Title: Noticias del Este...
Description: 6-9-1225
Haas - January 29, 2006 04:23 PM (GMT)
Atardecer en el Castillo Templario...
La tarde se presentaba plomiza y gris. El comandante teutónico repasaba junto con Franz Hammleigh, el "Tresier" o tesorero de la Orden, los documentos que validaba el traspaso de fondos desde las cancillerías de Magdeburgo hasta la sede templaria parisina, que actuaba a modo de banco intermediario (y que cobraba un suculento porcentaje por el servicio...). Haas apenas podía fijar la vista en los incontables pergaminos que sin embargo el adusto y menudo administrador manejaba y contaba con la misma maestría con que una araña forma en segundos una compleja tela. Varios golpes en la puerta avisaron a la pareja de la presencia del insigne legado, Yarovski de Regensburg, reclamando la presencia del comendador, por lo que Haas se disculpó ante Franz (fingiendo pesar, pues el hastío que soportaba tras horas de papeleo burocrático era notable...) pero éste apenas levantó su mirada de los documentos que firmaba con avidez.
Haas acompañó a Yarovski hasta uno de los patios interiores, donde un pequeño jardín crecía milagrosamente entre aquellos muros de piedra y roca. Observando que ningún templario anduviese cerca, el legado se sacó del interior de su túnica un sobre sellado con la insignia de Magdeburgo. Haas se precipitó hacia ella con la idea de que quizás contuviese noticias de su añorada Lucrecia, pero el de Regensburg se lo impidió como un adulto aparta la golosina al niño.
- La misiva- comenzó a explicar el legado- no es para vos, aunque se que aguardais espectante las noticias que llegan desde el Sacro Imperio. Esta carta va dirigida a la Duquesa de Orleans.-
¡De nuevo aquel esquivo nombre! Haas recordaba como sus investigaciones habían sido infructuosas cuando trató de dar con ella, aunque ésta fue llevada a cabo al poco de llegar a París y mediante fuentes obsoletas y de ningún modo fidedignas.
- La duquesa de Orleans no se encuentra en la ciudad- Inquirió desanimado el de Estiria- ¿Cómo la encontraremos?¿Sabemos cual es su nombre real?
- Su nombre real no lo conocemos pero no debería importarnos ...el resto es sencillo- La voz del legado parecía encendida y contravenía el oscuro pesimísmo del comandante - Vuestras pesquisas erraron en su dirección. La duquesa de Orleans no se halla en París puesto que su hogar de La Vilé se consumió a causa de un pavoroso incendio en el que falleció su marido, el duque.- Haas apretó los labios disgustado por su error- Actualmente dicha noble tiene su residencia en La Chateau, a escasa distancia de Orleans y Bloise. También tengo entendido que una comandancia hospitalaria tiene allí su guarnición...
- ¿Los hospitalarios actuando como perros guardianes?- A Haas le resultaba extraño que los orgullosos sanjuanistas se rebajasen al papel de simple guardia de vigilancia, pero si la misteriosa duquesa tenía bajo su control a la Orden del zalamero Guerino de Montaignú solo Dios sabía hasta donde podían llegar sus influencias...lo que podría facilitar sobremanera su papel en la capital parisina si conseguía entablar una relación beneficiosa con la viuda de Orleans, sobre todo conociendo las amistosas relaciones que se daban entre la Orden Teutónica y los Sanjuanistas (al fin de al cabo, sus raices son las mismas).
- Pondré la misiva bajo custodia. Yo mismo entregaré la carta a su destinataria- La impulsiva voz del teutón no dejó margen de replica a Yarovski, quien tras muchos años se había acostumbrado a la impulsia personalidad del comandante.- Di a los escuderos que preparen a Horka, deseo partir de inmediato...-
- Pero señor, está anocheciendo...- El rostro de Yarovski se arrugó en una mueca de preocupación que Haas ignoró.
- Horka no permitiría que la Luna lo alcanzase. Además la duquesa habrá concluido sus menesteres y tendrá tiempo para recibirme...quien sabe, quizas las noticias que porta del Imperio incumban a Lucrecia...-
Yarovski resignado entregó el sobre al comandante y éste se alejó en dirección a las caballerizas. Suspiró. El amor acabaría enterrando a su buen Vlatko...
Haas - January 29, 2006 07:40 PM (GMT)
La brumosa silueta de París se perdía a sus espaldas a medida que las pequeñas granjas de Montparnasse pasaban a su lado como sombras difusas rasgadas por el viento. Haas apenas podía mantener los ojos abiertos a causa de la extraordinaria velocidad que llegaba a alcanzar, a pesar de portar la barda, e l poderoso destrero de guerra del Estirio, pero ésta parecía intuir siempre la dirección requerida y estaba seguro que aun con los ojos completamente cerrados, llegarían a su destino con éxito.
Tomando la dirección hacia Versalles y sin encontrarse ningún obstáculo en el camino, Haas alcanzó a ver en la lejanía lo que parecía ser su objetivo; El Castillo de la duquesa se elevaba como una poderosa mano de piedra sobre el horizonte, un perturbador espectáculo que dominaba las tierras en derredor a kilómetros a la redonda...Rodeó instintivamente la alforja donde guardaba la misiva y espoleó al caballo. El Sol moría poco a poco y una incipiente oscuridad comenzaba a formarse en la bóveda celeste, pero su sorpresa se acentuó cuando, a ambos márgenes del camino enlosado, se formaban hileras de antorchas que ayudaban al viajero a llegar sin más complicaciones hasta el portón de entrada.
Según se fue acercando, fue testigo de la magnificencia de la fortaleza. Sus sólidos muros y sus torreones defensivos hacían practicamente imposible su toma al asalto sin las armas de asedio adecuadas y la cumbre de un viejo campanario resaltaba con un sacro protagonismo entre las almenas. Haas estaba seguro de que el interior del recinto funcionaría como una pequeña aldea en sí misma, y daba buena cuenta del poder personal que amasaba la viuda de Orleans...
Pocos minutos despúes, el amplio portón de entrada recibía con frio celo al estirio, quien pronto se vio abordado por varios guardias que como bien le informó su fiel Yarowski, pertenecían a los sanjuanistas. La actitud belicosa que adoptaron al ver al jinete se tornó en sonrisas complacientes cuando Haas les indicó su propósito y su origen y uno de ellos corrió raudo al interior de la fortaleza para avisar de tan esperada llegada...
El estirio no pudo menos que sentir un gélido estremecimiento al imaginarse un posible encuentro con la duquesa...
Elois D'Umbrelle - January 29, 2006 10:33 PM (GMT)
- ¿Del Sacro Imperio?
Vociferó extrañada y sorprendida la duquesa.
Pier asintió con la cabeza mientras repetía nuevamente sus palabras originales con una parsimonia antojada endemoniada para la ocasión.
- Así es madame, el jinete dice traer nuevas del Sacro Imperio.
Elois se levantó de su escritorio, dejando los documentos a un lado, después proseguiría...
- ¿Lo habeis visto vos?
- No madame, en estos momentos lo recibe vuestro senescal como es habitual, pero en recomendación a las estrictas órdenes de su gracia creí oportuno comunicaros este hecho.
La ventrue no reparó apenas en las palabras de Pier pues no apelaban a su pregunta, se giró rauda con la fuerza de un león y la fiereza propia de la fiera hacia su lugarteniente.
- ¿Lo visteis vos?
- Me temo que tampoco madame, pero mis hombres me indicaron que se trataba de un caballero teutónico.
D'Artois estaba completamente sorprendido al ver a su señora actuar de ese modo.
- ¿Un caballero teutónico?
Vociferó nuevamente una pregunta hecha así misma. El nerviosismo la corroía por dentro invadiendo todas sus entrañas, aunque el porqué a esa respuesta era bastante complejo y sólo D'Artois podía intuirlo, quizás esa fuera la causa de estar cada mañana en la Sorbona esperando libros llegados del Sacro Imperio.
Atento como siempre y viendo el atónito rostro del viejo chambelán, el hospitalario hizo las veces de señor mientras su ama parecía reflexionar seriamente el asunto. No cabía lugar a dudas que aquella llegada era más importante que lo sugerido en apariencias.
- Pier, podeis retiraros y anunciad al caballero que la duquesa lo recibirá esta misma noche.
El chambelán reclinó la cabeza y se marchó sigiloso a cumplir el cometido.
- Madame...
Susurraba D'Artois tratando de sacar del trance a su señora pero guardándose de ser inoportuno.
Ese suspiró devolvió a Elois a su estado habitual de cordura.
Tranquilidad, no es el momento de pisar en falso
Quizás no fueran más que noticias de Herr Hans después de todo, pero... y si se trataba de...
Entonces recaló en las palabras de Pier, Vilfort recibiría al huesped, el agrio senescal carecía del tacto apropiado.
- A prisa D'Artois, acude y releva a Vilfort y ofrécele al caballero la mejor atención que pueda ofrecer el castillo.
El cruzado comprendía la urgencia, de sobra conocía a Vilfort y el emisario podría ser alguna visita de las que sólo acudían en la noche...
Raudó se reclinó ante la dama y partió a cumplir su cometido.
...
Mientras, en un pequeño despacho, Haas estaba ante la siniestra figura de un caballero completamente vestido de negro, malhumorado y que lo miraba por encima del hombro. No guardaba reparo alguno en mostrarle desdén.
- ¿Una misiva para la duquesa deciis?.
Una mueca de desagrado en su boca.
- Bien, dádmela y yo se la haré llegar, luego se os dará algo de comida y un caballo fresco.
Vilfort, quien ni siquiera se había presentado, trató a Haas como un vulgar emisario. Con la mano le hacía gestos para que se retirase, por lo visto no parecía quererlo en su presencia.
Entonces bordeando uno de los rocosos pasillos adornados con alfombra roja cruzó el umbral la contrapartida de Vilfort, un viejo con atuendo de mayordomo, rostro agradable y apariencia de abuelo que se dirigía con unos modales exquisitos al germano, ni tan siquiera reparó en Vilfort, pues Haas era su objetivo.
