View Full Version: Objetivo Toulouse.

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Title: Objetivo Toulouse.
Description: 27 de Agosto, A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - January 10, 2006 11:32 PM (GMT)

Por primera vez en años, quizás en décadas o incluso siglos El Cuerno Rojo tendría una de las visitas más distinguidas de todo París, al menos en cuanto a cainitas se refería y pocos serían los que se dieran cuenta de ello...

Una pequeña carroza la había llevado hasta allí y a finales de agosto como era, de noche corría brisa, por lo que doncella tubo a bien portar su capa y caperuza de terciopelo negras, negando su rostro y figura a la muchedumbre de parroquianos que moraban en el lugar con intención de recrearse y hartarse a beber.

Con sutileza la doncella caminó hasta el final de la posada, donde los cainitas guardaban su Eliseo para zanjar sus asuntos. Elois era puntual o tempranera, según se mirase, mas fuera por donde fuera no había cainitas alrededor. Una mesa en la penumbra sería su refugio y caminó hasta ella con gracia, pero ocultando su identidad. Alojada en la silla donde la luz era más tenue sus ojos agradecieron el reposo y es que a la ventrue no gustaba mucho la luz precisamente.

El posadero estaba lo suficiente aleccionado para hacer la vista gorda y pasar por alto peculiaridades que tenían lugar en aquella zona, sin embargo en aquella ocasión la curiosidad le pudo y se prodigó servicial para intentar averiguar la de quien se trataba.

Confiado en su estratagema de tabernero se aproximó a la dama misteriosa e hizo un descarado esfuerzo por verla el rostro mientras desplegaba su argucia.

- Que va a tom...

Entonces, el posadero quedose petrificado, había logrado su objetivo y se maldijo una y mil veces por su curiosidad cuando descubrió y reconoció de quien se trataba. Las manos le temblaron levemente y el rostro se volvió más pálido incluso que el de la doncella.

- Shsss

Susurró y ordenó Elois, era evidente que la noble duquesa no quería ser reconocida. A duras penas el posadero asintió con la cabeza, pese a estar aún amedrentado por el pavor que la mirada de la duquesa de Orleans le había asestado. Muchos cainitas no prestaban atención, algunos ni siquiera se inmutaban con los ojos de la ventrue, tal vez por estar acostumbrados o tal vez no, pero para los mortales la mirada escrutadora y penetrante de Elois les era insostenible y si a ello sumamos su noble procedencia que más decir que resultaba intimidatoria.

- Guarda silencio

La ventrue ordenó, mas no le hicieron falta dones oscuros o argucias, no gustaba de usarlas si no fuera necesario y esa ocasión no sería la excepción a su norma, pues con aquel mortal todo sería sencillo, temía descontentar a la nobleza y mucho más a aquellos que residían en esa parte de su establecimiento.

- Tráeme vino y déjame en paz hasta que te reclame de nuevo.

Las dulces palabras de Elois fueron acompasadas por el dulce sonido de un par de monedas golpeando la madera. Presto el posadero atendió a recoger el dinero y cumplimentar la petición de tan distinguida clientela.

Al poco rato una botella del mejor vino y una de las copas más limpias fueron dejadas en la mesa con rapidez, tras observar con algún resquemor la aprobación de la dama se alejó raudo a seguir con el resto de sus quehaceres en la posada.

Una vez, estuvo lejos de ella, y la sombra volvía a ser su único acompañante hasta el momento, Elois decidió que sería mejor ocultar su rostro y así lo hizo con un pañuelo de seda que cubriría su boca y parte de nariz, mientras que la oscuridad haría el resto con sus ojos y frente, así como la caperuza con el cabello y la capa con su silueta. Sólo alguien que la mirase con detenimiento a escasos palmos de distancia podría intentar deducir de quien se trataba.

Una vez quedó acondicionada, la ventrue se dispuso a esperar, no estaba allí por capricho o casualidad.



Morgan le Saux - January 11, 2006 10:26 AM (GMT)
Morgan había salido de la casa abandonada que le servía como refugio hacía ya bastante rato. Abandonó la Vile pensando que aquella casa era un lugar que le agradaba mucho. Alejada de la alta sociedad cainita de París y tan decadente que seguramente nadie iría a visitarla allí. Aunque a la vez esa era la paradoja, ya que la única pega de la que contaba el refugio era precisamente esa, el no poder encontrar una compañía cerca, lo suficientemente satisfactoria, en las largas noches de asueto y hastío.

Recorrió las calles de la ciudad sin un rumbo concreto aparente pero bien sabía hacia donde la estaban llevando sus pasos. No vestía de forma especialmente elegante esa noche. Su larga túnica negra ocultaba su figura y el capuchón de la misma su rostro. Al fin y al cabo nadie iba a ver, a priori, su desgastado vestido azul marino.

Esta vez no llevaba armas encima, ni siquiera su daga. Debería haberla portado esa noche, esa y todas. Las funestas noticias en la ciudad así lo requerían pero allí a donde iba sería una grandísima falta de etiqueta llevarlas consigo. De todas formas París era una ciudad inmensa ¿Qué probabilidades había de encontrarse con aquel del que aún desconocían su identidad? Pocas, muy pocas. París era una ciudad inmensa.

Y pensando en todo esto abrió la puerta de la Posada del Cuerno Rojo, penetrando en su cálida atmósfera acompañada por un soplo del cada vez más frío viento de la estación en la que estaban.

