View Full Version: La pasión de la Ventrue

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Title: La pasión de la Ventrue
Description: 21 de Agosto, A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - January 30, 2006 10:34 PM (GMT)

D'Artois ya esperaba desde hacía tiempo el despertar de su señora, sus doncellas la vestían convenientemente para la ocasión nada más caer el sol, cada instante se sumaba a la impaciencia de un ghoul temeroso de algo malo.
Por algún motivo las palabras de su señora en recordatorio a una conversación plagada de tristeza años atrás provocaban nuevamente languidez en el rostro del ghoul.

De repente, una a una las doncellas fueron abandonando la alcoba y una dulce voz deleitó al caballero como música celestial.

- D'Artois

No había lugar a equívoco, era la voz de su señora.

El cruzado se adentró con reticencia y discreción hasta plantarse en lugar bien visible. Entre tanto su señora, radiante como no lo había estado en años le rememoró el día en que la conoció, pero sus sueños de nubes fueron efímeros, pronto se eclipsaron dando paso a nubarrones cuando la dama sacó varias cartas dispuestas en lugar secreto detrás de un tapiz.

Se acercó con suavidad, caminando como la reina que D'Artois veía, mas entregó las misivas ante la pasmosidad del caballero.

- Aquí tienes, cada una tiene el nombre y dirección donde deben ser entregadas. Si algo me ocurriese esta noche o simplemente notases algo fuera de lo normal en mi después de la reunión entrégalas presto.

El cruzado tragó saliva y aguantó lágrimas desbordantes, esa situación le era demasiado incómoda aunque cual cruzado que era tomó las misivas con decisión dispuesto a cumplir su cometido.

- Juro por mi honor que así lo haré, madame.

Elois no esperaba menos de él y le sonrió con dulzura, una sonrisa que maternal que D'Artois supo apreciar como sincera, lo cual le incrementó su preocupación. La duquesa nunca hacía acopio de sinceridad a menos que temiese que aquella fuera la última vez que se vieran.

Entonces el ghoul se lanzó un juramento así mismo:

Si Geoffrey o cualquier otro hacía daño a su señora, no descansaría hasta hacérselo pagar con creces.

- Mi carruaje.

Insistió la duquesa con una vehemencia mas usual, mayor tristeza para el siervo...

- Si madame, seguidme.

Y D'Artois la tomó por el brazo hasta conducirla a su vehículo.

El majestuoso carruaje guiado por seis corceles blancos y cuatro cocheros más la escolta de una docena de hospitalarios partió enseguida del castillo rumbo a París.

El trote siguió al galope una vez en la ciudad y de ahí se llegó a una placentera travesía a medida que alcanzaban su objetivo, la concergierie. Una vez en las puertas de la entrada sur, el carromato con el blasón del ducado paró, dos cocheros descendieron mientras otro se dirigía a la guardia de la puerta. Los hospitalarios quedaron en segundo plano a varios metros salvaguardando las distancias.

- Madame D'Umbrelle desea ser recibida, tiene cita con monsieur Ícaro.

Las puertas se abrieron de inmediato, se esperaba la llegada de la ventrue aquella noche, el propio chambelán de Geoffrey no tardó en aparecer para recibir a su vieja conocida.

Los dos cocheros ayudaron a descender a la flamante duquesa de Orleáns, que aquella noche portaba un sugerente vestido escarlata en contraste perfecto con sus ojos marinos, su cabello estaba recogido en un moño romano y algunos cabellos caían ondulados colgados cuales estalactitas, rígidos y al tiempo retorcidos como columnas salomónicas. Una diadema de oro y diamantes servía de atrezzo idóneo para sujetar el intrincado adorno, al tiempo que un broche egipcio cerraba el escote. Elois caminó glamorosa, soberbia y altiva mientras los meros mortales no podían más que deleitarse con aquel derroche de nobleza y riqueza.

La duquesa apenas depositó mirada en ningún hombre, el mentón erguido guiaba su mirada hacia el frente donde Ícaro la esperaba. Elois le sonrió sobradamente, y el chambelán pudo contemplar retazos de maquillaje perfectamente pertrechado, algo insólito en la noble dama que la restaba su juventud prematura para mostrar en ella la gran dama que era.

- Buena noche para con vos, Ícaro. Geoffrey du Temple me espera.

Ícaro acudió noches atrás en su rescate, en aquella pantomima de conspiración nefasta donde los cachorros ventrue querían que la Maestra fuera su voz, Elois no empleaba aquellas formalidades a la ligera, aquella velada se antojaba cruda políticamente hablando. La ventrue caminaba fría y distante salvaguardando las distancias y la sonrisa que le dedicó inicialmente era la única distinción que se hallaría en la amistad que Ícaro la procesaba y no era poco, pues la ventrue no parecía especialmente jovial en esa noche.

Lo que ocurriera entre Geoffrey y Elois estaba aún por llegar, pero cabía cualquier especulación, pues la mirada de la Maestra desprendía el brío y fuerzas titánicas con las que combatía desde las profundidades oceánicas de su ser hasta las tormentas desbocadas precisamente en su boca, carnosa, sensual y deseable, a la cual más de uno desearía que jamás se abriese...

Se paró junto a Ícaro y esperó para ser conducida a su cita con el destino.



Geoffrey - January 31, 2006 03:17 AM (GMT)
Icaro salio raudo a recibir a la Ventrue y su animo en efecto estaba sombrio. Habia estado presente en la Corte, y en la posterior reunion del Clan Ventrue, y sabia que aquella no seria una noche fácil ni para su señor, ni para su antigua amiga. Solo una sonrisa, ligeramente funesta, se permitió como medio de darle fuerzas a su amiga para el encuentro que se avecinaba.

-En efecto, Lady Elois, como concertaseis hace un mes, esta noche ha sido reservada para vos. Seguidme, por favor.-

La guio por los pasillos del castillo hasta uno de los salones de la parte norte del recinto. Era un salon amplio, con unas mesas bajas de madera cubiertas por tranquilos y suaves paños. Una amplia puerta abierta daba acceso al jardin trasero, y una suave fragrancia entrava desde alli proveniente de las flores veraniegas.

Geoffrey se encontraba delante, recortada su silueta contra la plateada luz lunar. Vestia sobrio, elegante y funcional, como era habitual en él.

Elois D'Umbrelle - January 31, 2006 10:24 AM (GMT)

La ventrue pudo percatarse que no se trataba de una reunión normal, cruzó todo el palacio hacia el norte en lugar de desviarse al sudoeste, donde Geoffrey solía atender los asuntos cotidianos. El príncipe también jugaría sus cartas esa noche y se antojaba una dura partida, sin embargo era el anciano quien disfrutaba de las mejores cartas, de la experiencia y por supuesto la baraja era suya. Todo estaba en contra de Elois salvo por un detalle, ella jugaba con dos barajas y tenía marcados sus triunfos por pocos que fueran.

El camino hacia el destino se hacía arduo como la peregrinación al Gólgota, no había fustigadores ni público, sólo Ícaro conduciéndola por aquellos páramos que hacía años que no cruzaba, cuando otro monarca reinaba en París...

Por fin su sino estaba ante ella, Geoffrey du Temple dispuesto como siempre, con su elegancia y porte distintivo, su barba acicalada y sus cabellos recogidos, resaltada su figura por la contraposición de las sombras y luces sobre su persona. El salón era amplio, daba al jardín y alguna ventana debía estar entre abierta dejando entrar fragancias florares que tardaron en recalar su atención, un reconfortante olor a jazmin la embriagó. Sabría Geoffrey de su predilección por aquella flor, lo habría hecho a drede, en cualquier caso el aroma la apaciguaba y la evadía hasta el punto de poder imaginarse en un salón junto al jardín de su castillo.

Poco duró el ensimismamiento y una mirada fue lanzada al príncipe, paradójicamente a la poco antes lanzara a Ícaro, era carente de brío o destellos, sus pupilas dilatadas se tornaron opáceas y frías mostrando tranquilidad e indiferencia. Caminó pausada pero soberbia y como la más plebeya de las campesinas diseñó una reverencia fuera de polémica que para sí hubiera querido contemplar más de un degenerado por su grandeza y a la vez simplesa. Aquel gesto dejaba als cosas claras, a cada uno en su sitio, Elois era noble pues era ventrue y su condición humana así la designó, su gracia era por ende innata, pero Geoffrey era príncipe y señor, la ventrue dejó claro el vasallaje que apuntillaría a continuación.

- Elois D'Umbrelle, chiquilla de Guilles de Boillon, del noble linaje ventrue presenta sus respetos a su gracia Geoffrey du Temple, príncipe y señor de París, hijo de Alexander, del noble linaje de los ventrue. Señor, voz y patriarca de los Ventrue.

Demasiado protocolo... demasiados nombres propios...


Geoffrey - January 31, 2006 08:03 PM (GMT)
Geoffrey se volvio con tranquilidad a mirar a la Ventrue y la saludó a su vez con una tranquila inclinacion de cabeza, adecuada para la situacion. Ciertamente, le encantaba cómo Elois era capaz de cambiar por completo su forma de ser en base a quien tuviera delante, y en base a sus intereses. Era una magnifica manipuladora, pero carecía de la fuerza de voluntad de imponerse por si misma.

-Buenas noches, Lady Elois, tome asiento si lo desea- le dice con suavidad y una sonrisa, indicando una de las sillas libres, aunque resultaba claro que él no planeaba sentarse.

Imaginaba que Elois tampoco lo haría, precisamente por que él permanecía en pie, pero se lo ofreció de cualquier modo.

-Bienvenida a la Concergerie.-

Y callo con tranquilidad, mirando suavemente a la Ventrue y cada uno de sus movimientos.

Elois D'Umbrelle - January 31, 2006 08:33 PM (GMT)

Se aproximó a Geoffrey, con naturalidad, su naturalidad colmada por elegantes y gráciles gestos genuinos de su persona y rara vez coincidentes entre si.

- Gracias mi señor Geoffrey du Temple, pero permaneceré en pie si así lo permite su gracia.

Respondió tan educada como siempre, de sobra era conocido el afán protocolario de la ventrue y en esa línea no era descabellado imaginar que si Geoffrey no tomaba asiento ella tampoco lo haría.

Cuando quedó a escasos pies de distancia de su anfitrión habrió nuevamente sus carnosos labios sellados durante su travesía salvaguardando el más absoluto silcencio.

- Gracias también a su Alteza por la bienvenida, es de agradecer tales defecrencias con su humilde huésped.