- Madame os recibirá en breve monsieur.
Tras cumplir su cometido, una reverencia y se marchó sin hacer ruido, justo por donde había llegado.
El desagrado en el rostro de Vilfort, era patente, tornándose incluso a furioso por la intromisión que le llevaba la contraria.
- Ya lo habeis oído, madame D'Umbrelle os recibirá, tomad asiento y esperad.
Por algún motivo Vilfort, odiaba a los cruzados, odiaba a D'Artois y ahora a Haas, aunque en verdad odiaba a todo el mundo, aunque nadie se atrevía a confirmarlo estaba en boca de todos. Sólo su buena labor como administrador lo tenía allí, y a esa labor volvió sin prestar más atención a su invitado.
Haas - January 29, 2006 11:35 PM (GMT)
Haas teñía los puños blancos de la rabia. ¡Aquel malnacido lo trataba como un simple criado que lleva y trae mensajes! Desde luego aquel trato denigrante exhasperaba la paciencia, ya de por sí limitada, del orgulloso teutón. Sin embargo se contuvo, tragó saliva y respiró hondo para no provocar un serio desajuste en la tapa craneal de aquel insolente...
Cuando aquel hombre mayor con aspecto de chambelán impidió que el senescal se ofuscase en su idea de arrebatar el mensaje al comandante teutónico y arrojarlo fuera de su vista, Haas estuvo a punto de pedirle que lo llevara con él, aunque fuese sometido a las inclemencias del tiempo, pero lejos de aquel reptil ataviado de negro que amenazaba con sacarle de sus casillas. Su disgusto fue mayúsculo cuando vio a su salvador desaparecer tan rápido como llegó.
Haciendo entender al viejo administrador que él en persona entregaría la misiva a la duquesa (su mano tamborileaba los dedos en el arriaz de la espada), Haas se acomodó como pudo observando fijamente la labor del senescal, algo que sin duda lo incomodaba ostensiblemente y que constituyó un travieso disfrute para el comandante. A pesar de tener que soportarse mutuamente, ninguno de los dos abrió la boca y en esta tesitura pasaron los minutos sin que nadie pareciese reclamar al comendador teutónico.
Haas se vio a si mismo nervioso, una sensación comunmente ajena a su persona y que solo ocurría en momentos previos a la disputa de un combate o una carga. Salvando las distancias, aquella noche el envite prometía ser apasionante, pues si bien no tenía enfrente a los salvajes cumanos, la duquesa de Orleans prometía no ser ni mucho menos un hueso fácil de ablandar. Acariciando el sobre de su alforja con mimo, se preguntó cual sería el contenido del mismo y si la duquesa le permitiría si no leerla, preguntar sobre ella y de este modo averiguar si contenía noticias de Lucrecia...
- Que acudan rápido, por Federico...- Pensó Haas cuando su mirada volvió a cruzarse con la de Vilfort, retorcida y agria como la de un buitre...
Elois D'Umbrelle - January 30, 2006 01:31 PM (GMT)
Vilfort levantó la mirada un par de veces, la segunda con mayor despreico a la primera y por fin cuando le iba a transmitir una impertinencia algo turbó la "agradable velada".
- Buena noche Vilfort.
Un hombre maduro de complexión recia y aspecto afable entró como si fuera el dueño de todo aquello, llevaba ropajes distinguidos y un manto cruzado por dos líneas blancas perpendiculares sobr enu fondo púrpura.
Primeramentre había reparado en Vilfort, incluso sonrió, pero el senescal no respondió, Haas incluso podía percibir mayor desprecio para aquel hombre que el adjudicado para si. La sonrisa del caballero encerraba mayor complicidad de la aparente, un hecho similar en provocación al mismo que el germano realizaba con tal de importunar al burócrata.
- Buena noche también para vos, monsieur.
Replicó inmediatamente después al invitado.
- Si no os es molestia os rogaría me acompañáseis.
Vilfort no musitó palabra, sólo desdén, ignorando a ambos acompañantes.
Haas - January 30, 2006 03:00 PM (GMT)
Haas se puso en pie tratando de que su anfitrión no notase el apremio que se daba en ello, pues estaba asqueado de la presencia de Vilfort y respiró aliviado cuando por fin le rescataron de su avinagrada compañía...
El hombre enviado por la duquesa parecía un aristócrata de noble porte, quizás un adelanto de lo que le esperaría más adelante, y afinó sus formas protocolarias que hacía tiempo habían comenzado a enmustiarse. El claro desdén mostrado hacia el vetusto senescal, compartido por el teutón, otorgó hacia el recien llegado un cierto margen de confianza alimentado a su vez por su afable sonrisa. Sintiéndose más cómodo, Haas llegó a la altura de su salvador y tras una breve reverencia, le musitó con bronco acento germánico...
- Haas de Estiria a sus pies, monsieur...- el estirio lanzó una última mirada al senescal- Lástima profunda siente mi corazón al abandonar tan excelsa compañía, pero la vida siempre reune a las gentes de bien que anhelan un reencuentro...-
En realidad lo que Haas daba a entender es que mejor sería para ambos no volver a encontrarse...el bufido que resonó del escritorio a modo de respuesta fue para el comandante como el dulce tacto del arpa...Sin más rodeos, se aprontó a seguir a su anfitrión...
Elois D'Umbrelle - January 30, 2006 09:15 PM (GMT)
D'Artois no pudo evitar sonreir jocoso por el comentario del teutón. En su haber sospechaba que aquel hombre era más que un simple mensajero, aunque por otro lado desestimó que se tratase de un cainita, ya estaba demasiado acostumbrado a tratar con éstos y a fijarse en los pequeños detalles que los diferencian de los mortales. Entonces... ¿de quien se trataba?.. tal vez un simple siervo como él mismo, tampoco le dió mucha importancia... pronto lo averiguaría.
- Es todo un placer monsieur de Stiria. - Su pronunciación no pareció muy acertada para con Haas.
Replicó al momento, todavía alegre.
- Habeis dado una soberana respuesta a ese pájaro...
Y bromeó sobre Vilfort, aunque guardándose que éste lo escuchase, no quería fomentar discordias en el castillo de su señora.
Caminaron un poco tras los dos se adirieron otros dos caballeros con la misma indumentaria que D'Artois pero bien provistos de armamento. Así y sin venir a la nada, el ghoul recordó algo.
- ¡Disculpad mis modales!
Se paró en seco para mirar a Haas.
- Soy el chevalier Roger D'Artois, maestre de esta humilde encomienda hospitalaria.
Sonrió afable como lo era su rostro y guió al invitado a través del laberinto de túneles rocosos. Haas pudo ver que si la duquesa era rica, no hacía gala de ello en su morada, antojándose un tanto más austera de lo esperado, eso si, había alfombra roja allá por donde pisasen y algunos que otros tapices romanos situados estratégicamente en sitios, mas sólo unas cortinas de terciopelo rompían las monotonas paredes mientras tapaban los ventanales. En general se podría decir que la luz era también escasa, de tenue pasaba a pobre y de aquía a sombría según el rincón.
Por fin llegaron a una habitación, donde les esperaba el abuelete que poco antes se dirigiera a Haas, simpático como el papel que desempeñaba abrió las puertas de un pequeño pero confortable salón. Los dos escoltas se quedaron apostados en la puertas que quedaron cerradas nada más cruzar los dos caballeros. Pier desapareció tan sigiloso como siempre y quedaron a solas el maestre D'Artois y el huésped teutón.
El salón también era escaso en luz, la cual emanaba de una pequeña lámpara sarraena dispuesta sobre una pequeña mesa camilla de marmol blanco, la mesa estaba justo en el centro de una perfecto círculo de seis sillones azules de un tejido que se hacía bastante suave en apariencia. Todos estaban dispuestos simétricamente a la misma distancia y apenas había diferencia entre uno y otro, no había distinciones y de tomar asiento la duquesa se auguraba que lo haría extrañamente en igualdad de condiciones que su invitado, un detalle de por sí insólito para los tiempos que corrían. Bajo sus pies y prácticamente en todo el salón una extraordinaria alfombra andalucí con un mosaico de palmeras bordado, al frente una chimenea apagada aún. Una habitación sencilla y acojedora como paradigma del recibimiento de Vilfort, que se completaba con otra pequeña mesita situada al lado de las cortinas hacia la que se dirigió D'Artois de inmediato.
Sobre esta yacía una bandeja de plata con una jarra del mismo material y varias copas dispuestas a su alrededor. Todo simpleza, únicamente lo necesario, pero a la vez de una exquisita calidad, quizás pudiera servir de indicio a Haas para intuir que tipo de persona era la duquesa.
D'Artois sirvió le vino en dos copas y las tomó acercandose hacia el teutón al tiempo que le ofrecía una. Cual sería la sorpresa de Haas cuando percibiera que no se trataba de vino, sino de agua cristalina, recogida en un manantial cercano y de una pureza jamás concevida para algo tan usual, cotidiano y necesario como lo era el agua. Hasta en esos pequeños detalles, la duquesa gozaba de la mejor calidad.
El cruzado sonrió al ver la sorpresa.
- Ruego me disculpe monsieur, pero nuestra encomienda, sólo toma vino en misa, aunque le confesaré que la duquesa goza de la mejor bodega de todo París e incluso Francia, hasta me atrevería a decir ni la de Luis tiene comparación con la suya.
Su exageración, no lo parecía tal a tenor de las circunstancias y le hacía un guiño por si gustaba de refrescarse con algo de vino en lugar de agua.
Haas - January 30, 2006 11:18 PM (GMT)
Haas sintió un agradable cosquilleo recorriendo su espalda...Se sentía extrañamente cómodo en aquel sencillo salón, con la amena compañía del maestre D´Artois, a quien comenzaba a profesar un sincero aprecio por su impecable trato, sin caer en la opulencia arrogante de la mayoría de maestres que había conocido, y más tratándose del Hospital, una Orden con claro sentimiento de inferioridad con respecto a sus carismáticos hermanos del Temple...