Se acercó hasta el posadero, ya había hablado con él en un par de ocasiones y aunque el grueso hombrecillo hacia gala de la estupidez propia de quien lleva largo tiempo en el éxtasis de la bebida era un hombre agradable y servicial. Nadie reparó en su llegada, al menos nadie a quien le latiera el corazón. Todos estaban enfrascados en su propio frasco y conversaciones insípidas, incluso el posadero parecía ocuparse de sus propios asuntos sin darse cuenta de que quizá, a su lado, había alguien dispuesto a dejarse las pocas monedas que poseía en unas cuantas cervezas que acalorasen su ánimo.

El motivo de esta falta de atención lo comprendió la dama de inmediato. Como un niño asustado, el posadero miraba furtivamente hacia el lugar de la estancia reservada para “ellos”. Dubitativo, furtivo, amedrentado. Allí sentada, escondida entre la penumbra, una extraña figura de la que emanaba un aura de poder, era la culpable de todo.

¿Monsieur? – dijo Morgan en voz baja llamando su atención. El no pareció darse cuenta.

¿MONSIEUR? – levantó el tono de voz y el mortal se volvió hacia ella.

Oh! Buenas noches, gentil dama, enseguida os sirvo el vino pues fría es la noche y todo cuerpo necesita entrar en calor – dijo presto mientras ponía una copa frente a ella.

Estabais absorto, algo extraño en vos.

Tened cuidado mi señora, esta noche vigilad vuestra lengua – y meneó casi imperceptiblemente la cabeza hacia las sombras.

No os preocupéis, lo tendré – respondió ella a su vez.

Pero Morgan si estaba preocupada. Miró a la silueta oscura y por un momento su sangre empezó a removerse. ¿Y si Paris no era tan grande? ¿Y si era aquella figura a la que todos temían? Dadas las circunstancias lo que iba a hacer era una temeridad pero había mucha gente allí y la forma de actuar del malhechor no cuadraba con aquello. Demasiado obvio, demasiado bullicio. Demasiado difícil.

Cogió su copa y camino hacia la mesa, el posadero siguió sus pasos con la mirada. Al llegar a ella saludó a aquel rostro enmascarado.

Grata sea la luna con vos – y acto seguido se sentó a su lado.

Las dos figuras, tapados sus rostros por sendas capuchas, quedaron una junto a otra.

Elois D'Umbrelle - January 11, 2006 12:32 PM (GMT)

Estática como una gárgola y fría como una piedra la silueta enmascarada observaba desde su pedestal el recinto, aquel sitio parecía su reino y ella la gobernanta, cuidando cual pastor de su rebaño, pero en verdad no era un pastor sino el lobo hambriento de sangre aunque saciada por esa noche.

El aura que emanaba la figura bien la hacía distinta a ojos más experimentados, de aquello quienes miran más allá de las simples apariencias y se percatan de los detalles mundanos que para la gran mayoría pasan desapercibidos. Cuando Morgan irrumpió en la posada pudo presentir dos puñales en su costado, mas no había dolor sino sensación, no eran puñales sino dardos envenenados cuyo origen era más que evidente, la gárgola del fondo.

Y la malkavian se entretuvo con el posadero, la sucia rata trató de alertarla de su presencia pero no tuvo el tiempo preciso... Ya ajustaría cuentas a esa sabandija, por el momento tenía otros asuntos pendientes pues la encapuchada avanzaba sin temor hacia su presencia desafiando todos los miedos vinculantes a su pose siniestra. Las sombras podían arremolinarse sobre Elois, le eran afines, no como a los Lasombra porque ellos las entendían e incluso se podría decir que formaban parte de estas, no. Elois había aprendido a lo largo del tiempo a convivir con la oscuridad, rodeada de sombras hasta el punto de preferirlas a la luz, ¿no era acaso ella una criatura de la noche?.

Un paso, dos pasos... la travesía no daba lugar a equívoco, se dirigía a la oscura mesa adornada con un oscuro ser más tenebroso incluso que la noche de los difuntos y tan misterioso como la noche de San Juan. Ni tan siquiera los dos dardos acusadores clavados ahora en su pecho eran suficiente amenaza para quien fuera que fuese recapacitase y tal fue el atrevimiento que un saludo propició al vacío, al amparo de ser recogido, pero nadie garantizaba ese hecho, la figura se mantenía distante, diletante...

¿Por qué mencionó la Luna en la frase?, una buena pregunta con un sin fin de respuestas a cada cual más insólita que la anterior, la destreza mental de la ventrue también resultaba soberbia y pronto atendió a evaluar conjeturas, pese a todo cedió a la curiosidad. No es que Elois fuera especialmente curiosa, pero si tenía un interés trascendental esa noche que la impulsaba a los actos más deleznables como acudir a aquel antro que muchos conocían por Eliseo.

- También lo sea con vos.

Casi sin esperarlo, la respuesta vino por si sola, en una voz empalagosa al tiempo que femenina, el tono era suavemente animado. Al tiempo una frágil mano de doncella indicó el asiento dispuesto frente a ella y en ese gesto Morgan pudo vislumbrar un mar de incertidumbres, pues la gárgola tenía mirada profunda como los océanos y penetrante como los puñales que habían herido su costado nada más pisar la posada. Pese a todo no encontró hostilidad alguna en la dama quien la invitaba a su mesa.

Un silencio tenso siguió al recital de hospitalidad hasta que por fin la dama volvió a hablar, todavía con la faz oculta.

- ¿A quien tengo el placer de recibir en mi mesa?

Las palabras parecían ambrosia destilada, se sucedían la una a la otra y ésta a la siguiente con una facilidad pasmosa reinventando un lenguaje melodioso, sensual y meloso hasta ser capaz de embriagar a sus víctimas con cada pronunciación.