Y para posible sorpresa del príncipe calló, por el momento no pensaba llevar el peso de la conversación como tanto gustaba, sin embargo era previsible que tarde o temprano no pudiese soportar la tentación.



Geoffrey - February 1, 2006 03:31 AM (GMT)
Geoffrey le sonrió con tranquilidad, permitiendo que la Ventrue se aproximase tanto a su actual posición.

-Elois- dijo, con una voz suave y ligeramente divertida-, no precisáis ahora de vestiros con la seda de las palabras, sabéis tanto como yo que no sois para nada una huesped humilde.-

Si lo que quería decir era que no era una huesped del montón, o que no era una persona humilde, no lo dejó nada claro.

-¿Qué tal han ido vuestros movimientos en el sur?- preguntó, como modo de iniciar una conversación, aunque haciendo que sonase superfluo y distante- ¿Tuvieron contratiempos vuestros hombres en llegar a su destino previsto?-

Elois D'Umbrelle - February 1, 2006 07:27 PM (GMT)

La misma indiferencia mostrada la presente noche suscitó una mirada para luego responder con tono neutro.

- Desde luego.

Elois estaba inmutable e incluso podría decirse que irreconocible, pero hay cosas que nunca cambian y con idéntica ambigüedad respondió a su señor.

Las frases siguientes, interrogativas, no sorprendieron en nada a la Ventrue, pues por algo confesó sus movimientos a Geoffrey, podía verse cierta preocupación por los actos que cometiese la dama D'Umbrelle, quizás temiese que comprometiese su posición o mucho peor una guerra.

¿Pensaría Geoffrey que Elois iría hasta las últimas consecuencias tal como confesó?.

¿Lo harás Elois?...

Nuevamente respondió con tono neutro que se hacía extraño en labios de quien procedía.

- Todo fue según lo dispuesto.

Algo que preocupaba al príncipe y que estaba buscando la forma de entrar en conversación, pero por ahora no llevaría la ventrue peso alguno de la conversación, aunque si elucubraría alguna cuestión con desaire, por acompasar la tertulia más que por cualquier otro motivo.

- ¿Habeis tenido nuevas de la región mi Lord?

La excelsa oratoria de Elois aguardaría, le costaba morderse la lengua, pues había tnato que quería decir, pero no era ese el momento ni el lugar, aún no...


Geoffrey - February 3, 2006 05:21 PM (GMT)
Geoffrey no cambio para nada su actitud, aunque reconocio inmediatamente el hielo en el tono de voz de la Ventrue. Ocultaba su pasion, se ponia a la defensiva. Y eso dejaba todo en claro, si hubiese habido alguna duda desde la Gran Corte. Ciertamente, si habia tomado sus palabras como una ofensa era senal de que estaba predispuesta a sentirse ofendida por lo que dijese el Principe, lo cual demostraba a su vez que venia preparada para un enfrentamiento.

-Lo cierto es que no me han llegado nuevas de las tierras del sur, mi senora, aunque ciertamente mi interes en lo que alli acontece no es el mismo que vos poseeis. Sin embargo, me alegro de que vuestros planes salgan segun lo que habeis dispuesto, no esperaba menos de una Cainita tan notable y habilidosa como vos.-

Geoffrey sonrio con tranquilidad.

-De hecho, me alegro de que seais vos quien se ha encargado de aleccionar a nuestros jovenes companeros de Clan, durante estos sus tiempos de tribulaciones. Me consta que vuestras palabras ante ellos han sido de lo mas elocuentes y apasionadas, y eso son cosas que ellos aprecian.-

Elois D'Umbrelle - February 4, 2006 12:00 AM (GMT)

Geoffrey salía con esas... nunca había dudado que sus espías colmasen aquella reunión de pacotilla, incluso podría haber presidido un rebaño sumiso y condenar al clan ventrue a la sumisión Toreador, no en vano el príncipe sacaba a relucir como tema el vergüenza de un linaje en horas bajas...

Quien sacará el lcan a flote, ¿tú Elois?... no es tu deber... ¿o sí?...

Miseria y más miseria rodeaban el legítimo nombre de Ventrue y la ciudad de París a ojos de la dama, era el momento de jugar su farol ante Geoffrey, si es que iba de farol...

Frialdad y más frialdad, con cada palabra, con cada gesto.

- Su Majestad estubo al tanto pues de la peculiar tertulia en la villa de monsieur Fontane. Lo celebro.

El inciso de la ventrue daba la espalda al insulso tema del sur que a ojos de Geoffrey no rimplicaba mayor importancia. Iría directa al grano pues ese deseo dejó patente el príncipe con sus palabras.

Por otro lado un bolsa de cuero negra con treinta monedas de plata tenía como deseo Elois entregar a tan buen informador del príncipe, alguien que vendió a sus consanguíneos por sólo Dios sabe que privilegios.

- Celebro que esteis al tanto, primero por comprobar que nada escapa a su Gracia, ello os honra. Segundo porque ahorrará prolegómenos.

Se pausó levemente, ese detalle nunca la abandonaría pese a cualquier penuria.

- Mi señor Geoffrey du Temple, patriarca y voz de los ventrue, Principe de Paris, tengo en mi haber el haceros llegar la disconformidad de vuestros consanguíenos, quienes os solicitan varias atenciones en la medida que vuestra gracia lo estime.

Podía reconoerse el ímpetu orador, se había lanzado y nada la detendría, ahora tocaba el desglose de su discurso.... pero no fue así, sólo hubo silencio, se preveía una nueva pausa, pero el silencio se prorrogama demasiado hasat el punto de tornarse incómodo. Elois esperaba respuesta en Geoffrey y no parecía dispuesta a seguir.


Geoffrey - February 6, 2006 04:12 PM (GMT)
Geoffrey indico tan solo con un leve gesto de su mano que la Ventrue podia continuar. En ocasiones, la mas leve sena valia un mundo de informacion, y este era el caso. Era un pequeno movimiento de la mano, elegante, refinado, pero tambien demostraba fuerza y voluntad. El Principe iba a escuchar lo que Elois tenia que decir, ciertamente puede que eso fuera lo que tenia planeado desde que supiese de la reunion que la otra habia tenido.

Aunque, quizas, los planes del Principe corriesen mas hondos... como Elois, las habilidades de Geoffrey en el manejo y manipulacion de otros Cainitas habian sido desarrolladas excelentemente, incluso su maestro habia sido mejor que el de Elois, mejor que el de todos los demas Ventrue del mundo: Alexander, en sus tiempos de grandeza, no habia Patricio como el. Aun, en ocasiones, leves reflejos de la influencia de su Sire sobre el se notaban sobre Geoffrey, y este gesto era uno de ellos.

Era un gesto que Alexander solia usar con frecuencia, cuando simplemente queria que el otro hablase. Era un gesto de comando, de poderio, que en su Sire a menudo incluia una cierta nota de exasperacion por una espera indeseada. Sin embargo, solo era un reflejo de su Sire, y como una sombra, incluia tambien matices propios y diferentes. En el caso de Geoffrey, asi, no incluia ese matiz de exasperacion tan propio de quien fuera su Senor, sino que incluia mas bien un matiz de interes, que demostraba que, como siempre, Geoffrey escuchaba lo que le decian los demas.

Elois D'Umbrelle - February 6, 2006 08:35 PM (GMT)

Silencio, sólo silencio y gráciles gestos que hacían añorar al gran rey que una vez moró en la Concergierie, lo haría Geoffrey a drede o simplemente era un destello de influyó en su no vida, tal vez ambas cosas, pero nada haría cambiar la estrategia de Elois, quien tenía mucho que decir, pero comedido y estructurado.

- Mi señor, unas leves concesiones para vuestros cachorros minarían en parte la incertidumbre que les atañe estas noches.

Una pausa, mientras se mantenía distante y fría bajo el influjo del príncipe, aunque nunca faltándole al respeto, eso no era propio de Elois en ninguna de sus facetas.

- Si algunos de vuestros consanguíneos obtuvieran permiso para engrosar sus criados se sentirían más seguros en el día. Su gracia conoce de sobra la relevancia de un buen descanso y como afecta ello al ánimo.

Punto primero por el que luchar concluido, era de esperar que Geoffrey lo rechazase de pleno, pero la ventrue estaba dispuesta a defenderlo concienzudamente, como el resto de posturas, algunas más que otras...

- Desde luego no estaríamos hablando de sobre poblar París con siervos, pero mi señor también comprenderá el papel que éstos jugarían en nuestra defensa a nuestro favor llegado el tan temido desenlace de un confrontamiento con las bestias.

Elois comenzó dar pequeños pasos en torno a la figura de su señor, nunca cediendo su espalda, simplemente paseaba distraida mientras argumentaba y desmenuzaba poco a poco su memorandum.

- Ampliar la zona de caza para nuestros miembros también sería vital para la supervivencia en estos duros tiempos que corren. Que decir de los problemas para encontrar vitae aceptable para el refinado paladar del linaje de Ventrue.

Su voz era fría, ni tan siquiera aumentaba en sentimentalismo como empleaba usualmente, tampoco recurría a trucos para captar su atención, un tono neutro era de por si el único truco que había desempolvado en su baúl de recursos oradores.

- Monsieur de Trevillon, jugaba un papel importante en el gremio, rápidamente ha sido cubierto, pero nuestro clan ha perdido un miembro valioso y todavía al amparo de la resolución del vuestra excelente Espada, su gracia comprenderá también la necesidad de cubrir una posible pérdida permanente cuanto antes. Es por ello que si tiene a bien una magnánima concesión de progenie a monsieur Betancourt, Fontane o Romuald aplacaría su ímpetu inquieto tras esa pérdida.

Podría haber terminado, pero en su hacer además de desdén, Bavenberg podría hallar solidaridad y Elois dedicó un pequeño detalle a aquel desencaminado...

- Quisiera mencionar, si así lo permite su gracia, que pese a la falta de decoro, tacto y lo inapropiadas que fueron sus palabras en la Corte, Herr Bavenberg representa a una minoría considerable tanto dentro del clna como foránea y por ello quizás otorgarle una nimia concesión no sería desventurado.

Las bases para una negociación quedaron expuestas. De ser Alexander el príncipe no tendrían cabida aquellas reivindicaciones, pero de ser Alexander el príncipe, no tendría cabida aquella reunión.

