View Full Version: Una cerveza, una mujer, un botin (4-7-960)

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Title: Una cerveza, una mujer, un botin (4-7-960)
Description: historia de un mercenario


Geoffrey - January 14, 2006 05:50 PM (GMT)
Montalban se dirigio sonriente hacia la tienda de campana. Su rostro estaba cubierto de barro y surcado por varias pequenas cicatrices de batallas anteriores, pero el estaba feliz. El general que lideraba el ejercito, un creido y estupido noble cualquiera que se creia demasiado importante para su propio bien, habia dado permiso a su regimiento de mercenarios para que saqueasen una zona adicional de la ciudad y se quedasen con el botin como pago. Decididamente, esta campana estaba resultando de lo mas rentable.

La tienda de campana era lo mas proximo a una taberna que habia en el campamento del sitio, y su grupo de mercenarios eran los que la usaban como cuartel general. Cuatro mil lanzas estaban a sus ordenes, y el habia sabido liderarlos en la batalla como ningun otro. Ciertamente, no era el mejor estratega que habia, pero su ferocidad con la espada y su suicida bravura inspiraban a los demas a realizar los ataques mas arriesgados... y volver vivos. Por eso, siempre recibia una buena parte del botin de la ciudad, junto con la orden de liderar el asalto de la primera oleada que tomase las murallas. Mejor, mas tiempo dentro de la ciudad sin rivales para compartir el oro y las mujeres.

El hijodeputa de Charles de Tily estaba alli esperandolo. No sabia como podia tener los cojones de presentarse ante el, delante de sus hombres, despues de los enfrentamientos que habian tenido ultimamente. Cierto que era un noble menor, pero demasiado creido para su propio bien. Montalban paso de el, olimpicamente, dirigiendose hacia el interior de la posada, intentando evitar el conflicto. Pero Charles queria tentar a la suerte. E hizo mal, pues el mercenario no iba a dejar que nadie le jodiese la noche. Con suavidad, saco la espada de su funda antes incluso de hablar, y con la habilidad que da la practica, la enterro en el estomago del noble. Ciertamente, iba a ser una muerte lenta para el otro...

Sin embargo, pese al silencio que se hizo en la sala, Montalban camino hacia la tabla que hacia de barra y se pidio una cerveza. Luego miro a la pequena Molly, y le indico que se acercase, que esa noche tenia oro para pagar sus servicios.

Ciertamente, manana iba a morir, asi que mejor emplear el dinero ahora que podia. Sabia que matar a Charles le iba a costar todo lo que tenia, pero no habia podido evitarlo, no iba a dejar que viniese a insultarlo aqui. Se lo merecia. Que cojones, una buena noche para un hombre muerto!

Geoffrey - January 14, 2006 06:02 PM (GMT)
A la manana siguiente, todo el campamento sabia lo que habia ocurrido, y lo que ocurriria a continuacion. Muchos de sus propios hombres se alejaron de su estela, buscando otros lideres mercenarios mas seguros. Y, efectivamente, cuando el plan de batalla fue anunciado, a Montalban lo habian destinado al infierno. El noble general no podia prescindir de sus hombres y matarlo alli delante de ellos, pero se las habia arreglado para que muriese en el asalto, el y todos los suyos, mientras sus propias unidades y otros grupos de mercenarios tendrian muchas menos bajas. Asaltar la zona sur de la muralla iba a ser casi imposible, no sin mas maquinas de asedio. Y no las habria.

La manana era lluviosa, el barro se hundia bajo los pies de los caballeros en su equipo de guerra. Tomar la muralla fue sorprendentemente rapido, pero las piedras quedaron banadas por la sangre de demasiados de sus hombres. Montalban luchaba delante de todo, como un barbaro demente que no considerase aquella vida como suya. Un enemigo tras otro tenia de rojo el suelo o las paredes, pero por cada uno de ellos que moria, caian tres de los hombres de Montalban.

La lucha en las calles vino despues, con un combate lento y estancado. Habia suerte de que el enemigo no habia tenido demasiados arcos para defender las murallas, pero aun asi esa suerte era limitada... en las calles, la zona sur estaba defendida por la caballeria. Y, tras haber trepado por las murallas usando las escalas, los hombres de Montalban no tenian picas ni nada apropiado para usar contra ellos. Los caballos los pisaron. Los jinetes los empalaron. La muerte se cebo en ellos con afan.

Lentamente, el circulo de asaltantes se redujo, mas y mas, hasta que quedaron unas pocas decenas arrinconadas en un callejon. Ya atardecia para entonces, y Montalban era dolorosamente consciente de que la muralla norte no habia caido... nadie acudiria en su rescate, el y sus hombres estaban condenados. En el otro extremo del callejon, la caballeria tomo formacion. Una elegante formacion en linea, que abarcaba todo el ancho de la callejuela. Una muralla de metal y carne, una impenetrable ola de muerte. Montalban ordeno a sus hombres retroceder y se adelanto a desafiar a un duelo individual al noble que dirigia el asalto. Solo recibio una risa como respuesta, mientras los caballeros ponian las lanzas en sus ristres y se lanzaban a la carga.

Todos murieron. No quedo ni uno. Fue una carniceria. No habia ninguna alternativa, no habia posibilidad. Solo hubo muerte, sin gloria, sin honor, sin lucha seria. Lo ultimo que los ojos de Montalban vieron fue el despuntar de una sangrienta luna de agosto sobre los edificios, tan roja como la sangre que empapaba su propia espada.

Y murio, por primera vez. Edguy de Cornualles lo Abrazo aquella noche. Era un Cainita poderoso en la ciudad, y justo habitaba en esa zona de la misma, la mas segura. En aquel lugar perdido, en aquella ciudad casi anonima, en aquella batalla mas en su lista, Montalban se unio a la Estirpe de Cainitas y descubrio que todo lo que consideraba brutalidad quedaba tan solo a la altura de los tobillos comparado con lo que los no-muertos podian llegar a hacer.




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