View Full Version: ¡Por la Cruz Negra!

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Title: ¡Por la Cruz Negra!
Description: Flashback 1222


Haas - January 16, 2006 02:42 PM (GMT)
Frontera Este de Hungría

La tierra retumbaba como si una ordalía de truenos aullase ante el terror de los cumanos, que huían en desbandada ante la bien pertrechada caballería teutónica. La compacta formación de jinetes, lanzas en ristre, pronto alcanzó a los paganos como un dalle que siega la hierba, rápida y eficazmente, aplastandolos bajo los pesados cascos y tiñendo de sangre la estepa hasta que sobre aquella alfombra desfigurada por la batalla los únicos incursores del Este que permanecían eran pasto de los cuervos...

Haas descendió de su montura y se quitó el yelmo con alivio. A sus espaldas, la caballería formaba de nuevo y cuando éste levantó la lanza en señal de victoria, estalló un entusiasta coro de vítores. La Orden Teutónica comenzaba con buen pie su campaña en las ignotas tierras del Este y Andrés II recompensaría sustancialmente a la orden por limpiar sus tierras de los incursores cumanos, que a diferencia de los jázaros y pechenegos, habían rehusado entablar relaciones comerciales con los paises del Báltico y el Volga, e incluso estos descendientes de turcos y siberianos tentaban las fronteras del rey húngaro, razón por la cual había invitado a la Orden Teutónica a expandirse hacia los reinos paganos de Prusia y Transilvania. Un suculento caramelo para un Imperio y una Orden ansiosa de expandir su poder e influencia en nombre de Cristo y de su propia e insaciable ambición.

Al anochecer, mientras el ejército teutónico aguardaba acampado a que los legados húngaros firmasen los priviegios hacia la Orden y los rastreadores confirmasen que los cumanos se habían retirado, Haas recibió la visita de una intrigante mujer...

- Saludos y gloria para el "Landmeister" de Estiria- La voz de aquella era tibia y desconcertante, pues Haas apenas pudo abrir la boca en su presencia y se mantuvo en silencio, admirando la figura menuda y de rostro aniñado que daban a la dama un seductor aspecto virginal cuyos atavíos propios de una noble trataban de disimular. Algo le atraía irremisiblemente de aquella mujer, algo visceral, indescriptible, pero refrenó sus impulsos y escuchó sin pronunciar palabra alguna...

- El "Ordent-Marshall" me ha enviado como mensajera para anunciar vuestro traslado a Magdeburgo y prepararos para el destino que se os asignará en un futuro no muy lejano. La Orden Teutónica necesita expandir sus fronteras y sus espadas iran dirigidas hacia las tierras paganas que se extienden más allá de Hungría, pero no por ello debemos desproteger nuestro ala occidental y es por ello que se ha acordado crear una comandancia en la capital del reino franco, París, y tener controlados los movimientos de la Corte francesa-.

El rostro de Haas mostraba una dolorosa contradicción, pues su sueño había sido desde mucho tiempo atrás convertirse en un guerrero afamado y combatir a los enemigos de Dios, algo que aquella cruzada europea le podía proporcionar, pero en vez de ello, era asignado a una oficina parisina en la que el único uso loable que daría a la espada sería cortar ronchas de cerdo estofado.

-Una vez en Magdeburgo...- Acertó a decir el estirio -¿...A cargo de quién se pondrá a mi persona?-
- Al mio, Herr Vlatko. Pudes llamarme Lucrecia. Mañana saldrás hacia la capital y los salvoconductos te esperan en la tienda del "Tresier". Que el viaje te sea benévolo.-

Haas se quedó en silencio una vez Lucrecia se desvaneció tras las cortinas de la tienda, como si de un apetecible sueño que se desvanece al volver al mundo real. Nunca había estado en Magdeburgo, pero intuía que debía estar descansado para el largo trayecto que le aguardaba al dia siguiente y aquella noche pasó como un rio helado, inquieto y repleto de pesadillas...


Haas - February 2, 2006 04:21 PM (GMT)
Principios de 1225...

El patio de armas del castillo de Magdeburgo bullía con una inusual actividad. Una ordalía de criados, escuderos, jinetes y carromatos zumbaban como las moscas en un cadáver, preparando la marcha de la comitiva alemana que estaba presta para la partida. Los integrantes de la comandancia de la Orden Teutónica seleccionada para tal propósito cargaban sus monturas con mantas, arreos y alforjas repletas de agua y viandas para el duro trayecto. Tardarían varias dias, sino semanas, en llegar a su destino, en el corazón del antiguo Imperio Carolingio; París...

Haas palmeaba el brioso cuello de su caballo de guerra, sumido en la penumbra de las caballerizas, con el corazón en un puño y sus piernas reacias a marchar de aquella hermosa tierra, de partir del lado de su Señora...

Más de tres años habían pasado ya desde que fue reclamado a las ordenes de Lucrecia Von Hartz, tres años de férreo entrenamiento y duros correctivos que habían templado su carácter y fortalecido su espíritu, entregado a la causa del Imperio y la Orden Teutónica. Tres años de fiel servicio a la mujer de sonrisa alunada y rictus severo, de un amor inconstante que dejaba sus huellas en cada palmo de su piel y del que apenas podía despegarse un solo instante...La partida era, sin lugar a dudas, el más doloroso recordatorio de sus sentimientos...

...Sin embargo ella no acudiría a despedirlo. La noche anterior, como tantas otras, se había colado sin ser vista en su habitación, pues la Orden siempre tiene sus puertas abiertas durante la medianoche. Sus labios carnosos acariciaron los suyos con la delicadeza de una mariposa y a continuación los mordió como una tigresa famélica hasta el punto de brotar sangre...Le miró con ojos de obsidiana y mientras sentía el abrasador aliento en su oreja, ella le susurró con deleite...


- Mi Comandante, mi bravo Comandante...Largo es el viaje que te propones y severas las penalidades, no desfallezcas, no muestres debilidad pues tus enemigos serán conscientes de ello, desconfía de aquellos que te adulen con palabras cándidas y mantén a tus enemigos próximos al filo de tu espada...Si todo marcha como esperamos pronto recibirás noticias mias, y recuerda que te estaré esperando cuando vuelvas con los laureles de la gloria sobre tu cabeza...

... Estaré a tu lado cuando me necesites, amor mio...


Haas abrió lentamente los ojos. Al despertar aquella noche se halló de nuevo solo y con la certeza de que no la volvería a ver...Tan solo una pequeña vasija rellena del mejor vino de carintia daban prueba de que la aparición tenía visos de realidad...

Apenas nacido el dia, la compañía partió de la fortaleza rumbo Oeste. Junto al estirio cabalgaba Yarowski de Regensburg, su fiel administrador y legado Imperial, al igual que veteranos compañeros de armas como Derek de Worns, Axel Von Gutter o Jaroslaw el Jóven...Sonrió para sus adentros, pues en cierta manera aquellos hombres de espaldas curtidas eran su única familia en aquellos momentos y el apoyo que necesitaba para no decaer en las enfermizas garras del mal de amores que tanto temía. Espoleó a Horka y pronto toda la comitiva desapareció entre las fértiles llaneras germanas como halcones guiados por el invisible vuelo de una paloma...




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