Elois sabía la inviabilidad de las peticiones, no porque Geoffrey no las pudiese conceder, que podría hacerlo de buena gana, sino porque si lo hacía mostraría debilidad, y que sería lo siguiente que le pedirían... ¿su cabeza?. Si añadimos a ello que era Elois D'Umbrelle quien lo solicitaba se tornaba justamente más complicado, algo que los cachorros habían sido incapaces de ver...

- Desde luego mi señor, no es mi intención abogar por ningún particular y si por el clan Ventrue en general, comprendo la dificultad para el gobierno de la ciudad en estas noches difíciles, mas si teneis en vuestro haber algo de solidaridad para con los vuestros, obtendreis su gratitud transformada en apoyo incondicional, algo no menos deleznable en estos tiempos.

Y así calló la ventrue, preparada para lo peor, para el rechazo, para un ataque personal, rabieta o ira, aunque no sería lo esperado si se esperaba una profunda negación, momento en el cual echaría mano a su abanico de recursos para lograr los objetivos prioritarios.



Geoffrey - February 9, 2006 03:39 PM (GMT)
Geoffrey escucho con calma a la Maestra de la Via mientras se encargaba de hacer de recadera de los neonatos. Y callo brevemente mientras sopesaba su respuesta. Ciertamente, la mitad de las peticiones pasaban por ser dignas de la estupidez de nuestros neonatos y su debilidad. La otra mitad pasaban por ser una estupidez digna de otros.

-Os respondere una a una, siguiendo vuestro mismo orden.-

Dejo las palabras en el aire, brevemente, mientras cavilaba unos segundos.

-Lo cierto es que hacer concesiones a aquellos debiles en nuestra sangre resulta una estupidez. Y no porque no las merezcan, sino porque no tienen el valor ni el saber hacer como para venir a solicitarlas conmigo, o solicitarlas en la Gran Corte como correspondia. Si vuestras ensenanzas sobre la Via no les han llegado suficientemente hondo, entonces no merecen las recompensas por el deber cumplido.-

Hace una breve pausa, mientras piensa.

-De hecho, es demostracion de su escaso conocimiento de las leyes que imperan en la ciudad la mitad de vuestras peticiones. No hay limite al numero de ghouls que los Cainitas puedan crear, salvo el que ellos sean capaces de manejar. A mayores, los territorios de caza no estan delimitados, de modo que si no salen de sus ricos barrios para cazar es por su propia opulencia necia. Deberian conocer mejor las tradiciones y leyes de esta Corte antes de hacer tales peticiones... Sin embargo, si lo que pretenden es que les de Derecho de Progenie como quiren esos tres, pueden irse olvidando rapidamente; no entregare un mortal a manejos de un nino entre los nuestros, pues esos tres apenas han completado su aprendizaje como vampiros de la Estirpe. Tienen demasiado por aprender antes de poder cumplir con sus deberes como Sire.-

Hace otra pausa.

-En cuanto a Herr Bavemberg, creo que un Ancillae como el es mas que capaz de intentar defender sus intereses ante el Principado si asi lo desea. Deja que sea el quien decida que batallas librar.-

Geoffrey callo, habiendo respondido a las peticiones de Elois con voz firme. El Principe sabia que ella venia buscando estas respuestas desde que se reuniese con los Neonatos, pero ya tenia sus planes dispuestos para actuar de contingencia ante ello. No iba a desgobernar la ciudad por los intereses de algunos.

Callo, dejando que fuese Elois la que sacase el siguiente tema. Sabia que ella tenia mucho que decir, de modo que la dejo hablar.

Elois D'Umbrelle - February 11, 2006 12:08 PM (GMT)

Cuanta verdad había en lo que decía Geoffrey, incluso Elois podía ser más crítica que el príncipe, aquella situación le provocaba un asco atroz, pero nunca lo desvelaría, desde luego no estaba entre sus intenciones aquella noche.

Dispuesta con el mismo talante se desenvolvió grácilmente alrededor de su alteza Geoffrey, contemplándolo con la opacidad imperecedera que albergaba su mirada, fiel reflejo del frío corazón o quizás, y sólo quizás, una nueva máscara que portaba la ventrue. ¿Era aquello una representación?, quizás...

- Mi señor Lord Groffrey es bien versado en política y leyes, algo en lo que los cachorros de seguro deberán ser instruidos, no en vano, todos somos responsabilidad de su gracia.

El envite no se hizo esperar, áspero y frío como el invierno, aunque desolador cual otoño que se avecinaba prontamente.

- Mi señor, pese a no ser mi labor o cometido el de hacer de nexo de unión entre vos y vuestro clan, transmitiré la réplica.

A punto estuvo de sonreír, pero no lo hizo. Muchos eran los motivos para obviar ese gesto que tanto gustaba de emplear y que tan bien conocía. Maestra de las sonrisas.

- Aunque antes de partir con las nuevas, si lo permite su magnanimidad, solicitaré el reconsiderar de su Gracia.

Ahora si, frunció el ceño en acopio de voluntad inquebrantable.

- Por cada concesión a los bajos clanes, al resto de clanes, sean en general o sean a cainitas en particular, se mina la confianza que vuestros consanguíneos depositan en vos. Por tanto, tened un gesto para con vuestro linaje, que sepan que Geoffrey du Temple no se ha olvidado de ellos, ni los aparta de su camino, de su gobierno.

Aquel discurso podría sonar sentimental, de hecho Elois lo habría enfatizado solemnemente y atribuido su toque especial, hasta representaría su faceta de mártir, y sin embargo no lo hizo, seguía distante y el ceño fruncido no fue más que un mero oasis en aquel mar helado, en el pálido y gélido rostro que el príncipe tenía ante si.

Con la misma naturalidad prosiguió pues cabía esperar que siguiese, el príncipe había dado pie a ello, incluso lo esperaba y hasta podría decirse que con una leve dosis de ansiedad.

- Sobre Bavenberg, mi Lord sabe que no está entre mis devociones ni su persona ni su coro de.... - silencio, sutil. Inesperado- ... No encuentro un calificativo apropiado en mi vocablo para atribuírselo. - Y todos conocían la amplia gama de palabras e idiomas que dominaba la ventrue- Pero como ventrue que es, por linaje que no por sus actos, debía aludir a él como al resto... -Sus palabras se perdieron inacabadas, pero en sus intenciones estaba la firme intención de adherir "patanes", aunque gentilmente quedó desechado a un susurro que el viento tendría la misión de portar en anonimato.

Elois se elevó su mentón, con este su mirada y el resto de su cabeza de melena azabache, sus hombros rectos y erguidos, dignificaban su persona.

- No volverá a ocurrir, podeis estar seguro que una vez Elois D'Umbrelle cruce el umbral que alberga vuestra morada no ejercerá más la labor diplomática - Negociadora- entre los Ventrue y su gracia.

Si Geoffrey leía bien entre líneas, podría detectar una sutil indirecta en Elois, al tiempo que afirmaba que no negociaría en favor de los ventrue, tampoco lo haría con el príncipe y por tanto aquello, bien enmascarado, expresado y astutamente introducido en la conversación, se podía tener en cuenta como advertencia.

El príncipe podría estar informado parcial o completamente sobre la reunión, pero debía sopesar que en ningún caso se habían usado de las medidas de presión anunciadas para conseguir los fines: nada sobre el bloqueo económico o la retirada de tropas, ni siquiera mostró el escrito que respaldaba sus palabras. Aún no, si se llegaba a un acuerdo, aquellas medidas jamás alcanzarían los oídos de Geoffrey por boca de su contrincante, Elois, que a buen recaudo las guardaba como artillería pesada, justo antes de soltar sus propios ases, de los cuales no había constancia más que de la sospecha propiamente suscitada sobre su existencia, pues si los ríos llevan al mar, Elois guarda ases bajo la manga que nadie conoce.

- Tal vez, concederle derecho de progenie a los citados caballeros sería una concesión extrema, pero la vacante de monsieur Trevillon debe ser cubierta por Ventrue y no por otro clan o debilitaría la posición de los vuestros en detrimento del resto, pensamiento que seguramente mi señor comparte.

Una y otra vez, y mil si fueran precisas caería el halcón sobre la presa con aquellas garras, Trevillon, su más que probable pérdida suscitaba el mayor recelo entre los Ventrue y ya hacía más de un mes que Castellar iniciase la investigación. Y cuando parecía que no cesaría en su empeño, concedió Elois una nueva alternativa con la nueva sospecha de negativa en Geoffrey alegando los mismos motivos que emplease anteriormente.

- Aunque quizás mi señor concediera un pequeño dominio a tan prominentes ventrue en detrimento del suscitado derecho de progenie.

Elois era tan fría como un témpano de hielo aunque podría vivir e el inframundo, gobernando el Infierno con puño de hierro, pues de seguro el mismísimo diablo y de se seguro pudriéndose en los infiernos es donde Geoffrey quería verla.


Calló, la alternativa estaba puesta en liza. Era el turno de Geoffrey.



Geoffrey - February 13, 2006 05:24 PM (GMT)
Geoffrey medito brevemente antes de responder. Por un momento penso en mantener estupidas mascaras por el medio, pero finalmente decidio dejarlo de lado: como habia dicho en la Corte, cuando tenia que decir algo, lo decia. Y ahora era ese momento.

-Milady Elois, se que todos sois de mi responsabilidad, y por partida doble pues no solo soy vuestro Principe, sino tambien vuestra Voz. Por eso mismo no precisare que hagais de mi interlocutora ante los neonatos, de hecho se hallan convocados para la noche de manana, aqui en la Corte; podeis descansar tranquila, pues vuestras responsabilidades para con ellos se hallan finalizadas. De facto, agradeceria que me entregaseis el papel firmado por ellos, pues me vendra bien para manana por la noche.-

Hizo una breve pausa, pero el golpe no acababa ahi. Imaginaba que Elois se esperaba quizas algo asi, pero no por ello era menos terrible.

-Es curioso, pero me estoy pensando si acaso el titulo de Guardiana de la Fe acaso no se halle mas alla de vuestro control. El que seais o no Sacerdote de nuestro Camino es algo que se halla mas alla de mi control, pero el hecho de que hallais hecho que todos nuestros neonatos firmen un tratado por el cual van a traicionar a sus senores en su deber para con la guerra del sur me parece una afrenta terrible contra nuestro Camino que no estoy dispuesto a permitir a la Guardiana de la Fe.-

Geoffrey miro a los ojos directamente a Elois, no para Dominarla, sino para hacerle ver su resolucion. Si ella era hielo, el era determinacion, y el poder de la Corte era algo que estaba aprendiendo adecuadamente a manejar. No permitiria que nadie danase a la ciudad, y las tramas de Elois iban camino de hacerlo. Pero no habia acabado tampoco.