Cuando el chevalier le ofreció ambas copas, Haas se sintió sobrecogido por la excelente manufactura de la copa, cuyo brillo impecable formaba un crisol luminoso en su trasparente contenido. Aceptó cuidadosamente la copa y la admiró de cerca. Había visto cristal de gran calidad en los hornos de Murano pero aquella pieza era de belleza inaudita, con un mosaico milimétrico que recorría la base de la copa y que se dividía en motivos florales que trepaban hasta conformar un finísimo halo dorado que cubría el borde de la misma. Dio un pequeño sorbo con timidez pues le pareció un sacrilegio que sus labios mancillasen la perfección de aquella joya, y el cristalino líquido refrescó su garganta recordándole que hacía horas que no probaba bocado. Sonrió a su anfitrión cuando le ofreció catar la excelente bodega de la duquesa.
- Mis disculpas, monsieur, pero al igual que vos, solo tomo vino en ocasiones...especiales y en todas ellas acompañado de algúna vianda digna del caldo.- Sintió una aguda punzada cuando recordó que su reserva de vino carintio estaba próxima a agotarse y se recriminó interiormente por depender de su consumo en tal medida, aunque aquella bebida se había convertido en las últimas semanas en un valioso reconstituyente de íntimo sabor. En cuanto volviera al Temple mandaría recado de que enviarán varias vasijas desde el Sacro Imperio, noticia que sin duda alegraría al pícaro Yarovski de Regensburg, su fiel administrador.
Mientras D´Artois retiraba la bandeja plateada, el estirio aprovechó a observar más detenidamente la estancia. Sin duda la duquesa era mujer de mundo, o bien gustaba de obtener lo mejor de cada región, sobre todo del mundo islámico, pues la lámpara bien podría haber sido fabricada en la fastuosa Damasco y la alfombra de los ricos telares de Al-Andalus...¡Que gran cultura y cuanta ignorancia profesaba el mundo cristiano hacia ella, en quienes solo veían infieles y bárbaros de pieles de obsidiana! Recordó la cercanía de la marcha de su emperador hacia Tierra Santa y se vio a sí mismo ardiendo en deseos de acompañar al estandarte imperial pues sabía de sobra las dotes diplomáticas del Hohenstaufen y del profundo respeto que sentía hacia los Ayubbíes. Aquella cruzada triunfaría con la fuerza de la palabra y la razón, no con la espada y la sangre...
...D´Artois le miraba con su perenne sonrisa. Sin duda la ensimismación del estirio le resultaba graciosa y a éste le resultó incómoda pues era un defecto que le sucedía a menudo, aislarse en sus propios pensamientos en momentos de tensión o nervios. Le ayudaba a relajarse...¿Pero por qué de pronto se sentía agitado? Quizás la proximidad de su encuentro con...Rechazó tal hipótesis, él no era hombre vulnerable hacia el sexo débil, era más bien el intrigante halo misterioso que envolvía todo cuanto oía de la viuda de Orleans, el golpeteo en su pecho ante la inminente aparición de la mujer...Todo pasaría tras la primera impresión, las elucubraciones de su cabeza desaparecerían para ofrecer una imagen real de la dama y todo transcurriría con normalidad.
El estirio sonrió a su anfitrión...
- Si no es mucha molestia, monsieur, y mientras aguardamos...Contadme algo de vos...sois maestre del Hospital, ¿qué os atrae de estos muros y de quien entre ellos mora...?
Elois D'Umbrelle - January 31, 2006 10:06 AM (GMT)
D'Artois quedó en jaque y no pudo sino sólo sonreir abrumado por la cantidad de pensamientos que le procesaba su ama, agitó los brazos ante tal impoitencia y finalmente soltó una tneue carcajada.
- Madame es simplemente madame.
Y volvió a sonreir por sus propias palabras, pero podía denotarse el orgullo en su mirada, el cruzado no se avergonzaba sino todo lo contrario.
- Vereis, como cierto conde dijo una vez en la corte. Elois D'Umbrelle es sencillamente Elois D'Umbrelle, a nadie le deja indiferente.
Una nueva carcajada secundada por un prominente sorbo de la copa, luego su brazo izquierdo bordeó la espalda del estirio con naturalidad y confianza, ciertamente le había cogido demasiadas confianzas a Haas en apenas segundos, lo cual era fiel reflejo de su extroversión innata. El ghoul se sentía contento, alegre en parte al recordar la anécnota que impulsó al noble a procesar las palabras que quedarían grabadas para siempre en la memoria de D'Artois, pero también rememoraba el cruzado la situación con el insorportable de Vilfort, claro estaba que no comentaría nada al respecto.
- Querido monsieur Has de Stiria- su pronunciación no era muy correcta- madame D'Umbrelle puede fascinaros hasta el punto de querer únicamente tenerla en vuestro lecho, abrazada juntoa vos y saborear la miel de sus carnosos labios por toda la eternidad. O por contra odiarla hasta la saciedad, querer que su cuerpo y alma se pudran en el infierno por siempre jamás. Pero os prometo que no habrá indiferencia en vos para con ella.
D'Artois guiñó el ojo y se deshizo de al lado de Haas cediendo toda confianza previa al olvido. Caminó hacia uno de los sillones, el más próximo y nunca dando la espalda al invitado, luego apoyó su brazo en el respaldar del asiento y miró a Haas profundamente.
- Sobre mi, poco se puede decir monsieur. Soy el hijo menor de una noble familia y por tanto nada había para mi salvo el nombre familiar, partí a las cruzadas y me hice un hueco entre la hermandad de San Juan, entrado ya en edad decidí volver a mi patria hastiado de la guerra y dedicarme a labores más humanitarias, entonces conocía a madame, una cosa lleva a la otra y aquí me teneis.
Sonrió, al parecer no había mucho de interés en su vida, al menos no en comparación con la duquesa.
- ¿Y vos?, monsieur de Stiria. ¿Que me podeis decir de vos?
Sin abandonar su pose y sosteniendo su copa con elegancia aguardaba respuesta en el teutón. Afable, dicharachero y coloquial D'Artois también era astuto y debajo de esos modales desgarbados existía un interés por saber más sobre el misterioso mensajero, madame D'Umbrelle sabría reconocer su labosr llegado el caso.
Haas - January 31, 2006 01:46 PM (GMT)
Cuando el brazo del de Artois se paseó por la espalda del teutón, un escalofrío recorrió su médula y sus músculos se tensaron, poco habituados a permitir que un desconocido se acercase tanto, hasta el punto de poder acuchillarlo por la espalda con facilidad...sin embargo, su innata desconfianza cedió pronto a un tranquilizador sosiego cuando Roger comenzó a hablarse de la duquesa y finalmente se acomodó en el asiento. Sin duda aquel hombre, con su don de gentes y su extrovertida conversación ejercía este papel con todas las visitas y era lógico que la duquesa lo tuviera en grande estima, pues era capaz de anular las desconfiadas defensas de sus huéspedes en apenas unos minutos...
Tras oir la breve historia de Roger y el modo en que describía a la duquesa, el pulso de Haas se aceleró renovando su ansiedad hasta el punto de no poder permanecer inmovil en el asiento y se dedicó a fingir como que observaba los bellos tapices para ocultar su inquietud...No insitió en conocer mas a fondo ciertos detalles que sin duda roían su curiosidad, como la manera en que conoció a la viuda o cómo una comandancia de sanjuanistas tenían allí su sede, pero se las guardó para no parecer descortés u ofender de alguna manera a su sonriente par. Cuando éste le remitió su misma pregunta, Haas le sonrió y agitó la cabeza pensando en qué podría decirle de su corta vida para satisfacer su curiosidad...y mimando sus palabras para decir unicamente lo que le conviniese que supiese, al igual que, sin duda alguna, había hecho él...
- Mi vida resulta agitada que no interesante...Fui el único hijo de una familia de nobles estirios, lo que facilitó mi adopción como escudero de un poderoso duque. Pasé de limpiar cuadras a empuñar la espada y de ahí, a ser nombrado caballero en mi mayoría de edad por el propio Oton IV, emperador alemán por aquel entonces. Más tarde, rechazando la vida opulenta y cómoda que prometía mi herencia, me enrolé en las filas de la Orden Teutónica y acompañé a la armada germana en la cruzada contra Egipto, pero tuvimos agrias diferencias con los líderes cruzados y abandonamos una empresa que con el rumbo que tomaba estaba condenada al fracaso. Más tarde, gracias a mis méritos de guerra en el Este fui ascendiendo en el escalafón de la Orden hasta llegar a comendador, y finalmente, los mandos creyeron oportuno crear una embajada permanente en París para mantener las buenas relaciones con el rey francés y facilitar los intercambios comerciales con la Hansa germana...-
Haas no pudo reprimir un agrio suspiro...
-...Mientras que mis camaradas luchan contra los enemigos de Cristo que moran en tierras eslavas, muriendo por el Imperio y la Fe...- La última frase se escurrió entre sus labios como un susurro apagado. ¡Éra él, el noble guerrero, quien debería liderar a sus huestes en la batalla, y no como mensajero o administrador anquilosado a un escritorio!
Apartando su pesimismo, sonrió de nuevo a Roger D´Artois. Si la duquesa creaba sentimientos tan extremos en quienes la rodeaban, se veia tentado a comprobar el efecto que causaría en su persona...
Elois D'Umbrelle - January 31, 2006 02:45 PM (GMT)
D'Artois escuchó con gran atención lo que el teutón le decía y pronto sus sospechas se vieron colmadas, ya eleucubraba una idea del porqué tenía tanta importancia aquel misterioso mensajero. El que parecía un simple emisario no era ni más ni menos que un comendador de la Orden Teutónica.
El maestre aún tenía presente el viaje secreto que Raymond hizo para la duquesa en la caravana del Egipcio...
Sonrió condescendiente, pero poco a poco se mostró más interesado en Haas, su rostro daba muestras de ello.
- ¿Así que fuísteis nombrado por el Sacro Emperador?
Su pregunta suscitaba admiración acompañando el interrogante.