Morgan le Saux - January 11, 2006 01:17 PM (GMT)
Desde que había entrado en la posada una molesta sensación se había inculcado en su mente. Una sensación que alcanzó su punto más álgido al sentarse. Al oir aquella voz, imperiosa y llena de autoridad. Una punzada de instinto hizo que Morgan pensase en agradecer al posadero la advertencia, más no hay advertencia lo suficientemente poderosa que haga detener el anhelo de comprobar hasta que punto es o no desmesurada.

Por eso Morgan se había acercado hasta la mesa. Cautelosa ante lo que se podría encontrar, impaciente por comprobarlo. De ella no irradiaba un aura de poder tan fuerte, ni una seguridad tan pasmosa en su habla pero si contaba con algo, quizá tan importante o más que aquello, la calma y el raciocinio.

El segundo le decía que fuese cortés, pidiese disculpas por haber perturbado los pensamientos de la extraña y se fuese gentilmente escapando de aquella mirada impetuosa y de un azul tan profundo como el mar. La primera le decía que aún no era el momento.

Si tenéis a bien otorgar tal privilegio para conmigo, compartiréis vuestra mesa con una dama que intenta escapar de la luz de París por esta noche, pues la ciudad, señora, a veces llega a cegar mis ojos y no encuentro mejor abrigo dadas mis posibilidades que el silencio que procura un bullicio como este.Pues es cuando todos te miran cuando menos te ven.

Morgan hablaba en metáforas que Elois comprendía perfectamente. Su voz poseía tantos matices que procuraba la sensación de ser una ola mecida en un mar sosegado. Sincera, afable, respetuosa, digna, educada…un sin fin de ellos.

Y era así porque la dama que tenía enfrente intentaba camuflar todas las hordas de su fuerte personalidad bajo susurros de hospitalidad. Era extraña aquella actitud.
No dudaba del poder que tenía delante de ella, lo había comprobado mientras se acercaba pero se le escapaban algunos puntos.

¿Por qué aquella muestra ostentosa de superioridad al principio? El realmente poderoso, el que conoce de sobra su superioridad no la muestra, pues sabe que no hace falta. Si busca algo lo toma, si quiere algo lo coge sin más. Estaba segura que no era temor ante ella por lo que le había hecho sentir aquella sensación desagradable. ¿Por qué lo hacía?

Solo el que se cree fuerte muestra esa fuerza ante los demás. Necesita reafirmarse así mismo – le habían dicho muchas veces.

Pero no obstante, le había invitado a su mesa. Con palabras que para muchos hubiesen sido irresistibles. Qué extraña situación era aquella a la vez que fascinante pues con tan solo unos segundos, Elois se hacia ganar ese calificativo.

Morgan había tratado con muchos vástagos que se asemejaban a ella en Montpellier, le habían hablado de otros. Conocía el juego, conocía toda sed posible, conocía al diablo; pero el diablo es tentador y hace que juegues con él. Solo hace falta saber las reglas y estar atento. Unas veces se gana y otras pierde. Es el eterno juego de la Estirpe.

Más no tengo afán ninguno de molestar y gentilmente accederé a retomar mis pasos si es menester.

Los ojos de la malkavian, perdidos en la forzada cordura de la noche, contrastan con los de Elois. Cuántos se habrían hecho piedra de estar situados entre ambas miradas.

¿Qué depararía el azul? ¿Qué depararía el verde?

La Posada del Cuerno Rojo sería testigo de aquel encuentro.

Elois D'Umbrelle - January 13, 2006 06:09 PM (GMT)

Desde la penumbra se bifurcaba un sobrio camino narrado entre oscuros presagios apocalipticos, dos miradas opuestas eclosionaban entralzando turquesas con amatistas y fundando un malva con ramalazos oceánicos intensos pero acariciados tenazmente por la suavidad de la pradera.

Un nuevo gesto, un giro sin romper el cruce en absoluto, pues una contienda tenía lugar entre ambas doncellas, en al posada, en la opacedad circunvalante de aquella mesa condeanda al ostracismo por su situación habitual, pero que en aquella situación se había erigido en Armagedon, fiel campo de batalla titánica.

- Todos tenemos afán por escapar o huir de algo, ¿mas cuales son vuestros fantasmas en la noche madame?.

Elois podía sospechar que fuera una cainita, pero no la reconocía, quizás alguien de los bajos clanes... quizás alguien que pudiera ayudarla aquella noche en su búsqueda. Lo evidente es que la ventrue no abandonaría su mirada, cual noble caballero en post del Sangrial impulsado por su Fe, aunque no era la fe precisamente lo que la movía, sino algo bien distinto...


Luca Verinni - January 13, 2006 06:25 PM (GMT)
FdI: Si no va aquí, es privado, o no quereis verme (xD) borro inmediatamente.

Su capa tejida de color carmesí cubría la grupa del animal sobre el que trotaba por las empedradas callejuelas suburbanas, como hiciera hace ya bastantes noches decidió mezclarse con la bulliciosa muchedumbre con el fin de caldear un tanto sus recientes hábitos de ermitaño. Sus manos, desnudas, aguérridas y con alguna que otra alhaja brillante brillando entre sus dedos asían suavemente las bridas del corcel, que parecía conocer su destino.

Al llegar a Cuerno Rojo un mozo acudió en su busca para llevarse consigo el animal a las caballerizas y atenderle por cuanta fuese la demora de su señor en el interior del establecimiento. Dejándole un par de sobrias monedas de plata entre manos y sin mediar palabra alguna empujó con las palmas de sus manos la puerta de acceso, sintiendo desde un principio el griterio y la emoción a los que se expondría una vez atravesada la barrera.

Con su entrada se produjo el preciso efecto que llevaba deseando desde que se desmontase de su caballo hace unos minutos. Ninguno. Nadie con un órgano latente bajo su pechoi reparó en el más de lo necesario, ni tan siquiera el posadero vino en demanda de una petición por su parte. Nada, solo el placentero estatismo de la observación. Pero ¿cuanto es el gozo de saber tus ojos contempladores de musa entre las musas, pétrea vigía de ojos marinos, angel vigilante sobre las aguas?