-Elois, si los demas Clanes reciben concesiones y el nuestro no se debe a una unica razon: la sangre de los nuestros se vuelve debil. Creen que por compartir Clan conmigo poseen derecho a cosas, olvidando que nuestro Camino nos ensena que los titulos se deben ganar con esfuerzo, deber, honor y lealtad. La mayor parte de ellos son unos holgazanes, demasiado creidos de si mismos y temerosos de perder los privilegios obtenidos por el nombre de sus Sires... haran bien en aprender la leccion de que en Paris no gustan los debiles, sean del Clan que sean. De hecho, incluso Bavemberg se ha vuelto debil desde que tuvo que ganarse su posicion en la ciudad bajo el gobierno de mi Sire. Nada se sabe de la Corte que representa desde hace cierto tiempo.-

Geoffrey mantuvo su mirada sobre Elois durante todo el discurso, firme y decidido, pero dejo un breve resquicio de tiempo antes de finalizar.

-Hay algo mas que deseeis decirme, Milady? Recordad, sin embargo, lo que os dije en la noche del cumpleanos de nuestro rey: manipulad y luchad como considereis, mas no busqueis problemas con los Cainitas de Paris si no deseais tenerlos conmigo.-

La voz se hizo dura en la advertencia final. Si en algo era Geoffrey especialmente firme era en que Paris estaba por encima de todo.

Elois D'Umbrelle - February 13, 2006 06:44 PM (GMT)

Su lidia con el príncipe había entrado de lleno. El talante mostrado bastó para lleverlo donde lo quería, sumiéndolo en un envite directo. Complacida Elois podía sonreir, pero sólo por dentro, pues por fuera mantendría su coraza invernal, amén de que pronto desquiciaría al Príncipe o lo doblegaría, lo primero sería lo más probable si su primera impresión sobre este no le fallaba, nunca solía hacerlo.

Entereza férrea como lo muros de Troya hallaría el Ventrue Geoffrey, teniendo que recurrir a otras argucias para hacer frente a la adversidad planteada.

- Mi Lord Geoffrey, no esperaba menos de su Gracia.

Aunque no aclaró a que conscernía en particular aquel inciso. Le sostenía la mirada aún a riesgo de soportar el yugo de la voluntad del príncipe.

- Si vuestro propio clan además de negaros su apoyo atentase contra vos, no es para menos el plantearse la gestión del principado.

Directa al corazón, si el príncipe quería un combate directo podría ser complacido, ya luchaba en su terreno una ventaja más no alteraría el rumbo de la contienda. ¿Pero porqué Elois cedía de tal forma?...

- Si es la Guardiana de la Fe quien dudas os ofrece, sois libre de buscar sustituto, a vuestra disposición queda desde esta noche para que halleis a quien considereis digno.

¿Una rendición incondicional?... no... Órdago en la mesa...

- Aunque si por contra, es Elois D'Umbrelle quien os inquieta sois libre de actuar o mediar, pero sabed que mientras Elois more en Paris, luchará por el bien de los Ventrue aun a riesgo de su propia no vida. Siendo así, mantengo mis exigencias y si vos manteneis vuestras excusas, tened presente que es Elois, quien no holgazanea, quien no se acomoda, quien no cesa ni cesará en su empeño por mantener el Linaje de los Patricios donde le corresponde. Y por supuesto que no se escudará en un título ni se aferrará a éste para relegar de sus convicciones.

Parecía impensable, imposible que Elois hablase con tal neutralidad y vacío ahogado en su garganta, no había énfasis ni sentimiento y por otro lado si alguien era capaz de hacer algo así, esa si podría ser la ventrue.

Con total tranquilidad y parsimonia continuó la "tertulia".

- En la Gran Corte, desvié la atención de los temas pactados sutilemente, también seguí mi papel y he de confesaros que no son pocos los que no están satisfechos con la gestión de París. La guerra, las desapariciones, la falta de soluciones minan la confianza de vuestros súbditos y... - en ese momento calló, iba a decir que Geoffrey se mostraba como un pelele de la monarca, pero reflexionó, suvizaría un poco. - ...Acaso no es la Voz el fiel reflejo de un clan, donde el resto de cainitas se rigen para ver la valía del propio Linaje. Si despotricais sobre los consanguíenos, que no harán sobre su patriarca el resto.

Las palabras cobraban fuerza y rudeza, la doncella pensó en templarse, pero había sido Geoffrey quien buscase la certeza.

- No ansío vuestro puesto para mi, si en algo os preocupa. Ya os dije en cierta ocasión que es la cabeza y el puesto de Sclaramonde lo que anhelo y a tenor de ello os palnteo una alianza.

El brillo retornó por breves momentos a las pupilas de Elois, pero quedó en algo efímero cual suspiro. Geoffrey negó ayuda en su momento, no quiso interceder ante Salianna y la ventrue no olvida facilmente.

Era de esperar la negativa, indignación y quien sabe que más sería la reacción de Geoffrey, si además incluimos la omisión premeditada del citado pergamino que el príncipe solicitó, aquella reunión podía traslucir en un choque violento, donde Elois tenía a priori todas las de perder.


Geoffrey - February 13, 2006 07:03 PM (GMT)
Geoffrey, en cambio, si que sonrio ligeramente. Con cierta tranquilidad, todo habia que decir. En cierto modo, el hecho de que Elois al fin se retirase la mascara de oveja buena e inocente y aceptase la que le correspondia de lobo lo hacia todo mucho mas facil. Sus ofensas eran ahora mas previsibles, y todo comenzaria.

Al fin, los movimientos previos comenzarian a dar frutos. Pero no habia que precipitarse, no. Tiempo y calma.

-Hay otra interpretacion a los hechos que exponeis tambien, milady. Si mi propio Clan juzga con severidad mis actos y planean un atentado- estuvo a punto de decir traicion, aunque quizas eso fuese un poco fuerte para ese grupo de inutiles-, quizas no se deba a mi gestion, sino a su ambicion desmedida unida a un lider que los maneje a voluntad, aprovechandose de su falta de honor.-

Obviamente, no dijo quien era ese lider, pero tampoco hacia falta.

-En cuanto al puesto de Guardiana de la Fe, no pretendo retiraros el titulo, al menos de momento. Habeis actuado con correccion en el pasado, y espero que volvais a encontrar el Camino antes o despues.-

Preferiblemente antes, ciertamente, por el bien de Elois. Antiguamente la habia admirado, y mucho, aunque ella no lo supiese, y antes de la Gran Corte habia temido que alguna vez se enfrentasen. Pero no habia el dolor que habia esperado en este encuentro. Todo el dolor habia tenido lugar con la gran traicion, y nada que ahora hiciese ella podia compararse al dolor de traicionar a un Sire admirado y respetado.

-Sin embargo, hariais bien en recordar que vuestra posicion como Guardiana de la Fe no solo se extiende a los de nuestro noble linaje, sino tambien a aquellos otros seguidores que existen en los demas linajes, y que esperan vuestras ensenanzas.-

Era aquello una tentacion? Un juego? Una advertencia? Una recordatoria? Era dificil saberlo.

-Aunque me alegro de que me recordeis la Gran Corte, pues he de admitir que vuestra audacia en la misma esta con par con vuestra reputacion. Ciertamente, cumplisteis vuestra palabra dada en este mismo edificio, y vuestro honor aparentemente permanece a salvo. Sin embargo, la rodeasteis en otros temas para morder la mano que os tendi. El honor no admite juegos como este, milady, el honor no admite "peros" ni excepciones. Parece mentira que seais vos quien lo olvide.-

Luego casi sonrie de nuevo, torvamente. El ultimo pensamiento era quizas el mas oscuro, pero no lo retendria para si.

-Ciertamente, se que pretendeis una posicion como Principe secundo en una Francia bajo control de nuestro linaje. Sin embargo, que vos no deseeis mi puesto no quita el hecho de que deseeis que quien fallo en su deber retorne a el. Conozco vuestro amor y devocion por mi Sire, milady, muchas veces os vi conversar juntos y yo tambien conozco las vias del corazon.-

Casi le dolio decir aquellas palabras. Casi, y sin embargo, descubrio casi con sorpresa que aquello tampoco le dolia. Habia sido declarada una guerra, se habian acabado los pequenos enfrentamientos menores en las fronteras y comenzaban las primeras batallas. Era una guerra de palabras, de suaves y dulces palabras, pero el veneno que ellas cargaban era infinitamente peor que el dolor que cualquier herida de espada pudiese inflingir.

-En cuanto al pergamino que tan tranquilamente omitisteis, milady, debeis entender que no es una peticion como amigo, sino una orden de vuestro Senor. Por mucho que no os guste, seguis siendo mi vasalla. O acaso contradecireis el Camino que defendeis, arriesgandoos a que la Bestia aumente su control sobre vos?*-

*FdI: algo asi seria razon para un chequeo de Degeneracion y perder potencialmente 1 punto de Camino si se falla, lo cual depende de tu Conciencia.

Elois D'Umbrelle - February 16, 2006 01:09 PM (GMT)
FDI: Desde luego, lo veo bien pero prefiero "convicción"... espero haberlo hecho bien, aquí pongo la tirada. Todavía no controlo los lanzadores, será porque no los uso mucho...


El gélido rostro de la ventrue se mostraba más distante si cabía, los ojos sondeaban a Geoffrey como diana y es que sus pupilas ponían en liza la puntería del mejor arquero normando, no obstante la autosuficiencia fue la reacción primeriza que se encontraría. Un nuevo escollo para minar o doblegar la voluntad de la impetuosa Elois, quizás tendría el príncipe que emplearse a fondo y recurrir a métodos tradicionalmente más efectivos, pero no por ello más loables.

La imperturbablemente neutra voz que acusaba esa faceta de Elois sería escuchada nuevamente en tanto que ella recorrería desde atrás al principio cada una de las palabras ofertadas por su Señor, que a bien había tenido en recordar ese detalle.

- Mis labios jamás dijeron que Geoffrey du Temple no fuera del gusto de Elois D'Umbrelle- Siempre se había guardado su opinión bajo llave, otra cosa es lo que traslucieran sus gestos o actos. - Conjeturas prematuras emite mi señor cuando sus oídos no han alcanzado el juicio de su sierva.