Pero la conversación vió interrumpido su rumbo original por una dulce voz de mujer, firme aunque suave.
- Y yo que os tenía por un emisario.
Ambos caballeros buscaron su origen, D'Artois ya sabía de quien se trataba y apenas se inmutó cuando vio la silueta de su señora sobre el marco de la puerta. En algunos casos Elois era sigilosa como una serpiente incluso en algunos otros tantos casos se le atribuían los mismos apelativos a su lengua, pero allí estaba radiante sobre la alfombra portando un vestido azabache idéntico a sus cabellos que le caían por el cuello hasta su regazo. Ella miró desde su escasa estatura al teutón con ojos marinos mientras lanzaba un canto de sirena en lengua germana.
- Sois bienvenido a mi humilde morada. Esta noche seré vuestra anfitriona. Mi nombre es Elois D'Umbrelle, duquesa de Orleáns.
A diferencia del hospitalario, la pronunciación de la duquesa era exquisita casi podría decirse que era originalmente bávara, pero su cabellera azabache impedía tal pensamiento.
Ella caminó elegante y grácil como las nubes se deslizan el cielo, cuando estaba a la altura del caballero, lo miró dulcemente y eclipsó todos los sentidos. Primero acaparó su mirada entrelazándola con la suya propia intensa y briosa como un pura sangre, luego degustó su oído con una frase que aprtía de aquellos labios carnosos y sensuales que poco antes describiera un D'Artois que había pasado a un segundo plano con la aparición estelar de su señora.
- Cual es el nombre de mi buen Mercurio.
Sonrió cortésmente al caballero mostrando la danza de la conquista en una boca que se contorneaba clamando a gritos ser besada una y otra vez, como también alegara D'Artois y finalmente, si la melosa voz de la dama no fuera suficiente para embriagarlo un fresco aroma a jazmín que se desprendía bajo sus mejillas haría el resto. Semejantes armas bastarían para desplomar las triples murallas de Bizancio, triunfando allá donde no lo ha hecho el hombre, pero ese no era su cometido, tan sólo deslumbrar al recién llegado...
Haas - January 31, 2006 03:33 PM (GMT)
La voz de la duquesa se enredó en los oidos de Haas como una embriagadora sierpe que arrastró su mirada hasta encontrarse con un profundo abismo lapislázuli que inundó sus pupilas y atenazó con inmisericorde presa la respiración del teutón. La criatura que sonreía envuelta en un aura ajazminado parecía emergida de las entrañas del cielo, un ángel de belleza imposible cuya piel asemejaba al terciopelo adamascado más delicado, sus cabellos, oscuros como una noche privada de Luna, caían traviesos sobre sus hombros menudos pero firmes. El de Estiria apenas podía articular palabra alguna, sentía su boca tan seca como los páramos del Kurek y sus manos eran ramas al merced del tifón más hermoso...
...Y anheló poseerla, tomarla entre sus brazos y apropiarse de los tesoros ocultos bajo aquel vestido azabache, fundir su carne con la de aquella turbadora Venus cuyos labios estaba presto a conquistar en cruento asedio, dio un primer paso. Dubitativo. Después otro. Y otro más. Con solo extender su brazo sería suya y su corazón se eclipsaría...Extendió el brazo, ya quedaba poco, el fuego de su interior se avivaba, presa de un paroxismo imposible de controlar, escasos centímetros...
En la mano, tensa y con los dedos como garfios retorcidos, descansaba un sobre con un sello de lacre...
- H...Haas de Estiria...Comendador de la Orden Teutónica...- Fueron las primeras palabras que a dama escuchó del comandante - Mi...Mi comandancia ha recibido un mensaje para vos...y...no podía permitirme enviar a un...simple emisario...-
¿Que demonios le pasaba? ¡Estaba perdiendo el control! Si no se dominaba pronto se vería derrumbado a los pies de Eloise suplicando por una sola de sus caricias. Jamás le había ocurrido algo semejante y ofendía los sentimientos que profesaba hacia su Señora. Quiso santiguarse, el recto y disciplinado Haas cayendo en las voraces fauces de la lujuria, incumpliendo las promesas dadas a su única y absoluta dueña, aquella que le esperaría en Magdeburgo cuando concluyera su misión...
Sin embargo su interior se rebeló contra aquella incipiente sumisión y su corazón se replegó para defenderse de tan brutal ataque. Hundió los ojos en la misiva y quebró de esta manera el invisible hechizo de sirena celeste que manaba de la mujer. Su cuerpo se recompuso, rígido y firme, y esforzándose en borrar de su voz todo atisbo de debilidad, se dirigió de nuevo hacia la duquesa...
- Os agradezco de corazón vuestra hospitalidad, que menos que arrodillarme ante tan...distinguida anfitriona...-
Agachó la cabeza e hincó la rodilla en el suelo mientras la mano de la duquesa se acercaba a su rostro, tal y como marca el protocolo...Su mano aceptó la suya y el mundo se detuvo en aquel instante. Su caricia era suave como debían serlo las nubes del paraíso, cálida como el susurro de una ninfa...Bastó apenas un fugaz roce de sus labios para que el teutón aspirase la embriagadora esencia del jazmin mezclada con la de su propio cuerpo, indómita y exhuberante...Era suyo, lo había sido desde antes de conocerla, antes siquiera de nacer, su lugar estaba junto a aquella Afrodita de voz acaramelada...pero una vez más, su instinto le devolvió a su lugar y en vez de caer al paraíso que marcaba el final de su faldón, se irguió en toda su altura, dejándo atrás unos ojos que, al igual que un halcón, no dejaban de clavarse en su presa...
- Monsieur D´Artois ha sido un encomiable anfitrión...- El escudo volvía a izarse- ...espero que las nuevas sean propicias para vos, madamme...-
El rostro de Haas revelaba una sonrisa sosegada que en nada revelaba la dramática lucha que acontecía en su interior...
Elois D'Umbrelle - January 31, 2006 04:11 PM (GMT)
Un pálpito en el pecho de la no muerta, parecía que su corazón fuese capáz de cobrar vida nuevamente, mas sólo era la emoción al ver la misiva.
D'Artois, atendió como siempre a tomar la carta y leersela a su señora, era la costmbre, una costumbre quebrada en el mismo instante que las delicadas manos de porcelana de la duquesa la tomaron para si ante la atónita mirada del ghoul que auguraba cada vez más un movimiento que le sobrepasaba.
Elois miró al teutón con simpatía.
- Levantaos Herr Haas de Estiria.
La ventrue esperó complacida que el caballero tomara de nuevo su pose original aproximándose tanto a D'Artois como a la mesa camilla donde la luz era más acusada.
- D'Artois, el caballero cenará esta noche en el Castillo.
Inmediatamente se giró al improvisado mensajero.
- No admito discusión Herr Haas.
La duquesa imponía su palabra como ley, era autoritaria y no daba tregua a posible respuesta, su propio ghoul no había terminado de asentir con la cabeza sus órdenes cuando ya estaba "ordenando" a Haas que cenara con ella.
Su mirada dulce, su cuerpo frágil, su esencia embriagadora... y pese a todo aquella doncella era puro mando que ni el más severo de los generales.
Mientras había ordenado a los dos caballeros le había sobrado tiempo para romer el lacre, aunque antes de dar comienzo la lectura daría una última orden al caballero.
- Tomad asiento por favor Herr Haas.
Y cada vez que se refería al teutón tenía la delicadeza de hacerlo en su propia lengua, demostrando que era una mujer de unas cualidades extraordinarias para la época en que estaban.
Ella misma tomó asiento y se dispuso a leer con sumo interés.
Haas - January 31, 2006 09:04 PM (GMT)
Haas se quedó sin habla por dos motivos principales; El primero porque estaba siendo invitado a compartir la correspondencia privada de la duquesa, algo que indudablemente le dejaba fuera de lugar por completo. El segundo motivo era que aun antes de haber concluido la invitación, el estirio ya había pegado las posaderas en el confortable asiento y se removía inquieto en él. ¡Aquella mujer era de un carácter extraordinario!
Observó como las delicadas manos de Eloise quebraban el sello con calculada facilidad y su mirada no pudo menos que desviarse del sobre a las contorneadas y firmes...comisuras del oscuro vestido, pero sus ojos volvieron raudos al virginal rostro de la duquesa. Indignado con su incomprensible actitud de puber, se predispuso a escuchar el contenido de la misiva, con su corazón palpitante ante la posibilidad de recibir noticias de Lucrecia...
- Su ofrecimiento es loable por vuestra parte, milady...gustoso compartiré con vos mesa y viandas...- Fue lo único que acertó a decir el inquieto teutón.
Elois D'Umbrelle - January 31, 2006 09:29 PM (GMT)
La ventrue atendió a leer las primeras líneas sin esconder su satisfacción, eran buenas noticias.
Poco a poco sus ojos bajaban renglón a renglón sin perder detalle de lo dispuesto en el más absuluto silencio que por otro lado se tornaba un poco incómodo, aunque podía notarse la espectación por su contenido en todos los presentes de la sala pues ninguno osó turbar a tan afanada lectora.
De repente la ventrue enarcó una ceja para después mirar al teutón que tenía justo en frente suya.
- Herr Haas de Estiria, ¿sabeis acerca del contenido de esta misiva?.
La duquesa habló en tono suave pero inquisidor.
Haas - January 31, 2006 10:35 PM (GMT)
El comendador se sintió turbado. ¿Conocer el contenido de la misiva? ¿Equivalía a acusarlo de haber leido previamente el mensaje? Su rostro se enfrió y sopesó la respuesta. ¡Por supuesto que no lo sabía! ¿Como demonios iba a saberlo?
- No, milady...La única que conoce el contenido de la carta sois vos ahora que lo habeis leido. Os prometo en nombre de Federico que ignoro qué nuevas contiene ese sobre, pues el sello estaba lacrado y no se nos ha comunicado información alguna que pudiese darnos algún dato al respecto...-
Haas se mordió el labio. Su pecho estuvo a punto de explotar abalanzándose sobre el mensaje y revelar si era la letra de Lucrecia, pues bien sabido es que la mayoría de las misivas enviadas a través de la Orden pasaban por su puño y letra, pero se contuvo pues los profundos ojos azules de la duquesa bebían avidamente cada línea, cada párrafo, y finalmente se clavaron como estacas candentes en el teutón...