Madame D'Umbrelle estaba en el lugar que menos cabía sospechar se la podía encontrar, ni siquiera él, pieza deforme de un gran rompecabezas, encajaba en ese sitio, pero tampoco en ningún otro.

Al verla acompañada no terció acudir hasta su posición sino inclinar la cabeza con una sonrisa ladeada que ni él mismo estaba seguro de que la Dama hubiera sido capaz de percibirla. Qué grata sorpresa...

Morgan le Saux - January 13, 2006 06:31 PM (GMT)
Gran confianza debía poseer la mujer de ojos azules y penetrantes para indagar sin siquiera dar sus nombres en los fantasmas de la recién llegada.

Muchos de ellos eran los que arrastraba Morgan,aferrados a ella como los grilletes en las muñecas del preso, como la soga en el cuello del ahorcado, mas la educación otorgada en Montpellier no permitía el desliz de las malas respuestas y aunque no es de etiqueta intimar sin ser íntimos respondió de forma cortés,haciendo prevalecer en la mesa los modales más que la curiosidad.

Madame, son los que cualquier dama joven puede tener mas no encuentro razón para aburrir a mi señora con ellos. La gratitud que me embarga para con vos al dejarme compartir vuestra mesa hace que no pueda hablar de cosas tan triviales, agotando vuestra paciencia con comentarios nimios y sin importancia - como mujer que era su acompañante, la hija de la luna dio por hecho que se podría hacer una idea de los que serían; aunque la noche depararía muchas sorpresas.

La malkavian hablaba con una educación exquisita, meciendo en sus labios cada una de las palabras antes de dejarlas escapar al aire. Había contestado a su pregunta sin dejar de mostrarse cordial y afable. No obstante, algo de deuda tenía con ella, si quiera por el ofrecimiento a descansar a su lado y en cierta manera se vio tentada por ello a revelar su nombre.

Mi nombre es Morgan le Saux,es un honor el conocerla.

La educación de la ventrue y sin duda había hecho gala de ella, le otorgaría quizá, si no optaba por mentir, el escuchar el suyo.


Elois D'Umbrelle - January 14, 2006 01:33 PM (GMT)
FDI: Sin ningún problema por mi parte, la idea era una charla con Morgan, pero por mi siempre queda abierta, además de ser en el Eliseo donde todos pueden acudir y que seguro que le da más chicha a la trama. Además si hubiera querido algo estrictamente privado (que no me gusta ponerlo) lo habría puesto en el cabecero. Así pues, bienvenido seas tu o quien se tercie.

Eso si, me has descubierto a la primera y eso que tenia la cara semicubierta y el cuerpo también. :blink:

Una extraña premonición azotó cruelmente en el pecho de Elois, cual estaca de madera punzando sobre el mismísimo corazón del depredador, arrebatando el último resquicio mortal en forma de tenue suspiro. ¿Era el certero dardo de Cupido acaso?. No, era el radiante Apolo cruzando el umbral de la desdicha quien había irrumpido con su sol brillante nuevamente en la noche de la Ventrue, traía consigo el astro Sol y con éste el amanecer. Noches atrás su brillante aura ya tubo la gracia de impregnar el Panteón de Atena con su luminosa presencia. Los caprichos del destino había hecho girar nuevamente al Sol sobre la tierra de las sombras, resquebrajando los pilares que cimentaban el frágil mundo de la frágil doncella.

El cruce de miradas cesó, brevemente, mientras la fuerza de los océanos se arremolinaba rugiendo y brotando, instigados por el tridente de Poseidón, con la misma furia que el Vesubio cargó sobre Pompeya reflejada en sus pupilas. Los Titanes encerrados en sus mazmorras abismales regurgitaban clamando libertad, pero nunca encontrarían morada sus anhelos, al menos no en aquel lugar.

Elois cedió de nuevo la mirada a Morgan, con ese brillo chisporreteante en sus ojos que contagiaba a su mirada cargándola con la fuerza de la caballería leonesa y dotada de la misma puntería de los arqueros normandos.

Un sedoso pañuelo se desprendió del rostro liberando levemente sus labios, los cuales carnosos y lividinosos además de invitar a la lujuria anunciaban una sensual sonrisa danzarina que se dirigía a ambos, "Apolo" y Morgan. Las palabras no tardarían en desprenderse.

- Elois D'Umbrelle, chiquilla de Guilles de Boillon, Maestra de la Via y miembro del noble linaje de Ventrue.

Carnosos eran los labios, sensual la boca y embriagadoras sus palabras de exquisita pronunciación y seductor acento francés en tanto que añadió gestos nobiliarios a su presentación, nada estrafalario pues la dama deseaba seguir en el anonimato bastando pues un mero asentir con su cabeza y mirada al tiempo que se presentó.

Inmediatamente se avalanzó sutil quedando más próxima a la mesa, pero nunca dejando de lado la cortina de sombras que la amparaba en su acomodo.

- Me temo que un viejo amigo acaba de llegar y sería una descortesía no invitarlo a nuestra mesa, sino os importa madame Le saux, el caballero es bien apuesto y su compañía es de las pocas decentes, la mejor en estas noches de País.

Con su siniestra y casi con desaire señaló la ubicación exacta del toreador, con tal de que su acompañante pudiera distinguirlo y diera con ello su aprobación.