Dos frases y se deshizo de la primera escama reptiliana, más la seguirían.

- Vos, mi señor. Queréis algo mío, es de mi propiedad y por tanto he de rehusar la ofrenda, a menos claro que vuestro gobierno se base en desposeer de lo suyo a los consanguíneos para entregarlo a los Bajos clanes, ya sean Usurpadores u otros clanes...

La ventrue se plantó con firmeza ante Geoffrey, dignificando su posición. Era obvio que no cedería tan fácilmente y le tocaba despacharse a ella.

- Me sorprende mucho la actitud de su gracia, cuando en cierta ocasión los oídos de Elois si escucharon que Geoffrey basaría su legislación en el honor. Incluso Elois os creyó y dispuso ayuda sin esperar nada a cambio.


La frialdad contrastaba con su talante mártir, eran palabras sin sentimiento, pero los sentimientos eran las palabras propiamente aireadas, fiel reflejo del pensamiento de Elois.

- No hay honor en desposeer a un cainita de su patrimonio por mero capricho. Pero sospecho una autarquía arraigada en lo más profundo del concepto político de su gracia, un excelente seguidor del sendero del Tirano desde luego.

Una tímida sonrisa, muy mal fingida, tan vacua como carente de sentido, quizás fuera una muestra de impotencia, el único gesto que ofrecería a Geoffrey como rechazo incondicional a esa actitud tiránica e hipócrita.

Entrelazó sus brazos por delante del torso mostrando intransigencia al fenómeno recién descubierto.

- Acusáis de palabras y hechos sin pruebas, atentando así a mi honor, eso no es honorable mi señor y no quería ser yo quien os lo indicase, pero no habéis dejado otro remedio con tales acusaciones, vanales. Lo hago como cainita, como ventrue y en última instancia como Maestra pro tempore, pues observo un comportamiento vergonzoso que espero mi señor también pueda ver, al menos que el poder halla cegado su juicio.

Nada hacía indicar que Elois había acabado. Los diminutos pies emprendieron un camino circular teniendo como eje al príncipe.

- Mi señor goza de una buena situación, algo que aplaudo y respeto. Pero despotrica contra los suyos, alega que son jóvenes, predica que cederles derechos de progenie es aventurado, no obstante concede privilegios a indignos, sangre sucia, usurpadores... los antepone a un linaje como es el de Ventrue, de sangre más pura entre las puras de los Hijos de Caín.

Al tiempo que hablaba gesticulaba atribuyendo mayor expresividad a sus palabras y sin embargo ello no quitaba frialdad a su persona.

- Mi señor Geoffrey remarca el hecho de la inexperiencia mas cuan validez puedo conceder a esa exposición cuando es un linaje con menor edad que algunos refutados consanguíneos de París. Es algo inaudito que no podía ser callado por más tiempo.

Elois se pausó antes de exhalar una idea que seguramente no debiera haber dejado nunca su pensamiento.

- O mi señor ha mentido en su alegación o mi señor es un... Hipócrita.

Si quería cosas claras las tendría y bien claritas.

- Hubo un momento en que Elois creyó en vos, un momento en que Elois habría luchado por vos contra viento y marea, pero llegados a este punto no sabría que responder y, no replicarán los labios de Elois su gusto o disgusto sobre la persona de mi Señor, sino su decepción, como Ventrue, como alguien que elude su responsabilidad para con los suyos.

Entre la tempestad helada un atisbo de sinceridad también tenía cabida bajo toda esa fachada de torre de Babel. En un tiempo, efímero, Elois creyó en Geoffrey, pero la Gran Corte desilusionó de sobre manera a la Ventrue.

- No os molestéis en dar explicaciones, pues no son precisas. Vuestro comportamiento reprimido cual infante os delata. Como sino habría escuchado Elois esa sandez de Amor.

Y la mirada de la ventrue se tornó fulminante.

- No hay cabida para esa absurda idea, no la hubo en vida y no la hay en la no vida, mas como alegremente mencionais a aquel que un dia os concedió el don de la no vida. Alexander, ciertamente inspiró mi existencia como lo hiciera primero Guilles de Boillon y más tarde Harald de Reims.

Cuanto más frío albergaba en su voz, más despecho, mayor era el dolor. Pero sólo así Geoffrey asimilaría que ese no era su deseo.

- ¿Me acusáis de querer el retorno de Alexander?, o simplemente plasmáis el miedo que os provoca su retorno sobre mi persona. El príncipe ya no es el que una vez fue y las cotas de Elois sólo las colma otro patricio que jamás ha errado.

Sus palabras, certeras como dardos y crudas como el invierno que procesaba, reemplazaban al ex príncipe por otro Ventrue, y bien sabía Geoffrey que sólo dos patricios gobernaban con fuerza en Europa... luego estaba él en París...

- Vuestras palabras me crispan mi señor, acudí aquí en favor de mi clan, y sólo encuentro ataques personales, sólo os ha faltado pronunciar la palabra traición asociada al nombre de Elois D'Umbrelle.

Y era cierto, su crispación aumentaba.

- Mi señor, no hace más que recordar mi posición de Guardiana de la Fe, es por tanto que creo desea aplicar su rasero de nepotismo y disponer de ese título, quizás un Usurpador saque el beneficio apropiado de esta patética oligarquía. Pero no de no ser así, solicito a mi señor que deje de lado las injurias y ataques personales y se centre en mis peticiones.

La tormenta gélida cesó de repente transformándose en una brisa sutil.

- Aún estáis a tiempo de encauzar la política en otra cuenca.

Un tono conciliador proseguiría, la calma se avecinaba después de la tormenta.

- No tenéis más que solicitarlo y todo esto será olvidado, incluso vuelvo a tenderos mi mano y apoyo en el gobierno de París. Después de todo sois Ventrue y Elois vela por los suyos, después de todo sois príncipe en una ciudad plagada de problemas. Y no hay mayor regocijo para mi el tener a un príncipe Ventrue al frente de París.

Se habían dicho muchas cosas, tanto uno como otro, muchas verdades y ataques directos, pasando el tacto y la discreción a un segundo plano, relegado únicamente a la elegancia de las palabras que no a su forma.
Pero Elois planteaba aquello que nadie había planteado ha Geoffrey hasta el momento y le había hablado con más franqueza de la que muchos tendrían.


FDI: Quizás se me halla ido la mano, pero así me ha venido la inspiración y la vena, Geoffrey es libre de actuar en consecuencia, hasta puede que también precise alguna tirada de degeneración, lo dejo a tu criterio.

Geoffrey - February 18, 2006 07:45 PM (GMT)
Geoffrey sonrio, casi tensamente, ante las palabras de la Ventrue. La Bestia que se hallaba en su interior, casi salto ante los insultos de su vasalla, pero el Principe la controlo. No era ahora el momento de fracasar con algo asi, no ahora.

-Mi senora Elois, yo tampoco he dicho en momento alguno que yo no fuera de vuestro agrado, esa ha sido vuestra interpretacion. He dicho que los neonatos de nuestro Clan acaso hayan sido manejados en su rebeldia por antiguos mas poderosos que ellos, pero vos no sois la unica antigua Ventrue en esta ciudad, o acaso no recordais a Sir Heinz, a quien antes defendiais?-

Pero ese no habia sido el unico desliz de la Guardiana de la Fe.

-Sin embargo, sois libre de quedaros con el pergamino, tan solo lo precisaba para mostrarlo a mis otros vasallos. Se quienes son, y ellos mismos me diran manana todo lo que preciso saber. El pergamino solo era un... detalle. Aunque me resulta curiosa la fuerte defensa que haceis de cada una de vuestras pretenencias, aun cuando pudiesen ser de ayuda a vuestro senor. Muy curioso...-

Sonrio tranquilo, aunque era una tranquilidad que no sentia. Dejaria que su referencia a los Bajos Clanes pasase de largo, sus ofensas no debian ser respondidas con ofensas.

-Y he gobernado con honor, os invito a que senaleis un momento donde mi actuacion no fuese honorable, mi senora. No os he desposeido de vuestra posesion, y no era por capricho, aunque he de admitir que la referencia al Camino del Tirano me resulta curiosa y simpatica.-

Realmente no le parecia ni lo uno ni lo otro, pero su sonrisa no delataba el hecho de que su Bestia empezaba a sentirse enfurecida de verdad por las palabras de Elois. Aun no habia insultado directamente a Geoffrey, y eso redundaba en beneficio de ambos: ni el queria tener que esforzarse ante los embites directos de la Bestia, ni ella querria enfrentarse a las consecuencias de hacerlo.

-En cuanto a las acusaciones, mi buena dama, como dije en la Corte no soy hombre dado a las referencias vagas y las dobles palabras en exceso. Cuando haga una acusacion, vos no tendreis duda de que lo he hecho, y os enfrentareis a las consecuencias de tal acto.-

Le fastidiaba que lo tomasen por alguien como... Elois... aunque dicen que todo ladron cree que los demas son de su misma condicion.

-En cuanto a mis decisiones politicas, mi senora, vos no sois mi Consejera, de modo que no tengo que justificarlas ni razonarlas con vos. Si os gustan, me alegrare, mas si no es el caso, sentire afliccion por no poder contentaros... y seguire gobernando con honor y justicia.-

Estaban claras las posiciones, y la pretension de Elois de juzgar los actos del Principe era una pretension que debia ser erradicada de base. Pronto se enfrentaria a las consecuencias de ello. De hecho, Geoffrey era muy consciente de que pronto se enfrentarian ambos a las consecuencias de eso. Sin embargo, cuando Elois lo llamo mentiroso o hipocrita, la Bestia comenzo a despertar de verdad.

-A fuer de ser sinceros, madame, creo que vuestra alternativa entre hipocrita o mentiroso se basa en una cerradez de miras que resulta lamentable. Si no percibis los movimientos que ocurren mas alla de vuestro ojo, no juzgueis a aquellos que han aprendido a moverse de mas maneras que el simple "si" y "no".-

Geoffrey sonrio, sin embargo era en cierto modo una sonrisa de depredador.

-Mi senora, me resulta curioso oir que hubo una vez que considerasteis mi gobierno digno, cuando todas vuestras intervenciones en esa Corte fueron tan solo en vuestro propio provecho, incluso buscando deliberadamente colocarme en situaciones... incomodas. Vuestra habilidad con las palabras es reputada, pero podeis dejar esa mascara de mentiras de lado y hablar con sinceridad, o es que acaso habeis olvidado lo que significa esa palabra?-

Vale, quizas habia ido demasiado lejos, pero la Bestia reclamaba algo de fuerza en este encuentro. Y poner a Elois en su sitio era algo al mismo tiempo adecuado politicamente, y que le permitiria rebajar la fuerza de la Bestia en su interior.