Elois D'Umbrelle - February 1, 2006 07:13 AM (GMT)
El teutón se sobresaltó, pensaba que ella lo estaba acusando de haber leído, cuando tan sólo quería saber si estaba al tanto de las nuevas. Desfrunció el ceño misntras sonreía despreocupada.
- Herr Haas, calmaos, nadie os acusa de nada, tan sólo quisiera saber si estábais al tanto porque se os hace mención.
Elois no tenía que dar explicaciones, de hecho nunca lo hacía, pero un asunto tna delicado como éste y la posibilidad que se le brindaba requería un tacto insual para con el recién llegado.
Deobló la misiva con mimo sabiendo el ímpetu que los dos caballeros tenían por alcanzar algún dato sobre su contenido, pero dal mismo modo sabía la ventrue que ninguno de los dos se lo pediría. Sonrió socarrona.
Una mirada discreta a D'Artois que encerraba una complicidad desconcertante hasta para su propio vasallo que compartía el mismo ánimo que su camarada teutón. Luego observó al teutón prorrogando un silencio inquietante.
- Herr Haas, os dice algo el nombre de Lucretia Von Hartz.
D'Artois se quedó con la boca abierta y ojos de admiración, fue entonces cuando alcanzó a comprender la magnitud de aquella misiva. Podía hacerse una leve idea del estado de ánimo con el que su señora abordó la situación, pues aquel nombre no le era del todo desconocido y con la misma cara de sorpresa sobre su rostro acusó al teutón esperando la misma respuesta que la duquesa con la curiosidad que poco antes esperaba alguna frase en boca de su dueña.
Haas - February 1, 2006 11:55 AM (GMT)
Y el tiempo se detuvo y el corazón cedió en su latir...
Lucrecia Von Hartz...
El teutón se sentía como una olla a punto de estallar ¡Ni el Vesubio guardaba tanta presión en sus entrañas!. Trató de sosegarse, pues conocía aquello que tanto tiempo había esperado pero la presencia, aunque de manera simbólica, de su Señora, no sirvió para apaciguar el volcán que bullía en su interior. Lanzó una socorrida mirada al de Artois, pero éste le miraba sin pestañear, expectante a la respuesta que debía proporcionar...
- Lucrecia Von Hartz es...- El germano dudó de sus palabras, los enemigos de su amada eran numerosos y acechaban bajo las fachadas más insospechadas, pero por su sobresaltada reacción era imposible fingir no conocer el nombre...
- ... una de las consejera del suplente de nuestro buen maestre Hermann Von Salza y una eficiente administradora en asuntos de la Orden.- Haas trató de que la emoción no subyugase su voz y ésta resultase lo más convincente posible. Los abisales ojos de la duquesa lo perforaban con seductora crueldad, y por unos segundos, volvió a caer en su íntimo hechizo de sirena, pero una vez más se rehízo y con firme determinación, aguardó a que la duquesa explicase mejor lo que había querido decir con aquellas palabras...
Elois D'Umbrelle - February 1, 2006 01:00 PM (GMT)
Elois miraba a su huesped con mirada analítica, observando cada gesto, cada palabra y cada sentimiento que pudiese captar en Haas, un halo de suspicacia se cernía en torno a la duquesa quedando desfasado cuando ella sonrió nuevamente, la sonrisa del perdón que exculpaba de cualquier mal al reo teutón. A fin de cuentas Haas no era un reo y ella no era un Juez... ¿no?.
- Lucrecia parece conoceos bastante mejor que vos a ella Herr Haas.
La mordaz lengua de la duquesa hizo acto de presencia con una aguda punzada de ironía.
La dama había rotado su máscara a la de un funeral con una seriedad sombría y pasmosa, D'Artois no sabía en que pensar exactamente, pero ya estaba dispuesto para llamar a sus dos caballeros apostados tras la puerta mientras se situaba estratégicamente en la sala para proteger raudo a la duquesa en caso de reyerta.
La tensión crecía sobre un cimiento de incómodo silencio, hasta que fuera la propia duquesa quien lo rompiese poco después.
- Me solicita que os preste todo mi apoyo y tutela en París, así como encumbra vuestra valía como soldado.
Las palabras de la duquesa albergaban un tono neutro y el buen D'Artois aún no sabía que pensar, cada vez se hallaba más tenso.
- ¿Tan bueno sois Herr Haas?, ¿tal es vuestra valía?.
Los ojos de la ventrue escrutaban a través de su mirada al teutón, clavándose en los ojos del siervo de Lucrecia, penetrándole el cuerpo y el alma, sondeando hasta las profundidades de su ser.
Haas - February 1, 2006 06:09 PM (GMT)
Si alguien hubiese colocado una gárgola pétrea junto al estirio, nadie hubiese sido capaz de distinguir cual era cual. Su corazón le había dado un vuelco tan violento que por un momento sus pulmones no pudieron tomar aire, y la mirada gentil y embriagadora que le había recibido y colmado de atenciones era ahora la viva imágen de una gorgona a punto de despedazar a su presa...
Había mentido, si, ¡por supuesto que conocía a Lucrecia! Desde que la vio por primera vez se habí arrastrado a sus pies y no le importaba porque la amaba a fuego y sangre, y fue por ella por lo que abandonó su privilegiado puesto al frente de la comandancia estiria y venir a París. La noticia de que delegaba sus servicios a la duquesa era algo que costaba entender pero no exhento de lógica, pues al amparo de una noble local, la Orden alzaría el vuelo como un halcón sobre los cielos parisinos...
Sin embargo, aun debía lidiar con la viuda. No era ésta mujer que apreciase que se le oculten cosas y su boca tornaba en un rictus macabro. Miró alarmado como los guardias de la puerta se posicionaban, tensos y con los rostros aguijoneándole...Sin embargo, ¿A qué se debían sus miedos? Nada podía hacerle aquella mujer a un comendador de una Orden que solo responde ante el Emperador, a lo sumo echarle disgustada de su techo, y con gusto habría escapado por la ventana de aquel salón que asemejaba una sombría celda. Si debía responder ante Lucrecia al menos tendría la excusa perfecta para abandonar aquella cloaca francesa...
Hacía años que no se sentía tan indefenso...
- Si Lucrecia Von Hartz os envía dicha encomienda, milday...no dudeis de que la razón viaja con ella. Si desde Magdeburgo se me pide que apoye la causa de Orleans, Haas de estiria dará hasta la última gota de su sangre para defenderla, a costa de vida y penurias-
El teutón se había puesto en pie e hincó la rodilla frente a Eloise, con la cabeza hacia el suelo y en su mano la espada desenvainada de su estirpe. Los gestos de alarma de los soldados al ver el arma lejos de su funda volvieron a una tensa calma cuando Haas la depositó a los pies de la duquesa, a modo de simbólica entrega.
Lucrecia lo dicta, el Imperio obedece...
Elois D'Umbrelle - February 1, 2006 06:58 PM (GMT)
Elois quedó sorprendida por el gesto del teutón, se inclinaba y doblegaba ante ella por mero mandato de Lucrecia, tal como D'Artois lo haría en su nombre sin dudarlo. La fuerza del vínculo se mostraba una vez más, pero pronto el vínculo se debilitaría, cada noche un poco más hasta que aquel teutón perdiese toda noción de lo que en un día sintió hacia la lugarteniente de Jurgen.
Su diestra en alza detuvo reacción alguna en los centinelas, maestre inclusive.
- Marchaos
Indicó mirando únicamente al huesped, no les miró, pero su palabra, su voz y el tono empleado bastó para que las puertas se cerrasen y los centinelas quedasen tras estas. Sin embargo D'Artois no hizo nada, sobre enteniendo que nada había para con él.
- Vos también D'Artois
Su leal ghoul, sorprendido por esa reacción en cadena suscitada por Haas, estaba demasiado confuso, pero nunca se debían cuestionar las órdenes de la duquesa y las obedeció a regañadientes, preocupado.
- Podeis levantaos Herr Haas. Recoged vuestra arma, todo esto no es preciso.
Instó la duquesa en tono afable y conciliador.
La puerta se cerró sin ruido, D'Artois había salido permaneciendo junto a esta receloso, aquella noche no entendía nada de lo que ocurría, estaba completamente fuera de lugar.
La ventrue se puso en pie junto al recio caballero ante ella que podría sacarle cerca de tres cabezas, ella no lo miró, simplemente musitó una nueva palabra, una nueva orden nobiliaria.
- Tomad asiento.
Ella continuaba en pie y discurrió a pasear mientras daba vueltas, no a como sacar partido del teutón sino a como ligarlo a su mandato sin levantar mucha suspicacia.
De repente se detuvo y con ella cesó el insulso silencio reinante.
- Os avalaré Herr Haas. Lucrecia Von Hartz ha correspondido mis espectativas, vos sois la prueba viviente de esa alianza naciente.
El tono que empleaba la duquesa dilucidaba que había aún más, al fin y al cabo no había hecho más que conocerla y de seguir a su lado, pronto empezaría a comprender el alcance de sus palabras, de sus actos, de su poder...
- ¿Os suena el nombre de Herr Jurgen?
Una nueva pregunta inesperada surgía y no sería la primera, Haas podríar jurarlo sin temor a perjurio, pues la dama era una caja de sorpresas.
Haas - February 1, 2006 07:23 PM (GMT)
Cuando D´Artois y sus hombres dejaron la sala, algo que desconcertó al teutón, la duquesa dejaba claro que la conversación que tendría lugar atañían exclusivamente a ellos dos. Casi no pudo evitar sonreir al pensar en la honda preocupación que debía estar tragando Roger al ver a su señora a solas con el desconocido alemán...
¡Cuan bella era aquella menuda mujer de sonrisa plateada!
