View Full Version: Invierno de 1202

Edad Oscura Paris > La Concergierie > Invierno de 1202



Title: Invierno de 1202
Description: flashback (privado)


Elois D'Umbrelle - January 31, 2006 12:16 PM (GMT)

Un carromato un tanto olvidado cruza en la noche las calles de París hasta detenerse en la puerta de la Concergierie. No es un hecho inusual, muchos nobles pernoctan con fines un tanto deleznables, pero este carruaje tiene un blasón de cruz blanca sobre fondo rojo bordeado por cintas de oro y coronado por la flor de Lis.

- ¡Saboya!

Excalma en voz baja y suspira el encargado, a prisa ordena a un centinela que avise con urgencia a monsieur Ícaro.

Trata de contener los nervios y transmitir serenidad, pero queda deslumbrado cuando uno de los cocheros ayuda a descender a su ocupante: la Comtessa.

La simple presencia de la Comtessa provoca un cisma en las inmediaciones, la dulce joven era el centro de atención mientras caminaba con su elegancia habitual hacia la entrada escoltada por sus cocheros.

- Comtessa, es un placer tenerla de nuevo entre nosotros.

El pobre mortal no sabe que más pronunciar abrumado por la fuerte personalidad de la noble que ni siquiera reparó en éste, no le confirió mirada alguna pues sus ojos disponían vista al frente como la más distinguida entre todas las damas de París.

Llevaba prisa, pero paró en seco para ser anunciada a quien debía. Ícaro llegaba a marchas forzadas a recibirla, no se la esperaba aquella noche, de hecho no se la esperaba desde hace mucho aunque se sabía que tarde o temprano volvería de su viaje diplomático.

- Elois de Saboya.

Anunció el siervo a Ícaro quien de sobra ya conocía a la doncella.

La ventrue suspiró, su rostro estaba pálidoy sus mejillas eladas por el gélido invierno que azotaba por aquel final de año. Acto seguido realizó una reverencia a Ícaro y caminó junto a éste por la fortaleza. El chambelán la recibió tan cordial como siempre esperando conocer el motivo de su presencia...

- Sed bienvenida a París madame.

- Debo ver a su alteza esta noche.

Tanta urgencia atribuida a la dama era inusual, algo habría ocurrido en el sur... El chambelán comprendió que debía hacerla aquella concesión que asaltaba el protocolo habitual.

Ícaro asintió para alivio de la doncella haciéndola pasar a una sala donde el príncipe la recibiría.


Alexander - February 1, 2006 03:43 AM (GMT)
Por el camino, sin embargo, Icaro no permaneció callado. Su amiga merecía saber un poco qué esperarse del Principe esa noche.

-Elois, el Principe esta noche esta de un humor muy depresivo, tiene muy presente lo ocurrido hace cuatro años, y le está costando mucho salir de su ensimismamiento. Sed suave con él, lo está pasando mal a causa de la destrucción de su amada.-

Desde aquella noche fatídica en la torre norte, algo le había pasado al Principe y solo su Chiquillo Geoffrey tenía idea de qué podía ser, aunque no decía nada. Desde entonces, el humor de Alexander era volátil y cambiante, a menudo con bruscas modificaciones de un momento a otro.

Acorde con su estado de humor, Alexander la atendió no dentro del castillo, sino en la muralla oeste, alzadas sobr el final de la Ile de la Cite, donde las aguas del Sena se volvian a unir. Estaba imponente, gallardo, elegante, señorial... aunque de un modo trágico. Como los reyes protagonistas de las antiguas obras de teatro griegas, perseguidos por terribles destinos de los que no son capaces de huir ni hacer frente.

Elois D'Umbrelle - February 3, 2006 11:27 AM (GMT)

Todos los rumores que había escuchado eran ciertos, sus oídos nunca dieron crédito a las especulaciones de una locura aparente de su Príncipe, pero conforme los pasos de la ventrue la acercaban a París observaba un climax distinto. Demasiados hechos aislados en distintas ciudades, y ahora París, cuna del honor, sede de poder del grandioso Alexander. Tenía que contemplarlo con sus propios ojos o nunca daría crédito a la falacia.