Morgan le Saux - January 14, 2006 02:06 PM (GMT)
La presentación de la mujer evidenció lo que Morgan había temido y anhelado. El diablo se sentaba a aquella mesa con ella. Mucho había oído hablar la Hija de la Luna de la dama, tremendo cuidado debía tener pues aunque el diablo se relaja a veces no es sino el albor de la tempestad lo que augura su calma. Aquellas palabras no eran nada más, ni nada menos, que el poder que puede atesorar un hijo de Caín. Esta vez en forma de sensuales y cuidados comentarios.

No podía imaginar qué era lo que semejante noble buscaba en la posada pues el rumor de sus posesiones y posición no le pasaba desapercibida. Además el lobo no entra al corral del rebaño por gusto, sino a cazar; y no creía la malkavian que los duros y distintos frentes en los supuestamente se movía Elois D'Umbrelle, le tuviesen tan hastiada como para rodearse del tufo de la humanidad y de vástagos en teoría inferiores. Ni consideraba gustoso el abandonar las fastuosas estancias en sus dominios privados por la mugre de la plebe mortal.

Morgan le Saux – volvió a repetir ahora con más convencimiento – Chiquilla de Duncan Truffaut, Distinguido Príncipe de Montpellier. - descubrió su rostro ahora.

Después…

El destello azul de los ojos de la ventrue, acompañado por sus palabras, hizo que otro destello, esta vez verde turquesa, mirase en la dirección sugerida.

Y ¡Por dios! Que si el creador había hecho a Adán y Eva de barro se preguntó la malkavian que escultor en delirio maldito había moldeado el rostro del caballero ya que el material del que estaban hechas aquellas facciones, ni una deidad, por mucho poder que atesorase entre sus orfebres manos, hubiese logrado tallar aquel perfil.

No pondré ninguna objeción a vuestras palabras pues si a mi persona habéis invitado con gracia a compartir vuestra mesa, entiendo que tratéis a la de un viejo conocido como debéis hacerlo

Las palabras de Morgan no ponían en tela de juicio como debía tratar Elois a sus amigos ni cual era la forma de actuar ante ellos, educadamente le estaba diciendo que comprendía el ofrecimiento que le iba a hacer al caballero que había entrado.

Será un honor el que otra distinguida personalidad nos acompañe, pues como decís no le falta belleza y si me permitís el comentario, estoy segura de que al ser vos quien le reconoce como buena compañía, así debe ser. Obrad como gustéis.

Elois D'Umbrelle - January 14, 2006 02:30 PM (GMT)

Elois asintió con la cabeza hacia la malkavian, después su mano se contoneó delicadamente invitando al toreador a su mesa. No es que quisiera su compaía en aquel momento, ¿o quizás si?, aunque no la había ido buscando en aquella ocasión...o tal vez, inconscientemente si...
Todo parecía dispuesto, el sino de ambos era encontrarse, no pondría Elois objeción a la buena ventura...

Esperaba que Luca reconociera el ofrecimiento y tuviera a buen hacer acudir, la duquesa no tenía ganas de vérselas nuevamente con el posadero aún para esa nimiedad de invitar al caballero.

Por contra la audaz mente de la ventrue, nublada por momentos a causa de la imagen del escultor y su presencia en el recinto, no pasaría por alto la presentación de Morgan... chiquilla de Truffaut de Montpellier...

Luca Verinni - January 14, 2006 02:39 PM (GMT)
Ya, pero soy un Toreador, mis ojos, como los mosquitos a la luz, van hacia la belleza xD

Aquella divinidad profética había procedido tal y como en sus ensoñaciones hacía, con cautela, elegancia y buen hacer. Oh, culmen erotizado de la inalcanzable perfección, pecado con creces debía ser ocultar un rostro tan bello. Y es que el fulgurante brillo con el que era condecorado por causa del apodo bañaba ahora la carne imperecedera, antaño envuelta en sombras, levantando la tierra descascarada para hacerlas de un brillo sin fin.

Era una vaporosa quimera de carne, una ficción real y dolorosa, por no poder ni tan siquiera alcanzarla con los dedos. Infinitos miedos y pesares por perderse y naufragar nuevamente ante sus ojos y su delicado conjunto acudían en busca de un dios degenerado y pecaminoso.

La tensa y tormentosa situación siguió adelante, como alud desbocado hacia el abismo por donde morirían todas esas volutas de nieve, suspendidas eternamente en el vacío. Merecía lágrimas quedarse a mitad del camino, cuando aún hay sendero por recorrer, tan solo pavor por seguir caminando. Unas migajas de valor para el mendigo de ropas ajadas y pulverulentas, que su majestuosa merced tenga a bien recibir sus caricias moribundas, en un receloso arranque de pasión.

¿No fue Apolo quien al nacer subsistió de néctares y ambrosía? Divino bebedizo que de cara a su tenebrosa y recién descubierta estrella transmutaba en su saliva, que en tan minuciosamente contadas ocasiones había probado. Peligrosa era la droga de la compañía, más aún si solo se sobrevive de la asistencia de una diosa, una fantasía, algo irreal y hasta imaginario.

No se atrevió a variar un ápice su posición hasta no recibir la aprobación de ambas damas, ante la cual avanzó un par de pasos, sobrios e intemporales, seguidos de la vertigniosa estela de ensoñación que acaparaba un rostro tan lozano como esbelto, perfilado en una agónica perfección que se quedaba en nada en conjunción con sendas coronas de verdor, una para cada parte de su alma.

- Agradezco infinitamente que hayan tenido a bien aceptarme como compañía esta noche. Mi nombre es Luca Octavio Verinni, de Toreador...

No alcanzó a imaginar la peligrosidad de sus palabras, después de todo, ¿por qué no iba a poder ser la dama de ojos verdosos un simple recipiente?