Haas había dejado de lado sus temores, el brio y la serenidad de Lucrecia guiaban sus actos y casi podía escuchar su tibia voz musitándole al oido, pero el impacto que le causaba la duquesa seguía peligrosamente sin remitir. A pesar de que el control de su cuerpo y su cabeza le pertenecían a él, aún sentía el latido impulsivo de hundir sus labios en aquel aterciopelado cuello...
- Herr Jurgen es un nombre que mis oidos están habituados a escuchar, milady...pues es el "gross-komtur" de la Orden, su comandante general, según tengo entendido. Más personalmente solo le conozco de fugaces visitas a Magdeburgo en momentos puntuales, ya que era Lucrecia quien dirigía nuestras actividades en territorio húngaro...¿Tiene ese nombre alguna importancia en el tema que nos atañe?-
Haas se sentía cada vez más cómodo. No solo se veia libre de su nerviosismo inicial sino que había recobrado el aplomo que le permitía hablar sin titubeos ni dudas. El saber que Lucrecia no se había olvidado de él le profería una fortaleza que ni un trabuquete podría derribar...
Elois D'Umbrelle - February 1, 2006 07:43 PM (GMT)
La ventrue escuchó atentamente lo que Haas sabía sobre Herr Jurgen y tal como sospechaba había cierta trampa en la futurible alianza, era de esperaa. Ella habría hecho lo mismo en su caso...
Tendría que ser ella quien instruyera al teutón en la corte oscura pues este sabía lo preciso.
- Es evidente que deseais satisfacer los deseos de Lucrecia a toda costa Herr Haas, no me resulta extraño, mas os diré que sus intereses están súbitamente ligados a los míos en estos momentos, si vos seguiis mis indicaciones tanto ella como Herr Jurgen se sentirán muy satisfechos por la labor, incluso os daré una recomendación para un ascenso una vez cumplido vuestro ciclo aquí si eso os place.
La dama volvió a caminar, pero nunca negando la espalda al teutón, no por temor sino por cortesía. Haas debía intuir que daba vuetas a algo que precisaba gran reflexión, aunque la ventrue tenía las ideas claras, muy claras, sólo daba tiempo a que éste se adaptase a sus formas.
- Permitidme una nueva pregunta, pues me corroe la curiosidad, ya que alguien como vos ha viajado bastante y estais en buena disposición de darme una franca rrespuesta.
Se pausó.
- ¿Sabeis algo de lo concerniente a los Ventrue?
Debía entrar el tema con sutileza, pero antes tenía que conocer el material con el que contaba.
Haas - February 1, 2006 11:54 PM (GMT)
El teutón sopesó la pregunta...la mujer parecía estar dando vueltas en torno a algún tipo de información de especial interés, como las capas de una cebolla que se van desprendiendo hasta llegar a su corazón...¿A donde quería llegar a parar la duquesa? La atractiva idea de un ascenso traería consigo su inmediato traslado, pero veía aquel momento en exceso lejano.
Ventrue...
Aquel nombre le resultaba familiar ...Creyó haberlo oido en la corte de Magdeburgo, pero sin localizarlo con exactitud.
- No, mi señora- Respondió con un suspiro- No conozco dicho nombre. Si procede de una familia importante, nunca he tenido noticias de ella.
Se sentía como el alumno incapaz ante las preguntas del maestro y temía que aquella reunión acabase convirtiéndose en un interrogatorio en toda regla que mostrase a la avispada duquesa los conocimientos que desconocía...
Elois D'Umbrelle - February 3, 2006 10:29 AM (GMT)
- Muy bien
Y con un gesto unísono de todo su cuerpo aplacó cualquier preocupación de Haas, iba a revelarle el misterio.
La ventrue muy seria, buscaba las palabras apropiadas para comenzar, aunque sólo era un espejismo pues ya las tenía, pero seguro que Haas aumentaría su curiosidad en cada milésima de segundo que esperase.
- Lo que os voy a revelar es el mayor secreto de la humanidad, Lucrecia consideró oportuno por motivos que más tarde os explicaré que fuese yo quien os lo revelase.
Su pose era erguida y poseía un talante serio, magistrativo.
- Ni que decir tiene que debeis llevaos este secreto a la tumba con vos. Tampoco diré que os lo confesaré porque Lucrecia considera que ya estas preparado para recibirlo por encima del resto de caballeros teutónicos. Siendo ese el motivo por el que hoy os encontrais en París.
Elois sabía como usar las palabras y cuales harían reflexionar notablemente al Estirio apelando a lo que éste más valoraba, Lucrecia y el honor que recibiría sobre el resto de caballeros de su orden... era un elegido y eso lo colmaría de orgullo.
Una mueca en su rostro.
- Podeis partir ahora y quedar libre de toda carga.
Mas actuó condescendientemente mirando la puerta, indicando al caballero que existía otra vía, una salida y rehusar con ello a lo que Lucrecia había dispuesto para él. De sobra sabía la ventrue que Haas nunca cruzaría la puerta sin tener ese conocimiento, tanto por él, Lucrecia, como por su condición curiosa de humano. También debería instruirle en la Vía cuanto antes, pero esa sería en unos cuantos años...
Haas - February 3, 2006 03:31 PM (GMT)
Aquella reunión no estaba saliendo tal y como él esperaba ni mucho menos. Había pasado de ser el mero mensajero de una misiva a encontrarse a las puertas de un secreto que, a tenor del tono empleado por la duquesa, debía ser de una magnitud considerable, pues involucraba en él a Lucrecia y el significado de su viaje...en cuanto al término "Mayor secreto de la humanidad", sin duda era un extremismo propio de la duquesa para enfatizar aquello que iba a revelar, al igual que plantearle la posibilidad de cruzar el umbral de su puerta aun a sabiendas que en ningún caso el teutón elegiría dicha opción. Haas se recostó en su asiento dando una manifiesta respuesta a Eloise y aguardó a que la apetecible voz de la mujer saciara su manifiesta curiosidad, y de paso, borrar de un plumazo el halo de misticismo que la duquesa se empeñaba en recrear alrededor de sus palabras...
Elois D'Umbrelle - February 5, 2006 05:44 PM (GMT)
Solemnemente quedose la duquesa sobre un asiento dispuesto frente al extranjero germano. Una profundidad arraigada moraba en aquellos ojos marinos que contemplaban en el alza divina la distinguida presencia de Elois D'Umbrelle procurando sentimientos capaces de romper los lazos más estrechos con su mera presencia.
FDI: Empleo Majestad para enfatizar la persona de Elois.
Rara vez podía contemplarse aquel despliegue de encanto y poder albergados bajo los dones oscuros de una duquesa, Ventrue de linaje maldito, quien nunca abusaba de aquello que la sangre le confería. Esa ocasión era especial, sabía que un vínculo unía a Haas con Lucrecia, y para que prosperase la adhesion de éste debía comenzar a fomentar la desunión, la distancia haría el resto... Luego entraría en juego la poderosa vitae de Elois.
- Desde que se conformara la primera comunidad cristiana, se creó una sociedad secreta, debereis saber que los seguidores de cristo no eran muy bien recibidos en sus comicios.
Elois se pausó, hilbanaba su tela cual araña, tejía palabra a palabra un embuste que inciara la concepción del mundo inmortal poco a poco, para que el choque con la verdad no destruyera el raciocinio del teutón. No era la primera vez que lo hacía y pese a ser un proceso lento daba unops resultados expléndidos, véase en D'Artois la prueba viviente del método.
- La sociedad secreta a la cual antes os referí, se ha mantenido a lo largo de los siglos bajo un halo de misterio y clandestinidad, al alcance de muy pocos elegidos. No era para menos, pues salvaguarda los más valiosos objetos de los cristinaos que se atribuyen a órdenes como la Temple.
Aún reinaba su magnífica influencia, pero la ventrue comprendía que Haas tendría preguntas, la revelación era difícil de asimilar.
- Podeis preguntar si vuestra alma sostiene dudas, o de lo contrario proseguiré.
Haas - February 6, 2006 11:27 AM (GMT)
Haas se veia empequeñecido en su asiento frente a la divinidad helénica que tenía frente a él. Se veía a si mismo taladrado por mil espinas cuando Eloise clavaba su mirada abisal en la suya, derrotado de antemano con espada de jazmin y azabache. No podía dejar de admirar aquella escultura de carne y hueso, hermosa y pálida como una aurora cuyo embrujo acariciaba cada centímetro de su cuerpo. No tenía sentido enturbiar su salmódica voz con la suya, gutural y bronca, ni tratar de alejarse de ella, pues ahora todo su ser pertenecía a la marmórea ninfa de belleza ultraterrena...Ella poseía el mando, el control de todo su Universo, las palabras que le dedicaba eran preciosas perlas coralinas que mesaban sus oidos, estaba sometido a sus designios y él lo aceptaría con sumo placer...
Lucrecia...
¿Qué demonios le estaba ocurriendo? Los ojos del germano chisperaon y se cubrieron de un halo cristalino y su mandíbula se tensó. Quiso echar mano de su espada y sentir el reconfortante tacto del metal helado, pero sus músculos estaban rígidos, quiso apartar la mirada de aquella sirena celeste, pero sus ojos ya no le pertenecían. Si se levantaba del asiento sería para refugiarse en sus brazos, dormir placenteramente en el suave terciopelo de su piel a sabiendas que todo tendría sentido para él, que por fin estaba en casa...
Lucrecia...
Las palabras se escabulleron de su boca amordazada por la angustia y el anhelo de fundirse en aquellos labios tibios y sonrosados. Haas comenzaba a sentir como su temple se derrumbaba al son de las trompetas de David cuyo ritmo marcaba aquella férrea voz acaramelada, su voluntad cedía ante aquella Atenea descendida del Olimpo para someterlo, y era consciente de que el único resquicio de salvación para su atormentado espiritu era enarbolar el más valioso de sus tesoros, las armas con las que tendría que luchar para no ceder su alma y que estaban forjadas con el amor de acero y llama que lo unía con la única que daba sentido a su existencia...