Las puertas se abrieron y la ventrue se giró cual gacela en la pradera y con una velocidad endiablada sólo atribuida a su ansia de saber, de conocer, de ver al príncipe. Mayor fue su desilusión cuando tan sólo vio a Icaro, esgrimió una mueca de disgusto junto con una mirada triste, por un momento presumió que Alexander no la recibiría, pero todos sus temores se despejaron en boca de su buen amigo.

Pequeños pasos la llevaron hacia la muralla oeste, hacía frío y el cielo amenazaba con tormenta, níngún mortal en su sano juicio pasearía a aquellas horas bajo esas condiciones. ¿Porqué Alexander?.

Una extraña punzada se clavaba como una estaca de madera en su corazón propiciándola un agudo dolor que se acentuaba en el estómago, sus órganos estaban muertos pero en aquel preciso instante parecieron cobrar vida y emular a los de una enamoradiza adolescente.

Alexander estaba triste, podía sentirse, su aura lacónica embriagaba el ambiente y tal vez fuera la causante de aquel sentimiento de angustia reflejado en su súbdita. Ella caminó despacio para no alarmarlo, sus frágiles manos agarraban con fuerza el broche sobre su pecho, Elois no sabía porqué se sentía tan mal contemplando a su señor, incluso su mirada sagaz compartía tristeza. Podría jurarse sin temor a errar que lágrimas de sangre se agolpaban bajo sus pupilas, juguetonas buscaban un pequeño hueco o motivo para brotar en ríos escarlatas sobre las pálidas mejillas en forma de valle del rostro de la doncella. El tono cálido de la ventrue se tornó angustiado, su voz firme entrecortada por primera vez desde que Elois lo recordase. Quizás tras la pérdida de Harald en Reims años atrás y, es que en aquellas circunstancias, las pérdidas se acumulaban sobre su persona en conjura, el dolor que tenía era inmenso, pero al contemplar el ánimo que Alixander emitía la abrumó, descolocándola por completo.

Elois se acercó escudriñando en la noche la figura de porte augusto, sabía que era él, pero no era él. Una paradoja que la mantenía en vilo desde que lo visinó en la distancia. Debilmente articuló una palabra.

- ¿Sire?.

Una elegante reverencia acompañó a la doncella que aún yacía inclinada esperando que su señor le concediera el privilegio de levantarse, de mirarle al rostro, de contemplarlo y conversar con él.


Alexander - February 3, 2006 06:46 PM (GMT)
Alexander se volvio con una oscura parsimoneidad, la capa agitandose tras el en el viento como un ave que cuelga muerta de un arbol. Su rostro mantenia su belleza y poderio, y sin embargo, en las oscuras cuencas de sus ojos brillaba la perdida y el dolor mas terrible. Isolda le oyo muy debilmente articular un laconico "se ha ido" mientras el Principe se volvia hacia ella. Su breve inclinacion de saludo fue perfecta, como siempre, aunque parecia ligeramente fuera de tiempo, como si casi le hubiese costado levantar la cabeza tras inclinarla ligeramente.

-Lady D'Umbrelle, es un placer veros de nuevo en esta ciudad- dijo, su voz tan solo con un muy distante deje de alegria-; aunque sabed que asistis a sus horas mas oscuras.-

Sus palabras eran oscuros presagios. Poco sabia el Principe entonces que, durante los proximos veinte anos, la ciudad sucumbiria al caos, a la lucha interna y externa, al deber, al honor, y a la sangre. Pero esas cosas estaban aun muy lejos... quizas, tan solo quizas, el increible intelecto de Alexander alcanzase a percibirlo en sus momentos de lucidez, y quizas en aquellos oscuros instantes se daba cuenta del horrible destino al que habia condenado todo aquello que amara. Quizas, su hundimiento se debiese a ello... si habia piedad en alguna parte del mundo oscuro, ojala solo se debiese a ello...

Elois D'Umbrelle - February 5, 2006 10:39 PM (GMT)

La prominente voz de Alexander derretía los tímpanos de la ventrue como las trompetas de Israel, pese a todo había una pesadumbre inusual en su ánimo que jamás pasaría desapercibido a la atención de la rapaz Elois.