-En cuanto a vuestra pretension de que os fuese a dar explicaciones, como os he dicho, no sois nadie a quien precise de darselas. A fuer de ser claro, vos ni siquiera poseeis un titulo digno de una especial atencion, siendo el titulo de Guardiana de la Fe un titulo de segunda linea comparado con la mayor parte de los otorgados en la Corte. No sois nadie ante quien precise justificarme, milady.-

Y esa era la oscura verdad. Aunque en realidad el titulo tenia asumido una Posicion con el, no era un titulo que tuviese poderes asociados, y muchos de los Cainitas de la ciudad lo ignoraban abiertamente, no compartiendo Camino con los Ventrue.

-No os acuso de querer el retorno de Alexander, milady, pues tal no es algo que sea acusacion alguna. Yo mismo gustaria que retornase aquel que fue mi Sire, si siguiese siendo quien fue; la tragica realidad de su actual incompetencia como Principe es lo unico que se interpone ante tan feliz desenlace. Si fuese algo por lo que pudieseis ser acusada, esta entrevista seria un juicio para determinar si tal hecho es veridico o no. Sin embargo, el hecho de que vos gustabais de mi Sire en gran medida es un hecho ampliamente reconocido. Quizas, el hecho de que yo no siga sus metodos y formas de actuar sea lo que nos lleve a nuestra actual situacion... buscais un fantasma, milady, unos tiempos que hace tiempo que quedaron olvidados, una realidad que ya no existe. Hay que adaptarse a un nuevo mundo, la Larga Noche ha terminado hace veinte anos, y mi Sire fallo a la hora de sobrevivir y cumplir sus deberes en la Guerra de los Principes. No cometais sus errores... Por otro lado, mi senora, creo que no he realizado ninguno de los ataques personales que presumis que he hecho contra vos. No soy yo quien ha llamado "hipocrita o mentiroso" a nadie...-

Geoffrey dejo pasar el temor de la Ventrue ante perder su titulo, y su referencia a que se lo entregase a los Usurpadores. Era algo que no merecia la pena ni ser respondido. En cuanto a encauzar la politica, era una pretension tan absurda que no merecia ni respuesta. No era el quien tenia que encauzar nada. Sin embargo, la ultima pretension si que merecia una respuesta, no era algo que se pudiese dejar pasar asi como asi.

-Solicitaros que lo olvidaseis todo y asi empezar de cero? Mi senora, creeis que soy tan voluble como para que eso signifique algo? Creeis que cambiare mi forma de ser, mi Camino, por el simple hecho de que me hallais venido a visitar? Creeis que sois quien para solicitar a vuestro Senor que empiece de cero? No, mi senora, sois vos quien ha de cambiar.-

Geoffrey sintio tentacion de ordenarle que se arrodillase y pidiese perdon de corazon. Alexander lo hubiese hecho, pero el se repitio a si mismo que ese era el tipo de cosas con las que no estaba de acuerdo de su Sire. No, ese no era el camino.

Elois D'Umbrelle - February 22, 2006 11:32 PM (GMT)

- Mi señor se esfuerza en decir que no precisa dar explicaciones y sin embargo ya las está dando, pero a tenor de las circunstancias ha quedado claro el hecho de que Elois D'Umbrelle no es nada en la Corte, no es conjera, no merece nada-

Una tisbo de melancolía reflejaba ahora la voz, la máscara cedió y la tristeza que portaba quedó a la vista del príncipe, bastaba ya del juego.

- Sin embargo mi señor, por algún motivo que desconozco concedeis a Elois francas palabras, recordais como es el gobierno de su majestad cuando no necesitais hacerlo pues Elois no merece nada, Elois no es nada.

Tristeza, ironía, cinismo, si alguien podía conjugar aquello para darle forma era la modeladora de la palabra, la ventrue vencida.

- Y sin embargo Geoffrey es generoso con Elois, pese a su juventud, a su ignorancia, pese a que Elois no percibe más allá de un palmo de nariz. Además mi señor recuerda la labor en la corte, pero es Elois quien no ve más allá de su nariz.

Aún caludicando, Elois hacía ver que no estaba vencida, eso si, afligida.

- Elois recuerda a Heinz y elevó su voz en una ocasión, como también lo hiciera por Geoffrey en su momento, pues los consanguíneos deben mirar entre ellos.

Tal vez el principe no alcanzara a comprender la magnitud del pensamiento de la ventrue, la había juzgado ya de por si, tal como pensaba que ella hizo, pero no cayó en la cuenta de su profunda preocupación por el linaje que los daba nombre a ambos, al menos esa era la impresión.

- Todos juzgamos, o peor aún, prejuzgamos y eso nos lleva al fracaso, Elois simplemente evalua cada circunstancia, algunas con más dolor que otro y si su gracia permite la franqueza así hablará Elois.

Se hizo un silencio sobre sus labios, era obvio que Geoffrey lo concedía, pues así predicaba y por mucho que ella se esmerase dificilmente el principe creería en s sinceridad, pero Elois pedía franqueza que no sinceridad.

- Dolorosa resultó la Gran Corte mi señor, donde un Principe no daba sensación de control, donde una loable ideología de honor privaba del legítimo poder al príncipe mostrando debilidad con cainitas como Goratrix o Salianna. Esa es la impresión que obtuvo Elois D'Umbrelle aquella noche, así os lo cuenta, en confianza cual amigo aunque no lo seamos, así os lo expone al igual que otros muchos cainitas acudieron a Elois tras la Gran Corte.

La mirada de la ventrue adoptó su peculiar caraceristica intimidatoria, penetrando en el rostro de Geoffrey para traslucir a través de sus pupilas y escrutar su alma inmortal.

- Mi señor, es mi deber como Maestra apuntaros, pues sólo puedo apuntar ya que no soy consejera, ya que Maestra de la Via ni tan siquiera es un título relevante. Entonces os apuntaré que mi señor no goza de respeto en París, no se hace respetar pese a sus intentos. Así lo veo, así os lo transmito y así espero pronta solución, pues no hay mayor deseo para Elois que sea un Ventrue quien gobierne en París, es como debe ser.

La venrtrue caminó alrededor de su presa, pero no con apetito voraz sino ya saciado. Caminaba distinguida, majestuosa, preocupada.

- Mi señor incurre en que Elois deba cambiar, y Elois así lo hará por vuestra petición, pero si algo fructifero debe salir esta noche de esta sala es también un cambio en mi señor o la situación tardará poco en hacerse insostenible.

Paró en seco.

- No os considero alguien voluble, pero sinceramente y espero se permita la expresión, a dia de hoy os considero inmaduro para el cargo que desempeñais. París se os viene grande, así le ocurrió al más grande entre los grandes- un punzante dolor quebró incluso su voz- y me temo que os ocurre lo mismo, tal vez sean las circunstancias, no lo sé, pues no soy muy diestra en esa función, me gustaría prestar ayuda, pero más no puedo hacer pues no soy consejera.- La ironía quedaba patente cada vez que repetía la palabra consejera. Tenía ese don al igual que cuando recitaba el nombre de Salianna con su peculiar encanto.

- En una ocasión os propuse un acuerdo, os ofrecí a Sclaramonde y sólo os pedí apoyo, no recibi consideración pero no os guardo rencor - mentía, pero lo hacía muy bien... - Sólo quería lo mejor para los patricios, que noche tras noche perdemos relevancia en detrimento de los toreador en toda Francia. No expuse una ilusión o un sueño efímero cual brujah que anhela una gloria pasada, sólo aporté una solución en el momento que consideré más propenso pero me temo que aquella idea quedará condenada al ostracisma junto a los sueños brujah, no importa.

Sutilmente suspiró, liberando algo de tensión, aunque no le hacía falta, desde su vida mortal había lidiado con situaciones de ese calibre. Una voz templada, conciliadora apareció en aquel preciso momento, justo cuando era necesaria.

- No debeis temer nada por los cachorros, sus tropas deben regresar, es algo que tanto vos como yo como ellos sabemos, han tenido demasiadas pérdidas y precisan mano de obra en el campo o no se podrá paliar la hambruna la próxima vez. - Lanzó una mirada furtiva al rostro del principe- Cuando digo que no debeis temer por ese hecho es porque mis fuerzas suplirán las suyas.

Sonrió.

- Sé lo que pensais, aunque errais. Mis tropas apoyaran el asedio y no reclamará Elois derecho alguno, salvo el que pertenece a aquellos consanguineos que allí dejaron sus huestes y reclamaré ese derecho para ellos y no para mi.

Elois sospechaba que Geoffrey temía por la reacción de Salianna cuando los ventrue se retirasen, pero tampoco ella daría ese gusto a estas alturas a la toreador.

Calló, dejando tiempo para que el príncipe reflexionase sobre sus palabras y retomando su traesía girando sobre éste, poco después retomaría la palabra con una sinceridad aplastante.

- Vine aquí con intención de negociar con vos una mejora para el clan Ventrue y ese es mi solemne deseo, espero que mi señor tenga al menos algún gesto con su propia sangre, pues no quiero que este hecho tome más relevancia de la precisa.


Geoffrey - February 24, 2006 08:45 PM (GMT)
Geoffrey callo mientras Elois daba vueltas al principio, haciendose la debil como modo de acercar de nuevo posiciones y comenzar de nuevo por otro camino. Esa aproximacion no le habia funcionado, y buscaba un nuevo enfoque. No esperaba menos de la maestra de los subterfugios.

-Mi senora, no ha sido una muestra de mi honor el que hacia que vieses debilidad en mis palabras. Como con mi Sire, vos os aferrais a un tiempo que ya no existe, mi senora. La Larga Noche termino cuando fueron los mortales los que guiaron la Cuarta Cruzada, y no los de nuestra Estirpe. La Guerra de los Principes arrasa el mundo conocido, y los vientos soplan nuevos y reclaman una nueva politica. A todos nos cuesta adaptarnos, pero es preciso lograrlo.-

No dijo mas, porque sabia que si daba la replica que merecia a la pretension de que "Paris le iba grande" abriría la caja de Pandora. Y la Bestia no debia salir a pasear de ningun modo. Sonrio con una ligera suficiencia antes de dar la respuesta siguiente a la Maestra de la Via.

