Un sonido casi inapreciable, liviano como el zumbido de un mosquito en verano, inexistente a oídos vulgares, no acostumbrados a discernir más ruido que el mundano.
Un ligero cambio en la tonalidad de cada materia tangible alrededor. Azul más intenso, verde más traslúcido, negro al frente, policromía en un segundo que estalla en carmín después.
Esta ahí, ¿no lo sientes?
No puede sentirlo, se le antoja demasiado duro hacerlo. Dolor, inconmensurable dolor.
Susurros en la nuca, alrededor de su cuello, hundiéndose como pérfidas agujas en su sien. Aliento fétido sobre su pecho, lenguas lamiendo su cuello, sudor, éxtasis sexual. Obscenidad incestuosa, amor paternal. Siente resecos sus genitales y una profunda sacudida. Tiemblan sus piernas, tiembla la realidad. Empuña las puercas sábanas con ambas manos, necesita aferrarse a algo sólido, él entra. Gemidos…”bien pequeña, quietecita, hazlo por papá”.
Escapa de ahí, míralo desde arriba.
Sale de su cuerpo traspasando el de él. Está en el techo. Ahora contempla la escena.
“Padre, ¿me amas?”
“Hija, te amo”.
Arriba, abajo, arriba, abajo.
“Yo también te amo”
Eso es. Cuéntamelo todo.
Ahora puede verlo, ahora puede oírlo, ahora lo siente. Dolor, amor, placer. Ahí abajo su propio reflejo, sus ojos vacuos le hacen un guiño mientras la lujuria salpica su cara. Ella no es así, no es una perra incestuosa pero su reflejo no para de sonreír arañando la espalda de él, mirándola fijamente con siniestra parsimonia. Sus cuerpos entrelazados trazan un solo movimiento, acompasado.
Clack…clack…clack…La cabeza le duele como ningún curandero podría imaginar. Clack…clack…clack…Gota a gota, pequeñas vacuolas de sangre escapan por su nariz hasta golpear en el suelo. Todo se nubla.
Ya no puede aguantar más, él gira el cuello en un ángulo imposible y la mira a los ojos, los dos la miran y solo una palabra “puta”.
Ella se siente febril y una arcada recorre su garganta haciendo que se convulsione. Lo vomita, toda su rabia sale de ella y la orgía cambia. Ahora es una orgía de sangre y la sangre lo inunda todo.
Acaba con ellos, Morgan, ahora.
Sumisa lo hace y un alarido desgarrador brama en la sala. Después silencio, después inconsciencia. Dulce descanso.
Duncan mira su brazo, ella lo ha cortado con el cuchillo antes de caer, sangra profusamente pero se regodea en lo que acaba de ver, en la crueldad que le ha profesado. Duncan la ama. Dolor, amor, placer. Él se recuperará rápido, ella ya lo esta “haciendo”.
Morgan ha caído sobre la cama. Morgan lo ha visto, se ha visto. Ha viajado, conciencia libre.
Realidad, sueño, verdad, mentira, poder, crueldad, amor, dolor, muerte.
Locura.