- ¿Quien sois realmente?...- Y por solo unos segundos, breves y escasos segundos, la mirada del teutón osó desafiar la majestuosidad de la Ventrue...
Elois D'Umbrelle - February 6, 2006 02:21 PM (GMT)
El serio semblante de la ventrue varió levemente, enarcó una ceja exponiendo su sorpresa, no iba desencaminado el de Estiria, pero aún erraban sus flechas el blanco, no era apropiada la pregunta en si, sino: ¿que era? Elois, un ser inmortal cuyo poder distaba mucho de conocer el teutón.
- Elois D'Umbrelle, duquesa de Orleáns.
Reafirmó con sorna.
- ¿Puedo proseguir?
La ventrue miró con pasmosidad brindando incertidumbre con sus ojos, quizás el germano quisiera saber más... ¿pero hasta cuanto estaba dispuesto a aceptar?
Haas - February 6, 2006 09:53 PM (GMT)
Haas encajó el tono jocoso como un puñal entre las costillas. Sabía que aquella mujer de sensual porte ocultaba algo, algo terriblemente inquietante, pero estaba claro que debía mantenerse en silencio si quería que Eloise se lo rebelara...
...Un hilo salado llegó hasta la comisura de los labios. Sus músculos le dolían por la tensión, por la violenta lucha que estaba entablando su Yo interno, aquel decidido a resistirse contra toda sumisión enarbolando el blasón de Lucrecia Von Hartz, y el otro que se deslizaba por el suelo como un gusano, arrastrándose y gimoteando el nombre de la duquesa. El primero llevaba la iniciativa, era más fuerte, más hábil y ducho en el manejo de sus armas. El segundo se escabullía, atacaba por la espalda y su hoja envenenada por las palabras de la duquesa herían al primero, lo debilitaban, lo cansaban, acercándose cada vez más, hasta que fuese solo cuestión de tiempo que el segundo lo devorase por completo...
Haas respiró hondo. Debía dejar a la duquesa concluir su relato. Más tarde dejaría atras aquellas cuatro paredes y se conjuraría para no volver a pisar aquel endiablado castillo...El gusano se acercaba, portando la plaga de su derrota, la lanza que lo abatiría por siempre a los pies de la duquesa...Debía darse prisa y acabar con todo aquello...cuanto antes...
Elois D'Umbrelle - February 6, 2006 10:25 PM (GMT)
Elois sonrió, tanto en el exterior como para sus adentros, había delimitado los límites, situando a cada cual en su sitio, siervo y señora, pues era Elois la señora del lugar y la futura dueña de aquel presente de Lucrecia.
Tras adoptar una pose más seria retomó el exhasperante relato a oídos de aquel que no estaba preparado para soportar tanta verdad...
- Como decía buen Herr Haas, desde hace siglos los mayores secretos de la cristinadad han sido guardados por la sociedad secreta de los Ventrue. En particular el Sangrial se encuentra en París, custodiado a buen recaudo. Ciertos rumores dictan que quien bebe de El, toma la sangre de Cristo y logra una pequeña porción de su esencia, de su poder...
La ventrue se pausó sutilmente, esperaba que Haas captara las ídeas que dejaba caer enmarañadas con sus palabras.
- Un poder que debe ser empleado únicamente para el bien de los demás y nunca en beneficio propio.
Tras el matiz, adoptó un tono conciliador, aunque no por ello menos distinguido. Sus manos se entrelazaron cómodamente bajo su regazo.
- El Sangrial, sólo se emplea para iniciar a los nuevos miembros de los Ventrue en una ceremonia solemne, donde un mundo nuevo se abre a los ojos de aquel que quiera formar parte.
Mirada suspicaz en rostro suspicaz.
- ¿Comprendeis a donde quiero llegar?.
Sonrió debilmente tratando de apaciguar cualquier tensión posible.
- ¿Comprendeis cual es la peticion que Lucrecia Von Hartz realiza a la guardiana del Sangrial?
Entonces Elois adoptó un silencio sepulcral.
Haas - February 7, 2006 01:25 AM (GMT)
Haas se sentía como un cordero al que azuzan para encerrar en el corral. Sin posibilidad de desviarse del camino. Sin escapatoria. Eloise utilizaba a Lucrecia como espolón para clavarle su ponzoñosa voz de terciopelo y a fe que le daba resultado, pues si bien con lo deseos de la dama el teutón ofrecía cierta resistencia, manipulándolos para que adoptasen el semblante de la Von Hartz, aquellas inquisitivas misivas superaban sus debilitados escudos como una falca la mantequilla...
- ¿Insinuais que vos, Eloise de los Ventrue, guardais el Cáliz de Cristo que con tanto ahínco buscó Arturo y tras él cientos de caballeros sin éxito alguno? ¿Que su paradero, ignoto y fruto de ingente número de leyendas, no se halla en el Temple ni en Tierra Santa , sino en vuetro malsano poder? ¿Acaso no sabeis que el Santo Grial que llamaban los antiguos era una malformación de la palabra "Sangre Real", la sangre de david, sangre de reyes y por tanto, no es un objeto, sino los herederos del Reino de los Cielos que algún dia habrán de reclamarlo? Lo siento, milady, pero no creo en viejas reliquias cosumidas por los siglos, y si realmente quereis, como creo insinuais, ceder a un humilde soldado del privilegio de compartir la sangre del Hijo de Dios, negado a reyes y emperadores, en nombre de Lucrecia Von Hartz de Magdeburgo, os ruego que me permitais leer la misiva y que con su letra se convenza mi corazón de que lo que decís es cierto...-
Haas no se había percatado, pero estaba en pie, había alzado la voz en el apogeo de su reclama para finalmente morir en un susurro apagado y definitivamente se había sacudido del yugo que agarrotaba sus músculos. Sin embargo, ahora que sus ojos se encontraban con los de aquella Eloise, menuda y de rostro marmóreo, lejos de la implacabla majestuosidad que le había tumbado el espíritu y el ánimo, su corazón comenzó a acelerarse al tiempo que su espina dorsal se arqueaba en un violento escalofrío, su pulso parecía salirse de las venas y su rostro enjuagado de sudor comenzaba a helarse. Imperó el silencio. La calma que precede a la tormenta...
La simple mención del Grial, reliquia en la que el teutón no creía en absoluto más que para guiar a las masas enfervorecidas, y el embuste de utilizar a Lucrecia para amansarlo habían desatado su espíritu rebelde y combativo, aunque en alguna parte de su ser, era consciente de que la terrible fuerza que se iba a desatar no iba a dejarlo indiferente...
Elois D'Umbrelle - February 9, 2006 04:28 PM (GMT)
Aquel insigne ghoul rabioso estaba completamente fuera de lugar mostrando un ímpetu indómito extrarodinario. Aquella cualidad no pasó desapercibida a la dama D'Umbrelle que sopesaba los pros y contras de emplear un arma de doble filo como resultaba el temperamental teutón.
La ventrue restó importancia al comportamiento, observó con visión de futuro a Haas y no se dejó llevar por el sentimentalismo, obviamente debía situar al siervo en su sitio.
Sonrió afable, negando todo lo ocurrido con una simple expresión de su faz, restando cualquier altercado con su mirada.
Entonces los brillantes ojos turquesa eclipsaron por completo cualquier ráfaga de luz, eran hipnóticos si, pero esta vez sus pupilas se dilataban y contraían como las fauces de un caimán, se abrían despacio y se cerraban con fuerza voraz. Halló Haas voracidad en esa mirada, escrutadora cual ser mitológico y así fue como la dulce voz traslució en realidad, abarcando un complejo significado perturbador.
- Siéntate.*
Una mera palabra bastó para serenar en parte al caballero. Elois susurró y sesgó de cuajo cual espada sarracena parte de la voluntad que el de Estiria trajo consigo a la morada Ventrue.
Y sin embargo aquella mirada enigmática permanecía perenne sobre la pálida fachada, denotando quien mandaba, quien era superior en linaje, voluntad y especie, por algo Elois era virtuosa en la Vía.
De repente todo cesó y el carisma natual recordó su flujo original añorando tiempos pasados. La dama sonrió dulcemente, como dulce es la venganza...
- ¿De veras te crees merecedor de lo que pides?. Tal vez, no te guste la verdad...
Aquella voz firme se fue apagando progresivamente mientras su mirada cobraba más y más fuerza, tanta como la mueca culmen de simpatía esgrimida en tan delicada piel.
* Obviamente, uso dominación 1.
Haas - February 9, 2006 08:42 PM (GMT)
Y su voz quebró. La mirada de Eloise, certera y fulminante como el mordisco de una cobra, hizo zozobrar su férrea determinación y antes de tener tiempo a asumir su caida, el acogedor abrazo del sillón de piel envolvía su cuerpo. Su respiración se aplacaba lentamente, diluyéndose la indignación para tornarse en tenso reposo, y tras un breve lapso de tiempo en el cual el silencio anudó su garganta, su tersa y sinuosa voz volvió a agitarse desde lo más fondo de su ser...
- La verdad, madamme...Es en estos momentos lo único que me queda-
Odiaba a los nobles, su empalagosa arrogancia que todo lo podía, cada uno de ellos era un pequeño dios en su particular paraiso de lujo y ostentación, jugando con las marionetas de sus vasallos y arrojándolos al fuego cuando se aburrían de ellos. Había abandonado aquel camino de pudredumbre espiritual cuando era niño y prefería lidiar con los fanáticos sarracenos o los bárbaros paganos de Prusia antes que compartir mesa y mantel con una serpiente d escamas de terciopelo.
Sin embargo Eloise había demostrado ser algo más que una decadente aristócrata, poseía la voz de mando de un mariscal, el encanto virginal de una hurí, el venenoso mordisco de una tarántula y el embriagador influjo de una ramera...Todo ello y mucho más destilaba por los poros de la Duquesa, tan pronto fina obra maestra tallada en cristal, como falca ensangrentada de acero candente...Y lo que ensombrecía el ánimo del Estirio era sin duda, que aquel monstruo le resultaba, a cada minuto que pasaba frente a ella, más cercano, más íntimo...