-Mi Senora, la razon por la que os obstinais en juzgarme desfavorablemente es porque no sois capaz de penetrar en mis motivaciones, no soy tan transparente como os gustaria. Me importa batante poco que los hombres lleguen o no a batallas lejanas contra Principes cuyo destino me resulta parcialmente ignorable; por la contra, me preocupa la profunda falta de fuerza de voluntad, inteligencia y honor que han demostrado los nuevos de nuestro Clan, y ello merece una severa consecuencia, tenedlo por cierto.-

Hace una ultima pausa, antes de continuar.

-Creedme cuando digo que no hay cosa que desearia mas que poder realizar alguna senal de agrado para con nuestro Linaje. Sin embargo, soy de la creencia de que los que desean algun tipo de recompensa, deben demostrar su valia para ello, y nuestra Estirpe ha demostrado poco en ese sentido.-

Elois D'Umbrelle - March 3, 2006 12:21 PM (GMT)

Quedó meditando en soledad pese a la compañia, lo hacía por inercia, por costumbre, por maneras. En verdad no le hacía falta, pero el teatro era su vocación frustrada al parecer.

El plan de acción había variado por completo, y después de la tormente precedía la calma, había arremetido cruelmente contra el principe, como éste lo hiciera contra ella, contra el linaje. A continuación debían emplearse otros métodos que serían expuestos tras el exhaustivo análisis de aquello que Geoffrey pronunciara.

Por primera vez mostró Elois su sonrisa, la mejor de todas, la cautivadora, aquella por la que más de un mortal, noble o plebeyo daría la vida con tal de volver a disrutarla. También miró profundamente al príncipe con esos intentos ojos marinos, pero esta ocasión su mirada no sesgaba sino que apaciguaba como la aurora, resultaba hipnótica y atractiva cual luna ejerciendo su influjo en las mareas.

- Mi señor.

El tono empleado en esta ocasión rozaba la timidez.

- En disposición a lo planteado por su gracia, que sería preciso para que su gracia condeciese alguna recompensa, y disculpad la osadía pero en esta ocasión es Elois quien arde en deseos de alcanzar ese conocimiento.

Suspiró profundamente, y en ese hálito parecía que todo lo negro de su corazón se desvanecía, que toda la frialdad quedaba condenada al ostracismo dejando la visión de su faz entrever un atisbo de... ¿arrepentimiento?, quizás esa sería la única tregua que concedería Elois aquella noche, quizás fuera la forma en que esta mostraba verdaderamente su arrepentimiento, quizás una máscara más... había tantos quizás... que le correspondía a Geoffrey juzgar.

Y justo en medio del juicio retomó para si la palabra aquella condenada cainita, orgullosa donde las hubiera, pues no en vano era Ventrue.

- Creo que mi señor tiene razón.

Obviamente no le cedería la razón en todo, y atendería a matizarlo tras una escueta pausa.

- Me temo que aún sigo obcecada a los tiempos pasados, a las formas pasadas, a los príncipes pasados y por ello ruego a su gracia me disculpe.

En ese momento y prácticamente sin tiempo a reacción para Geoffrey, la ventrue realizó una solemne reverencia ante éste.

Tras levantarse prosiguió con unas escasas palabras.

- Permitidme pues mi señor, que no sea Elois D'Umbrelle quien os juzgue sino el tiempo de vuestro reinado y a éste se ceñirá Elois D'Umbrelle en su juicio.

Calló, debía responder el príncipe después de aquel intento de... ¿disculpa formal?



Geoffrey - March 3, 2006 12:34 PM (GMT)
De entre todas las respuestas que Elois podia haber dado a sus palabras, aquella era sin duda las mas temible de todas. Aquella sonrisa podia derretir cumbres montanosas, y una claudicacion aparente haria a mas de uno caer en emboscadas posteriores. Geoffrey se nego a rebajar su guardia con tanta sencillez, aunque casi tuvo que retener un suspiro al sentir que la tension en la sala bajaba. Ahora que se iba un poco, se daba cuenta de que casi casi habia podido palpar la tension con las manos, casi habia sido algo fisico.

Hacia tres anos que no habia habido un encontronazo de voluntades tan fuertes en esta sala, y aquella noche acabo con una Era.

Sin embargo, cuando hablo, Geoffrey lo hizo evitando las palabras finales de Elois. Quizas la creyese, quizas pensase que ellas eran en si una artimana. Lo mas probable, sin embargo, era que fuesen ambas cosas al mismo tiempo. Ahi estaba la peligrosa ambiguedad en que aquella mujer era tan experta.

-Conseguir una recompensa de la Corte no es tan complicado como otros podrian pensar, milady. Tiene que ver con lealtad, con valor, con osadia, y con habilidad. En ultima instancia, consiste en demostrar que se poseen esas virtudes, y que se esta dispuesto a emplearlas para el bien de la ciudad.-

Elois D'Umbrelle - March 3, 2006 12:45 PM (GMT)

Quieta como una estatua esperaba la respuesta y éta le fue dada no pudiendo más que esgrimir una tenue sonrisa, complice. Geoffrey casi sin quererlo o puede que con toda intencionalidad había nombrado prácticamente todas sus propias virtudes.

- Mi señor debe reconocer que sus cachorros han mostrado cuanto menos osadía y habilidad, ¿no merecen al menos la mitad de esa reconpensa?

No dijo más, esperaba a que éste alegase la Lealtad como algo esencial y apelase a la falta de valor que mostraban, siendo ella quien velase por sus intereses.

En ese instante la conversación alcanzaba un punto de inflexión interesante.



Geoffrey - March 3, 2006 12:56 PM (GMT)
Geofrey casi sonrio de medio lado. Casi.

-Mi Senora, nombraros a vos su representante no demuestra ni lo uno ni lo otro. Mas bien al contrario, reconocen su falta de habilidad en el hecho de que precisan de la vuestra para que intercedais por ellos; y su falta de valor en el hecho de que aceptan huir de mi mirada, usandoos a vos como escudo para ello. No hay osadia alguna en permanecer ocultos, y vos mismos les llevasteis a demostrar el poco aprecio que le tienen a la lealtad. Creo que no manifiestan en exceso la posesion de virtud alguna, milady.-

Su voz es suave y serena, pero firme y poderosa al mismo tiempo.

Elois D'Umbrelle - March 3, 2006 01:07 PM (GMT)

Y ahora si sonrió ampliamente Elois, entrando en un juego cortesano tan antiguo como afín a su persona, habían cruzado el punto de inflexión.

El vigor de la mirada su mirada no rendía tregua al poder que imprimía la voz del príncipe, el duelo de titanes no había hecho más que empezar, pero podría acabar rápidamente...

- ¿Mi señor pretende hacerme sonrojar?

Se mostraba jobial, mareando la perdiz.

- Me honra que considereis mis habilidades en tal calidad, como también me honra que considereis mi valor tal como para resitir vuestra mirada y aún así defender los intereses de los nuestros.

Su mirada se perdió por un momento, abandonando el campo de batalla, no para escapar de la contienda sino para asestar un ataque en la retaguardia.

- ¿Podría ser entonces Elois merecedora tal reconpensa?

Alegre contraste entre timidez y osadía reflejaba su faz, en tanto que esperaba la respuesta de Geoffrey intentando dilucidar que excusa pondría en esta ocasión, que sin duda era más dificil que las anteriores.


Geoffrey - March 3, 2006 06:49 PM (GMT)
La habia visto venir. Esa era facil, se la habia esperado, y estaba preparado para ella.

-Milady, no he dicho que yo considere eso, he dicho que ellos os consideran de tal modo. Mi opinion acaso sea bien diferente.-

Y dejo las palabras asi, en el aire, flotando de modo ambiguo pero indudable. O no?

Elois D'Umbrelle - March 3, 2006 06:58 PM (GMT)

Elois sospechaba la respuesta que no la réplica, aunque algo similar.

Por ello rió desairada, ante las sospechas que Geoffrey pudiera tener sobre sus intenciones, las reales y no las aparentes.... pese a todo no descubriría su verdadero juego, nunca lo hacía.

Aunque por otro lado la divertía aquello y prosiguió.

- Entonces, mi señor no me considera merecedora de recompensa alguna

Lo dijo con un tono meloso y socarrón. Prosiguió un poco más con su voz acaramelada, lejos de toda la frialdad con la que inició la velada.

- ¿No me considera mi señor habil o valiente?

El calificativo de "lealtad" lo dejó para consigo misma, de sobra sabía que Geoffrey no la tenía por leal. Hacía bien, pues Elois sólo era leal a Elois, como todo buen ventrue que se precie de serlo. No leal a Elois desde luego, sino así mismo.


Geoffrey - March 3, 2006 07:07 PM (GMT)
Geoffrey casi sonrio a continuacion. En el fondo, por muy Cainita que fuese, Elois era tambien una mujer, y le gustaba usar sus armas de mujer como hiciera de mortal. Eso estaba claro. Al Cielo daba gracias el Principe de que su corazon no latiese ya por esos lares, sino esa voz le habria resultado de lo mas tentadora. Suerte, pues, que no caeria con tanta sencillez en las redes superficiales, ya que manejarse con las profundas descontaba que le costaria mucho mas que unas sencillas palabras.

-Milady, de sobra sabeis que enuncie cuatro virtudes, y vos solo habeis reclamado para vos dos de ellas. Quizas debais meditar sobre ello.-

Lo dijo casi como una pulla cortesana tranquila y amena, como los juegos a los que juegan los mortales. Ambos sabian que esa carta estaba muy clara y sobre la mesa por ambas partes, la clave era jugar conociendo ese hecho fundamental: ella retorceria toda orden que Geoffrey le diese en la medida en que pudiese para mejorar sus planes, y el jugaria con su deslealtad para defender los suyos propios. La danza era peligrosa, ciertamente, y pocos eran los que la dominaban.

Pero, en el fondo, Geoffrey sabia que estas danzas eran lo que le mantenia cuerdo y no-vivo desde hacia mas de dos siglos. El reto, la dificultad, la inteligencia. El duelo.

Elois D'Umbrelle - March 4, 2006 01:53 AM (GMT)

Prácticamente sin quererlo la velada había entrado sin remedio en un juego intelectual, cortesano y gozando de una inocencia aparente cuales mortales, dejando atrás el tiempo de tensión.