El nudo del estómago se trasladó a la garganta, en tanto que los ojos marinos quedasen abrumados por la langidez del grandioso príncipe. ¿Por qué?, esa era la pregunta que repetía una y otra vez en lo más profundo de su ser, pero no hallaba respuesta, tan sólo contemplaba un reducto de modelo a seguir, divino y virtuoso como una vez conoció al ventrue.

Tal fue la fuerza con la que aquellas delicadas manos apretaban el broche que el frío metal clavado en la piel de porcelana alcanzó la carne y ríos de color escarlata brotaban desde su muñeca recorriendo la manga del lindo vestido que configuraba la silueta de la sierva del gran Alexander.

- Nuevas de Iberia, mi señor

Pocas palabras pudo musitar Elois, aferrada aún al Alexander que dejó antes de partir, que mal le afectaba, que demencia, truco o engaño había sufrido el más grande entre los grandes...

Sacando fuerzas de flaqueza, sacadas donde no las había, afrontó la ventrue la tarea titánica de proseguir su reporte...

- Silvestre de Ruiz os envía sus mejores deseos al tiempo que Don Beltrán de Castro de Ventrue solicita vuestra gracia en su cruzada cristiana.

Aquella importante misiva había quedado relegada a segundo plano, inclusive tercer a tenor de los acontecimientos acaecidos recientemente, propiamente aquella noche.



Alexander - February 6, 2006 05:20 PM (GMT)
Alexander se dio la vuelta, indicando con suavidad a Elois que se reuniese con el en la contemplacion del rio. Permanecio callado un buen rato, sus inteligentes ojos posados en el fluir del agua... siglos mas tarde, Jorge Manrique escribiria que la vida es como un rio que lleva a la mar, que es la muerte, y sin embargo, Alexander ya conocia aquella alegoria desde aquella noche de 1197 en que habia destruido la luz.

-Siempre son malas nuevas, no?- dijo, con una voz fuerte, pero fragil- Todo el mundo solicita, exige, todo el mundo desea devorar la grandeza de esta ciudad para sus propios planes. Como una dama que se va haciendo mayor y mayor a medida que sus mayores virtudes van siendo arrancadas para el bien de otros, hasta que al final solo queda la carcasa de una anciana incapaz de hacer mas que recordar sus antiguos tiempos de gloria...-

Callo brevemente, recordando, recordando.

-Aqui se alzaba una poderosa villa gala cuando Julio Cesar se dirigio hacia aqui. El poderoso Antonius el Galo, quien luego fundaria Constantinopla, habia vivido aqui antes de marchar a Roma. Pero fui yo quien le dio grandeza a esta ciudad! Quien la hizo pasar de una sucia coleccion de cabanas de la Legion Romana, a una plaza prospera y grandiosa! Y que recibo a cambio? Peticiones de tropas, exigencias de pleitesias, enemigos, odio... Se conoce como el Sueno al de Constatinopla, asi que se creen con derecho a intentar destruir Mi Sueno! No se sienten culpables... Pues veran la Ira de Alexander! Dile a Don Beltran que si sus hombres no son suficientemente fuertes como para tomar el sur de Iberia por si mismos, entonces es que su sangre no es digna del linaje Ventrue!-

Con furia, se dio la vuelta y comenzo a caminar de vuelta hacia la Concergerie, la capa agitandose a su espalda como un latigo. Y, sin embargo, no habia despedido aun a Elois, de modo que era esperado que ella lo siguiese al interior.

Elois D'Umbrelle - February 16, 2006 08:09 AM (GMT)

Sin alcanzar a comprender la magnitud de las palabras de Alexander lo siguió, años más tarde le sería revelado aquel sentimiento, pero en ese preciso momento la diplomática franca quedó estupefacta viendo como su divo, aquel a quien había venerado desde mucho antes de pisar París, sólo de oídas, sólo por escritos dirigidos al Príncipe Harald, Alexander el magnífico rehusaba la posibilidad de mandar tropas a Iberia y cobrarse favores futuros. Era una oportunidad única, pero el grandioso príncipe la rechazaba, algún motivo importante debía tener.