- Madame D'Umbrelle...- tomó la mano de la dama, acariciando generosamente sus nudillos con el pulgar, en una insigne muestra de afecto y discreción, rozando protocolariamente el reverso de su pálida y deseable mano con sus labios, tersos y anhelantes- Madame...- continuó, virando hacia el otro extremo de la mesa para repetir el majestuoso proceso con la acompañante de Elois.

Atesora sus pensamientos brindando a cada mujer una genuina sonrisa.

Elois D'Umbrelle - January 23, 2006 12:54 PM (GMT)

La doncella de ojos azules se mostró asertiva al caballero, pero a la vez distante, muchó más que los misteriosos secretos que encerraban las viejas piedras del chateaux D'Umbrelle.

- Tomad asiento por favor monsieur Verinni.

Sin emabrgo no apartó la vista sobre éste, al tiempo que también abarcaba su mirada de halcón a la doncella.

- Os presento a Madame Le Saux, chiquilla de mosnieur Duncan Truffaut de Montpellier.

Y así la ventrue invitó a desgana al toreador para que participase en su mesa, nunca lo mostraría, pero por algún motivo no quería que Luca estubiera presente aquella noche.



Morgan le Saux - January 24, 2006 10:42 AM (GMT)
Morgan se mantuvo apartada de la mirada de Elois. Sus ojos estaban fijos en el alabastro del que parecía estar hecho el toreador. Qué bello era, como las esculturas antiguas a las que el paso del tiempo no osa hacer mella. Qué manantial tan fabuloso debía recorrer, subterraneo, aquella fuente impía. Qué de placeres podría otorgarle,qué de pecados.Sus ojos se entrecerraron escondiendo tras ellos la avidez que solo los condenados saben que existe. Escrutó labios,cara,ojos...cuello.Maldito fuese el destino por haberle escondido de ella durante tanto tiempo. Maldito si no le permitía poseerlo alguna vez.

Pero al oir las palabras de la Venture, la hija de Malkav retomó la compostura que solo ella sabía que había perdido pues la serenidad y una amplia sonrisa habían sido las notas dominantes en ella, desde que el caballero se acercó a la mesa.

Morgan le Saux, sí, ese es mi nombre, monsieur.

Sostuvo su mano un segundo más antes de despedirla con una sedosa caricia.

Es un placer el conoceros y el que Madame D´Umbrelle nos haya invitado a compartir su mesa ¿No creeis?

Luca Verinni - January 24, 2006 09:00 PM (GMT)
Así lo hizo, se sentó entre ambas mujeres, en una posición tan equidistante como peligrosa. A un lado, a guisa de un ave rapaz, peligrosa y mortecina, su bien hallada Elois. Al otro, una mujer de busto equilibrado y una belleza tan exultante que se le antojaba hasta soez. Cuan extravagantes eran las dilucidaciones de un Degenerado frente a la belleza encarnada.

Miró primeramente a madame Le Saux, no podía ser de otro modo si quería omitir la enajenación a la que le sometía la mera presencia de Elois.

- Así lo creo, siempre es un honor que madame D'Umbrelle tenga a bien compartir su presencia con un servil y humilde servidor.

Se permitió el gesto de guiñar el ojo hacia la nada, hacia nadie en especial, hacia ese otro yo apresado en sus entrañas, que golpeada con las palmas de sus manos embebidas por la brutalidad los barrotes de su celda, en un ciego intento de salir al exterior y consumar todos los pecados sibilantes que su correosa mente fraguaba incansablemente, uno tras otro.

- ¿Y bien? ¿Cómo se presenta la noche?

Repartió su atencion con imparcialidad. Impuesta sobre la sinrazón convulsa y la locura por la retención estaba la etiqueta, y ninguna podría decir entonces, que era menos en aquella particular reunión de casualidades y miradas tensas.

Morgan le Saux - January 26, 2006 01:22 PM (GMT)
Miró a los ojos del toreador ocultando la llama que empezaba a calentar su sangre. Por sus labios sonrientes salían aquellas palabras sin perder, de momento, la compostura ni con él ni con su anfitriona, pues era a ella mayormente a quien debía gratitud por haberla invitado y en menor medida al apuesto caballero.

La noche acaba de empezar, monsieur. Al menos yo acabo de llegar a la posada y no he tenido tiempo sino para desvelarles mí nombre.

Sella sus labios un momento, intentando no arañar con un colmillo su propia lengua.

Hablábamos – mira a Elois y asiente levemente pidiéndole conformidad – sobre lo tediosas que resultan algunas noches y los peligros que acechan a más de una Dama en una ciudad como esta.

Coge su copa de vino y ahora sí hace una pequeña incisión oculta en su lengua, mezclando el caldo con su sangre. Da un pequeño y elegante sorbo antes de mirar de nuevo al Degenerado.

Si gustáis, pediré al posadero otra copa.

Elois D'Umbrelle - January 29, 2006 12:38 PM (GMT)

Elois mantenía la compostura, no le gustaba tanto atrevimiento en la malkavian, pero tampoco haría nada al respecto, a fin de cuentas ella había dado alas para que se tomase pequeñas confianzas. Siempre y cuando quedasen en "pequeñas" no habría problemas de entendimiento con la enigmática Morgan que por otro lado había aparecido providencial, incluso podía tratarse de la persona indicada. Ahora el problema era Luca, con su presencia había complicado todo aquella noche que tan bien había empezado...

- Para ser sincera, monsieur Verinni dialogábamos sobre los fantasmas del pasado, como ya sabe todos los tenemos.

Sonrió.

- Aunque para serle aún más sincera, apenas habíamos entrado en materia cuando vos iluminásteis nuestra velada.

¿Iluminásteis?, interrumpísteis más bien...

Volvió a sonreis y a acusar con picardía amenazadora, habitual en ella, al toreador.