Elois D'Umbrelle - February 11, 2006 10:57 AM (GMT)
El teutón sobre nu asiento algo desalentado, aunque dispuesto a escuchar sin saber aquello que podría serle revelado, algo que sin dudarlo cambiaría su destino, su forma de pensar, de vivir, la concepción que albergaba sobre todo lo que rodeaba su miserable existencia.
Elois asintió con la cabeza, desafiante.
- Os contaré la verdad, pero eso no implica que os vaya a gustar, más bien todo lo contrario.
La majestad de Elois se interrumpió, ya no le hacía falta, al menos consideró que por el momento no era oportuno.
- Pero antes, deseo de vos un juramento, sois hombre de honor y como tal vuestra palabra es suficiente.
La faceta de mariscal afloraba en su faz, en sus actos.
- Debeis jurarme lealtad y confidencialidad. Así mismo os revelaré toda la verdad en un compromiso mutuo.
Algo decía a la ventrue que Haas no tragaría, todo dependía de las ansiedades por encontrar la auténtica verdad, algo que ella se mostraba muy dispuesta a confiarle.
Haas - February 11, 2006 12:49 PM (GMT)
- Si en algo aprecio mi vida es que la he construido con los firmes pilares del honor y la palabra...- Haas contemplaba con rostro hundido el luminoso brio que manaba de las facciones de la duquesa -Si vos me creeis merecedor de confianza mis labios sellarán vuestras palabras en nicho seguro, os lo prometo por Dios y el Emperador...que Lucrecia Von Hartz, a quien estimo sobre todas las cosas de este mundo, me arranque la lengua si falto a mi juramento...-
Poco más tenía el teutón que ofrecer a Eloise, aunque intuía que no habría pasado por alto la sutil omisión del término "fidelidad" que correspondía en exclusividad a su señora de Magdeburgo y al Emperador. Mas no eran vanas sus palabras y ligarse a la duquesa mediante el juramento de Silencio era ya de por sí un nudo suficientemente tenso para el teutón.
El comandante se sentía cansado, demasiadas emociones agolpadas en su pecho habían minado su ánimo hasta el punto de que no creía que las palabras de la duquesa llegaran a afectarle de modo alguno. Guardaría su secreto con celo hasta la muerte si con ello le era permitido abandonar aquellos muros opresores...
- ¿Y bien, madmoiselle? ¿Que incómodo secreto vais a confiar a este pobre diablo?-
Elois D'Umbrelle - February 14, 2006 05:44 PM (GMT)
- ¿Recordais la leyenda del Grial?
Una pregunta retórica, pues era evidente que si, como también era obvio que no daría tiempo a responderla, ni siquiera buscaba una afirmación o negación, aquello fue un mero inciso.
Entrelazó sus manos plácidas sobre el regazo, ya tenía captado de sobra a Haas.
- Vereis, es una leyenda como muchas otras, con parte de verdad y parte de mentira, pero existen muchas leyendas en la actualidad.
Sonrió con picardía mientras se hacía la reflexiva.
- Sin ir más lejos, los hombres lobo, ¿que os parecería si os dijera que existen en realidad?
Esta, ya no era una pregunta retórica. Elois había adoptádo un papel peripatético, aunque sin andar por los jardines como los griegos, sino sentada en su morada y así pretendía irrumpir en la cerrada mente mortal del medievo, tanteando cuan abierta estaba y podía quedar la de Haas.
Haas - February 17, 2006 10:26 PM (GMT)
¿Qué clase de afirmacion era aquella? ¿Acaso aquella dama de recatado porte escondía bajo sus voluptuosos velos una burda supersticiosa de ingenua imaginación? Haas no disimuló que aquella pregunta chocaba con las múltiples hipótesis que había barajado en aquellos minutos acerca del escurridizo secreto de Eloise, pero estaba dispuesto a seguir su juego y comprobar hasta que punto la distinguida, y afiladamente provocadora, presencia de la mujer no era mas que una máscara con la que ocultar una mente obnubilada por las supercherías y las leyendas, una niña temerosa de los monstruos que acechaban entre las sombras de su imaginación...
...Sin embargo a su mente volvieron retazos de historias oidas hacía años de boca de mercenarios germanos que regresaban de combatir a los feroces guerreros daneses del indómito Norte, historias sobre hombres que no se doblegaban ante el mordisco de las flechas, cuyos cuerpos no morían al ser atravesados por el acero, y que cuando los campos eran sembrados con despojos humanos, ellos permanecían en pie, con ímpetu inquebrantable e incontables vidas consumidas por sus hachas, luchaban como animales desesperados y acorralados, y de no ser porque desaparecieron sin dejar rastro a la llegada del alba, nuestras tropas hubieran huido ante su helador griterío...
...Allí los conocían como Vargr...
- Madamme...Los Hombres lobo son fruto de cuentos y habladurías de ancianos...Se han dado casos de personas afectadas por un mal similar al de algunos canes, cuyas fauces vomitan espumarajos y cuyo mordisco es letal de necesidad, de modo que sus ataques eran atribuidos a licántropos cuando en realidad eran simples campesinos endemoniados o dementes...-
Haas respiró hondo. Su mente racional se impuso a su impulso primario de creer fervientemente en la existencia de aquellos seres fabulosos y no comentó con ella dicho recuerdo. Si aquella mujer abogaba por la existencia de aquellas bestias sanguinarias , solo Dios sabe a que podría atenerse en los próximos minutos...
- ¿Acaso vos creeis en esas criaturas de pechos velludos y colmillos retorcidos?- Un amago de risa amenazó con escapar de su garganta pero se contuvo a tiempo.- Sois indudablemente inteligente y sagaz, no creí que compartierais las burdas creencias del campesinado...-
Elois D'Umbrelle - February 20, 2006 09:58 PM (GMT)
Elois sonrió ampliamente tras contemplar la ignorancia, la inocencia del pobre Haas, viéndose en más intrigas de las que jamás hubiera pensado en la corte de Jurgen, bajo los hilos de Lucrecia, tan cerca de la verdad pero tan lejos...
Tras un rato más que desconcertante, cobró seriedad nuevamente.
- Lo creo realmente monsieur, más que nada porque los he contemplado con mis propios ojos, los he tenido a escasos palmos de mi nariz con su horripilante hedor envenenando mis fosas nasales.
Al tiempo que hablaba mostraba su hasco por rememorar aquel hecho lo cual atribuía sin duda una credibilidad digna de ser evaluada.
- No podeis vivir en una feliz ignorancia como hasta ahora y debeis tener la mente abierta a los nuevos cambios, a las nuevas revelaciones...
La voz de Elois se hacía punzante, hiriente como una flecha envenanada mientras minaba las creencias del teutón.
- Hemos avanzado un pequeño peldaño en vuestra introducción a la Noche, al mundo de las tinieblas, donde moran las más diversas criaturas y que sólo unos pocos tienen la suerte de percibir en su mayor concepción antes de pasar a engrosar las filas de esas criaturas...
Elois reía contemplando la confusión en Haas, pero pronto adoptó un semblante matriarcal.
- Esta noche os revelaré gran parte de la verdad.
Asintió con la cabeza desafiante.
- Siempre y cuando querais admitirla.
Una pausa, los golpes debían asestarse poco a poco para no tumbar al oponente.
- ¿Que más seres sobrenaturales conoceis o habeis tenido consciencia?
La disposición a revelarle cuales eran o ficticios y cuales reales no tenía lugar a equívoco, sólo se encontraría limitada porla propia mente del germano, por sus propios miedos a alcanzar el conocimiento.
Haas - February 21, 2006 01:11 PM (GMT)
El alemán ya no sabía que pensar. Aquella enredada conversación había llegado a un punto ciertamente irreal, y terminar hablando de brujas y fantasmas era sin duda algo que no habría esperado cuando atravesó el umbral de aquel castillo cuyos muros parecían estrecharse a cada segundo que pasaba en su interior. Si la dama deseaba hablar de supercherías, el teutón así lo haría. Llegó un momento en que únicamente deseaba complacer a la duquesa, pues era el único modo de aliviar la incierta tensión existente entre ambos, y de paso, acelerar su partida...La verdad que prometían aquellos labios carnosos quedaba clara a leguas vista...¡Y no era otra que la demencia más absoluta!
- Supongo que todos aceptamos la presencia de...espíritus, muertos sin reposo que torturan a los vivos desde el más allá...Brujas que fornican con Trolls y devoran niños...-
La mente del alemán repasó apresuradamente cualquier conocimiento que lograse recuperar de las viejas leyendas germanas que trovadores y nanas canturreaban a los niños, los fantasiosos relatos que soldados y viajeros portaban en sus alforjas, obviamente sin creer un ápice en ellas pero esperando complacer la desbordante imaginación de la viuda, al parecer devota seguidora de la temática esotérica, y que aseguraba haber tenido encuentros con dichas criaturas...Se preguntó realmente si aquella dama no estaría afectada por algún mal que estrangulase su cordura...
- ...Aunque claro, las historias varían dependiendo del lugar y las gentes que las narren...Así pues los pueblos del Norte son partidarios de creer que los antiguos Dioses nórdicos pasean entre ellos, y creen que al morir Freya los llevará al Valhalla...En cada lobo ven a una representación de Fenrir y reverencian a los seres sobrenaturales apodándoles Einherjear...Los cristianos del Este temen a las criaturas de la noche y cierran a cal y canto sus casas para que el vampyr no rapte a sus hijos, colocan ajos en puertas y ventanas y aferran la cruz como si de su propia alma se tratase...El Norte de hispania está plagado de brujas y druidas, Irlanda y las tierras britanas bullen en mitología féerica y los sarracenos creen ver Djinns entre las dunas de sus desiertos...-
Haas contuvo su palabrería tratando de evitar su entusiasmo con el tema. Las mitologías y el bestiario de la época eran sin duda tema apasionante de estudio, pero no quería que la dama llegase a creer que otorgaba credibilidad alguna a los viejos cuentos de abuela...