- ¡Oh! - Una expresión de sorpresa acompañó su rostro, fingida y teatral, incluso cómica, no dejando dudas en la vocación de dramaturga que poseía su interlocutora.

- Mi señor, eso se debe a que también gozo de humildad, una virtud que también podeis añadir a la cuenta.

Era obvio que bromeaba, su orgullo era tal que la había llevado a enfrentarse a Geoffrey poco antes, además la sonrisa cómplice que esbozaba delataba tales intenciones.

- Sin embargo, cuanto menos poseo la mitad de las virtudes - no dijo directamente que careciera del resto, sólo era ambigua como siempre, como ella misma, jugando con las palabras y empleando el "cuanto menos" para decirlo todo y no decir nada. - Sería justo y mi señor habría de reconocerlo así, el recibir la mitad de la reconpensa.

Por alguna extraña razón aquel juego en el que habían caído en barrena la divertía en demasía y lo explotaba al máximo, entre tanto que sondeaba al príncipe y obtenía conclusiones propias.


Geoffrey - March 6, 2006 11:49 AM (GMT)
Asi que ella queria jugar al antiguo juego de la corte y del cortejo, pues en cierta medida asi era como jugaban los mortales entre ellos. Geoffrey era lo suficientemente inteligente como para saber que aun bajo esas inocentes palabras, se ocultaban intereses y motivaciones ulteriores, aunque simplemente fuese juntar piezas para un posterior puzzle. Sabia que Elois nunca descansaba, por mucho que pudiese parecerlo.

-La humildad solo es una virtud para con Dios, milady, de nada auxilia en el gobierno. Ademas, el hecho de que afirmeis poseer la mitad de las virtudes, acaso no os haria merecedora de la mitad del castigo en vez del premio? Pues es obvio que aquellos que carecen de dichas virtudes, precisan de cierto tipo de sanciones que los encamine a la procura dichas virtudes.-

Sonrio ligeramente, aceptando entrar en el juego pero por su propio camino.

-Ademas, esas cuatro son virtudes cuya posesion no se afirma, sino que se demuestra. Y me temo que vos os esforzais en demasia en afirmarlas, y aun no las habeis probado con tanto fervor.-

Sabia que Elois tendria una replica contra todo aquello, pero eso solo los llevaria a una nueva replica y otra despues. Ella queria danzar esos pasos, pues asi seria. Danzarian entonces.

Elois D'Umbrelle - March 7, 2006 02:52 PM (GMT)

Seguir con aquello no tendría sentido, entraría una dinámica repetitiva a la que Elois no pretendía entrar, ya se había dibertido un poco y también relajado ligeramente la tensión. Era evidente que Geoffrey jamás accedería a concederla nada, como tampoco ella lo pediría para si por mucha impresión que pudiera tener el príncipe.

Sonrió discreta. El planteamiento debía seguir el mismo patrón que había encontrado poco antes y la melodía fluyó.

- Mi señor tiene una vez más razón, pero hace tiempo que olvidé la Via Caeli, que el trato para con Dios me resulta un poco distante, diculpadme pues.

Volvió a sonreir picarona. De sobra sabía que no era humilde, ningún ventrue que se preciara llamarse Ventrue lo sería, y Elois era Ventrue con gran Orgullo, una gran antíteis sin duda.

- En cuanto al resto, discrepo mi lord.

Dijo tajantemente, aunque en un tono jocoso que apuntalaría con el siguiente comentario.

- Puesto que la humildad no es algo que se me pueda atribuir según la doctrina de Dios que bien ha recordado mi señor, sería acertado atribuir lo contrario. El orgullo, pues siento orgullo por ser Ventrue.

Rió desairada, también movió su cuerpo gracilmente gesticulando, pero nunca abandonando los canones de comportamiento establecidos para la vida cortesana.

- Partiendo de esa base, cuatro virtudes serían escasas, pero no entraré a valorarlas, podríamos pasar siglos dialogando ampliamente sobre ello.

Palabras no faltarían, si a Elois se le daba cuerda, podría ser cierta aquella afirmación, sobre todo si Geoffrey se entretenía en contradecirla, pues ella apelaría auno y otro camino y eso sería eterno...

- Es mi señor quien debe valorar y de sobra sabe que Elois no es consejera, ni tampoco ostenta título alguno en la corte, tanto como si debe percibir la mitad del citado veredicto de su gracia.

Ni lo tenía, ni seguramente aceptara más que ser Maestra, al menos no con Geoffrey en el principado y por supuesto de ser reprendida, estaba ya preparada, nunca lo había descartado, no en vano había sido osada.

- Anclados en este punto, me temo que no llegaremos a ningún acuerdo. Vos loablemente seguireis en vuestra pose, mientras Elois toscamente os emulará como buena subdita.

Había cierto cinismo en aquellas palabras enmascaradas todas ellas con jocosidad en un juego de palabras apropiado.

- Mi señor, vuestro tiempo es valioso, teneis mucho que hacer y no os lo robaré más.

¿Más dobles sentidos?.

Sonrió dulcemente, dispuesta a despedirse de Geoffrey, aunque en el último momento se refrenó y esquivó la reverencia añadiendo nuevos versos.

- A menos claro, que mi señor desee algo más.

Quedó petrificada, con su mirada segadora acusándolo en espera de respuesta. ¿querría algo más de ella Geoffrey?.


Geoffrey - March 7, 2006 07:01 PM (GMT)
Geoffrey sonrio con tranquilidad a la dama, dejando que todo su sarcasmo y sus juegos de palabras resbalasen sobre el como el agua de la lluvia. No entraria a responder a todas esas banalidades y dobles sentidos, pues carecia de sentido alguno. No, fue directamente al final, pues el resto eran mentiras u obviedades, y cosas en el medio, pero sobre las que nada habia que decir.

-No, milady, sois libre de marcharos pues. Os agradezco enormemente que hayais podido disponer de vuestro tiempo para acudir a esta cita.-

Por un momento, se le cruzaron por la lengua mil juegos de palabras, cientos de ultimos giros que soltar, decenas de despedidas que volviesen a iniciar el combate. Pero carecia de sentido. Ya bastante surimiento habia tenido esta noche, y mas tendria la siguiente. No era necesario prolongarlo.

-Sois libre de marcharos, pues- dijo, con una leve reverencia de la cabeza.

Como un reloj, Icaro aparecio en la puerta, dispuesto a escoltarla a la salida. No habia sonrisa alguna en su cara perfecta y educadamente formal, aunque algo danzaba en sus ojos. El que, era algo imposible de decir... al fin y al cabo, el tambien era Ventrue.

Elois D'Umbrelle - March 7, 2006 11:25 PM (GMT)

Ya estaba todo dicho, o mejor expresado, todo visto, pues lo que se dice decir no se habían plasmado las palabras apropiadas, pero si los conceptos.

El manto de desiluciones y otros tantos conceptos del mismo sentir se disiparía cuando aquella imagen de doncella librase a Geoffrey de su visión.

El principe dispuso, mas el talante combativo de la pequeña doncella era dificl de refrenar pues era osada, orgullosa y hasta puede que valiente o todo lo contrario, una mera necia. La cuestión radicaba en su casi inexistente reverencia para con su señor antes de partir una muestra más del apego que sentía por él, aunque no acabaría ahí la cosa...

Cierto era que podía haber presionado al príncipe con aquel pergamino, que defendió contra viento y marea aferrándose a él con crudas palabras, fríos tonos y duras afirmaciones que hubieran hecho saltar a más de uno. Cierto era también que Geoffrey aguantó con entereza soberbia cada envestida. Elois tenía bazas con las que intentar coaccionar, mas no lo hizo, no era su estilo, con saber que su adversario conocía sus actos valía.

Pese a todo ello, la dama tenía consigo más de nu as en la manga, era la reina d elos juegos a dos, tres, cuatro e incontables bandas. trajiversaba y manipulaba palabras, hechos y personas a su antojo como buena Ventrue, pero a veces también llevaba consigo sorpresas encerradas.

Cerca de la puerta, junto a aquel que fuera su amigo, con la espalda concedida esta vez a su anfitrión giró una cuarta su rostro y con este su cuerpo, hablando no de espaldas, pero tampoco al rostro, esquivando pues su penetrante mirada el gozo que sería posarse con desdén en el príncipe. ¿Por qué?, sólo ella conocía esa respuesta o hasta puede que tampoco fuera así, quizás nadie la conociera, mas su voz resonó con perfecta claridad.

- Gevaudan.

Indicó una vez, pero no sería la única.

- Gevaudan, Ira de Gaia.

Replicó nuevamente con un calificativo, ante el desconcierto que suscitaría tanto para uno como para otro Ventrue.

- Es el rey de la corte lupina que reside en los bosques de Montparnasse.

Y así facilitó cuanto poseía de cara a la guerra, su ínfimo grano de arena para la contienda que se ceñía sobre las noches parisinas.

Tras aquella interrupción, partió sin más miramientos, ya se había despedido y no precisaba volver a hacerlo, con prestreeza lso pequeños pasos deslizaron a la doncella tomando ventaja sobre Icaro. Conocía perfectamente la salida y tenía prisa por uno u otro motivo.

Mas en la lejanía, fuera de la presencia del hijo de Alexander, el gozo de Elois era múltiple, su faz mostraba un júbilo inusual tras la infructuosa entrevista... o... por algún retorcido motivo en la mente de la Ventrue... no había sido tan infructuosa... sólo Elois conocía la respuesta, sólo ella tenía las preguntas... sólo ella... sólo ella era Elois.


Geoffrey - March 8, 2006 07:51 PM (GMT)
Geoffrey escucho las palabras en silencio, sin responder, aun controlando el acceso de ira que le habia embargado ante la falta de respeto de la Ventrue al no despedirse con una reverencia mayor. Falta de respeto a la que respondio Geoffrey despidiendola sin gesto alguno por su parte, tan solo su fria mascara.

Si asi queria jugar ella, asi se jugaria.

No caeria en la tentacion de usar su informacion sin verificarla, pero tampoco prescindiria de ella. De ser cierta, era una informacion demasiado valiosa como para prescindir por orgullo, el bien de la ciudad estaba en juego.

Mientras tanto, Icaro la acompano por los pasillos, esforzandose por mantener su acelerado paso. Por un momento, penso en decir algo a su amiga, pero al final no lo hizo, y simplemente la dejo en la puerta con un sencillo beso en la mano. Una despedida adecuada para una amiga, ya que no habia mucha gente a la que Icaro tocase nunca.




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