- Que podeis decidnos vos al respecto, monsieur Verinni.

Y se recostó en su asiento para quedar más al amparo de la oscuridad, adoptando por tanto un caríz más siniestro, impropio para una dama como lo era la ventrue.

Morgan le Saux - March 7, 2006 04:12 PM (GMT)
Morgan asintió corroborando las palabras de la Duquesa, pasando su gentil mirada del rostro de la Ventrue al del Toreador. Sin duda, un personaje como aquel, tan resplandeciente en su belleza, tendría más de una anecdota con la que romper el hielo que se alzaba como una fuerte almenara entre las dos mujeres desde que se encontrasen escasos minutos antes.

Sí, monsieur, os ruego que correspondais a la amabilidad de nuestra "anfitriona", contándonos que opinais al respecto.

Rogar era un término demasiado grande y nada común en ella, no obstante, entre aquellas dos magnánimas auras de poder habría de ser tan educada como fuese posible.


fdi:¿Este tema va a algún lado?

Elois D'Umbrelle - March 7, 2006 08:36 PM (GMT)
fdi: pues no, la verdad es que era por hablar de algo insulso...

Elois observó el creciente interés de Morgan y decidió que ya no le hacía gracia el tema, aunque no lo reflejó en su rostro. Sin embargo como buena acaparadora tomó para sí la palabra robándola al toreador, no porque éste estuviera falto, amen de todo lo contrario, sino porque deseaba variar el rumbo que de no tener cautela entraría en unos derroteros lejanos de los intereses de la noble dama.

- Va, alguien como monsieur Luca de seguro que no tiene fantasmas, más bien es alguien fantástico, como artista no tiene rival y doy buena fe de ello.

Sonrió ligeramente.

- Por cierto y ahora me asoma una duda, ¿en vuestra ciudad existe alguna catedral de reciente creación madame Le saux?

Su mirada marina se posó desde la penumbra opositando al prado y dejando al pobre Luca distante y frío como el pico de una montaña.


Morgan le Saux - March 8, 2006 11:47 AM (GMT)
Era patente, tanto por el repentino cambio de tema como por el deje en la voz de la Ventrue, que si había alguien cuya presencia pudiera ser prescindible en la mesa era la de la cainita de ojos verdes. O tal vez no, tal vez Elois, al menos, agradeciese a su manera el que el destino hubiese guiado los pasos de la Malkavian hasta la Posada. No parecía agradarle en demasía la irrupción del Toreador. No era asunto suyo el por qué, por lo que contestó a la mujer de ojos marinos; no sin antes aparecer en su rostro los signos del que piensa o duda antes de pronunciarse.

¿Catedral? – Pensó en voz alta – No estoy al corriente de tal cosa. Al menos no una Catedral de la importancia de la de Amiens o Poitiers. Pero llevó alejada de Montpellier largos meses y las posibles empresas que se hayan llevado a cabo en este menester, me son desconocidas.

Miró con gesto amable a la mujer.

Mas si a mi señora le place el conocimiento de este posible hecho, corresponderé a su amabilidad de esta noche con gratitud, y a no mucho tardar podrá cerciorar o no su pregunta – asintió con sinceridad y al entrever que se intentaba dejar al recién llegado en un segundo plano, fue ella quien preguntó. Morgan sabía que la hospitalidad y la cortesía eran hechos tan loables como “convenientes”. Si su anfitriona, por estas causas, había invitado a su mesa al hermoso caballero – aún sin agradarle su persona en aquel momento- si lo había hecho solo por aquello y no por un sincero deseo de ser acompañada por el Toreador, la Hija de la Luna, actuó en consecuencia. Morgan no se consideraba inteligente, pero sabía muchas cosas. Tanto placer le daría el observar al cainita como ver a que lugar le llevaba la conversación con Elois. Su intención no le pasó desapercibida a la Ventrue. De forma elegante, Morgan, siguió el hilo de lo que se proponía la Maestra de la Via.

Ruego perdonéis mi curiosidad – que curiosamente le vendría de perlas – ¿Os interesan estos proyectos?

Elois D'Umbrelle - March 9, 2006 10:19 AM (GMT)

Para nada, sólo tenía afán por cambiar de conversación y siendo artista como lo era Verinni no tardaría en hablar y hablar, lo cual daría oportunidad para que la dama Ventrue se retirase concienzudamente para retornar otro día donde el Toreador no hiciera su aparición. Una aparición que turbaba y ponía en jaque todos sus planes de futuro tristemente para con él.

Una débil sonrisa queso impresa en su rostro bajo el amparo de la oscuridad.

- En realidad, no en concreto y si en general.

Respuesta ambigua e insólita donde las hubiera, pero que no tardaría en arrojar algo de luz sobre ella.

- Me interesa todo lo que acontezca a Montpellier y el sur del país.

Sonrió ampliamente en aquel momento, habiendo dejado su carta sobre la mesa, boca arriba. No precisaba de más artilugios plasmando sus intenciones aún con la presencia del toreador para disgusto. Mas esperaba respuesta en la malkavian y no del artista.


Morgan le Saux - March 9, 2006 11:41 AM (GMT)
La carta estaba sobre la mesa, Elois sonreía al haberla puesto boca arriba y frente a ella. Morgan dudó un segundo de todo cuanto acontecía y si no miró con recelo a la Ventrue fue por los modales y la eterna paciencia con al que había sido adoctrinada en el pasado.