Con esos pensamientos cirunvalando su aguda mente siguió los pasos del Rey, ahondando en las intenciones de éste y lo que su paupérrimo ánimo llegaba a influir sobre éste.

Sin ánimo de ser osada o petulante, aventuró una tímida petición, suvamente para no alterar su temple.

- Mi señor, siendo así, como vería su Gracia, si fuera Elois quien enviase hombres desde Saboya, no serían tropas de su gracia y no se las podría achacar directamente a su gracia pero los Íberos supondrían que acudieron gracias a su magnanimidad.

Todo eran buenas intenciones en aquel cachorro que mucho tendría que aprender de Alexander, de la no vida. Mirando con ojos lacónicos al divino ser superior que la permitia estar a su lado y la agraciaba con sus pensamientos Elois se aproximaba todo lo permitido a éste, si de ella dependiese el príncipe tendría su hombro para llorar y deshagorse aquella y mil veces más, pero tampoco era lo que quería la ventrue, ver en ese ánimo a su ideal de conducta podría destruir su ánimo y Fe en el linaje de los patricios. Deseaba consolarlo, pero anhelaba aún más contemplar la fuerza y vigor resurgiendo cual Fenix desde lo más profundo del corazón dañado de Alexander.





Alexander - February 18, 2006 09:27 PM (GMT)
Por un momento, Alexander penso si aquel era el destino que le aguardaba, la osadia de sus vasallos intentando ganarse favores propios. Pero desecho ese pensamiento antes casi de que se formase: conocia a Elois desde hacia suficiente tiempo, antes incluso de que ella llegarse a Paris, y sabia que ella lo decia como oferta de ayuda al Principe, como regalo. En sus ojos, no habia mas que la intencion de ayudar.

Pero esa no era la intencion de Alexander.

-Milady, os agradezco vuestra generosa oferta, pero debeis entender que no es una cuestion de tropas. Paris posee hombres suficientes para luchar en el sur si fuese el momento. La cuestion es que otros se dedican a sangrar esta bella ciudad, como si toda su grandeza fuese suya para poseer y gastar en sus necias guerras. Cuando el Santo Padre llamo a las cruzadas, la mayoria de los caballeros eran Francos, y no pocos procedentes de estas tierras por oferta mia. Cuando hay problemas con los ingleses, los parisinos son los primeros en acudir a ayudar a los Principes de esas zonas cuando lloran su incapacidad para defenderse. No, si los Lasombra del sur son incapaces de luchar por sus tierras, las perderan, y las conquistaremos nosotros. Y no se las retornaremos, nos las quedaremos para nosotros mismos, con Principes dignos que las regenten... Principes como vos.-

Era conocido que Alexander no era amigo de los Lasombra. Sus tretas y sus movimietos por la espalda delataban su debilidad. Y ya no seria siquiera un apoyo para ellos. Si se mataban entre si, tanto mejor, no sangrarian esta ciudad.

Elois D'Umbrelle - February 22, 2006 10:09 PM (GMT)

De poder sonrojarse Elois lo habría hecho por el comentario de Alexander, la simple mención de éste en referencia a un principado ya era algo digno de orgullo para ella quien sin embargo contemplaba con sus bellos ojos turquesas el declibe del majestuoso señor que tenía ante si.

Pese a todo un pesar afligía también en esa noche a la joven cainita, quien estaba temerosa de importunar a alguien que había perdido a su amada con vanalidades como la muerte de su sire, sin embargo añadida a la muerte de Harald, suponía la pérdida de dos importantes patricios en Francia. Puede que sólo fueran suposiciones suyas, quizás paranoias, pero quería, necesitaba hablar con Alexander y así encontrasen ambos consuelo mutuo o al menos el sabio consejo de quien ha vivido siglos y siglos.

- Mi Lord Alexander... - El viento robó su aliento y con éste sus palabras apagando la voz ahora tímida de Elois, mas la dama era fuerte y se rearmó de valor, se lo contaría al príncipe.

- Jamás podré compartir vuestro dolor, vuestra pérdida, pero sabed que si hubiera algo que Elois pudiera hacer por vos no teneis más que pedir, vuestros deseos serán los deseos de Elois.

