy diferente de lo que había pensado yo en un principio. Pero bueno, admito estar aliviado.....¿Comprende?.


Nicolas_Fresnoy - May 27, 2005 12:19 PM (GMT)
Es difícil encontrar un camino lógico en una mente que trata de evitarse a sí misma, los pensamientos se convierten en los corredores de un extraño laberinto. Efectivamente, la Dama es una prostituta, la fe para el escultor no es más que una amante que le ha abandonado cuanto más precisaba de su candor. La Dama no es nada, y lo es todo en ese momento, desnuda y desprovista del espíritu que debería poseer, Nícolas solo puede observarla como un rostro fragmentado, solo puede pensar en una silueta arrancada al recuerdo, en una dama de hueso y sangre y Fe, porque en ella había residido al fin y al cabo. Pero la figura pasea en su mente y se desvanece como un fantasma, susurrando palabras ya perdidas en el tiempo y la memoria... Los años lo corrompen todo. Y ese es el sueño que vislumbra el cainita, una melancolía que danza entre el dolor y la rabia, un vacío que a duras penas deja paso a la mente del mortal, que no sabe si no siente, o no quiere sentir.

No esperaba que ninguna voz irrumpiese en su meditación, tampoco lo deseaba, pocas veces daba una tregua a sus obsesiones y abandonos para analizar de alguna forma lo que le había llevado a su situación. Y aun así, de alguna forma, agradece que el silencio se rompa:

- ¿Que es lo que usted comprende, caballero?. - Pregunta, sin volver la mirada aun, esperando que la brisa nocturna acuda para borrar las marcas de unas lágrimas nunca derramadas.- Puede que su verdad no sea la mía...

La Rosa - May 27, 2005 01:05 PM (GMT)
La Rosa medita. ¿ Cómo hacerle comprender aquello a un mortal ?. Sonrie de nuevo.

- Siento haberle interrumpido en sus cabilaciones caballero.Pero....¿No es a caso preciosa la Muchacha ?. Dígame usted que no la ama, si se atreve. Míéntame y dígame que no le hubiese gustado haberla esculpido con sus propias manos, con suavidad pero con firmeza, tal y como es. Querría que hubiese sido su hija, y sin embargo noto en su mirada un cierto tono libidinoso. No solo la hubiese querido haber parido. La ama con pasión y deseo; con el fuego del pecado. Y eso es incesto amigo mio. Le digo esto, porque me compadezco de su obsesión. Usted no es el único. No me pregunte porque le comprendo de esta manera, ni porque parece que conozco su alma. Ahora yo le daré el consejo que le debo, y así queedaremos en paz: no caiga en su embrujo;la Dama sabe que es bella, y se hace derrogar. No trate de imitarla, le corrompe la mente. Libérese, y deje emerger la bellez ade su corazón. La Dama sólo le respetará si sabe que usted es más bello que eya. Sí, lo se, suena insolente, pero es la verdad. Cierre los ojos, abra el corazón y deje fluir por sus manos la belleza. Estoy seguro de que de ellas saldrá su verdadera musa, su hija; que le respete y le corresponda en el amor sólo a usted.

- Siento las molestias, le ruego me disculpe. Debo partir, pero deseo volver a verle en algun paseo nocturno por estos lares.

La Rosa ejerce una poderosa reverencia y parte calle abajo entre la niebla, guardando su misterio pero habiendo creido liberar y a la vez inspirar a aquel simple hombre. En verdad deseaba volver a verlo.

Nicolas_Fresnoy - May 27, 2005 01:29 PM (GMT)
Las palabras del extraño se llenan de matices, se transforman en los oídos del mortal en algo diferente, adoptando significados que solo él podría entender. La belleza y el dolor son uno en los rostros petreos de la Dama, no puede dejar de amarla, no por lo que significa para el vulgo, nisiquiera por lo que significaría para un artista, no puede dejar de amarla por haber sido un punto clave en su propia existencia, y no puede dejar de odiarla por haberle mostrado todas sus facetas, tanto en el arte, como en la fe... y solo una de esas facetas ha sobrevivido intacta en forma de obsesión. La ama, la desea... y la odia con intensidad. Sus ojos se apartan de la visión de ese recuerdo petrificado para volverse hacia el extraño y fijarse en el brillo de su mirada tras la máscara... No importa como ha conseguido ver en regiones tan profundas, solo sabe que le comprende, comprende cada una de las palabras, pero desde su verdad, desde su visión... y es consciente de que no guarda fuerzas para resistirse a ese embrujo:

- Las musas son caprichosas caballero... ninguna es del todo fiel. Pero le agradezco el consejo, y no dude que lo tendré presente.

Corresponde a la reverencia y le observa marchar, con las palabras tamizadas por sus pensamientos aun suspendidas en la mente. La dama, Su Dama, no volvería de sus cenizas, la única musa que pudiera traer de nuevo la belleza a sus manos se perdió en el camino, y la única traza de su esencia parece rondar las sombras bajo la imponente catedral, como si buscase que el escultor la reencontrase... esperando un reencuentro que jamás se produciría... y que duda que la muerte le brinde algún día.




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