Extraño, sin duda, que le preguntase soterradamente por aquello. Extraño por el hecho de que toda París conocía o había oído hablar de Elois, y ella seguramente lo sabía. No era el lugar ni el momento. No pondría en su conocimiento nada más que lo justamente indispensable para seguir mostrándose gentil con ella. Era chiquilla de un príncipe que aun en la lejanía procuraba saber por qué senderos caminaba su progenie. ¿Y aquél caballero, había llegado de forma fortuita hasta la mesa entonces? Puede que sí, puede que no. La paranoica mente de la Malkavian hacia conjeturas a tal velocidad que nadie podría atreverse a decir que su pensamiento no era otro que responder con cortesía. No, definitivamente no caería en la red. El Toreador seguía guardando un extraño silencio y la Ventrue, cual halcón dispuesto a aferrar su presa con fuerte garra, permanecía entre las sombras presta a emprender el vuelo. No sería Morgan quien lo azuzase, al menos no hasta ver en que grado aquel encuentro y los tres hijos de Caín podían tratar de algunos temas, que por la posición de la mujer de ojos verdes, eran capitales.

Mi señora, Montpellier está sumida en los asuntos que cualquier otra ciudad del sur de Francia pueda tener. Progreso y política, la Corte de mi Señor está marcada por el gusto al parlamento mas como bien sabrá madame, las disputas están a la orden del dia. Sin embargo, desde la mayor de las modestias, me atrevo a decir que prima allí el acuerdo y la unión más que la disensión – educada y correcta devolvió la sonrisa, tomando de la mesa su copa y enjugándose los labios de forma liviana.

No sé en que aspecto podría responder a su interés por Montpellier...-dejó que sus palabras se alargasen un tanto en el tiempo.


Fdi: Dame un tiempo para pensar como llevar el tema de Montpellier y poder contestar con coherencia, plis. Ya sabes que no estoy muy al tanto de estas cosas. ;)

Elois D'Umbrelle - March 12, 2006 09:37 PM (GMT)

Y en realidad aquellas obras arquitectónica no importaban mucho a la ventrue, quien las veía como otra forma patética de expresión del poder Toreador acumulado en los últimos años. Pronto tendría que tomar ella misma cartas en el asunto y por desgracia no de una manera que le gustase.

Sonrió oculta bajo su máscara, doble por el caso y las circunstancias. Verinni no tomaba parte en la conversación, tan sólo tomó asiento y quedó perplejo ante el despliegue de las dos damas, digno de esperar en un toreador, en un artista, probablemente hablaría en el momento menos esperado.

FDI: Perdona que ponga eso, es que sino nos anclas a los dos y en el peor de los casos sólo tienes que pillarme por msn o pv y edito sin problemas. Nuevamente disculpas y en cuanto estés operativo de nuevo encontraremos una opción, mas me amparo en la debilidad del clan toreador para sumergir a Luca en un ensimismamiento transitorio.

Me interesa zanjar este tema pronto...


- Oh, madame.

Exhaló una profunda bocanada.

- Disteis justo en el clavo, pues la trancisión política es de lo que más me atañe, tengo numerosos intereses políticos en la zona.

No añadió más, aquel no era sitio donde tratar y el recado había quedado patente, en terreno contrario y con árbitro neutral observando.


Morgan le Saux - March 14, 2006 12:20 PM (GMT)
Morgan la miró, sonrió brevemente y se llevó la copa a los labios guardando silencio. Incluso alejada de la política seguía escuchando hablar de ella.

Mucho era lo que se podía entrever en las palabras de la Ventrue, una conversación que sin duda prometía ser, cuanto menos, interesante. Aun alejada de la corte de su señor Truffaut, se debía en cierta manera a él, y no se debe desaprovechar la oportunidad de otorgar acuerdo y beneficio a la sangre de la que procedes. Sin embargo en presencia de Verinni no era conveniente tratar de temas como aquel, pues intuía Morgan la conveniencia de emplazar a otra noche y lugar una charla que aparentaba iba a quedar pendiente.

Por el bien de su corte, mi señor no pondrá objeción en atender sus intereses, si mi señora lo encuentra a bien y lo considera oportuno. Mas de Montpellier dista camino y poco dado es mi señor a abandonar sus tierras. Queda aquí para parlamentar en su nombre esta humilde dama, si madame confía en su capacidad para hacerlo – obviamente se refería a sí misma.

Escogió tan bien como pudo sus siguientes palabras para no ofender al Toreador de manera alguna pero dejando clara su postura.

Pero quizá convenga mi señora en que el vino y el ajetreo de este lugar no sean buenos compañeros de tertulia y quiera aplazar cualquier conversación que le plazca al amparo de ambiente más idóneo.

Elois D'Umbrelle - March 27, 2006 11:09 AM (GMT)

En la fría penumbra se vislumbró también una gélida sonrisa bien pulida, como la piel de la doncella y ese sería el comienzo del fin de la conversación, al menos en lo que a la ventrue se refería.

- Correcto pues.

Dijo con prestreza y profunda sobreidad, al instante con un gracil movimiento ya estaba en pie.

Recibireis nuevas, madame Le Saux.

El lugar ya había sido inspeccionado lo suficiente, no era preciso permanecer más tiempo allí.

Con un leve reclinar hacia Morgan y Luca acompasado por unas palabras se despediría, como alma que se la lleva el diablo, pues parecía que aquel lugar no la agradaba demasiado.



Morgan le Saux - March 27, 2006 11:24 AM (GMT)
Morgan asintió a las escuetas palabras de la Ventrue y la vio partir. Después apuró su copa con presteza y tras mirar de forma cortes al caballero, fue ella quien se puso en pie dispuesta a dar la extraña reunión por terminada.

Que la luna os depare buenos presagios, monsieur. Si me disculpáis he de partir ahora.

Hizo una educada reverencia y se dirigió a la puerta atrayendo las mirada de los parroquianos ciegos por el vino y la cerveza. Luego de salir a la calle, se perdió por las callejuelas oscuras.




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