Los ojos miraban con tristeza, la mirada se perdía, el valor mermaba por la mera presencia del príncipe.

- Mi señor- alcanzó de nuevo a pronunciarse -Mi sire Guilles de Boillon fue asesinado en Toulouse y temo una conjura contra nuestro clan.- Alexander no decía nada y algo la impulsó a seguir queriendo suavizar una posible ira- Mi señor, Elois peca de egoismo y pide vuestro perdón, pero precisa vuestro consejo, anhela vuestra sabiduría e implora temple con su humilde sierva por su impertinencia.- más bien buscaba aliento. Todos los modelos para ella habían perecido y el que aún le quedaba no lo estaba intacto yacia en declive, desmoronado ante ella.

Que esperanza queda para nosotros, los ventrue.

Elois suspiró.


Alexander - February 25, 2006 06:50 AM (GMT)
Alexander asiente con cierta oscuridad en su mirada, dificil de definir y mas aun entender.

-Madame Elois, ya solo con vuestro regreso a la ciudad habeis hecho mucho. Sois como siempre una fuente de fuerza para este Principado, y estamos contentos de teneros de nuevo con nos.-

Hace una pausa, mientras examina a la Ventrue.

-Conocemos tan terribles nuevas ya desde hace unas semanas, y no podemos mas que compartir vuestro dolor y esperar que eso os sirva de aliento. Sin embargo, somos conscientes de que resulta cierto que algunos importantes Ventrue de este reino han desaparecido con cierta asiduidad, o sus Cortes han perdido poder... poder que han ganado los Toreador, ciertamente, al menos en muchos de los casos. Sin embargo, aun ignoramos demasiadas cosas como para conocer el patron que se oculta tras todo ello, si realmente hay alguno.-

Sacude la cabeza con pesar.

-En cualquier caso, temo decir que si no fueron capaces de mantener sus posiciones, entonces no eran dignos de ellas. El poder se define por su capacidad de perpetuarse en el tiempo, y muchos son los que fracasan en ello bajo el peso de los siglos.-

Un deje de lamento flotaba en el aire. Habia visto caer a demasiados de sus antiguos amigos, desde Antonius el Galo a Valerius y los demas antiguos del Senado Eterno. Incluso la Principe de aquella grandiosa ciudad yacia en el Sueno sin Fin... en el mejor de los casos.

Elois D'Umbrelle - March 3, 2006 02:37 PM (GMT)

Temerosa aún al ventrue se aventuróa proseguir.

- Aprecio las palabras de aliento de su gracia y entiendo el proceder también de su alteza.

Una tímida sonrisa, esperanzadora, pero falsa pues el dolor aún pesaba en ella y no podía disimularlo. De seguro Alexander nunca comprendería el tortuoso dolor de perder a un sire, pero de alguna forma la empatía que mostraba por la también dolorosa pérdida de su amada reconfortaba en cierto grado a Elois.

Avanzó hacia éste con la esperanza como bandera.

- Mi señor me hallo perdida y solicito vuestro consejo, ¿deben correr ríos escarlata?.

La venganza era la primera opción de Elois quien sin embargo sospechaba no era la correcta, al menos no de golpe, sin embargo con aquella inocente pregunta no hacía más que pedir permiso para vengarse a su príncipe.


Alexander - March 3, 2006 07:16 PM (GMT)
Alexander la sonrio, y en su sonrisa habia un deje de crueldad. No para con ella, por supuesto, sino para con algun enemigo que el aventurase en su mente. Quizas, el no fuese el mejor ejemplo, puesto que no solo habia matado a su amada sino tambien a su amante. Su posicion estaba clara, o al menos, eso era lo que muchos creian.

Aun en su dolor y locura, la mente de Alexander era mucho mas profunda y mas sagaz que eso solo, y corria a niveles que la gran mayor parte de los Cainitas del mundo jamas comprenderian.

-Milady, la sangre corre solo como una senal. Nunca mordais sino es para enviar un mensaje, pues las palabras duelen mas en el alma que cualquier dolor fisico. Si a vuestro Sire lo asesino alguien a quien conoceis, no lo destruyais.-

La sonrisa se hizo claramente cruel, en ese momento, mientras el se concentraba un poco en los siguientes pasos de su verdadera venganza, que apenas habia empezado.

-Coged lo que mas adora, y destruidlo de tal manera que la persona odie haberlo adorado. Retiradle sus bienes y su posicion, y arruinad el aprecio que los demas le tengan. Eliminad a aquellos que le apoyen, avisandole con antelacion pero de modo que se vea incapaz de actuar para salvarlos. Y entonces, solo entonces, cuando este hundido en la mas profunda de las depresiones y solicite que le deis el golpe de gracia y lo destruyais...-

Hizo una breve y cruel pausa, antes de dar las ultimas palabras. Quizas nadie lo supiese, pero ese era en cierta medida su plan real, y tan solo a Elois se lo confiaba.

-Sometedle al Vinculum. No hay mayor dolor y terror en el mundo que amar aquello que mas odias, que ser sometido a su voluntad y no poder remediarlo. Ser esclavo de aquello que mas denigras, y que te guste serlo. Solo entonces estaria una venganza digna completada.-

Rio con fuerza, con crueldad, con violencia. Con dolor, pues la herida por haber dado el primer paso aun era muy reciente y muy, muy dolorosa. En ocasiones, uno mismo debe sacrificar aquello que adora para destruir lo que otro ama.

Elois D'Umbrelle - March 4, 2006 01:03 PM (GMT)

Elois no pudo más que asentir con la cabeza y eso bastó para indicar que seguiría la doctrina de su actual mentor, el gran Alexander, pese a los rumores que se cernían sobre la cordura de este.

Le sonrió dulcemente, como si fuera hija suya, pues así se consideraba en lo más profundo de su ser, realizó una majestuosa reverencia y atendió a orar al gran príncipe.

- Si mi señor no precisa nada más, no pretendo robar más tiempo del preciso Lord Alexander, aunque no partiré sin antes agradeceros vuestra infinita sabiduría y generosidad para con esta humilde sierva.

Sonrió timidamente, pues aún la angustia la poblaba en el interior, no obstante esperó con entereza a que el gran señor de París la concediera permiso para partir.

Alexander - March 6, 2006 12:16 PM (GMT)
Alexander le sonrio con una cierta paternalidad a Elois. En cierto modo, el tambien la tenia casi por una hija, aunque tambien era dolorosamente consciente de que no lo era. En ocasiones, casi hubiera preferido que fuese Elois Chiquilla suya, y no Geoffrey, que se resistia a muchas de sus ensenanzas basandose en una interpretacion equivocada del Camino.

-Sois libre de marcharos, pues, mi bella Elois. Mas sabed que nunca me robais tiempo alguno, pues siempre es un placer conversar con vos. Pocos hay en nuestra Estirpe que posean vuestro entendimiento, y eso os hace poseer un valor incalculable.-

Lo dice con una tranquila sonrisa, aunque no exenta de melancolismo. No hacia mucho, habia pensado algo parecido de otra Cainita...

Elois D'Umbrelle - March 7, 2006 11:33 PM (GMT)

El orgullo ensalzó a la joven cainita, escuchar aquellos elogios en boca de Alexander la colmaban de eso mismo. En verdad no eran más que elogios y hasta puede que tuviera que dársele mayor importancia, pero manando de la fuente que partían no era de extrañar la gran aceptación que consiguieron unas pocas palabras.

Los gestos que acompañaron la despedida de Elois fueron fiel reflejo de la semilla que plantase el príncipe.

Poco después los caminos de los dos cainitas quedarían dispersos, Alexander en la soledad, pues en verdad estaba solo, de su refugio, por contra Elois en la soledad de su suplicio.

Sus caminos se separaron prontamente, mas ninguno de los dos sabía cuanto duraría aquello, la joven Ventrue pronto volvería a sus intrigas que la llevaban lejos de París por aquellas fechas, mientras tanto el príncipe se ensimismaría hasta alcanzar el declive de su no vida.

Pocas ocasiones tendrían para volver a verse y apenas intercalarían escuetas palabras y pronto se fragmentaría la sintonía, pero ninguno de los dos conocía el futuro.






Hosted for free by InvisionFree